¡Brujería!: vocablo cubano con más de una centuria de porfía

Caricatura sobre la religión en Cuba

¡Solavaya… brujería en la puerta de mi casa…!

Su denominación encuentra constante empleo en el argot popular contando con diversas derivaciones: brujo, brujazo, bruja, brujón. Su popularidad representa hasta hoy un aspecto esencial dentro del enarbolado sincretismo cubano. Se asocia tanto para la perversidad así como el socorro ante las dificultades, contando con escaso prestigio bajo la etiqueta del lado oscuro del universo espiritual afrocubano. En su recorrido histórico dentro de la construcción de la nación acompañó/a a determinados procesos de exclusión y racismo. Sus detractores, al igual que en su momento hicieron con la rumba, la catalogaron de bárbara, salvaje y atentado contra la civilización.

El calificativo de brujería, palabra de origen no africano, trasciende su acepción llegando persistentemente hasta nuestra contemporaneidad, donde practicantes o no la emplean en sus códigos lingüísticos. Su fuerte arraigo se debe a su anclada presencia en el imaginario nacional de trasfondo denostador, situado en el centro de viejas polémicas, críticas y sensacionalismos. Por su impronta, es menester desempolvar  sus alabanzas y vituperios que marcaron parte de las relaciones entre negros, mestizos y blancos.

 

Los intelectuales… siempre metiéndose con los brujos

Los estudiosos y periodistas cuentan con una gran responsabilidad histórica en la popularización del término. La llevada y traída enunciación de brujería se une al legado de la esclavitud en su andamiaje racista, junto a los postulados seudo-científico de la inferioridad del negro. Su utilización influyó en la recreación del síndrome miedo al negro condicionando el contexto de su inclusión y participación de los negros en la lucha por la independencia de Cuba. Después de 1886, con la era de la post-emancipación, se reforzó la mentalidad respecto al variado sistema mágico religioso de las etnias africanas, todas ellas sepultadas con el denominativo de brujería, reinterpretación demonológica europea refundida en la prédica de la modernidad. Lentamente se consolidó, bien temprano el siglo XX, un imaginario racial referido al tipo del “brujo negro”, tema hábilmente explotado dentro de la agenda publicitaria entre 1904-1925. (Chávez, 1991; Helg, 2000; Basail, 2006).

Periódico El Mundo, 1904

Periódico El Mundo, 1904

Lo noticioso de la agenda se dimensionó en el plano político con la formación y la represión del Partido Independiente de Color (PIC) entre 1908-1912, proceso que dio paso a un racismo exacerbado. Los especialistas afirmaron, desde cualquier pretendida teoría científica de moda, que el organismo social tenía la misión de sanearse de los individuos inferiores para el afianzamiento de la raza cubana. En resultado, los devotos de los orichas fueron los primeros en ser considerados no capacitados para el ideal del progreso. Los guardianes de las buenas costumbres, alentados por la prensa, apelaron en más de una ocasión al castigo y la violencia. En 1919 se produjeron linchamientos en Regla y Matanzas legitimados por Antonio Iraizas, autor del artículo “El pueblo que no lincha nunca”. No terminó ahí, pues un año después con una publicidad distinta, los hechos inspiraron la versión cinematográfica La brujería en acción estrenada en el cine Payret, bajo la dirección de Santos y Artigas. También por esos días en el cine Ídolo se proyectaba Ahí vienen los negros.[1] (Bronfman, 2004; Fernández, 2011).

Solo en casos excepcionales dentro de una comunidad específica el tema fue tamizado, cuando contra toda lógica, el acontecimiento seleccionado para el mercado de la información superó los prejuicios del creador de la noticia. En 1915, en la muerte de Silvestre Erice a los 80 años, quien fuera fundador del culto africano lucumí Santa Rita de Casia y San Lázaro en 1902, fue cubierto en la prensa con el sobrenombre de brujo de mayor reputación de la república. Su cadáver fue velado en la calle Ayuntamiento 18 por más de 200 personas de distintas clases y edades, teniendo cristiana sepultura en el cementerio de Colón. Que una publicación del circuito periodístico reseñase un hecho de esta clase de una forma no acostumbrada, destaca la trascendencia del practicante, cuya fe era normalmente censurada. Este acontecimiento refleja como por momentos, un sacerdote de rango extraordinario era reconocido por sus detractores.[2]

Sin embargo, estas conductas transgresoras no tenían una connotación racial, sino social. En ella influían la falta de instrucción, la vulnerabilidad de los grupos sociales y sus apropiaciones de la realidad circundante, observándose cierta socialización de las prácticas como actividad social. Muchos sujetos, más allá del color de la piel, recurrieron a los servicios del sacerdote y sus remedios – consultas, amarres, trabajo de evolución, bilongo, ebbó – reflejo del ambiente sincrético de doble rasero. Al respecto, un diario satírico en 1919 comentó a raíz de una conferencia de Fernando Ortiz:

(…) Orador de gran cultura en su discurso dedujo
Que en nuestro país el cura es un ecobio del brujo
Ante el civismo de Ortiz y la verdad que dedujo
Huyen el cura y el brujo en ekobiaje infeliz.
Gracias a esa gran verdad que demostró Don Fernando
No seguirán explotando a la pobre humanidad
Y con su conciencia obscura y su reprobable engaño
A otro lugar a hacer daño irán el cura y el brujo (…).[3]

Caricatura sobre la religión en Cuba

Caricatura sobre la religión en Cuba

Ni siquiera la furia negra de los años veinte incluyó la cuestión en su proceso de purificación de los aportes africanos. La música y la danza contaron con mejor suerte, pero la brujería siguió siendo tabú y despectiva. Los especialistas del folclore cubano apenas la abordaron dentro de sus consideraciones, evidenciando las complejidades del tema. Solo a finales de los años treinta se dio un paso significativo cuando el investigador Rómulo Lachatañere enjuició lo erróneo de lo entendido por brujería. El autor señaló el halo de criterios especulativos conectados a la criminalidad y la delincuencia, necesitándose de nuevos métodos de aproximación. Adjudicaba a Fernando Ortiz la responsabilidad por la popularización y divulgación del término, acotado en 1906 para la designación de dichas creencias.

Lachatañere esclarecía que el brujo es el agente anti-social, que desde las sociedades africanas se consideraba elemento perturbador, denunciando cierto uso prejuicioso en los estudiosos de la época. El propio Ortiz, tres años después en 1942 y dentro de una velada que le ofrecía la elitista sociedad negra Club Atenas, reconoció que su otrora obra contenía un marcado carácter lombrosiano. Y por eso recibió la aprobación maliciosa de los blancos, y la censura de aquellos, los cuales ante la divulgación de sus secretos sabían que fuera de su ambiente servían para su escarnio social. En la década del cuarenta nuevas propuestas se produjeron desde la tesis de transculturación y la impronta cultural del campo religioso afrocubano.[4]

No obstante, el daño histórico ya estaba hecho y la nación respiraba continuamente recelos ante los brujos. Por la fuerza de tales imaginarios, cabe esperarse que la intelligentsia negra fuera la primera en sospechar de la brujería.

 

Los negros finos contra los brujos

El ciudadano negro cubano no tenía más que una salida: negar el legado espiritual de sus ancestros. Son incontables los prohombres opuestos a su uso: desde el preclaro Juan Gualberto Gómez, los mambises Lino D´ou y Generoso Campos Marquetti hasta los políticos Rafael Serra, Ramón Vasconcelos, Rafael Escoto y Carrión, Miguel Ángel Céspedes. Todos ellos censuraron los cultos y llamaron a la desafricanización, estrategia que conllevo alejarse de la chusma, la negrada y la masa ciega. Por lo complejo del posicionamiento sus periódicos tejieron sus propias versiones y explicaciones. El cronista Juan Bravo aludía a la ignorancia en las masas populares, a la par denunciaba que en Matanzas ciertos políticos de altura, cuando necesitaban apoyo moral y votantes, participaban en los bembes y se hacían bautizar por Ña Merce y que luego gritaban que los negros bárbaros eclipsaban la civilización. Francisco Camaño de Cárdenas afirmaba que la religión era de total implicación popular, ya que en los campos negros y blancos realizaban el curanderismo, pero cuando el practicante era negro se le decía brujo y si era blanco espiritista.[5]

Conscientes que estas imágenes afectaban su prestigio social fueron proyectadas estrategias educativas. Las sociedades negras constituyeron un espacio para el fomento de las buenas costumbres. Una testigo recuerda los versos declamados en Unión Fraternal del barrio de Jesús María:

[…] Oye negrito rumbero cintura de torniquete […]
Detente en la santería de Ogún y de Yemayá,
Y boten a Obatala jefa de la brujería.
Esta gente de color que gustan bailar bembé
Sin zapatos en los pies despidiendo mal olor
Vayan cogiendo el tambor, los collares, la cazuela
Caracol, cabos de vela, cuerno y hueso de difunto
Y a todo ese conjunto echen petróleo y candela […].

(Calderón, 1970)

Tales anhelos no se cumplieron por la capacidad efectiva de mutación y ocultamiento de los sujetos portadores de tales prácticas, una crónica pendiente de la historiografía cubana silenciada en la tradición oral.  Aún esta por escribirse la huella de la resistencia espiritual de aquellas gentes sin historia.

 

Mayeya… no juegues ni con los santos ni con la brujería

El término brujería desafió el proyecto ateo y socialista del “Hombre Nuevo” después de 1959, alcanzando cierta aceptación institucional a fines del siglo XX dentro de la Cuba sincrética y mestiza. (De la Fuente, 2000). Difícil fue, es y será borrar una palabra tan común del cubaneo popular. Estudiar, identificar y conocer su presencia desde el pasado es inevitable para seguirla utilizando. Ya que no podemos cambiar su empleo es necesario investigar su trasfondo histórico en justicia a su denominación. Sobre esta base, desde el derecho propio del conocimiento a la verdad histórica podremos continuar, en respeto a su trascendencia popular, debatiendo, haciendo y hablando de brujería.

 

Fuentes bibliográficas:

1. Basail Rodríguez, Alaín (2006). “Negro brujo… Maaaaalo! Ortiz y la prensa cubana como narrativa del brujo”, Revista Cubana de Antropología, año 8, no. 14, La Habana, Julio–diciembre, p. 73–99.

2. Bronfman, Alejandra (2004). Measure of Equality. Social Science, Citizenship, and Race in Cuba 1902-1940. North Carolina: North Carolina University.

3. Calderón González, Jorge (1970). Amparo: Millo y azucenas. La Habana: Casa de las Américas.

4. De La Fuente, Alejandro (2000). Una nación para todos. Raza, desigualdad y política en Cuba 1900-2000. Madrid: Editorial Colibrí.

5. Fernández, Alejandro (2011). Sobrevivir a la masacre del doce (1912-1920). La Habana: Editorial Abril.

6. Helg, Aline (2000). Lo que nos corresponde. La lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba 1886-1912. La Habana: Imagen Contemporánea.

7. Chávez, Ernesto (1991). El crimen de la niña Cecilia. La brujería en Cuba como fenómeno social. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

8. Ortiz, Fernando (1906). Los negros brujos. Madrid: Librería de Fernando Fe.

 

Fuentes Publicísticas:

1. Estudios Afrocubanos (1939; 1945).

2. Juvenil (1913).

3. La Lucha (1915, 1920).

4. La Política Cómica (1919).

5. La Voz de la Razón (1915).

 

[1] La Lucha 7, enero 1920: 4.

[2] “Ayer falleció Papá Silvestre”. La Lucha 259, septiembre 1915: 2.

[3] La Política Cômica 695, abril 1919: 1; 6.

[4] Lachatañere, Rômulo (1939). “Las creencias religiosas de los afrocubanos y la falsa aplicación del término de brujería”. Estudios Afrocubanos 1, 2, 3 y 4, Vol. III, p. 75-84; Ortiz, Fernando (1945). “Por la integración de blancos y negros”. Estudios Afrocubanos s.n, Vol. V: 217-230. Ver también Ortiz (1906).

[5] Bravo, Juan (1913). “Los negros brujos”. Juvenil 24,  junio: 5-7; Camaño de Cárdenas, Francisco (1915). “Sobre la brujería”. La Voz de la Razón 95, enero: 3.

Sobre los autores
Alejandro Leonardo Fernández Calderón 3 Artículos escritos
(La Habana, 1977). Licenciado en Historia (2002); Máster en Estudios Interdisciplinarios entre América Latina, el Caribe y Cuba (20--); y Doctor en Ciencias Históricas (20--) por la Universidad de la Habana. Ha sido profesor de Historia de Cuba y ...
Cuba Posible 169 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
1 COMENTARIO
  1. La “brujería” está tan injertada ya en la mente que tengo varios amigos que me dicen que es imposible que yo sea ateo porque ¡Todo el que viaja al extranjero fue primero a ver un babalao!
    Jejeje

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