“Árbol que nace torcido”: cooperativas no agropecuarias

Una de las tendencias menos felices de las reformas en Cuba es la inestabilidad en las regulaciones y en los plazos de evaluación y ajuste. Esto genera incertidumbre respecto al fomento, competencias, consolidación y expansión de las formas de propiedad y gestión económica que contempla el modelo de desarrollo.

El caso más significativo (y paradójico) es el de las cooperativas no agropecuarias, cuyas adecuaciones más recientes se enunciaron en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Más allá de una valoración específica, reiteran que las cooperativas no agropecuarias nacieron “torcidas” y los ajustes en el camino, por más que lo pretendan, no lograrán enderezarlas si no se revisan las fallas de origen.

El primero de ellos es que surgieron para liberar al Estado de la administración de actividades económicas, productivas y de servicios, que no se consideren principales. Es decir, no se concibieron como una fórmula alternativa en la que productores y productoras gestionen directamente la propiedad social y potencie valores de cooperación, reciprocidad y responsabilidad social. No se retoma el espíritu del artículo 20 de la Constitución en el cual la “propiedad cooperativa (…) constituye una forma avanzada y eficiente de producción socialista”.

En segundo lugar, el carácter experimental que se le confiere incrementa la incertidumbre sobre su futuro, conjugado con el entuerto administrativo establecido para su aprobación y el congelamiento de facto en el que se encuentra.

Todo lo anterior redunda en el carácter paradójico del proceso. Si bien las cooperativas, por su proyección social, tienen preferencias en cuanto a impuestos, acceso a créditos, insumos, entre otras ventajas, y se reitera que son parte constitutivas del modelo, en la práctica resultan un sí… pero no. Un cúmulo incesante e incomprensible de escollos entorpece su desarrollo. Esto puede responder a que, o no se comprenden a cabalidad los alcances y sentidos del cooperativismo, o no se quiere asumir su verdadera dimensión: concreción del empoderamiento de la clase trabajadora.

Una tercera falla de origen es lo que pudiéramos denominar tratamiento de empresa estatal recibido. Más del 75 por ciento de las aprobadas provienen del sector estatal. Es decir, son inducidas, lo que pone en tensión la potencial evolución de los principios cooperativistas, entre ellos, la gestión democrática por parte de los asociados/as, el interés o compromiso con la comunidad y, sobre todo, la autonomía e independencia respecto a otras formas productivas.

Al indagar en este particular vemos que en el acápite concerniente a los órganos de dirección, previstos en el decreto ley que las regula, se definió la figura de Presidente de la Asamblea de Asociados que, dada las prerrogativas contempladas, se convierte en un órgano casi unipersonal. El mismo ejerce la representación, sin límites declarados, frente a los propios socios y a terceros, así como la potestad de suscribir contratos. Con sus actos puede afectar a la cooperativa y a los cooperativistas, lo que se concreta no solo en casos de ingresos excesivos para los directivos, sino en robos, relaciones jerárquicas y subordinación del resto de los miembros de la asociación productiva.

¿Por qué reproducir los roles directivos centralizadores de la empresa estatal? ¿Por qué estimular la subjetividad de dueño de facto también presente? ¿Si la Asamblea es el órgano principal de dirección del que dimanan las decisiones y su control, por qué otorgar tales prerrogativas a su Presidente?

Los indicios de tratamiento de empresa estatal se refuerzan en que el Presidente de la Asamblea lo es, a su vez, de la Junta Directiva; y en esa condición propone o exige que se adopten las medidas necesarias para que se cumplan recomendaciones de actores externos a la cooperativa y controle su cumplimiento. ¿Es una manera novedosa de repetir el esquema de representante de los trabajadores y el no control directo de estos? ¿Será una fórmula nueva para reproducir el control burocrático sobre las unidades productivas?

Al conocer las alarmas respecto a la conducta de algunos directivos de cooperativas, y al tener delante estas distorsiones originarias, no ha de extrañar que algunos asuman actitudes y decisiones de dueño privado, o que reproduzcan las relaciones omnipotentes de un director/a de empresa. ¿Qué debe cambiar, esencialmente, para que esta distorsión no continúe “torciendo” el árbol?

Si el problema, como parece, es estructural (en forma y contenido), la solución debe tener el mismo enfoque. Para “enderezar” el árbol, los órganos de dirección de las cooperativas deben ser reformulados. Lo cual resulta necesario, pero no suficiente. Las cooperativas tienen un principio educativo, cuyo enfoque es ético, político y democrático. Su alcance y complejidad se resume en un enorme reto cultural. Un cambio en las maneras de comprender las relaciones productivas que no se decretan, se aprenden en un proceso formativo, fruto de una transparente y permanente intencionalidad política.

La formación no se reduce a programas de preparación, con prioridad para sus directivos, donde se privilegian temas como la gestión de negocios, el sistema de contabilidad y la organización del sistema de control interno. La formación implica, además y esencialmente, el conocimiento, uso y defensa de los derechos de sus miembros, quienes deben estar en condiciones de ejercer, desde el consentimiento informado, las nuevas relaciones productivas. Formación que implica aprender, en la práctica, el control y enraizamiento de los derechos.

La formación ha de contribuir, igualmente, a cumplir el principio de que cada socio o socia es un voto, con independencia del rol que ocupe. Voto desde el cual, al ejercer la soberanía conscientemente, se acorrale a la corrupción, a los feudos privados y a las jerarquías indecentes. Tales hábitos tienen dos rivales de consideración: la transparencia en el uso de la información y el control colectivo.

Es por ello que los asalariados/as deben ser los más interesados en crear cooperativas, ya que las relaciones salariarles son un contrasentido allí donde se colegia en asamblea la distribución de las utilidades. De esta manera, será posible aspirar a que un “presidente/dueño/director” no reciba catorce veces más ingresos que los operarios, a que las funciones administrativas no sean más importantes que las productivas, y que la soberanía de la Asamblea ponga límites a sus representantes.

Si bien las cooperativas inducidas enfrentan muchas dificultades, no hay porque renunciar al intento de crear en esa transición relaciones más justas y eficientes. Sería sano valorar también sus logros y resaltar ejemplos de buenas prácticas existentes. Sin embargo, deberán incrementarse las cooperativas creadas por grupos motivados (tampoco libres de pecado). Y desde esa lógica estimular experiencias productivas en las comunidades, sobre todos en aquellas en franca desventaja.

Ha de comprenderse que el sentido de la cooperativa no es descargar al Estado, sino contribuir a la modificación de paradigmas económicos enquistados en el sentido común. Esos que lastran la búsqueda de relaciones más justa por su alcance social, ético y democrático: espíritu de la organización productiva cooperativa.

En una revisión integral de este asunto, sería deseable otorgar autonomía a los gobiernos locales para la aprobación de estas, así como la creación de una entidad que, al tiempo que coordine, viabilice y proteja de toda distorsión esta forma de gestión, honre los principios cooperativos en su modo de funcionar. El apego a esos principios implica entender que la cooperativa no es una empresa estatal, ni privada, y que no hay jerarquías entre directivos y productores dentro de la gestión democrática, sino mandato colectivo, responsabilidad mutua y comunión de intereses. Lo contrario será siempre un árbol torcido.

Sobre los autores
Ariel Dacal Díaz 26 Artículos escritos
(Camagüey, 1974). Educador Popular. Doctor en Ciencias Históricas, Universidad de la Habana (2007). Miembro del equipo de formación en Educación Popular del Centro Martín Luther King. Principales publicaciones: Rusia: del socialismo real al capi...
2 COMENTARIOS
  1. Jorge Alfonso dice:

    El Estado debe reevaluar cuidadosamente la conveniencia en estos momentos de crear cooperativas y Empresas pequeñas o medianas en actividades no productivas, ya sean de servicios, comerciales de reventas e intermediarios cuya primera medida y consecuencia inmediata es el incremento desmedido de los precios a la población o las mismas deben quedar sujetas a relaciones de control del estado lo cual permitiría el control sobre los precios en condiciones de insistencia de competencia efectiva, la acumulación de capital en menos manos es otro problema que rápidamente mostraron estas entidades con su efecto grave sobre el poder adquisitivo de la población de bienes de consumo (alimentos), materiales y servicios.
    Mientras que podían darse mayores libertades comerciales a cooperativas no agropecuarias productivas, que incrementen las ofertas de productos deficitarios a la población, Especial cuidado corresponde al Estado Socialista cerrar la brecha creada en las desigualdades que en la últimas décadas se duplico productos a medidas comerciales de mercado capitalista de oferta y demanda que invadió el comercio legal e ilegal y servicios de primera necesidad destacándose entre ellas el transporte de pasajeros, actividad que por su uso masivo de la población en la mayoría de los países del mundo es subsidiado por el estado. Si el significado del proceso de actualización o reformas continua por ese camino que se diferencia muy poco con sociedades capitalistas, correros el riego que más temprano que tarde perdamos la revolución el socialismo y con ello la independencia quedando las manos del estado atadas a los nuevos capitalistas que contaran entonces con los medios para presionar al gobierno con mantener e incrementar los privilegios inherentes a esa nueva clase social, pensar en estas cuestiones le da derecho a los líderes de la revolución a rectificar ahora que estamos a tiempo con formas de producción no Estales.
    Las reformas o proceso de actualización del socialismo, así como Los lineamientos de políticas económicas y sociales hay que ordenarlas y calanderianlas para que el éxito en la aplicación de unas permitan ampliar las aplicaciones de otras sin que ocurran los males aquí señalados.
    Los que sueñan con el regreso del capitalismo y que se dé la espalda al pueblo revolucionario, sus conquistas y derechos son precisamente los que abogan por que se prescinda de la moderación de la velocidad en la aplicación de políticas de privatización de importantes renglones de actividades de servicio y comerciales eliminando el carácter experimental que es necesario para evaluar el efecto de su expansión inmediata, suficientes errores ya se han cometido y a eso responde la prudencia de las paralización que hoy sufren.
    Todas esas virtudes así recogidas en su proyección social están referidas especialmente para las cooperativas de producción agropecuario, cuyos integrantes han demostrado su alta conciencia de clase y su espíritu de productores de alimentos para la población, no es la misma experiencia la que se tiene de las cooperativas no agropecuarias y peor aún de las Empresas Privadas también surgidas en los últimos años.
    Razón le asiste en los dos párrafos que reflejan la castración de la dirección colegiada y democrática que debe existir en las cooperativas, creo que incurrir en las cooperativas en los mismos errores de centralización de las Empresas Estatales induce a que de ellas se tengan los mismos resultados, y es muy sano, además de pensar bien sobre la total apertura de ellas y sobre qué actividades preferiblemente propiciar su creación que las mismas surjan con las mismas prerrogativas y derechos de sus miembros que en las Cooperativas de Producción Agropecuarias.
    No crear de facto un dueño para las cooperativas debía ser un interés especial del estado, pues existen experiencias de muchos países sobre cuál ha sido el destino de cooperativas cuyo control total corresponde a un solo individuo, que en su momento fueron vendidas y hoy son propiedades privadas de un individuo con capital para adquirirlas, incluso creo que serrar esa puerta debe ser parte de sus reglamentos.
    Los siguientes aspectos sobre la relación del presidente y los miembros de las cooperativas los comparto plenamente y todo lo que de ellas se regule debe cumplir en primer lugar de servicio a la sociedad, reconociendo en segundo lugar el derecho a tener también fines de lucro pero como medio de hacerlas crecer y superar en eficiencia y control de sus bienes y producción a las empresas estatales.

  2. Considero que las cooperativas han evolucionado mucho en el mundo y hay mucho que aprender antes de poder innovar con éxito en este tema.

    Criticar a la figura del Presidente, como representante de los socios y electo por estos mismos, y contrapartida del Gerente, que tendrá cierto poder de gestión sin necesidad de consultar al resto, demuestra que no se ha comprendido bien cómo funcionan las sociedades anónimas, compañías limitadas y cooperativas en el resto del mundo.

    Entrometerse en la forma que se distribuyen los beneficios dentro de la cooperativa, es sobre todo una mala costumbre generalizada en todos los aspectos de la sociedad cubana. Sin embargo las críticas que se hacen no soportan un análisis simple.

    Por ejemplo: Las utilidades se repartirían según el aporte de capital de los socios (así funcionan en general las sociedades mercantil), y el salario se fijaría de acuerdo con el aporte de cada trabajador.

    Hasta ahí todo es normal. Sin embargo, se establece que no habrá salario, sino anticipo de utilidades. Por tanto cada cuál cobraría según su aporte de capital y no por el trabajo que realice. Lo que está MAL, porque el salario es un gasto de operaciones que se deduce de los ingresos y la diferencia que queda (luego de descontar otros gastos y contribuciones) son las utilidades que se reparten (o se re-invierten) al cierre de cada ejercicio fiscal.

    Con esa lógica absurda, una secretaria debería cobrar aproximadamente lo mismo que un gerente o especialista.

    Pero cuando exista algún problema legal, nadie va a reclamar a la secretaria, sino a los mismos que critican hoy por cobrar más que el resto, que además son los responsables de que la cooperativa persista y se desarrolle en el tiempo.

    La diferencia en una cooperativa, es que las decisiones importantes se aprueban en asambleas por votación, donde cada persona aporta un voto. Los salarios se pueden aprobar en asamblea, y las acciones de la gerencia se pueden limitar en cantidad para que no se deba estar reuniendo innecesariamente a cada rato.

    En una empresa privada el dueño manda, sus limites los impone la ley, y no tiene que andar preguntando cada decisión.

    Yo me fui de Cuba ante la imposibilidad de fundar una cooperativa de desarrollo de software (3+ años intentando), y fuera de Cuba en menos de 3 meses ya pude constituir una empresa privada que gestiono como yo quiero, pero muy similar a como funciona una cooperativa.

    Cualquiera no es capaz de emprender y hacer funcionar un negocio próspero. El ambiente en Cuba tampoco es propicio para eso, aunque la formación superior sí puede preparar para asimilar el estado del arte global. Lamentablemente los que sí pueden, son perseguidos, forzados a emigrar, o se resignan a no hacer anda, como la gran mayoría.

    Es triste ver cómo incluso los que se atreven a criticar, lo hacen con una óptica que no resolverá ningún problema; cuando el problema muchas veces está en la forma en que se plantea.

    Reconozco que soy pesimista respecto a que un día aparezcan verdaderas soluciones, pero habría que empezar por aceptar la importancia de la unidad y lucha de contrarios, cómo las contradicciones son la base del desarrollo, y esos principios marxistas que se han negado históricamente en Cuba y son para mí la principal causa de inmovilidad o que se avance tan lentamente en cuestiones que deberían estar resueltas hace mucho tiempo.

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