Argentina nuevamente bajo las medidas del FMI

Foto: EFE

Décadas atrás y a consecuencia de la promoción de las políticas neoliberales, Latinoamérica y el Caribe padecieron diferentes crisis económicas/financieras, ocasionando un significativo deterioro de la situación social. Las más relevantes fueron las de México (en 1982 y 1994), la de Brasil (en 1998, 2001 y 2002) y la de Argentina (en 2001 y 2002). En dichas crisis quedó demostrada la participación (como “apaga fuegos”) del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM); apoyando financieramente a esos países, argumentando evitar situaciones desestabilizadoras o bancarrotas económicas/financieras. Pero claro, a cambio de sus préstamos a los gobiernos, exigirían los pagos de estos con sus intereses y, sobre todo, la implementación de rigurosas medidas de ajustes estructurales.

A consecuencia los créditos otorgados por las instituciones financieras, o los “Clubs” de París y Londres a los países de la región, se originaron deudas y se incrementaron las anteriores. Los países en desarrollo son vulnerables y puedan incurrir en tales crisis, e incluso se ven obligados a suspender los pagos de sus deudas. Cuentan con pocas opciones, como no sean la búsqueda de recortes con el sabido deterioro social; las inversiones; o solicitar nuevos préstamos financieros; aunque incrementen la devaluación de la moneda, se originen nuevos endeudamientos o tengan que pagar intereses por ellas.

Un presidente de ideas neoliberales (como es el caso del de Argentina), por supuesto se identifica con tales prácticas, que colocan nuevamente al país en un laberinto, que lo regresa al mismo sitio, aunque en peores circunstancias. No debemos olvidar que las instituciones financieras internacionales no dejan de exigirles a los países en vías de desarrollo el pago de las deudas y sus intereses.

Sin embargo, dada la caída del peso, y la necesidad de un “urgente rescate financiero”, el gobierno austral efectúo nuevamente negociaciones con el FMI. El gobierno de Macri dijo encontrarse sin dinero, con lo que “justificó” los frecuentes tarifazos y ajustes efectuados, aumentando, según lo dicho, en más del 600 por ciento los costos del agua, el gas y la electricidad a la ciudadanía. Lógicamente parte de los condicionamientos que le impone al país en FMI, al otorgarles el amplio crédito financiero solicitado y concedido.

Las consecuencias no se han hecho esperar: amplios sectores sociales de Argentina salen a las calles en protesta contra los tarifazos y otras medidas de afectaciones sociales. Incluso el Senado las limitó y el gobierno macrista vetó luego la decisión de este. Por tales razones, parece conveniente valorar anteriores experiencias, dados los endeudamientos y las “erosionantes” situaciones sociales conocidas en la región; cuando la mayoría de los países sirvieron de “laboratorio” de las políticas neoliberales y programas de ajustes estructurales orientados por el FMI.

Las naciones latinoamericanas se convirtieron en impresionantes deudoras del FMI y BM, o los “Clubs” de París y Londres. En aquellas circunstancias varios países gobernados por regímenes dictatoriales y las oligarquías nacionales, hicieron un manejo irregular y corrupto de los préstamos adquiridos en concepto de “deuda externa”. Los financiamientos solicitados se hicieron para enfrentar críticas situaciones económicas/financieras, pagos de deudas, cubrir necesidades urgentes y tratar de estimular el desarrollo económico. Sobre el uso efectuado por aquellos financiamientos, habría que evaluar con mucho rigor, y en cada caso, su uso y resultados; pero no hay dudas que se incrementaron las deudas y se establecieron innumerables medidas de ajustes en esos países.

La deuda externa no dejó de crecer; y aunque muchos países se esforzaron por cumplir sus pagos, las vulnerables economías se resintieron y varios no pudieron continuar pagándola. El costo de ello ha sido elevado, congelándoles cualquier intención de crecimiento. Sin embargo, las instituciones financieras no dejan de solicitar el pago de las deudas, exigiéndolas prioritariamente, aunque saben que han sido pagadas con creces.

Tales experiencias aportan la idea, por lo general, de que los flujos financieros son contraproducentes en los países del sur; porque paradójicamente son esas naciones las que transfieren mayores riquezas a las del norte. Ha surgido un círculo vicioso alrededor de la deuda, dado que los países en desarrollo se ven necesitados a solicitar nuevos créditos, de manera poder cumplir pagos o endeudamientos anteriores.

Conocido es que entre 1995 y el 2001 los países en desarrollo, o del sur, pagaron 248 mil millones de dólares más de lo que recibieron. Una parte de ese dinero regresó al mismo sur en forma de nuevos préstamos, asegurándose que las transferencias financieras continuaran perpetuándose. Puede decirse que las solicitudes de financiamientos que contraen los países en desarrollo con las instituciones financieras, convierten a estas en poderosos instrumentos de transferencias de riquezas del sur hacia el norte; además de contribuir a que se impongan rígidos condicionamientos de ajustes estructurales.

Desde las crisis anteriores, las naciones ricas orientaron al FMI y al BM la misión de establecer una rígida política financiera hacia los países en desarrollo (solicitantes de financiamientos, o mantuvieran adeudos). A partir de tales orientaciones, surgieron los proyectos y programas de ajustes estructurales.

Las políticas neoliberales, sustentadas por las instituciones financieras, se orientaron hacia la apertura de las economías en el área, con el propósito de atraer las inversiones extranjeras de capital, supuestamente, para ayudar a que solucionaran sus problemas financieros y lograran exportar más con menos costos. Entre los criterios que el FMI y BM impusieron a los gobiernos de la región, se encuentran los de la privatización de las empresas públicas y el abandono del Estado de sus misiones productivas y sociales; la eliminación de las gratuidades en servicios de salud y educación, con la obligación (cualquiera fuera la situación económica de las personas) de pagar por ellos. Desaparecer subsidios a productos y servicios de primera necesidad, reducir gastos públicos para equilibrar los presupuestos estatales, devaluar las monedas y abaratar los productos nacionales, de manera de hacerlos competitivos en los mercados internacionales.

Orientaron incrementar las exportaciones y limitar las producciones destinadas al mercado doméstico; y aumentar las exportaciones de materias primas a los países ricos, para que luego las transnacionales le incorporaran valor agregado. Hacer desaparecer barreras aduanales para beneficiar a las mega-empresas extranjeras, logrando que controlasen parte de los mercados domésticos con sus productos y servicios. Liberalizar las economías, fundamentalmente del control de los movimientos del capital y cambios, facilitando a las multinacionales del norte la repatriación de sus ganancias. Valoradas tales políticas a la luz de la situación de los países de la región, se puede resumir diciendo que difícilmente, para no decir que resulta imposible, se podrá, con semejantes políticas, cumplir los objetivos del milenio, que esencialmente poseen un carácter social.

Joseph Stiglitz, estadounidense y Premio Nobel en economía, en el “Malestar en la globalización” dice: “con la implementación deliberada de las políticas neoliberales, uno pudiera preguntarse por qué se adoptan medidas aparentemente ilógicas que tienen desastrosas consecuencias para las poblaciones pobres o desposeídas”.

Continúa diciendo Stiglitz: “el ajuste estructural solo cobra sentido, cuando se entiende que el FMI busca sobre todo servir a los intereses financieros”; y agrega: “la ideología simplista del libre mercado crea una cortina de humo, detrás de la cual pueden efectuarse las transacciones de los negocios reales del nuevo mandato. La liberalización de los mercados de capital no contribuyó a la estabilidad económica mundial; pero en cambio abrió un vasto y nuevo mercado para Wall Street.  Por lo que analizar al FMI, tomando en cuenta que sirve a los intereses de la comunidad financiera, permite encontrar sentido, a lo que de otro modo parecería una conducta contradictoria e intelectualmente incoherente para muchos”.

Por eso sigamos con atención el curso de los acontecimientos, en aquellos países de la región que se orienten alrededor de dichas políticas.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 21 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
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