Broche de luz a un ciclo compartido: pequeñas intuiciones sobre una afrocubana

Inés María Martiatu “Lalita” (1942–2013). Foto tomada del Blog Negra cubana tenía que ser
Inés María Martiatu “Lalita” (1942–2013). Foto tomada del Blog Negra cubana tenía que ser

Con cariño para Inés María Martiatu “Lalita” (1942–2013).

Escribo mientras mis dedos hacen sonar el teclado, y suenan como los pasos que me llevaban hacia ti, son pasos poéticos, supongo, que tienen el don de exprimir en la memoria aquel único encuentro: no sabía de tus libros, sabía de tu nombre; no sabía, que tendría por fuerza del destino, que llevar tus palabras hacia un lugar recóndito de mí misma, aquel donde hiciera coincidir lo que pensaba, con una manera de actuar, con una forma de defender los afectos.

Aquel lugar donde se revela la postura de ser una mujer con ansias de escribir; de ser una mujer que escribe para invocar fantasmas, espíritus, para renovar en el acto de la poesía, una postura: sobrepasar barreras, limar los aspectos afilados de los estereotipos, alzar la voz, y apuntar la incoherencia de esconder y silenciar la historia, allí donde es evidente que algo no se dice, que algo falta. Ese es el legado que me dejó el viaje que hice aquella tarde escaleras arriba para conocerte, de manera que salí apuntando con dedos firmes, y a veces temblorosos, las lagunas que estaban pobladas de mujeres, de cuentos, de testimonios, de ansiedades,  por ser visibles.

Aquella tarde, Lalita, pediste un testimonio que nunca escribí, donde hablara sobre mi condición de mujer, no sabías que soy nieta de abuelos negros; terminabas de darle forma a tu texto: “Afrocubanas”; y yo venía a ti de la mano de tradiciones que habían abierto un sitio de vacío, y me invitabas, sin saberlo, a saltar dentro de él.

Hoy quiero decirte lo que adiviné mientras el salto me llevaba por sitios desgarradores, cuando el dolor “de sentir en la piel” se volvió conciencia, en esta piel de muchas texturas y colores, que guarda lágrimas, gritos, luchas y abrazos, que es fruto de cuerpos anteriores.

Adiviné por intuición, las matrices que nos acunan; adiviné por intuición el término patria que elaboraste sobre la pieza de “María Antonia”[1]; recompuse por ordenar huesos perdidos, una idea de nación que acogiera: negritud, y mujeres liberándose. Tu pensamiento no me llegó por los sitios recomendados del esfuerzo intelectual, por el placer de la literatura inteligente; me llegó por las arterias que son los ríos invisibles que formamos cuando percibimos que somos nosotras voces múltiples, que se buscan, para entrelazarse, para descubrir las preguntas que no se han hecho aún, y que no pueden esperar, que son las propias, las del engendrar desde los sitios creativos, y marginados.

Me pareció verte en la muchacha, que en un encuentro baiano[2] sobre Lélia González[3], daba una conferencia que se asemejaba tanto con la vida de nuestra Sara Gómez[4]. Adiviné que detrás de las formas específicas del arte, de las formas específicas de la política, están las otras políticas, y las otras cosmovisiones de lo artístico, y que pujan en latencia, y también los procesos en que se acorralan. Adiviné por intuición las formas como van mudando los disfraces, las máscaras que son la contrapartida verdadera “de lo real” que ocultan los enmascarados. ¿Recuerdas aquello que decías del Teatro Bufo? ¿Del negrito, que era un hombre pintado? ¿De la pintura que expresaba el estar dentro de un subterfugio, dentro de un(a) doblez, para representar lo desconocido, para conocerlo obligándolo a entrar en el molde del personaje? ¿Recuerdas tu denuncia de esos moldes, de esos arquetipos transfiguradores de seres auténticos?

¿Qué otro adjetivo serviría para aquellos que se reunían en la Calle Cuarteles no. 18 en la Habana Vieja, en una humilde cuartería, como lo describiste: en el cuarto que era el domicilio de Pancho Fernández? La Tanda de Guaracheros que tenía por miembros gente pobre iletrada, mulatos y blancos. Los imagino guiada por tus reflexiones: “el bufo surge en un ambiente eminentemente popular”. Y cuando escribías que por esas paradojas de la identidad, los bufos fueron hombres que se representaban dentro de un teatro en el que se creaban y burlaban de sí mismos[5].

Tal vez como una pérdida de sí, para posibilitar, más adelante, el lugar del rencuentro, para comenzar a re-inscribirse en los otros. Me sigo preguntando si allí reunidos rescataban esa gran familia, la que sufría intervalos de ruptura, la diluida en nombre de otras que debían ser mantenidas como institución sagrada, por representar el privilegio del lazo de sangre, mantenido junto al privilegio de una clase, de la nación, de la intimidad valorizada por encima de otras, por encima de las personas dislocadas, de las esparcidas bajo el control silencioso del grupo que ejerce el formato normativo de esta intimidad, que es también el formato normativo de la unión consanguínea y de las reglas de pertenencia.

Pero, en tus trazos se advertía la esperanza, el conocimiento mágico de que la familia que se pierde, es una familia que se carga en la memoria como lazo espiritual de un antes, que confunde, en las ausencias impuestas, seres de carne con dioses, dioses humanizados, padres y madres protectores e invisibles que sirven para tornar parientes entre sí, hijos e hijas de culturas ajenas, pero próximas. Y, sobre todo, que el espacio de la creencia utiliza el camuflaje de las creencias impuestas para sobrevivir; porque la hegemonía dominante, fue, y se mantiene como fuerza expropiadora. Entonces nos queda la intimidad del secreto, de la sociedad oculta y subterránea de familias ancestrales, que durante un período de tiempo escondían sus cultos junto con sus voces.

Intuí un sincretismo que va más allá del culto religioso y que se trasviste con las formas de género. El sincretismo, que tiene escondidos en su lectura, a partir de la lógica que implican sus diversos afluentes: como aquellos que están en los rezos, en la preparación del alimento, en la canción de ahuyentar los miedos, los padres y las madres que son territorio del cuerpo en su caminada. Que están respirando en los poros de una palabra a ser dicha en el momento adecuado, o de una palabra a ser guardada, no necesariamente por inhibición sino por mandato interno, que también puede expresar una batalla, un entendimiento diferenciador del lugar, otra acepción para desmontar lo que pronuncia una asimetría, o desde el discurso alternativo, se convierte en una complementariedad, pero que contiene dentro de sí, la fuerza renegociadora de las posiciones asimétricas.

A través de la literatura, abriste una ventana privilegiada para observar desde ella, la capacidad de creación del espacio y como el espacio comienza a reabrir dimensiones que renegocian lo público, de la intimidad expuesta en la circulación de dimensiones que afectan la vida privada de las personas. Así, en tu cosmovisión afro-feminista intuí, lo personal como un campo abierto, permeable y transitorio, y que la política vivida como experiencia, tatuada en los estigmas también presenta connotaciones difusas, porque las relaciones de poder no son inmutables y se re-significan, y más, en un contexto de vaciamientos en el que las identidades se fragmentan y pluralizan.

Te cuento, ahora bajando las escaleras de aquella tarde, mientras hago sonar los pasos, que son las teclas del recuerdo, que “lo personal” como concepto se me diluye y deja de ser el espacio “político” esperado, cuando se inventa el afán de querer ser monolítico, homogéneo y totalizador, cuando se divisa en las pretendidas y “armoniosas” emociones domésticas. Cuando es un privado desconectado de otros universos privados.

El modelo narrativo, que sabías empuñar, es un arma de estrechar los distanciamientos entre estos universos aislados. Siempre desencanta los papeles, des-normaliza las prácticas de violencia perpetradas en el supuesto silencio, ya que el modelo narrativo no es más silencioso respecto a estas prácticas. La narrativa y la poética de las mujeres colocan a otras mujeres en la dimensión de la publicación y externalización de sus situaciones opresivas,  como un broche de luz en una cadena de ciclos compartidos.

 

Bibliografía

Martiatu, Inés María. Bufo y Nación. Interpelaciones desde el presente. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2008.

 

Referencias

______. Una pasión compartida: María Antonia. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2004.

[1] Me refiero al libro Una pasión compartida: María Antonia publicado en 2004.

[2] Celebrado en Salvador de Bahía. Brasil en 2015.

[3] Lélia Gonzalez (19351994) fue una intelectual, política, profesora y antropóloga brasileña.

[4] Sara Gómez Yera (19421974) fue una cineasta, guionista, música y periodista cubana. Fue la primera mujer cubana que dirigió un largometraje de ficción: De cierta manera (1974).

[5]  “A través de su estudio se pueden llegar a desentrañar algunos elementos de las difíciles relaciones de clase, raza, género y nación en que se debatía la sociedad colonial. Estos aspectos importantísimos en una sociedad siempre compleja como la nuestra, trajeron como consecuencia ciertos procesos de enmascaramiento de la personalidad, de la identidad del cubano, y reflejan las relaciones entre los diferentes estratos de la sociedad”. (Martiatu, 2008, p. 14).

Sobre los autores
María Antonia Miranda González 2 Artículos escritos
(La Habana, 1981). Licenciada en Sociología (2004) y Maestra en Sociología (2009) por la Universidad de La Habana; Doctora en Estudios Interdisciplinares de la Mujer por la Universidad Federal de Bahia (UFBA), Brasil (2016). También es egresada de...
1 COMENTARIO
  1. GRACIAS! Es un texto escrito con una fineza enorme y me encantó. Revive lo que apenas se nombra. Invita desde pequeñas intuiciones a indagar sobre grandes legados de género, raza y clase en Cuba. Conlleva a querer profundizar sobre otras formas de rebelión. Otras formas de lucha. Lucha contra las distintas formas de dominación. Lucha por la existencia. Me gusta la idea de legado, la siento como una alianza inconsciente. Adoré la idea de nación donde recoja negritud y mujeres liberándose. Y me gustaría saber más. Leyendo sobre feminismo siempre encuentro una ausencia de referentes de mujeres afro-caribeñas, por tanto quiero saber más de Lalita y de tantas otras cubanas. Me gustaría saber más sobre movimiento feminista afrocubano.

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