Abrir las puertas al conocimiento y al reconocimiento

Foto: Cadena Agramonte

Sin hacer una encuesta o diagnóstico que merezcan ser reconocidos por la más mínima fiabilidad científica, un ciudadano que lee la prensa y ve los noticieros y programas de la televisión con sistematicidad, o incluso oye Radio Reloj, puede llegar a generalizaciones acerca de muchos temas de la actualidad cubana que coincidirán con los rigurosos análisis de los especialistas.

Uno de esos temas puede ser el “carácter educativo” de los medios de información cubanos, dado que en ellos pueden apreciarse las intensiones de destacados periodistas, científicos e intelectuales, que a través de la instrucción, en cuanto a un determinado tema, educan para la mejor convivencia en la sociedad: ya sea el mantenimiento de la salud, el conocimiento de nuestra historia, los acuciantes asuntos económicos o el cambio climático.

Nombrar a los que con estos propósitos y asiduidad se proyectan en los medios cubanos, haría correr el riesgo de exclusiones involuntarias, pero el avezado lector puede identificar a algunos de los que más huella le haya dejado.

Para no dejar las ideas anteriores en suspenso, ejemplificaré con un texto aparecido en la página de Opinión del periódico Juventud Rebelde del 8 de julio. En la parte superior aparece la acostumbrada reflexión dominical de Graziela Pogolotti, la cual leo invariablemente cada domingo, o más bien el lunes, que es cuando llega a mi casa el JR, ya que en mi pueblo no hay quien reparta la prensa ese día; el título de la opinión: “Los desafíos de la sociedad del conocimiento”.

Finalizando su comentario la destacada intelectual cubana expresa contundentemente: “Defendamos la voluntad de aprender y superarse. Desterremos el facilismo, la chapucería, el mata y sala, el interés por procurar la nota por caminos torcidos”. ¡Qué atinada recomendación y qué cubanísimas palabras!, implícitamente dirigida a todos los que tienen que ver con la educación: la sociedad, la escuela, la familia y el ciudadano-educando; imbricados en unidad dialéctica en el proceso docente educativo.

El educando es el protagonista de su aprendizaje y debe tener la voluntad de aprender, tal como se expresa; voluntad que se forja desde la casa, en particular viendo la actitud de los mayores hacia el conocimiento y hacia los valores humanos. En sabias palabras el ex-presidente uruguayo José Mujica ha dicho: “No le pidamos al docente que arregle los agujeros que hay en el hogar […] en la casa se aprende a: saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes y a los no tan semejantes, ser solidario, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado”; si esto se logra en el hogar mucho facilitará que el niño, adolescente, joven y adulto, incluso en su superación post-graduada, tenga éxitos en la obtención del conocimiento.

La escuela tiene que ser lo suficientemente exigente evitando el facilismo para que se logre un aprendizaje verdaderamente significativo y para toda la vida. Hay que propiciar el estudio por los libros, leer en varias fuentes; lo que, a la vez que permite formar criterios valorativos y críticos, ayuda más a tener buena ortografía y correcta redacción que muchas clases sobre estas temáticas; desterrar los acostumbrados resúmenes y el estudio por los “llamados objetivos que van a la prueba” y que circunscriben al estudiante a estudiar cuestiones muy puntuales sin hacerse de una visión de la asignatura recibida. No se puede confundir la necesaria atención diferenciada a los estudiantes, con el “machaqueo”, y el suministrar conocimientos con “cuchara”, muchas veces esto hace que se limite a los que pueden avanzar más; hay que dar la atención requerida a todos y evitar tanto la mediocridad como el elitismo.

Una manifestación que se aprecia en las escuelas, de algún modo motivada por los procesos que se hacen para la continuidad de estudios, es la “competencia” por las altas calificaciones. Hay padres más atentos a la calificación obtenida por el estudiante que a lo que realmente aprenden, y se involucran como actores principales en la realización de las tareas de los hijos y de los famosos trabajos prácticos; y de lo que se trata es que se logre el necesario conocimiento para la vida y no se ande por “caminos torcidos”. En la sociedad del conocimiento en la que vive la humanidad, ningún conocimiento puede resultar ajeno y, en el caso particular de Cuba, no favorecida en gran medida por otros recursos, el conocimiento apunta como recurso imprescindible.

En este contexto educativo, un papel principalísimo en la gestión del conocimiento lo tiene el maestro, considerando maestro al que desde el Círculo Infantil, hasta la Educación Posgraduada, se empeña en trasmitir el acervo cultural de la humanidad, y es aquí que vamos a la parte inferior de la página de Opinión de JR, en la que el periodista José Alejandro Rodríguez, haciendo acuse de recibo de una carta de agradecimiento de un padre a todos los maestros de su hijo que recién concluyó el sexto grado, expresa: “Es triste que en este país los niños concluyan su curso escolar, pasen de grado, y haya padres que, a fuerza de ver asegurado un derecho a la educación como algo normal y rutinario, no patenticen su agradecimiento a quiénes en las aulas conducen a sus hijos por el camino del saber”.

Es verdad lo que expresa José Alejandro, razones habrá muchas para que a las redacciones de los periódicos llegaran infinidad de cartas como la que él recibió, pues amén de reconocidas insatisfacciones que no deben dejarse a un lado, los maestros en la sociedad merecen ser situados en el lugar que Martí consideró para ellos cuando dijo: “el empleo más venerable y grato, […] aquel dulce empleo de maestro en que se sirve mejor a los hombres”.

Esta carencia de reconocimiento es un indicativo de que la sociedad cubana, en su conjunto, no está cuidando a sus maestros, lo que se evidencia al oír decir reiteradamente: “no hay maestros”, “nadie quiere ser maestro”. ¿Y si nos quedáramos sin maestros? ¿Qué sería de un futuro sin maestros?
A lo mejor ese maestro que concluido el curso recibió el reconocimiento de un padre, aunque no tenga posibilidades económicas, pues su salario no le permite vacacionar, se retirará a su casa a pasar los días que para él serán de receso docente (no lo que literalmente se debe interpretar como vacaciones), con la satisfacción del deber cumplido y podrá pensar en continuar ejerciendo su profesión con la misma convicción como lo ha hecho hasta hoy.

Sobre los autores
Diego de Jesús Alamino Ortega 4 Artículos escritos
Diego de Jesús Alamino Ortega es Doctor en Ciencias Físicas, profesor titular y profesor consultante de la Universidad de Matanzas. Tiene trabajos publicados sobre divulgación de la ciencia en revistas nacionales como Juventud Técnica, Energía y...
1 COMENTARIO
  1. Los que si pueden ir a un todo incluido son choferes estatales y privados , mecanicos, ocupados en empresas mixtas y extranjeras, trabajadores que roban donde esten y lo que sea, funcionarios corruptos Pero los hijos de todos ellos, reciben educación gratuita
    Por qué no destinan una parte de los recuros monetarios que destinan al todo inlcuido, en pagar la educación de acuerdo al ingreso efectivo de que disponen, seria colocarlos en igualdad de condiciones a lo que existe en el mundo

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