Acusado de vándalo: sobre las coordenadas en el pensamiento político en Cuba

El futuro del pensamiento político en Cuba.

Foto: Manuel Castro / Flickr (CC BY-SA 2.0)

En dos textos publicados recientemente el escritor y periodista canadiense Arnold August ha expresado sus ideas sobre algunos elementos del universo –que él intenta poner en línea recta– del pensamiento político en Cuba. Del primer trabajo [1] llama la atención –más que por novedosa, por reiterativa– la propuesta de que existe en Cuba una corriente de pensamiento político –el autor ubica entre sus promotores a “algunos blogueros e intelectuales cubanos marginales”– que estaría promoviendo el “fin de las ideologías”. Del segundo [2], resalta la amplia descripción de la que él denomina “oposición de izquierda”, a la que califica como la más peligrosa que pueda enfrentar la Revolución. Un peligro creíble para el proyecto socialista de nuestro país, según August.

Estas ideas no son nuevas. Forman parte de una línea de pensamiento ya sistemática que acusa a intelectuales cubanos –de probado pensamiento de izquierda– de promover la desmovilización del pensamiento político en la Isla. Y sobre esa base, de ser neo-plattistas, obamistas tropicales, la no-izquierda, hasta llegar al clásico entre los clásicos: mercenarios. Los textos de Arnold August tuvieron –a mi juicio– una respuesta muy completa en el análisis del profesor Pedro Monreal, publicado por este sitio [3]. Los argumentos para una respuesta a la corriente donde se enmarcan –a la que tendré la cortesía de llamar en este trabajo “la izquierda real”–, no se agotan nunca.

Comienzo por decir que en tiempos donde la Cámara de Representantes de Brasil impulsó un proceso de impeachment contra Dilma Rouseff en nombre de “Dios y de la familia tradicional”, en los que Donald Trump es elegido presidente de Estados Unidos y en los que Marie Le Pen podría convertirse en la próxima mandataria de Francia –con todo lo que simboliza–, yo me lo pensaría mejor antes de andar reconvirtiendo izquierdas a derechas. Yo me lo pensaría mucho más antes de proponer que alguna izquierda en este mundo, más en esta Latinoamérica, y por fin, más en esta Cuba, sobra. En lo particular me parece un manifiesto golpe sobre la mesa. Uno de aquellos cuyo sonido tiene métrica con la torpeza.

Hubo una época en la que el pensamiento político en Cuba se podía recorrer con cierta facilidad en una sola dimensión. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda. Pero a la ideología en Cuba –suerte de Cuba–le han crecido ejes, tiene simplemente, nuevas dimensiones. No hay que ser un experto en geometría del espacio para darse cuenta de eso. Como no hay que ser especialista en ciencias políticas para suponer que ya nada pueden hacer con esos ejes los sargentos con borradores. Por mucho que se autodefinan militantes de la izquierda real. De la izquierda única.

Siempre llaman poderosamente mi atención quienes sostienen que un grupo de “intelectuales marginales” –me encantaría que nos explicaran el uso del adjetivo–, promueve la desmovilización, la despolitización; “el fin de las ideologías” en la Isla. Quizás nada como esta frase demuestra la particular manera de entender la política que tiene la “izquierda real”. El último medio siglo en Cuba no conoce un período con mayor diversidad de voces en torno a temas relacionados con su sociedad, su economía, la participación ciudadana y la discusión de ideas políticas, como el que se está produciendo hoy. Si analizáramos lo planteado por la “izquierda real” desde el punto de vista biológico, estaríamos ante una desconcertante paradoja: la diversidad –­de las ideologías– como fin –de las ideologías–. Pero no hablamos de biología, así que veámoslo desde las Ciencias Políticas. Pues también. La única lógica que justifica esas visiones de “desmovilización por diversidad” es aquella que no reconoce más contribución ni forma de existencia que la propia.  Es la del Yo como principio y fin del pensamiento. En estos términos, el Yo y sólo Yo como principio y fin de la izquierda. El resto queda a la derecha. O a la izquierda opuesta que es la no-izquierda.

Cuando en un país socialista –o al menos que así se imagina–, se acusa a intelectuales, periodistas, politólogo(a)s, artistas, científico(a)s y activistas de probado pensamiento de izquierda de “cáncer de la sociedad”, de anexionistas, de sospechosos habituales, algo no ha salido bien. Algo, o casi todo, debe empezar de nuevo. Cuando incluso se les acusa de víctimas –a ese punto hemos llegado, a acusar de víctimas–, llamándoles ingenuos por no darse cuenta de que están siendo utilizados, que se prestan a la confabulación del ala izquierda del águila que sólo ellos consiguen detectar, algo ha salido muy mal.

¿Qué opciones tenemos, entonces? Nosotros, los acusados, los ingenuos, los opuestos de izquierda. Es simple, parece. Aceptar como argumento que todo lo que esté fuera del de la “izquierda real”, de la izquierda ya “perimetrada”, es malo, malo, pero que muy malo. Eso aunque a alguna altura del debate uno termine preguntándose si estamos hablando del capitalismo, de latitudes ideológicas, o del más gris de los villanos de Disney.

¿Y si nos resistimos? Pues acusados seremos de vándalos. Culpables hasta que probemos lo contrario, (casi) todo cuanto digamos será utilizado en nuestra contra. Vándalos a los que la “izquierda real”, una y otra vez, les iluminará el rostro para mostrar al pueblo el gesto conspirador. Vándalos a los que no se les pregunta, sino se les interroga. Con los que no se dialoga, sino se juzga. A los que no se invita a salas de debates, sino a los tribunales. Vándalos no identificados por no portar en sus manos los históricos manuales.

Uno puede imaginarse a la “izquierda real” mirando con ojos vidriosos de orgullo su nobiliario título, colgado en la pared, mientras se convencen de que sólo ellos pueden hablar en nombre del pueblo ­–eso a pesar de que cada vez menos hablen con y de, el pueblo. Uno puede imaginarlos elaborando listas de “intelectuales marginales” a los que demandar por el delito de portación de ideas, de creación de ejes, de violación de patentes de izquierda. Uno puede imaginarlos redactando meticulosamente sus denuncias contra quienes violentamos la santidad de las utopías y nos empeñamos en hablar de eso que está un poco más allá de los sueños –y delirios– del socialismo real. Eso que algunos, sí, de izquierdas, insistimos caprichosamente en llamar, realidad.

Ninguna ideología que se respete debería incluir como criterio de pertenencia la taxonomía a hierro caliente. Así se crean rebaños de ganado, no sociedades pensadoras. Conviene a cierta izquierda ser menos mesiánica y dejar de creer que es ella –y sólo ella– “la resurrección y la vida”. Así se crean devotos feligreses, no sociedades pensadoras. Conviene dejar de fingir choques anafilácticos ante los términos mercado, socialdemocracia, ingresos, pluralismo, disensión o sociedad civil, para después vendernos como tratamiento, conjuros y homeopatías. Así se crean efectos placebo, no la cura. Y conviene, ya que estamos, poner fin a esa creencia de que todo acto de la “izquierda no real” viene a confirmar la hipótesis sobre su peligrosidad pre-delictiva. No sea que la hipótesis por irrefutable, no lo sea. Y la “izquierda real” termine siendo, por inercia, o aún peor por deporte, poco justa. Y lo que es más grave para su identidad, poco seria.

Cierro con un par de sugerencias. La primera va dirigida a nosotros, la izquierda que se salió del perímetro. Quien quiera que nos guarde, que lo haga de victimismos. Nada valioso salió del victimismo. Ni nada heroico. Es el peor atentado que podamos perpetrar contra la geografía de pensamientos que defendemos. La segunda va con respecto al señor Arnold August y a cualquier otro “izquierdista real” que quiera caer en semejante tentación. La próxima vez que sienta la necesidad de usar el término “cáncer de la sociedad” para referirse a intelectuales cubanos, por muy marginales que usted los considere, le sugiero que lea algo más, tan sólo algo, sobre el significado del término “cáncer”. Hágalo, no por los intelectuales, sino por respeto a quienes han sido víctimas de tan lamentable padecimiento. Tal vez como en el caso de diversificación y final, su error tiene que ver con limitaciones en el conocimiento de asuntos biológicos. Le aseguro que las víctimas y sus familiares van a apreciar su lectura, y futura corrección.

 

REFERENCIAS

  1. http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/01/06/el-final-de-la-ideologia-en-cuba/#.WJNueVUrLIV
  2. http://firmas.prensa-latina.cu/index.php?opcion=ver-article&cat=A&authorID=282&articleID=2233&SEO=august-arnold-la-oposicion-de-la-izquierda-cubana-y-los-anexionistas-dos-alas-de-una-misma-aguila
  3. https://cubaposible.com/la-supuesta-confabulacion-la-oposicion-izquierda-plattismo-una-luna-queso/
Sobre los autores
Amilcar Pérez Riverol 2 Artículos escritos
(Quivicán, 1981). Licenciado (2007) y Máster (2012) en Microbiología por la Universidad de La Habana (UH). Mención Virología por esa institución. Investigador del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana (2007-2009). Profes...
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