Antiguas costumbres

El marxismo soviético se fue separando irreconciliablemente de la ideología a la que aspiraba Gramsci, que fomentara el pensamiento, que se sustentara en el debate, la polémica y la crítica. Mariátegui, otro gran marxista latinoamericano, consideraba que la unanimidad es siempre infecunda, y que el mayor valor que puede tener una idea es el debate que logre suscitar.  

Quisiera hallar en los ataques cruzados en los últimos tiempos en los blogs y en la prensa cubana menos ofensas y más argumentos, menos personalismo y más ideología, menos etiquetas y más profundidad. Sin embargo, tales actitudes no son nuevas, ellas entraron de la mano de la notable influencia estalinista que tuvieron los comunistas cubanos desde la fundación de ese Partido.

Era una costumbre arraigada que les permitía denigrar a cualquier enemigo, interno o externo, marxista o no, que no aceptara las orientaciones de la Internacional Comunista primero, y del Buró de Información de los Partidos Comunistas y obreros a partir de 1947. Dicha posición sectaria, como afirmara Fernando Martínez Heredia, “garantiza contra toda contaminación, a costa de hacer estéril la política propia, y trae consigo un pensamiento que solo admite unas pocas certezas establecidas previamente y una necesidad permanente de excluir, junto a los enemigos reales, a los «enemigos”, «renegados», «desviados», «embozados»”.

El sectarismo del Partido Comunista afectó las relaciones, no solo con una parte significativa de la intelectualidad no marxista, sino incluso con escritores y artistas que militaban en esa organización. Ese fue el caso del poeta Manuel Navarro Luna, que en carta del 7 de noviembre de 1948 se quejaba a su amigo Juan Marinello de la exacerbación del sentimiento sectario en las filas comunistas tras el proceso de críticas por las posturas browderistas que habían mantenido desde fines de los años 30. Consideraba limitadísimos sus métodos de trabajo, sin embargo, confiaba en que: “Quizás andando el tiempo, puedan muchos de nuestros dirigentes quitarse de encima el engreimiento y el envalentonamiento que tanto daño le han hecho al Partido y a ellos mismos”.

Al parecer, esta confianza no se concretó en la práctica política del Partido, pues en misiva del 30 de abril de 1954, Navarro Luna enjuiciaba los métodos expositivos de los comunistas como:

“(…) la natural consecuencia de nuestra posición sectaria. Algún día llegaremos a comprender hasta donde el sectarismo nos ha hecho daño (…) hemos querido enseñar metiendo la letra con sangre “La letra con sangre entra”. Esa era la vieja norma de toda una pedagogía prusiana (…)

“Explicar, explicar y explicar”, dijo Dimitrov. Nosotros hemos explicado. Desde luego que sí. Pero no me negarás que, en muchas ocasiones, hemos explicado mentándole la madre a los lectores, a la audiencia y a la radioaudiencia (…)”.

El hábito de rechazar y devaluar a los que luchaban, o creaban, desde posiciones ajenas a la suya se combinaba con un lenguaje lleno de frases insultantes, de expresiones carentes de mesura y objetividad, vulgares e inadecuadas. Las páginas de “Noticias de Hoy”, órgano oficial del Partido, están llenas de frases al estilo de:  “hay que ver qué clase de clavo es la tal película”, “cinta mentirosa y exagerada”, “(…) esta cinta no es para católicos, sino para tontos de nacimiento (…)”,  “(…) la utilización del verso en la cinta llega a ser anormal”, “ataque estúpido y venenoso contra el régimen soviético, película repulsiva y cretina”, “película grotesca, absurda y nauseabunda” “quintacolumnista e imbécil”, “(…) invenciones ridículas, propias de una mente enferma, de un cerebro podrido y decadente”. No hay un solo argumento. Las injurias son los argumentos.

El marxismo soviético se fue separando irreconciliablemente de la ideología a la que aspiraba Gramsci, que fomentara el pensamiento, que se sustentara en el debate, la polémica y la crítica. Mariátegui, otro gran marxista latinoamericano, consideraba que la unanimidad es siempre infecunda, y que el mayor valor que puede tener una idea es el debate que logre suscitar.

El marxismo escolástico, dedicado a repetir fórmulas y a construir esquemas mentales, fue recepcionado por los comunistas isleños y sería recibido también por el Partido Comunista de Cuba fundado en 1965. Antiguas costumbres, tenaces y debilitadoras, que emergen sin hipocresía, sin adornos, en tiempos de crisis. Catecismo simplista y dogmático, intolerante ante todo criterio disonante, que descubre la deformación profunda del bolchevismo y la marcha hacia el abismo en que terminó la Revolución soviética. En la que terminan todas las revoluciones que siguen tal itinerario.

Sobre los autores
Alina Bárbara López Hernández 5 Artículos escritos
(Matanzas, 1965). Doctora en Ciencias. Profesora, ensayista y editora. Trabaja actualmente en Ediciones Matanzas. Es autora de textos sobre el pensamiento político y cultural republicano. Sus artículos y ensayos han sido publicados en revistas esp...
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