Carlos Baliño: un precursor del mellismo comunista

Carlos Benigno Baliño López fue una persona clave no solamente para la izquierda cubana, sino para todo el movimiento nacional y antimperialista de la Isla.

Carlos Benigno Baliño López fue, indudablemente, una persona clave no solamente para la izquierda cubana, sino para todo el movimiento nacional y antimperialista de la Isla. Hasta hoy día sigue siendo una de los emblemas de la Revolución de 1959, por ser considerado un precursor del pensamiento marxista cubano. “Mambí y comunista” (es la esencia de la percepción actual de este personaje histórico por los cubanos adeptos a los ideales revolucionarios y al PCC[1]). El líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz, había declarado que Baliño era un símbolo de la “conexión directa entre el Partido Revolucionario Cubano, de Martí, y el primer Partido Comunista de Cuba”.[2]

De ahí surge la división, porque una parte de los cubanos en el exilio no comparten aquel criterio y, al destacar las posturas antimperialistas de Carlos Baliño y de José Martí, insisten en que los intentos de vincular a los independentistas martianos con el comunismo marxista es una cosa absolutamente artificial. “El diablo se oculta en los detalles”, decía Dante Aligieri en su famosa obra. Y estos detalles son una cosa importantísima para entender si existía o no un enlace entre la generación de Martí, el primer partido marxista-leninista cubano y la Revolución de 1959 en general.

Baliño López nace el 13 de febrero de 1848 en Pinar del Río, en la familia de un arquitecto partidario de ideas revolucionarias e independentistas. Estudiaba varias cosas, entre estas teneduría, arquitectura y pintura; sin embargo nunca termina sus estudios, ocupándose de la actividad periodística y revolucionaria, siendo vocal del Gremio de Escogedores; fundador de Ibor City en Tampa; cofundador del primer gremio obrero Caballeros del Trabajo; redactor de La Tribuna del Pueblo en Cayo Hueso, etc.

Se ganaba la vida trabajando como obrero tabacalero; de modo que desde joven conoció la dureza de la explotación burguesa y no tardó de enfrentarla organizando las actividades sindicales y alzando la voz en defensa de las clases oprimidas en la prensa obrera y progresista. Se dice que, en aquel entonces, ya empieza abrazar las ideas marxistas[3]; sin embargo, parece una exageración (sobre todo, por la escasez de los textos marxistas en América Latina en este momento). Su pensamiento, expresado en Verdades Socialistas (la referencia a la futura emancipación de la clase obrera en alianza con los demás sectores sociales), parece más una profecía anarco-sindicalista, como lo reconocen varios autores cubanos; era, además, organizador de varias logias masónicas y militante en varias organizaciones de índole reformista[4]. Pero no hay duda de que sus pensamientos ya no caben en el ideario tradicional de los grupos y partidos existentes dentro de Cuba. Además, era un antimperialista decidido, dispuesto luchar con las armas por la independencia de la Isla y no solo en contra del dominio español, sino también en contra de la “plutocracia Americana”.

Al conocer a José Martí, fue uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano, una herramienta creada para acabar con el dominio colonial español en la Isla. En 1898, tras el fin de la guerra entre Estados Unidos y España, que trajo como resultado la libertad para Cuba del ex-metropolio (aunque muy condicionada por el papel hegemónico de Washington), Carlos Baliño regresa a su patria y a inicios del siglo XX continúa su actividad política, formando parte del Partido Obrero que luego fue transformado (gracias a sus esfuerzos) al Partido Obrero Socialista; además, colaboró en La Voz Obrera, el órgano del mismo partido. Nunca se concentraba solamente en los asuntos cubanos y siempre mantuvo visión muy amplia, así que al observar los acontecimientos de la revolución rusa de 1905-1907 la saluda enérgicamente desde las páginas de La Voz Obrera.

No es el objetivo de este texto sobre Baliño averiguar si Martí, efectivamente, le había dicho que habría que hacer otra revolución, la social, transformando por completo la república instalada tras el derrumbe del dominio español en la Isla[5]. Sea o no sea cierto lo de Martí, no hay duda de que para Baliño la historia de la lucha no se acababa con la emancipación de la metrópoli europea.

En 1906 su firma aparece en el acta de constitución del Partido Socialista de Cuba (formado como una fusión del Partido Obrero Socialista y de la Agrupación Socialista Internacional); este partido proclama la necesidad de que la clase obrera tome el poder político[6]. Todo aquel tiempo él siguió militando en la Agrupación Socialista de La Habana, logrando, en 1910, el puesto de presidente. Sin embargo, nunca estaba entre los primeros militantes comunistas que empezaron a actuar en la Isla en 1919. Se trataba sobre la Sección Comunista creada en diciembre de 1919 por Antonio Penichet, Marcelo Salinas y en la presencia de Charles Phillips, el comunista estadounidense-mexicano, que ingresó en el Puerto de La Habana rumbo al Segundo Congreso de la Comintern.[7]

¿Porque Baliño no se vincula con esta agrupación? Es una pregunta que aún requiere su respuesta. Tal vez, ni tuvo tiempo para hacerlo. La Sección –que pareciera más anarco-sindicalista que marxista, y que abogaba la Dictadura del Proletariado sin creer en los partidos proletarios– tuvo una vida muy corta y, al parecer, desapareció por completo para 1921 sin arraigarse seriamente entre los obreros e intelectuales antimperialistas de Cuba. La razón de su desaparición es muy clara: fue imposible reunir la ideología del anarquismo y la disciplina comunista. Los 21 condiciones para la afiliación con la Comintern no daban ninguna posibilidad de maniobrar: Salinas y sus seguidores tenían que hacer elección. No bastaba solo con simpatías a la Revolución de Octubre; se requería la disciplina fiera internacional; la vitalidad de la organización no podía mantenerse solo a base de la popularidad de Salinas y Penichet.

La segunda etapa de desarrollo del comunismo cubano tiene que ver, directamente, con Carlos Baliño. Por su iniciativa, la Asamblea Extraordinaria de la Agrupación Socialista de La Habana (ASH), el 16 de julio de 1922, adoptó la “Declaración de Principios”, que compartía los principios y táctica de la III Internacional y dejaba clara la voluntad de seguir su programa[8]. No obstante, este documento aparentemente no llegó al CEIC y la ASH no pudo cumplir con su decisión y luego sufrió una escisión.

El 18 de marzo de 1923, Baliño y sus seguidores fundaron la Agrupación Comunista de La Habana (ACH), una pequeña organización de seguidores de la revolución rusa (apenas 27 miembros)[9]. Estos enlaces fueron establecidos finalmente gracias a los esfuerzos de la Sección Hebrea de la ACH, fundada en 1924 por los emigrantes de Polonia y Lituania. El secretario de la Sección, Abraham Simjovich, conocido en adelante como Fabio Grobart, envió a través del Comité Central de las Secciones Judías del CC del Partido Comunista Ruso, la carta al CEIC esperando que la Comintern se interesase por el movimiento comunista cubano e indicando la necesidad de reunir a los grupos comunistas dispersos creando en un partido único que encabezaría a la clase obrera. En la carta se hacía hincapié sobre una particularidad importante de la ACH: su influencia entre los estudiantes, lo que abría la posibilidad de convertir a los estudiantes en los “dirigentes de trabajadores”. El enlace entre Baliño y Mella ya en aquel momento era uno de los rasgos claves del naciente movimiento comunista isleño.

Es poco probable que los militantes judíos actuaran independientemente sin informar a los dirigentes de la ACH, así que Carlos Baliño debería conocer el contenido de la carta, aunque no se guardaron documentos que lo confirmen directamente. Mientras tanto, el viejo militante revolucionario tampoco estaba esperando con calma la respuesta de Moscú. Aprovechando su previa estancia en Estados Unidos, y muchos contactos establecidos con la izquierda y los intelectuales, Baliño envió en mayo de 1924 una carta al Partido Comunista americano sobre la actividad del grupo. El jefe de Workers’ (Communist) Party of America (W(C)PA), Jay Lovestone, expresó su deseo de establecer el contacto con la ACH al informar el grupo sobre los resultados del V Congreso de la Comintern[10].

Era un inicio de la cooperación entre los marxistas de ambos países. En febrero de 1925 el secretario de la Liga Antimperialista Panamericana (LADLA), Manuel Gómez (era el nuevo seudónimo de Charles Phillips), en la apertura del Segundo Congreso Nacional Obrero expresó su convicción de que la organización fuerte de obreros que “estará fundada en Cuba” será parte del movimiento revolucionario internacional[11]. Las relaciones entre los comunistas de Cuba y México pasaron al ámbito práctico, después de la formación de la sección cubana de la LADLA, cuyos dirigentes (Mella, Baliño y Francisco Pérez Escudero) fueron nombrados el 17 de julio de 1925. Tras el Congreso Unificador de los Grupos Comunistas nace el Partido Comunista de Cuba.[12] En este momento la Comintern ya toma su decisión y responde al mensaje recibido desde La Habana con la promesa de una cooperación amplia.

El ingreso del PСС al Partido Comunista mundial se obstaculizó, sin embargo, tras la expulsión de sus filas de su dirigente más conocido y con más perspectivas: Julio Antonio Mella. Hoy día Mella es uno de los símbolos oficiales del PCC; sin embargo, en 1925 y 1926, corría el riesgo de quedarse para siempre fuera del seno del comunismo internacional y que su nombre solo apareciera en la historia oficial del Partido Comunista bajo la marca del “renegado” y “traidor”.[13]

Durante la ola de persecusiones desatadas por el general Gerardo Machado, en contra de las organizaciones obreras y radicales, en agosto de 1925 la mayor parte de los militantes del PCC fueron llevados ante el juzgado; les incriminaban la preparación de insurrección. Unos 300 dirigentes sindicales fueron acusados de “actividad bolchevique” y deportados de Cuba. El PCC tuvo que ir a la clandestinidad, mientras varios dirigentes suyos estaban encarcelados o deportados.

El 27 de noviembre Mella fue encarcelado de nuevo y, protestando en contra de lo que él consideraba una injusticia, el dirigente estudiantil anuncia la huelga de hambre.[14] No solamente Cuba, sino también gran parte del continente latinoamericano, fueron testigos de una amplia campaña de solidaridad con el destacado militante comunista. Sin embargo, otra fue la postura de su propio partido que decide expulsarle por considerar la huelga de hambre una muestra de falta de disciplina proletaria.[15]

El “caso de Mella” causó una crisis profunda en el mismo PCC y lo llevó al conflicto grave con el PCM y la Comintern. Los miembros del CC del PCC desconfiaban de los “amigos de Mella”, destacando de que la Liga Antimperialista y la Universidad Popular no eran “organizaciones puramente proletarias”. Sin embargo, precisamente este trabajo de Mella y de algunos colegas suyos con las organizaciones del frente comunista permitió al PCC, décadas después, convertirse en una fuerza política fuerte en Cuba. Muchos de los colegas de Julio Antonio eran los personajes inseparables de la historia del comunismo latinoamericano de la década de los años 20: Jorge A. Vivó d’Escoto y Rubén Martínez Villena, Salvador de la Plaza, Gustavo Machado, Jacobo Hurwitz, Carlos Aponte y otros cubanos, venezolanos y peruanos, militantes e internacionalistas, como mucha genta de izquierda.

Al partido le importaba poco e insistía en que Mella no podría ser parte del PCC hasta que obedeciera y se doblegara ante el CC. El recién nacido minúsculo partido clandestino condenó al único dirigente que era bien conocido no solo en Cuba, sino en otros países del continente. A lo mejor esa misma popularidad fue la causa oculta que impulsó a sus colegas del PCC a perseguir la idea de su expulsión. El intelecto, carisma y energía de Mella aparentemente asustaban a sus compañeros en el PCC; ellos temían su prestigio creciente.

Uno de los pocos dirigentes del PCC que apoyó plenamente a Mella en el conflicto fue Carlos Baliño.[16] Conoció a Mella desde 1922 y lo ayudó en la publicación de la revista Juventud. Esta colaboración se mantuvo y se amplió, cuando ambos participaron en la fundación del PCC en 1925. De hecho, los contactos de Mella y Baliño con los comunistas estadounidenses fue uno de los factores determinantes que ayudó al dirigente condenado al ostracismo por sus correligionarios, a regresar finalmente a las filas del PCC. Mella era el comunista cubano más conocido en Estados Unidos; junto con Baliño fue, en los primeros meses de la existencia del PCC, casi la única fuente de información sobre la situación en Cuba para el W(C)PA.

La observación del dirigente del Partido Comunista Obrero estadounidense, Charles Ruthenberg, obviamente coincidía con el criterio de los dos militantes cubanos: “Si nosotros, como comunistas, no podemos mantener buenas relaciones con las fuerzas políticas cercanas, ¿cómo podemos aspirar a atraer a las más alejadas?”.[17] En esta larga pelea de dos años la Comintern y el PC de México también apoyaron fuertemente a Julio Antonio, insistiendo en la necesidad de restablecer sus derechos de militante. La lucha no fue nada fácil durante los dos años en los cuales la cúpula dirigente del PCC estaba atrincherándose y separándose de los elementos que no consideraba “suficientemente obreros” o “suficientemente disciplinados”. Es así como se agravan los desacuerdos entre el PCC y la Liga Antimperialista: varios cuadros comunistas dejan Cuba por persecuciones políticas gubernamentales y por sus dificultades en relación con el “primer partido marxista-leninista” en la Isla.

A Baliño, tal vez, por su edad y por ser el único eslabón entre la tradición revolucionaria y la línea comunista, no le tocó alguna censura de parte del PCC. Sin embargo, Carlos Benigno ya no logró el regreso triunfante de Mella en las filas del Partido Comunista de Cuba. En 1926 muere ya muy anciano, a la edad de 78 años. Responden a su fallecimiento con un artículo titulado “La caída del roble”, donde se lamenta la pérdida de uno de los mejores luchadores por la causa nacional y popular.[18] Era cierto. Y no solo por la colaboración de Baliño en El Socialista publicado por la ASH, y por contribuciones suyas en El Productor, El Obrero Cigarrero, Justicia y Lucha de Clases (fue director de esta última), sino también por sus esfuerzos de contribuir a la formación del partido obrero en Cuba. Y –como expusimos arriba– este papel no era meramente formal, sino que demostró ser un intento activo de instaurar un modelo de “revolucionarismo amplio”, de una alianza obrera y estudiantil. Esta fue una pieza clave de la victoria de la Revolución en 1959.

Nota: El presente artículo fue preparado especialmente para Cuba Posible. Sin embargo, algunas veces el autor acude al texto previo que había sido publicado en 2017: Lazar Jeifets y Víctor Jeifets, El encuentro de la izquierda cubana con la Revolución Rusa: el Partido Comunista y la Comintern”, Historia Crítica, 2017, N. 64, pp. 81-100.

[1] L.Battle Reyes, “Carlos Baliño: mambí y comunista”, Granma, 23 de junio de 2014.

[2] Evelio Tellería Toca, Carlos B. Baliño López en el periodismo revolucionario Cubano, La Habana: Editorial Pablo de la Torriente, 1989, pp.5-6.

[3] Carmen García Gómez, Carlos Baliño: primer pensador marxista Cubano, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1985, 81-87.

[4] Gaspar García Gallo, Adelaida Plasencia, y otros, en Baliño: apuntes históricos de sus actividades revolucionarias, La Habana: Imprenta de la C.T.C., 1967

[5] Hay autores que rechazan rotundamente los intentos “para hacer a Martí cómplice del marxismo-leninismo” y aseguran que las palabras del prócer de la Independencia sobre la futura revolución eran nada más que un chisme posterior, si no decir “una mentira” de Baliño y Mella. – Véase la discusión del tema en: “El mito de Carlos Baliño”, – http://www.josemarti.info/articulos/falsificacion_marti.html [consultado el 20 de agosto de 2017]. Sin entrar en detalle, notemos que Baliño efecticamente dijo en La Voz Obrera en 1906 que Martí tenía varios sentimientos socialistas que solo podrían ser realizados después de la independencia, y en aquel entonces no hubo mucho rechazo a sus palabras, a pesar de que no pasó tanto tiempo desde la muerte de Martí y sería mucho más fácil comprobar la veracidad de lo expuesto por el luchador social. Véase: Julio Antonio Mella, Glosando los pensamientos de José Martí, La Habana, 1941, p. 8.

[6] Carlos Baliño. Documentos y artículos, La Habana, Depto. de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 1976.

[7] Michael Borodin, «The Diary”, 1920, en El Archivo Estatal Ruso de Historia Social y Política (RGASPI), Moscú-Rusia, Fondo 497, Inventorio 2, Folio 7, f. 92; [Jesús Ramírez], “Informe sobre la sección comunista de Cuba”, 20 de enero de 1920, en RGASPI, Fondo 495, Inventorio 105, Folio 2, f. 2. Más detalle sobre la sección, véase en: Lazar Jeifets y Víctor Jeifets, El encuentro de la izquierda cubana con la Revolución Rusa: el Partido Comunista y la Comintern”, Historia Crítica, 2017, N. 64, pp. 81-100.

[8] Fabio Grobart. “El aniversario glorioso de los comunistas cubanos. El cincuentenario de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba”. Kommunist № 11 (1975) 93-103.

[9] “Convocatoria y actas del congreso de fundación del primer Partido marxista-leninista de Cuba. Acta de la primer sesión”, en El movimiento obrero cubano. Documentos y artículos. Tomo I, editado por el Instituto de Historia del Movimiento Comunista de la Revolución Socialista de Cuba. (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1981), p. 445; “Carta del CC del PCC al CCE del W(C)PA”, La Habana, 20 de noviembre de 1927, en RGASPI, Fondo 495, Inventorio 105, Folio 8, f. 36; R. García More. “En el 60 aniversario de la fundación del primer Partido marxista-leninista de Cuba. Herencia de un fundador”. Verde Olivo №33 (1985), pp. 39-41.

[10] “Carta del Secretario Ejecutivo del W(C)PA a Jack Yampolsky”, 2 de mayo de 1924, en RGASPI, Fondo 515, Inventorio 1, Folio 332, f.22..

[11] El movimiento obrero cubano. Documentos y artículos. Tomo I. 1985-1925 (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1981), pp. 396-397.

[12] Pedro Serviat, 40 años de la Fundación del Partido Comunista (La Habana: Editora Popular, 1965) pp. 104, 118; “Carta del Secretario General del W(C)PA a J.Mella”, 14 de noviembre de 1925, en RGASPI, Fondo 515, Inventorio 1, Folio 480, f. 28.

[13] Víctor Jeifets y Lazar Jeifets, “El acusado es Julio Antonio Mella” Latinskaia Amerika №№7-8 (1998), pp. 64-89; Christine Hatzky, Julio Antonio Mella (1903-1929). Eine Biografie (Frankfurt am Main: Vervuert, 2004).

[14] Pedro Luis Padrón, Julio Antonio Mella y el movimiento obrero (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1980) P.138-154.

[15] “Acta del juicio del Partido en el caso de J.A.Mella”, en RGASPI, Fondo  495, Inventorio 105, Folio 2, f. 13 ; “Carta del PCC al Secretario General de la Comintern”, en RGASPI, Fondo 495, Inventorio 105, Folio 2, f.22.

[16] Lionel Soto, La revolución del 33. Tomo 1 (La Habana: Editorial de la Osa, 1979), pp. 362-363; Elena Poniatowska, Tinísima (México: Era, 1998), p. 31.

[17] RGASPI, Fondo 515, Inventorio 1, Folio 917, ff. 81-82; Folio 480, fs. 21, 26, 28;.

[18] Boletín del Cigarrero, La Habana, julio de 1926.

 

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Sobre los autores
Víctor Jeifets 1 Artículo escrito
Dr. titular en Historia Universal, Director del Centro de Estudios Iberoamericanos del Saint-Petersburg State University. Egresado de la Universidad Pedagógica Rusa (Facultad de Ciencias Sociales). Profesor de la Academia de Ciencias Rusa (ACR). Aut...
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