Cercanías, distancias, impactos


Partiré de una
imagen popular entre las muchas usadas para representar a Cuba, en particular
su capital, La Habana: un viejo automóvil estadounidense todavía rodando por
las calles. Como si empezara a contar cosas, la foto ofrece información básica
acerca de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; tanto en cuanto al
pasado-presente como respecto a algún futuro probable. Lo primero, y más más
evidente, es que estamos delante de una pieza de museo, una reliquia casi
mágica, capaz de sobrevivir en estado funcional a más de medio siglo sin
relación comercial abierta entre los países. Lo segundo, que –por encima de
cualquier voluntad entre los sectores dirigentes del lugar, cosa bien
importante dada la posición de gran enemigo ideológico que los Estados Unidos
han disfrutado en Cuba luego de 1959 y hasta la fecha- los habitantes han
continuado conservando, utilizando y (de manera implícita) defendiendo los más
diversos elementos de la cultura material procedentes del vecino norteño. Lo
tercero, que detrás de la supervivencia de artilugios eléctrico-mecánicos
(autos, refrigeradores, batidoras, máquinas de coser, etc.) se puede suponer
que hay un grupo de expertos empeñados en conseguir esta supervivencia poco
menos que imposible.


Puesto que
también es probable que al quitar la carrocería del auto (Ford, Oldsmobile,
Chevrolet, Cadillac) encontremos que el motor es de un auto de la antigua Unión
Soviética, o que donde había gasolina hoy funcione un motor de petróleo, o la
acumulación caníbal de piezas de origen diverso, simplemente fabricadas por
técnicos cubanos, entonces estaríamos presenciando una combinación –otra vez
milagrosa- de tecnologías, ideologías, épocas y, sobre todo, de creatividad. A
la misma vez, la supervivencia de nuestro auto (en Estados Unidos, por ejemplo,
un “original” de antes de 1959, que todavía ruede, tendría un precio
considerable), no como objeto de lujo sino como un medio de transporte más en
la vida cotidiana (la mayoría, o una cantidad enorme de ellos, trabajan como
taxis en manos de propietarios privados) nos habla de estructuras y dinámicas
propias del socialismo en su variante cubana; ya sea de la cuestión de los
estamentos, clases y capas en las que está dividida la sociedad, así como de
sus expectativas y símbolos de distinción. Al mismo tiempo, y dado que nuestro
auto –de modo metafórico- todavía se ve obligado (como taxi) a brindar servicio,
la imagen abre espacio en dirección a las múltiples insuficiencias
socio-económicas de ese socialismo cubano y es como si también las comentara. A
diferencia de cualquier otro sitio donde los símbolos de estatus que marcan la
pertenencia al grupo élite no están directamente asociados a la necesidad, sino
a la más valiosa oferta del mercado (sea esto lo ultra-moderno y con mayores
prestaciones o, justo lo contrario, aquello certificado como antique) en Cuba se
conectan con el uso inmediato; son herramientas para vivir mejor dentro de una
cultura de la supervivencia.


Para tornar las
cosas aún más raras, la posibilidad de acceder a este sector (de los poseedores
de automóvil) depende de factores tan azarosos como pasar en el extranjero una
larga estancia de trabajo o contar con la ayuda, igualmente desde el
extranjero, de familiares, amantes o amigos generosos; esto nos habla de un
país donde se prefirió el desarrollo de políticas sociales (por ejemplo, los
sistemas de transporte colectivo) antes que favorecer la propiedad individual.
Y, para terminar con algo ya casi esquizofrénico, casi cualquier cubano ha
visto ese auto (asociándolo a “lo norteamericano”) desde la infancia, lo ha
seguido en el tiempo, lo ha querido para sí; cuando dejaron de entrar al país
los siguió contemplando –a lo largo de los años- en centenares de películas y
ahora, después de la desaparición del antiguo campo socialista (justo cuando el
descalabro económico hace más improbable la realización del sueño) los ha visto
como nunca en una televisión y un cine repletos de estos inalcanzables objetos
del deseo.


Me he dedicado a
desarrollar esta suerte de desafío de la interpretación para introducir las
siguientes posibilidades en cuanto a las cercanías que, según mi juicio,
favorecerán una relación nueva y mutuamente beneficiosa (eso deseo) entre los
Estados Unidos y Cuba; las distancias que dificultarán que esto suceda; así
como -en caso de que ocurra- algunos
impactos positivos, cautelas y peligros para ambos países.


Cercanías:


  • Cuba es incomprensible sin su larga y
    muy enraizada relación económica y política con los Estados Unidos. La
    supervivencia, así como la importancia (tanto real como simbólica) de muy
    variados elementos de la cultura material estadounidense es un elemento favorecedor.
  • A diferencia de las otras dos
    mega-naciones con las que el socialismo cubano estableció (o intenta)
    relaciones socio-político-económicas estructurales (Unión Soviética y ahora
    Rusia, además de China), la conexión con Estados Unidos entraña proximidad y
    hay, a nivel popular, una comunicación fluida asentada –sobre todo- en el consumo de producciones
    culturales del vecino norteño, en muy destacado lugar ropa, música, todo tipo
    de materiales televisivos, películas.
  • La misma condición crítica de la
    economía cubana, la agricultura y otras infraestructuras productivas y/o de
    comunicaciones y transporte, el deterioro del patrimonio habitacional y las
    potencialidades aún no aprovechadas (o sub-aprovechadas) para el turismo, son
    incentivos para la inversión y, en general, demandas por cubrir con
    producciones, servicios o simple consumo que generen beneficio.
  • El elevado nivel cultural medio de la
    población (un país de 11 millones de personas virtualmente sin analfabetos,
    donde la inmensa mayoría tiene más de 6to. grado de escolaridad, con centenares
    de miles de técnicos y graduados de nivel superior) permite imaginar la
    instalación/administración de empresas de alta complejidad (lo mismo de
    producción de software que de ensamblaje de naves cósmicas). En este punto,
    vale la pena destacar que el inglés es asignatura obligatoria desde la
    Educación Media hasta la Universidad, de modo que hay una larga cantidad de
    personas que, cuando menos, conoce los rudimentos de dicho idioma.
  • La baja tasa de crímenes, la elevada
    seguridad ciudadana, la baja prevalencia de VIH, así como la existencia de un
    sistema nacional de salud que –aunque muy dañado por la crisis- mantiene
    atención universal en la totalidad del territorio, son elementos de importancia
    para el aumento rápido del turismo desde Estados Unidos hacia Cuba.
  • La existencia de una comunidad cubana
    residente en Estados Unidos
    que, además de tener un alto peso relativo desde el
    punto de vista estadístico, posee una élite de importante poder económico,
    líderes sociales y figuras simbólicas reconocidas en ambos países, y que, si
    bien, por encima de la fractura política, conservó o ha reconstruido numerosos
    lazos con el país de origen, también muestra un alto nivel de integración en
    las dinámicas sociales, económicas y culturales de los Estados Unidos y en su
    aparato político. Dicho de otro modo: un amplio grupo de potenciales
    intermediarios para procesos de cualquier tipo en la medida que las circunstancias
    lo demanden y se vaya haciendo posible.
  • Intereses comunes en lo que toca a
    colaboración en el control de epidemias, tráfico de drogas en la región o, en
    general, lazos transnacionales de grupos criminales, además de la protección del
    medio ambiente.


Distancias:


A todas luces,
la diferencia principal entre ambos países radica en sus distintas opciones en
lo que toca a la organización y funcionamiento de las estructuras políticas,
económicas y sociales; esto, demasiado evidente, conduce a visiones radicalmente
opuestas cuando se introduce en la ecuación la formidable asimetría entre los
dos Estados en términos de poder: entre la nación más poderosa del planeta y un
pequeño territorio del subdesarrollo. Para cualquier negociación o proyecto
futuro, esto es un elemento profundamente integrado a la cultura política de
los cubanos después de 1959 (incluso en quienes están en el exilio/diáspora) que
no debe ser subestimado. Se trata de sociedades que, en sentido general, tienen
y utilizan conceptos diferentes acerca de la más variada cantidad de asuntos;
estos pueden ser resumidos en cuatro puntos diferenciadores o, simplemente, de
conflicto:


  • Concepción sobre los derechos humanos
    (sociales y de la persona).
  • Concepción sobre la propiedad y la
    distribución de la riqueza (con énfasis en la ganancia individual o en el
    beneficio social).
  • Concepción sobre las formas de
    organización política en la sociedad (fundamentalmente centrada en la
    alternativa multipartidismo/monopartidismo, así como en los espacios y modos de
    la expresión política).
  • Concepción acerca de la independencia,
    la autodeterminación y la soberanía nacional.


En cuanto a
amenazas adivinables, comienzo por dos en un mismo golpe; tal vez las más
importantes sean: la violencia organizada (de grupos del exilio) y el endurecimiento
del ambiente político en Cuba. Cualquiera de ambas cosas haría del diálogo una
suerte de cautivo, y nos devolvería al mismo viejo mundo de tensión y retóricas
bélicas. Por tal motivo, la prioridad para el diálogo, su condición fundamental,
será explicar la propia necesidad y valor del diálogo entre países que –durante
medio siglo? vivieron una historia tan crispada. Después de todo el daño que en
este tiempo sufrió la relación entre ambas naciones, hay que construir una
cultura del diálogo y una esfera pública común dentro de la cual políticos,
intelectuales, y en general, los ciudadanos, puedan intercambiar sus
diferencias, reconocer sus identificaciones y construir y soñar proyectos
juntos.


La tercera
amenaza, acaso la que más escepticismo o cautela despierta en Cuba, se refiere
a que –en el reverso de la alegría y expectativas ante la posibilidad de restablecer
relaciones los dos países- muchos se preguntan qué beneficio traen los cambios
para sus vidas o si acaso significan algo; en nuestros términos, la amenaza de
un nuevo inmovilismo, entre cuyas manifestaciones sobresalientes estará el
incremento de un amplio sector desposeído.


Impactos:


La normalización
de relaciones entre Cuba y Estados Unidos
cambiaría el mapa de las tensiones y
divisiones de la región, e incluso influiría en la estabilidad y gobernabilidad,
pues desaparecería el conflicto de larga duración que más polarización ha
provocado a nivel internacional. Además de ello, es posible especular -acerca
de lo que es imaginable que suceda- valiéndonos de la metáfora de un motor; es
decir, partiendo de que el proceso deberá de arrastrar tras de sí a las
economías de la región y las de otros bloques, 
organismos y/o países. Tal cambio e inyección de vitalidad en el
inmovilismo cubano deberá de sacudir tanto la financiación como la producción,
la exportación/importación, el planeamiento, el nivel de vida y las
expectativas sociales, entre otros aspectos en la Isla. Los impactos de una
relación fluida, y colocada en un nuevo nivel, entre Cuba y los Estados Unidos,
serían tantos que apenas es posible esbozar unos poquísimos puntos de partida:


Económicos


  • Desarrollo de inversiones, a nivel
    macro, en los sectores de más evidente demanda: turismo, transporte, telecomunicaciones, agricultura y –en general- satisfacción de demandas
    alimentarias.
  • Participación, mediante inversiones
    directas, en el desarrollo, y ampliación de las micro-empresas cubanas.
  • Debilitamiento, todavía mayor, de la
    producción agrícola cubana al enfrentar, en condiciones de mercado, a sus pares
    estadounidenses. En su reverso, es también posible imaginar la existencia de
    una contribución a la inserción de Cuba en el mercado regional e internacional
    de productos agrícolas, mediante la implementación de una estrategia de complementariedad
    respecto a las producciones y dinámicas de comercio ya existentes en la región.
  • Contribución, mediante inversiones en
    industrias ensambladoras, a una reindustrialización de Cuba sobre bases nuevas.
  • Generación de estrategias que incluyan a
    Cuba en las líneas de comercio en la región.
  • Aceleración de los procesos de cambio en
    la estructura laboral de la Isla, haciendo ganar peso al turismo y, en general,
    a toda la esfera de bienes y servicios.


Políticos


  • Contribución al surgimiento,
    fortalecimiento e incremento de procesos y proyectos sostenibles en cuanto a
    las relaciones entre la población de Cuba y las comunidades cubanas en el
    mundo.
  • Cambio en cuanto a la percepción
    política que –luego de 1959- en Cuba se ha elaborado y acendrado acerca de “lo
    norteamericano”. Desdibujamiento de la noción de enemigo.
  • Posibilidad de que se produzca un
    debilitamiento paulatino del liderazgo y control que el PCC ejerce sobre la
    sociedad cubana.
  • Inicio de procesos de demanda y/o
    regularización del uso y/o consumo sin licencia o previo pago de derechos de
    autor de producciones culturales, software u otro tipo de producciones cuyas
    patentes a autoría están legalmente reconocidas en los Estados Unidos.
  • Aumento y refinamiento en la
    coordinación de esfuerzos para combatir en la región cualquier modo de crimen
    organizado.
  • Encauzamiento de reclamaciones y
    demandas relativas a las propiedades confiscadas por las autoridades
    revolucionarias, así como por concepto de daños a consecuencia del
    embargo/bloqueo o acciones lesivas a personas, instalaciones o procesos que
    hayan tenido lugar violando la soberanía de Cuba y con el consentimiento de
    autoridades del gobierno de los Estados Unidos.
  • Profundización en el estudio de los
    modelos de organización social en situaciones de crisis masiva, en especial lo
    sucedido en Cuba en los momentos inmediatos al llamado Período Especial.
  • Contribución a la recuperación, sobre
    bases nuevas, de respeto a la autodeterminación y soberanía, de una visión
    integradora acerca de la gobernabilidad y el desarrollo en la región.


Sociales


  • Empoderamiento de  nuevos grupos o sectores del país a partir de
    su integración a las nuevas oportunidades que deberán abrirse a medida que
    aumenten las relaciones económicas con los Estados Unidos o por simple apoyo económico
    de organizaciones o individuos de aquel país a sus pares cubanos. Esto es
    particularmente cierto en el caso de conjuntos como los formados por sujetos queer, grupos de creyentes religiosos,
    de raza negra (china o judíos), entre otros.
  • Impulso a modalidades de “diplomacia
    directa” acorde al incremento que sea en la cantidad de norteamericanos
    viajando a Cuba. Esto deberá iniciar un enorme escenario de confrontación,
    diálogo e intercambio en cuanto a todo tipo de mensajes sobre ambos países,
    culturas, sociedades, modos de vida y sistemas de valor.
  • Incremento de la presencia
    estadounidense en toda la geografía del país, equivalente a una
    “deslocalización” de la confrontación, diálogo, intercambio e influencia.
  • Aumento acelerado en el uso masivo de
    Internet y la telefonía celular. Esto deberá de tener muy profundas
    consecuencias políticas, sociales, económicas, culturales, científicas, etc.

Culturales y científicos

  • Introducción en Cuba –mediante el
    ejemplo de la experiencia y realidad de los Estados Unidos- de saberes nuevos
    acerca de la sociedad, muy en particular en lo que toca a los discursos sobre
    las minorías: mujeres; homosexuales, lesbianas y queer en general; sujetos de raza negra; discapacitados; creyentes
    religiosos, etc. Directa conexión de estos discursos acerca del derecho con la
    noción de ciudadanía.
  • Ampliación en número, variedad temática
    y extensión de proyectos de interés académico, en especial visitas, cursos,
    investigaciones conjuntas, publicaciones, congresos u otros eventos bilaterales
    entre expertos de ambos países.
  • Incremento de los proyectos de
    intercambio deportivo y cultural, ya sea esto de baja escala (en una suerte de
    “diplomacia personal”) o que enfoquen la atención por su alto contenido
    simbólico y arrastre popular (mega-conciertos, exhibiciones de tecnología,
    arte, producciones industriales, relacionadas con la agricultura u otras).
  • Aumento y regularización de los
    intercambios de información y tecnología, de modo que Cuba pueda ser integrada
    en proyectos científicos regionales o sean creados los de carácter bilateral,
    ya sea esto en tareas de investigación pura o de formación, etc.
  • Aumento y refinamiento en la
    coordinación de esfuerzos para combatir en la región cualquier amenaza de
    epidemia, plaga o enfermedad, lo mismo para personas que animales o plantas.


Despedida


Si bien algunas
de estas líneas perspectivas tal vez incluso se contrapongan entre sí, todas
están abiertas a lo posible; a la misma vez, cosa que no debemos olvidar, todas
pueden ser organizadas acorde a la intensidad del efecto según grupos etáreos
(los jóvenes son el sector más fascinante), género, localización geográfica,
preferencia sexual, ocupación, nivel cultural, integración política, etc. En
este sentido, cualquiera nueva relación entre ambos países equivale al inicio de
un gigantesco proyecto de reingeniería, verdad u oportunidad, que lo mismo
funciona para Cuba, que para el resto de la geopolítica regional, así como los
balances y –en general- la ciencia de la política interna en los Estados Unidos,
e incluso en la geopolítica mundial.


Si de relaciones
entre vecinos cercanos se trata, uno con la economía más poderosa que se pueda
imaginar y el otro un pequeño territorio de escasos recursos, uno con producción
pujante y el otro debilitado, uno de matriz cultural anglosajona y el otro
hispana, tuvieron ambos países la oportunidad de enseñar un modelo de armonización
de diferencias en 1898 y a lo largo de la República. Una segunda oportunidad de
diálogo (que ya sabemos terminó en ruptura) llegó en 1959, con la introducción
del elemento político, y ha durado hasta la fecha. Esta de ahora es la tercera
oportunidad y, desde mi punto de vista, se trata de un privilegio, pues muy
pocos países en la Historia han tenido ocasión de reconstruir vínculos de este tipo
después de haber mantenido durante largo tiempo posiciones de hostilidad –y esto
creo que es lo fundamental- sin que consigan predominar el rencor y el odio.


Además de todo
lo anterior, el restablecimiento de relaciones económicas entre Cuba y los Estados
Unidos (suponiendo que arribe a su máximo posible con la derogación de la Ley
Helms-Burton
y el levantamiento del embargo/bloqueo) no puede sino conducir a
un reordenamiento radical, nuevamente conectado con sus mercados más cercanos y
lógicos, así como con las opciones de adquisición de tecnología o recepción de
créditos y financiamientos. Si bien esto genera entusiasmo, la deriva hacia la
simple racionalidad también viene acompañada de aprehensiones, pues se puede
suponer que haya un sector (incluso progresivo) que va a quedar fuera de las áreas
que se constituyan en motor de la economía. Si esto es así, entonces el problema
a enfrentar (en un nivel todavía más urgente que en cualquier versión anterior
del acertijo) será el impedir que se constituyan en “bolsones” de  pobreza, para dinamizarlos y hacer que
“descubran” o “liberen” su capacidad como productores dentro de un juego
económico con reglas nuevas. El entramado es tan tenso que, curiosamente, el
Estado cubano va a necesitar cada vez más de una sociedad civil fuerte, que sea
a la vez su contraparte dialógica y su aliada; de este modo, puesto que lo que
ocurra en Cuba va a tener que ser sostenido entre todos, es urgente convertir
el cambio en debate de la cosa pública, reclamando a los expertos y
arrancándolo a los expertos, favoreciendo que las bases revelen su “voz”
y contribuyendo a las más diversas formas de auto-organización en términos productivos.


Es de esperar
que, en lo adelante, se multiplique el proceso de intercambio, debate, concertación
y planeamiento conjunto entre los dos países, en un camino que sabemos lleno de
dificultades, pero también de oportunidad. Los políticos, empresarios, figuras
sociales e intelectuales públicos -todos aquellos que lideran y modelan el
debate social- de ambos actores de la Guerra Fría y de ambas Cubas, tienen ante
sí una enorme responsabilidad. De ellos esperamos que sustituyan hostilidad por
colaboración, antipatía por esperanza, increpación por diálogo, venganza por
perdón y reconciliación, violencia por paz, destrucción por entendimiento,
ruptura por intercambio y daño por creación. Que construyan un mundo nuevo en
el cual sean sanadas las heridas y fracturas de generaciones. Un mundo que
reconozca y multiplique la potencia de generaciones: de nuestros hijos.

*Los
días 27 y 28 de enero de 2015 un grupo de emprendedores, blogueros,
cineastas e intelectuales cubanos viajaron a Washington DC para
intercambiar con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios y
académicos estadounidenses y cubanoamericanos, en un encuentro
organizado por el proyecto Cuba Posible y el Cuba Research Center. El
texto anterior constituye una ponencia presentada
durante esta cita
.

Sobre los autores
Víctor Fowler Calzada 7 Artículos escritos
(La Habana, 1960). Destacado ensayista, poeta y crítico literario. En 1987 se graduó del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Ha publicado, entre otros títulos, los ensayos La maldición. Una historia del placer como conquista y Ru...
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