Crisis migratoria cubana: sólo queda un camino


La actual crisis migratoria cubana, entronizada en Centro América, se prolonga y alcanza proporciones dramáticas. Si bien es cierto que los responsables inmediatos de la tragedia son los mismos cubanos que decidieron tamaña aventura, ya resulta alarmante la ausencia de celeridad para encontrar un arreglo sensato. La solución a este mal, que además supera el suceso presente, demanda un esfuerzo agudo y requiere de tiempo para, realmente, conseguir las mejores circunstancias que podrían atenuar, o revertir, la decisión “demasiado extendida” de emigrar.  

Lo anterior exige continuar moviendo a Cuba de una situación de “excepcionalidad” hacia un status capaz de incrementar la esperanza y la serenidad, así como el desarrollo económico y humano. Todo el orbe debe ayudarnos en tan ingente faena y debemos agradecer a tantos amigos del mundo que aportan a este quehacer. Sin embargo, quienes poseen la más directa responsabilidad en la evolución de un proceso que conduzca a la Isla, cada vez más, hacia una solución “definitiva”, son los sectores de poder estadounidenses, el gobierno de Cuba y la sociedad cubana.

Esta nueva oleada migratoria desordenada, que incluso ha implicado y dañado, sin derecho alguno, a otros países de la región, parece confirmar esta tesis. En tal sentido, reclama un desempeño acelerado, intenso, grande y profundo, con el propósito de proscribir el ahondamiento de las difícultades en Cuba. Para ello, por ejemplo, los sectores poderosos en Estados Unidos deberían avanzar, irremediablemente, con integridad e integralidad, en la normalización de las relaciones bilaterales; el gobierno de la Isla debería ensanchar insistentemente sus cuotas de tenacidad y sabiduría para aumentar continuamente la integración de los mejores cubanos en el diseño y en la gestión de la cosa pública; y la sociedad cubana en general debería discernir mayores y mejores maneras para implicarse, cada vez más, en el desarrollo del país, con entusiasmo y responsabilidad. No obstante, como ya señalé, el aumento del bienestar (económico, social, institucional…) demandará tiempo y, por ello, todos debemos prever paliativos ordenados y proporcionales a las difícultades que padecemos -y que todavía podríamos padecer en el futuro más próximo.

En tanto, los cubanos estamos obligados a requerir una pronta y satisfactoria solución a la crisis actual, que ha desbordado los procedimientos bien y/o mal establecidos. El gobierno de Cuba ha comunicado que todos pueden regresar e insertarse en las dinámicas sociales que abandonaron, pero no se compromete, y en ningún caso pudiera hacerlo con realismo y responsabilidad, a que pronto dejarían de padecer las circunstancias por las cuales emigran. Los cubanos que sufren cierto “infierno” en Centro América no aceptan retornar a la Isla y continuar esperando por un futuro progreso social, porque la mayoría de ellos lo considera lejano e imprevisible. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos, aunque sostiene un diálogo positivo con las autoridades de Cuba, incluso sobre temáticas sensibles, ratifica que mantendrá los privilegios que concede a la emigración cubana, porque las condiciones internas de la Isla no facilitan revocar dicha decisión, por demás elevada al rango de norma jurídica.

Sólo queda entonces un camino, al menos de forma excepcional, que además retaría la responsabilidad de los gobiernos de Estados Unidos y de Cuba en la búsqueda de una solución “definitiva”. Para continuar procurando la serenidad en las relaciones entre los dos países, así como la estabilidad y el progreso de la Isla, se hace forzoso serenar el alma de los cubanos varados en Centro América, de sus familiares, que pueden residir en Cuba y/o en otras partes del mundo, y de cuantos nacionales sienten que este suceso, de alguna manera, menoscaba la integridad de la Patria. Este sendero hacia la serenidad debería pasar, en este momento, por la disposición del gobierno de Estados Unidos para confirmar que acogerá a estos cubanos y que se compromete a trasladarlos de inmediato a su país, y que proseguirá contribuyendo honestamente a la concreción de una Cuba soberana y próspera, que pueda extirpar para siempre dolores como este.    

Sobre los autores
Roberto Veiga Menéndez 5 Artículos escritos
(Matanzas, 1936). Actualmente está jubilado, pero dirige un equipo de consultores económicos. De origen obrero metalúrgico, estudió contabilidad y ciencias sociales. Laboró más de 30 años en la actividad sindical, desde la base hasta el nivel ...
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