Cuba 2016: escenarios post-bloqueo

Foto: Frank Carlson/NewsHour

“El príncipe debe tener de león y de zorro. León para saber cuándo hay

que rugir y zorro para olerse las trampas”.

Nicolás Maquiavelo

Creo que la aparición del escenario post-bloqueo (considerándolo como un proceso lento, contradictorio, prolongado y complejo), comienza a partir de la visita de Obama; esta actuó como un catalizador de efectos y de signos opuestos, tanto en Cuba como fuera de ella.

En unos provocó la aparición de expectativas positivas y, en otros, un endurecimiento de posiciones, elevando los niveles de desconfianza hacia el presidente estadounidense. Estas características las reflejó muy bien el corresponsal del Washington Post en La Habana; en un artículo publicado en su edición digital del 30 de abril escribió: “después de unos días de silencio oficial, el gobierno cubano comenzó a asumir una línea dura”.

El articulista menciona como causa el artículo del comandante Fidel Castro “El hermano Obama”, donde lo calificaba de “sarcástico” y también citó unos fragmentos de la intervención del ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, sobre el discurso de Obama en el Teatro Alicia Alonso: “su discurso fue un profundo ataque a nuestras ideas políticas, nuestra historia, nuestra cultura y nuestros símbolos”, dijo el Canciller. Después empleó la técnica de “una de cal y otra de arena”, entrevistando a varios ciudadanos (unos a favor de las ideas de Obama y otros en contra).

Pero, ¿pudo haber sido “otro” el discurso del presidente Obama en el Teatro Alicia Alonso? Testigos presenciales a esa actividad me aseguran que dentro del teatro, y a la salida, hubo manifestaciones de irritación por parte de algunos asistentes. Imaginemos una hipotética visita de nuestro presidente a Estados Unidos y un eventual discurso en el Madison Square Garden, de New York. Él hubiera dicho lo que piensa sobre la forma más adecuada de organizar la sociedad humana, hubiese expuesto los valores que sustentan nuestro modelo y sería poco probable que hubiese alabado a la sociedad norteamericana. Sin dudas, no pocos de su auditorio se hubieran sentido ofendidos, como pasó aquí con algunos cubanos.

Todavía nos cuesta trabajo aceptar las diferencias sin que afloren las emociones y acercarnos más a una cultura de la gestión de la diversidad. Y esto sucede en las dos orillas. No se trata de que el Canciller no tenga razón, porque la tiene; pero me parece que fue más ajustada a la situación nuestra brillante diplomática Josefina Vidal cuando afirmó: “Obama dijo lo que esperábamos”. Sin embargo, las concepciones expuestas por Obama (de manera sutil o abierta) en ocasiones pusieron a pensar a no pocos cubanos, sobre todo a los jóvenes (no pocos de los universitarios con los que hablé estaban impresionados por su retórica). Obama nos dejó el desafío de mejorar las bases de nuestro trabajo ideológico, que debe estar a la altura de la agudeza del mandatario norteamericano, sin duda un hombre de talento y de sólida formación.

El escenario que se nos abre a los que habitamos esta Isla y estamos comprometidos con el proyecto de nación que propone la dirigencia cubana, tiene muchas variables. He seleccionado solo tres de las que me parecen más importantes desde al ángulo del potencial de gobernabilidad del sistema cubano y de su capacidad de sostenerla y acrecentarla ante el desafío que, en el plano de las ideas, propuso el Presidente norteamericano.

Primero: al “smart power” del gobierno estadounidense habría que oponerle el “smartpower” de la dirección cubana (a un nivel más alto y estructurado que en etapas anteriores).

El nuevo escenario transforma una situación de resistencia basada en la confrontación, a otra de resistencia basada en la necesidad de gestionar los riesgos de la aproximación y la contaminación. Ahora, en primer plano, debe aparecer el factor relacionado con nuestro capital mental, pues el enfrentamiento a la nueva estrategia estadounidense implica, más que nunca antes, una “batalla de ideas”.

Sigue siendo un escenario multi-variable, pero con algunas aristas que no habían aparecido antes. Obama y sus asesores-expertos en las ciencias del comportamiento han elaborado en detalle un modelo de “tratamiento” del caso cubano basado en resultados de sus investigaciones relacionadas con la guerra sicológica (que ya han aplicado con éxito en otros países). Debe ser un guión mix, o fusión, del que inauguraron en los Balcanes y después usaron con algunas variantes en las llamadas “primaveras árabes”, asociadas a su filosofía de cambio de régimen.

El mismo Obama ha ido construyendo un sistema de ideas sobre la situación cubana desde sus discursos en su campaña electoral de 2008: “el desarrollo de Cuba está estancado a causa de la incompetencia del gobierno cubano, pero ellos le echan la culpa al bloqueo. Levantémoslo para que el pueblo vea que son ellos y pierdan la confianza de la ciudadanía”, dijo palabras más, palabras menos.

El desarrollo de los nuevos ajustes tácticos y estratégicos en la nueva etapa de las relaciones con Estados Unidos, deben apoyarse en el capital mental de la nación e implican, inevitablemente, un cambio hacia un nivel superior en las relaciones entre ciencia y gobierno.

Hace falta abrir más espacios para la utilización intensiva de las aplicaciones de las ciencias del comportamiento (sociología, psicología, economía, entre otras). Es urgente la ampliación del número de nuestros tanques pensantes, mediante la selección de personas con criterio independiente, con avales científicos reconocidos. No se ayudaría nuestro gobierno reclutando a aquellos que piensan igual que sus funcionarios, o que no son capaces de discrepar con estos de manera fundamentada. Se trataría de discutir, sobre todo, los CÓMO, porque los QUÉ (desarrollo y soberanía nacional con dignidad) estarían fuera de toda discusión. En los CÓMO habría mucha tela por donde cortar. El uso inteligente de esos grupos de asesores calificados ha sido una de las claves de los impresionantes resultados de los modelos chino y vietnamita; en la medida que lograron elevar la eficiencia del sistema de toma de decisiones a nivel de país.

Segundo: es determinante, para garantizar un crecimiento estable de nuestra gobernabilidad, elaborar programas con base científica de acercamiento e identificación con dos sectores: la juventud y el sector privado, sin olvidar las cooperativas.

Al analizar el discurso de Obama en el Teatro Alicia Alonso conté unas 18 tesis esbozadas por el Presidente. La mayoría hace referencia, directa o indirectamente, a factores internos, lo cual es coherente con la nueva política ya mencionada de aproximación y contaminación. Es una forma diferente de dominación, que no se impone por la fuerza, sino por la seducción primero y la corrupción después, en sectores sociales previamente escogidos: la juventud y el sector privado.

Cuando analizamos los modus operandi utilizado para derrocar gobiernos en varios países en los últimos 10 años, con relación a estos dos sectores, comprobamos cómo los emplean como palancas de cambio. En el caso de los jóvenes, focalizado en el segmento de 18 a 24 años (adolescencia, inexperiencia, emocionalidad, poco juicio). Esto se acompaña con la introducción en el país, de forma gratuita, de miles de móviles satelitales.

Esa es la función del programa World Learning, en el que ya han participado desde hace años no pocos jóvenes cubanos y que fue denunciado –algo tardíamente-por nuestros medios. En cuanto al sector privado, los resortes internos son el afán desmedido de ganancias, el individualismo y la colocación en el centro de su proyecto de vida del bienestar material, que es el motor principal de los sueños inducidos por procedimientos diseñados con ese fin. Su aliado principal es la inclinación egoísta sembrada en el mundo interior de los seres humanos por miles de años de propiedad privada y aparatos estatales basados en el sometimiento y dominio de unos pocos sobre las mayorías.

Bien, ya sabemos que ellos tienen un programa elaborado y bien fundamentado. Lo que me pregunto alarmado es: ¿dónde está nuestro contra-programa? ¿Quiénes (y con cuál calificación) están construyendo el antivirus que necesitamos? Si existe, ¿porque no se hace explícito por las vías que correspondan?

Antes de terminar este punto debo señalar lo que me parece un error común a ambos gobiernos: ni uno ni otro parecen priorizar a las cooperativas.

En la URSS, por ejemplo, fueron un importante factor de cambios para el regreso al capitalismo. Eran empresas privadas disfrazadas en manos de delincuentes. Aquí fueron creadas at libitum unas 500 cooperativas no agropecuarias en muy poco tiempo. Ya se impuso una limitación a esta impostura, también tardía. Han sido el resultado de un pragmatismo inconsecuente. Prácticamente todas subieron los precios y, en el caso de la construcción, un albañil de mediana calificación gana en un semestre entre 100 y 159 CUC), un ingreso casi dos veces superior al salario de un médico especialista de alto nivel.

En República Dominicana, por ejemplo, –no es Francia, ni Alemania- se obliga a los organizadores de cooperativas a pasar un entrenamiento de tres meses, lo que aquí no se ha hecho. Si esto continúa así, en pocos años tendremos un potente estamento social que luchará por intereses diferentes a los del resto de la sociedad y mucho más afines a los de nuestro adversario.

Tercero: el fortalecimiento de nuestra gobernabilidad (amenazada por los nuevos retos), conduce a una rearticulación del sistema de trabajo del Estado y del sector empresarial -base económica de la sociedad-, orientada a su reanimación a corto plazo.

El potencial de gobernabilidad del sistema cubano no podrá aspirar a niveles superiores de sostenibilidad si mantiene los bajos ritmos de crecimiento de los últimos años y la endeblez de la mayoría de nuestras empresas. Es necesario encontrar las fórmulas que permitan conciliar los niveles salariales de la población con una inflación -especialmente en los productos agrícolas- cuyo incremento no es posible desconocer, y que nuestros medios no denuncian con la debida energía y, cuando lo hacen, los funcionarios la ignoran o no saben qué hacer.

Hasta el VI Congreso del PCC, en abril del 2010, la empresa cubana –núcleo del desarrollo económico- fue la cenicienta de nuestras organizaciones. Las normas jurídicas que las orientaban eran omisas, con no pocas lagunas e imprecisiones; al igual que los enclenques programas de formación de empresarios, muy lejos de los estándares con los que formamos a nuestros bailarines de ballet, músicos y boxeadores. La experiencia histórica socialista -incluida la cubana- no ha sabido gestionar satisfactoriamente, en la mayoría de los casos, el sistema empresarial.

A pesar de las reiteradas declaraciones formales del gobierno de irle otorgando niveles crecientes de autonomía, las interferencias burocráticas se mantienen y las empresas no pueden tomar sus principales decisiones desde dentro. Una tupida madeja de reglamentos, instrucciones y auditorias las continúan asfixiando; a pesar de los señalamientos críticos de algunos altos cargos sobre el tema. Se mantiene un sostenido desconocimiento de las experiencias “de avanzada” de otros países -especialmente en cuanto a los programas de formación de empresarios y directivos del Estado y su correspondiente valoración crítica en esta esfera esencial para el desarrollo del país. La Revolución heredó una tradición de administración estatal incompetente y perversa (la española, durante 300 años, y otros 59 de la república). Ese triste legado no puede desaparecer, sino en muchas décadas y solo mediante un programa bien hecho y dedicado a ese fin. La experiencia soviética tampoco ayudó en esa esfera.

Solo algo más de la tercera parte de nuestras 2,200 empresas ha logrado escapar a los tentáculos de ese pulpo gigantesco que es el Estado cubano, integrado por miles de funcionarios encargados de vigilar a nuestros empresarios y castigar sus iniciativas. No se trata de que no exista un control, que es sano y conveniente; sino de que se mantenga en límites razonables. Ese enorme segmento burocrático, integrado en su mayoría por personas honestas, pero no siempre bien preparadas, puede convertirse en el principal obstáculo al despliegue del modelo cubano. No parece sensato mantener los salarios de los altos funcionarios estatales entre los más bajos del país. Es necesario elevarlos sustancialmente para quedarse con los más competentes y reclutar nuevo personal más calificado.

Considero que si nuestro Presidente, con la autoridad que le concede la historia, no los pone en su sitio antes de su anunciado retiro, no ya muy lejano, ese estamento será capaz de aplastar las esperanzas de cambio y transformación que la sociedad cubana necesita –como lo hicieron sus equivalentes del campo socialista. Terminarán haciendo estallar nuestro futuro ocasionando daños incalculables a la nación y poniendo en peligro el destino de la Patria.

Un comentario final: durante 56 años el gobierno norteamericano ha actuado como un león sordo que se ha fatigado de tanto rugir, sin asustar ni dominar a esta pequeña Isla vecina. Ahora prepara una manada de zorros para lograr lo que no pudieron los leones. Seamos nosotros también un poco zorros, sin dejar de ser leones.

Sobre los autores
Ricardo J. Machado 1 Artículo escrito
Sociólogo. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Berlín. Asesor del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (1980-1994). Ha impartido docencia en universidades de América Latina. Fue profesor invitado de la Universidad de Berlín...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
1 COMENTARIO
  1. Excelente análisis, dice muchas cosas que son trascendentales para el futuro de Cuba, ojala todavía estemos a tiempo.

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