Carta de Cuba Posible al Papa Francisco

 


En la tarde de hoy 30 de julio ha sido entregada en la Nunciatura Apostólica de La Habana esta misiva con el propósito de que sea remitida a las instancias correspondientes en la Santa Sede Apostólica.

La Habana, 30 de julio de 2015

Padre Francisco,

Un grupo de intelectuales y actores sociales cubanos vinculados al proyecto Cuba Posible, coordinado por dos laicos católicos, nos dirigimos a Usted para agradecer su visita pastoral a nuestra Patria y su compromiso con nuestros destinos. En este contexto queremos solicitarle que, con motivo de los preparativos y la realización de su visita, se interese por el proceso de beatificación del padre Félix Varela (1788-1853).

Inspirado en su fe, este digno sacerdote cubano se volvió ejemplo y guía para una generación que, en los inicios del siglo XIX, soñó y proyectó a Cuba como una nación libre, justa y soberana. Para esto desarrolló una intensa y fecunda labor espiritual, pedagógica, cultural y sociopolítica. El padre Varela atendió la educación de niños y jóvenes, cuidó de huérfanos, y se entregó plenamente, durante la mayor parte de su vida, a servir a los pobres, en especial a los inmigrantes irlandeses en los Estados Unidos, donde consagró tres décadas de su labor pastoral, cuando tuvo que asumir el exilio, hasta el fin de su vida. Se destacó en el debate público sobre temas teológicos y filosóficos relacionados con la fe, la persona y la sociedad. Dedicó ingentes energías a pensar y promover instrumentos idóneos para un orden social justo. En este empeño, el sueño de Cuba fue el centro de sus desvelos y mayores esfuerzos.

Gracias a esta labor, las generaciones de su época y las posteriores tuvieron un asidero sobre el cual construir la nación, enriquecer ese legado fundador y mantener sus esencias como núcleo del paradigma que siempre nos retará a la búsqueda de una Cuba mejor. Un heredero definitivo de esta síntesis lo fue José Martí, el apóstol de nuestra independencia, quien al referirse a Varela en la segunda mitad del siglo XIX lo llamó “el santo cubano”.

Los principios fundamentales de ese núcleo fundador, que nos ha acompañado durante toda la historia, nos reclaman el desafío de edificar un país sustentado en la integridad de su soberanía nacional, en la vocación de apertura y solidaridad con el resto del mundo, en la libertad responsable de cada ciudadano, en la justicia social, en el compromiso con los débiles y la no violencia, y en una democracia entendida como posibilidad de socialización creciente de la cultura, la educación, las dinámicas civiles, la riqueza económica y la participación sociopolítica. Sin embargo, quizás el aporte mayor del padre Varela radicó en la metodología que nos legó para ejercer un patriotismo basado en la capacidad de comprometernos en el bienestar mutuo, y juntos, en el bienestar del país. Para eso reiteró incesantemente que en cada circunstancia de la historia debíamos esforzarnos por entender los peligros que nos acechaban a todos, con independencia de preferencias políticas e intereses particulares, para consensuar las necesidades del país y empeñarnos, sobre todo, en la materialización de los caminos posibles.

Este compromiso radical con el prójimo le costó al padre Varela la injuria, el desprecio, el ostracismo, y el dolor que le impusieron quienes controlaban las estructuras de influencia y de poder en la Metrópoli española, en el gobierno colonial y en la Iglesia establecida en la Isla. Agotadas sus fuerzas, cuando ya casi no podía ser útil, se trasladó a San Agustín de la Florida, en busca de un clima más propicio para su salud, y de la  cercanía a su patria querida. Allí consiguió que un sacerdote francés le diera cobijo en una pequeña habitación de madera que tenía disponible al fondo de la escuela parroquial.

En ese lugar no dejaba de instruir y consolar a los pobres, tocaba el violín para los niños, daba sermones en español para los habitantes de origen hispano, y no dejó de aportar obras a la naciente cultura cubana. Tanta fama de santidad alcanzó que, al congregarse los feligreses en la iglesia al enterarse de que su muerte rondaba, una dama protestante pidió la bendición para sus dos hijos y declaró al partir: “mis hijos serán afortunados. Han sido bendecidos por el santo Varela”. Su vida constituyó un martirio moral por su compromiso radical con Cuba, expresión de su amor al prójimo. Hombres como Varela son los que han hecho y harán posible que nuestra nación sea una casa digna para todos los cubanos y un orgullo para otros pueblos del mundo.

Santo Padre,

Nos sentimos herederos de los intelectuales, estudiantes universitarios y actores sociopolíticos del país que en el año 1912, después de obtenida la independencia, trasladaron sus restos a La Habana y los colocaron en el Aula Magna de nuestra Universidad. Es por ello que ahora le solicitamos, humildemente, que atienda a la posibilidad de que sea llevado a los altares.

Cuba vive un momento de cambio; se transforman ciertos imaginarios sociales; la sociedad se dinamiza y comienza la transformación del entramado institucional. En momentos como estos siempre resulta positivo colocar en el centro a los referentes más nobles, sólidos y trascendentes que compartimos diversas generaciones. Vemos en la beatificación del padre Félix Varela un acto de justicia que honraría a lo mejor de los cubanos, tanto a los que profesan la fe católica como a aquellos que no la profesan, pero que juntos sienten, como Su Santidad, un compromiso sustantivo con el bienestar del prójimo, en Cuba, y sobre la Tierra.

Confiados de su desvelo por los pueblos, estamos seguros de su atención.

 

Sobre los autores
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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