Agendas mínimas para un debate amplio: Lennier López

En aras de contribuir al debate en curso sobre el Proyecto de Constitución, Cuba Posible ha pedido a un grupo de intelectuales y especialistas en diversas materias que responda a la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los siete temas que usted considera imprescindibles analizar en la reforma constitucional y por qué? Solicitamos que las propuestas fueran redactadas de la manera más concisa posible (una cuartilla) con el objetivo de generar documentos precisos, de lectura amena, con ideas interconectadas de fácil comprensión y asequibles al mayor número de personas, ya que la tarea de pensar y diseñar la Cuba a la que aspiramos, nos corresponde a todos. A continuación mostramos las opiniones del sociólogo Lennier López.

El Proyecto de constitución que presentó el Partido Comunista de Cuba (PCC), a través de la Asamblea Nacional del Poder Popular, trae algunas novedades en la organización burocrática del Estado en diferentes niveles: amplía el derecho al matrimonio a las parejas gay, habla de derechos humanos, y elimina la palabra “comunismo”. Esto es, creo, bastante poco, o casi nada; los pilares del modelo leninista de sociedad siguen en pie, y traerlos al debate constitucional es (de acuerdo a la constitución actual) y seguirá siendo al parecer (de acuerdo al Proyecto de constitución), un delito. Dicho esto, queda claro que es lo que creo que debe estar en el debate, y no esta: la Democracia y el Estado de Derecho, que no son otra cosa que la justicia misma. Aquí enumero brevemente alguno de los puntos que me parecen esenciales para el debate constitucional, y también para la posterior implementación de leyes complementarias (como una Ley de comunicación, por ejemplo):

  1. Los derechos sociales, civiles y políticos todos deben ser garantizados.
  2. Para ello, los medios de comunicación públicos deben estar al servicio de la sociedad, no del gobierno.
  3. Es importante, también, reconocer la propiedad privada y cooperativa para los medios de comunicación.
  4. La economía de mercado (regulada), donde diferentes actores compiten, debe sustituir a la economía centralizada y planificada por el Estado.
  5. La ideología de Estado es incompatible con el Estado de Derecho y la Democracia.
  6. La libre asociación y el pluralismo político son, en última instancia, incompatibles con el Partido Único.
  7. La no separación de poderes del Estado es incompatible con el Estado de Derecho.

El Proyecto, curiosamente, menciona que Cuba es un “Estado Socialista de Derecho”. Esto es algo así como que la constitución Argentina (o de cualquier país) enunciara que es un “Estado capitalista de Derecho”. El problema de este tipo de declaraciones ideológicas en una Ley de Leyes es que en el ámbito legal (en el caso de que el poder judicial fuere independiente del Consejo de Estado, la Asamblea, y  Consejo de Ministros) es prácticamente imposible dirimir, con un mínimo de objetividad, que es socialista o capitalista. Es decir, una movilización ciudadana dirigida a pedir, por solo citar un ejemplo aleatorio, la expansión de empresas cooperativas al sector financiero puede ser vista tanto como una “acción pro-capitalista”, o bien como una “acción pro-socialista”. En cualquier caso, difícilmente tenga sentido catalogarla como una u otra; lo más relevante, seguramente, sería evaluar el posible impacto en el corto, mediano, y largo plazo de tal política.

Incluso es más ilustrativo aun el hecho de que en año 2013 el gobierno cubano decidiera aprobar, mediante la Reforma a la Ley de Inversión Extranjera, el 100 por ciento de la propiedad privada para algunas inversiones foráneas. Desde luego, tal paso legislativo (más allá de su inconstitucionalidad, dado que la Constitución vigente no reconoce a la propiedad privada como un modo de propiedad legítima), pudo haber sido perfectamente sentenciado como “inconstitucional” por su carácter “capitalista”. Lo mismo pasa con la propuesta de esta nueva constitución de eliminar el carácter gratuito de los post-grados. Lo que ayer fue un símbolo “capitalista” (la educación como mercancía), hoy ya no lo es tanto. “Los tiempos cambian”, dirán algunos. “Pero no igualmente para todos”, responderé yo.

El debate constitucional cubano debería hablar de derechos civiles, políticos y sociales en su conjunto, sin supeditarlos a un oscuro principio “socialista” o “capitalista”. Por otro lado, la libre asociación, creo, es un tema central y sin este derecho es difícil hablar de sociedad civil y sociedad política. Sin libre asociación no hay pluralismo. Es por ello que actualmente tenemos una sociedad civil (la que reconoce la ley) supeditada casi en su generalidad al Estado; y solo un Partido, que como si no le bastara con ser el Único, es “la fuerza superior de la sociedad y del Estado”. No tenemos alternativas formales; sin embargo, es evidente que desde lo alegal e/o ilegal muchos grupos intentan echar adelante sus ideas. Una constitución democrática terminaría con esta marginalidad legal de la sociedad civil y la sociedad política. Y, desde luego, crearía el escenario adecuado para articular una sociedad económica acorde a las ideas consensuadas entre todos los sectores de la nación cubana.

En un régimen post-totalitario (de acuerdo a la definición de Juan Linz y Alfred Stepan), como el cubano, primero debemos reformar el ámbito de lo político y luego el ámbito económico; para que lo segundo no se convierta en un mero capricho de la élite que marca los designios del país. Al hacer lo inverso, el PCC demuestra cuál es su verdadera voluntad política: perpetuarse. Ya no importa la propiedad privada como supuesto símbolo de la economía capitalista. El único y verdadero temor del PCC es el pluralismo político. Ese temor es palpable en la Constitución de 1976, y en el proyecto propuesto para votar en 2019. El único paso que hoy no está dispuesto a dar la élite del poder en Cuba, es el de entregar una constitución que permita un espacio fértil para el debate público de toda la pluralidad de ideas políticas que están presentes (y reprimidas en muchos casos), en la nación cubana.

Se nos vendrá encima la noche si nos sentamos a esperar a que el Buro Político y el poder militar cubano den, finalmente, el paso para transformar la vida política; porque para ese entonces la partida económica ya estará decidida en favor de esos que hoy dirigen el país. Lo que quiero decir es que el debate y la transformación deben ser primero en lo político, para que a partir de ahí podamos debatir dentro de un marco justo y de derecho todo lo demás, incluida la economía. Esta última es el pilar fundamental de cualquier país, y no se puede construir un modelo económico justo si el debate político esta reprimido.

No es posible esperar nada bueno de un proceso constituyente donde el debate público esta coartado; donde los espacios televisivos, radiales e impresos son controlados e inundados de contenidos por el grupo que está en el poder. Nuestra única e improbable posibilidad está en las urnas en febrero, pero será muy difícil explicarle a la gente por qué no se puede apoyar un proceso constituyente sesgado, parcializado, que solo intenta la perpetuidad de un grupo. La constitución debería, a fin de cuentas, darle voz a toda la nación, o ser el reflejo de un consenso nacional real. Y cuando digo “nación”, hablo de todos los que son, de una u otra forma, parte de Cuba.

Sobre los autores
Lennier López 21 Artículos escritos
(Santa Clara, 1991). En el año 2009 ingresé en la Universidad Central de Las Villas cursando la Licenciatura en Comunicación Social. En 2012, después de terminar el tercer año de la carrera, se traslada a vivir a la ciudad de Miami. En 2014 comi...
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