Artecorte: pensando Cuba


Las calles Chacón, Cuba y Avenida de las Misiones crean un triángulo urbanístico que sirve de márgenes a uno de los barrios más conocidos de La Habana y de la parte “vieja” de ella. La iglesia Santo Ángel y las viviendas aledañas fueron el escenario escogido por Villaverde para la célebre novela Cecilia Valdés (siglo XIX).

Dos siglos después, la barriada ha vuelto a ser mencionada y no solo en páginas literarias; también en referencias periodísticas, académicas y turísticas gracias a la labor de un peluquero llamado Gilberto Valladares, a quien todos conocen por Papito.

De la práctica a la teoría

A sus 17 años Papito aprendió el oficio de barbero, uno de los más antiguos de la historia. Su vida se transformó. Quien había sido un adolescente indisciplinado y pendenciero, se convirtió en un joven laboralmente exitoso que logró prestigio en el hotel Habana Libre, uno de los más importantes de Cuba. Sin embargo, en el año 1999 decidió emprender el camino del “cuentapropismo”, como se le dice en Cuba al sector no estatal.

“En un principio comencé en mi casa un empeño económico, pero el sueño de hacer algo para dignificar el oficio de la peluquería y la barbería me llevó a empezar el proyecto Artecorte, y para ello partí de tres puntos fundamentales: el oficio, la historia y el arte”, cuenta Valladares.

Tiene mucho que agradecerle a Eusebio Leal, dice, porque el Historiador de La Habana apoyó el proyecto desde sus inicios: “me ayudó a encontrar mi espacio cuando ser cuentapropista y soñador no era muy bien visto”.

Desde entonces recibieron la ayuda de la Oficina del Historiador. Esta relación se estableció gracias al carácter sociocultural del proyecto de Valladares, afín a los objetivos meridianos del Plan Maestro para la Revitalización Integral de La Habana Vieja. Creado en diciembre de 1994, el derrotero principal del Plan es contribuir a la recuperación del Centro Histórico a partir de la conservación de las estructuras urbanas y arquitectónicas, y de su población habitante, mediante políticas, planes y programas, así como la rehabilitación de ciertas áreas. Con Artecorte, Valladares perseguía a pequeña escala objetivos similares.

“Nuestro proyecto fue de la práctica a la teoría. Comprendimos que todo aquello debía tener un nombre y objetivos bien definidos para poder compartirlo y defenderlo”, dice el peluquero-estilista para explicar cómo la institución los asesoró con sus especialistas (sociólogos, arquitectos, historiadores…) y brindó herramientas que conceptualizaran la gestión comunitaria que ya hacían.



Artecorte


Eneida del Toro tiene 64 años y es vecina de Peña Pobre: “Esa calle donde está ahora la peluquería era un desastre, siempre sucia, oscura, por ahí no había quien pasara. Desde que ese muchacho montó sus negocios es una cosa diferente, ahora sí da gusto caminar por ahí. Yo misma, a veces, me doy un paseo aunque sea para mirar los adornos de las paredes.”

Basado en el principio de la auto-sustentabilidad y en el concepto de Responsabilidad Social Empresarial, el proyecto de “Papito” Valladares está compuesto por tres elementos fundamentales: su salón de belleza, la Escuela Comunitaria de Peluquería y el Barbeparque. De esta manera, Santo Ángel ha comprobado poco a poco la posibilidad de transformación real a partir de una gestión económica diferente, potenciada desde la comunidad.

Su gestor principal resalta la importancia que tiene el establecimiento de alianzas entre instancias estatales y los negocios por cuenta propia. “El objetivo no es alzarnos con la bandera del cuentapropismo, sino trabajar todos juntos, las instituciones y los no estatales. El día que dejemos de hablar de sectores, ganamos”, aseguró.

Según el modelo de administración aplicado en esta iniciativa, la escuela es completamente gratis y se sustenta a partir de los ingresos generados por la peluquería. Allí asisten, en su mayoría, jóvenes del barrio desvinculados del estudio o el trabajo.

El estilista Lázaro Villa Hung tiene su propio negocio en el Barrio Chino y es profesor voluntario en la escuela desde su fundación. Sobre la labor realizada en esta refiere:

“Estamos ayudando a personas necesitadas, durante mucho tiempo marginadas, para que encaminen su vida. Tal vez muchos continúen en el proyecto, otros no, pero nos esforzamos para lograr algo bueno de cada uno de nuestros estudiantes”.

Frank, barbero de la calle Cuba, considera que el principal logro de Papito es ayudar a algunos muchachos de la zona, además de promover el oficio, a veces demeritado por las condiciones en que se realiza en algunos barrios desfavorecidos de La Habana.

Actualmente, como resultado de un convenio firmado con la Asociación Nacional de Sordos e  Hipoacúsicos (ANSOC) cursa en la escuela un grupo de 10 discapacitados auditivos. Una de ellos es Leidy Laura de Armas, quien dice que siempre le gustó la peluquería y a través de una amiga supo de esta posibilidad.

“Además de hacer cortes, aplicar tintes y a lacear, hemos aprendido también a interactuar con el público, a romper las posibles barreras de comunicación a través de la intérprete y lograr que se nos trate como a personas sin ninguna discapacidad”, declaró.

Según Valladares, quizás sea el Barbeparque (un parque de diversiones donde los aparatos remedan instrumentos de peluquería y se ofrece el servicio de cortado de cabello a niños y niñas), el mejor ejemplo para ilustrar la importancia que los miembros del proyecto conceden al establecimiento de alianzas. “Yo tenía el sueño de hacerlo y busqué en el Instituto Superior de Diseño quien me ayudara a pensarlo mejor”, comenta.

Vivian Caballero, Patricia García, Susana Guerra, Ivet Ortega, Yamara Arcia y Sissy Alcántara eran estudiantes cuando realizaron el proyecto, ganador del Premio ONDI de Diseño 2012. La Oficina del Historiador propició el espacio, produjo los aparatos y actualmente paga el salario de los custodios nocturnos.  

Valladares explica: “Yo monté el salón y a raíz se generaron dos empleos: una joven egresada de la Escuela Comunitaria de Peluquería hoy se gana la vida pelando a los niños y un muchacho lo hace vendiendo helados y otros alimentos. Entre los dos le pagan a un señor para que mantenga el parque limpio”.

Pablo Hidalgo Paroles es el responsable de la gastronomía en el Barbeparque, comenzó con un pequeño carretón para vender helado y agua hasta llegar a un establecimiento gastronómico con variadas ofertas.

Devolverle al barrio

Además de los ejes centrales, Artecorte desarrolla un notable número de actividades aledañas encaminadas a la formación de valores y a la consolidación de la cultura e identidad de los miembros del barrio. Urislaidis Rodríguez Matos es la responsable de su coordinación y sobre ellas apuntó:  

“Tenemos un taller de Arqueología impartido por un profesor del Colegio Universitario San Gerónimo, otro de Artes Plásticas, uno de Peluquería-Barbería y el taller “Habana Club, tú decides”, patrocinado por la marca de rones, cuyo propósito es retardar lo más posible la edad de iniciación en el consumo alcohólico de los niños y adolescentes del barrio”.

Jorge Antonio López Oliva es estudiante de Secundaria Básica. Nunca ha participado en ninguno de los talleres organizados por Artecorte, aunque afirma conocerlos pues un amigo suyo está vinculado al de pintura. Su madre le ha insistido varias veces para que empiece, pero todavía no se decide.  

Precisamente, para atraer el interés de los muchachos y mantenerlo, también existen programados espacios deportivos de atletismo y fútbol. “Pero, sin dudas, lo más importante de nuestro proyecto son los valores; en la escuela, por ejemplo, tratamos de dejar en los estudiantes, más allá del oficio de la peluquería, virtudes como la honestidad, la responsabilidad, el respeto y la transparencia. Solo así, el resto de lo que hacemos puede trascender”, precisó Rodríguez Matos.

Además, para propiciar el intercambio entre generaciones, el grupo de músicos que toca en los restaurantes para los turistas aceptó hacerlo para los ancianos de la Casa de Abuelos en el espacio semanal “Disco Son”, donde estos enseñan a los jóvenes el baile tradicional.
Según explicó “Papito” Valladares, la mayoría de los trabajadores del proyecto, o los asociados a él de algún modo, son de Santo Ángel: “mi intención es generar todo el beneficio social y económico posible, por eso tenemos una bolsa de empleo comunitaria cuyo funcionamiento se garantiza a partir del compromiso de los sectores cuentapropista y estatal a generar empleos en el barrio”.

La cadena del beneficio


El proyecto ha atraído a otros emprendedores hacia el callejón y sus alrededores. Algunos han comprado inmuebles, otros los han arrendado, algo que en Cuba es posible desde el año 2009. Valladares dice que si antes él era el único cuentapropista de su calle, ahora la cifra asciende a 93 entre propietarios y trabajadores.

Ivette Delgado es la dueña desde hace dos años del restaurante “El Fígaro”. Sobre su relación con Artecorte comenta que se integró al proyecto apoyando con la gastronomía en todos los talleres, además de asumir completamente algunos cursos, como el de cantina. Además, cada restaurante del callejón aporta una suma mensual para pagar el salario de los encargados de barrer la calle, la jardinería y del velador nocturno.

“Papito” Valladares defiende como precepto empresarial que todos podemos aportar algo a la sociedad: “dinero, conocimientos, las manos o el tiempo. En Artecorte convertimos todo eso en divisas y las invertimos en la microescala, donde sabemos el beneficio social hará crecer el económico”.

De tal suerte la calle Aguiar, entre Peña Pobre y Avenida de las Misiones, se ha convertido en un espacio donde conviven variados negocios: restaurantes, tiendas de artesanía, dos sitios para el cuidado del cabello y varias familias. El Café de los Artistas, el bar-restaurante La Farmacia y la Galería Gama de la diseñadora Yennit Hernández son algunos de esos lugares.

Este se ha convertido en uno de los corredores turísticos más transitados de La Habana Vieja, donde llegan estudiantes de universidades foráneas, inversores o viajeros atraídos por el auge y la solvencia generada en ese corto –alrededor de 100 metros de largo–, “callejón de los barberos”, como muchos le conocen. Agencias de viajes como San Cristóbal, Amistur, Havanatur y Cubanacán han incluido este lugar dentro de sus ofertas de recorridos, según precisó a Panamerican World, Camilo Condis, asesor de Artecorte. En temporada alta esperan que alrededor de 500 turistas visiten el Callejón.

También, el proyecto se ha convertido en referente para muchos a partir de su participación en varios eventos. Quizás el más importante haya sido el Congreso Internacional de la Organización de Ciudades del Patrimonio Mundial, realizado en la ciudad mexicana de Oaxaca en 2013. Allí Artecorte fue presentado como parte de las Iniciativas Municipales de Desarrollo Local de la Habana Vieja.

La casa de su gestor principal funciona como Museo de la Peluquería y la Barbería. En ella se atesoran antiquísimas cajas registradoras, muebles y objetos antiguos relacionados con el ejercicio de estos oficios, entre los que destacan navajas de afeitar, cuchillas, peinetas, cepillos y un sillón aún en uso. Decoran el lugar obras de artistas como Eduardo Abela, Ernesto Cardoso, Víctor Hernández Mora, quienes colaboraron en la serie “Hasta el último pelo”.
 

“En la bodega de la esquina queremos hacer el Museo de las cajas registradoras, sin que deje de funcionar como tienda de víveres; y en la casa de los abuelos el Museo del Barrio, para que ellos cuenten nuestra historia. Así puede lograrse poner a los espacios públicos y privados de La Habana Vieja en función del Patrimonio”, adelantó Valladares.

Este municipio capitalino ha propiciado durante más de dos décadas las condiciones legales y regulatorias para el desarrollo de iniciativas autosustentables, por lo cual ha sido el espacio escogido para muchos interesados en ese tipo de empeño.

Yo soy de aquí

En el año 2007 “Papito” Valladares fue invitado a participar en un evento de peluquería en México. En ese momento, para salir de Cuba era necesaria una carta de autorización de alguna institución y la solicitó a la Dirección Municipal de Cultura de Habana Vieja, donde tenía inscrito su proyecto. Una vez ahí, se enteró de que por razones indeterminadas le dieron baja sin habérselo comunicado.

“Comencé a presentar quejas en diferentes lugares, pero entonces me trataron mal, como si fuera un contrarrevolucionario, como si mi deseo fuera emigrar, cuando en realidad quería representar a Cuba en un certamen donde nunca antes había estado uno de nosotros. Hubiera podido ser cualquiera, fue causalidad que me invitaran a mí. Pasé tanto trabajo para lograr salir del país que no regresé del evento y estuve viviendo en México por dos años”, contó.

Sobre ese tiempo fuera del país, Papito recuerda el ansia por el regreso: “Profesionalmente fue un buen periodo, de mucho aprendizaje, pero sentía que me faltaba hasta el aire por estar lejos de Cuba. Leal me localizó, me hizo regresar y retomé todo lo que había comenzado. Al final, yo soy de aquí y creo profundamente en lo que hago; por eso trato de defenderlo y porque sé su alcance para este momento y para el futuro del país”.

Haber vivido momentos en que trabajar independiente del Estado era mal visto, y constatar hoy cómo este sector tiene un fuerte peso dentro de la sociedad –promovido  desde la dirección del país– le hace pensar en que es la hora de implicar a los emprendedores y no aislarlos.

“Están surgiendo en La Habana muchos proyectos interesantes, la mayoría culturales, pero todos se sostienen de diferente manera. Por eso, otro de mis sueños es hacer el Primer Encuentro de Emprendedores Solidarios. Puedo demostrarles a quienes solo entienden de dinero que el beneficio social hace multiplicar la economía, generando sentido de pertenencia, valores…”

Papito Valladares es un hombre de barrio, diáfano, desenfadado, que ama el lugar donde vive y por ello ha recibido la consideración de sus vecinos. Para muchos representa un hito de las transformaciones socioeconómicas por las que el país atraviesa, pero quizás su mayor valor radique en atreverse a pensar Cuba, y hacerlo desde la altura de un sillón de peluqueros.

Sobre los autores
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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