Cuba: caminos, debates y desafíos


El 26 de mayo, en la ciudad de New York, un grupo diverso de personas provenientes de los campos de la academia, la diplomacia, las organizaciones sociales, el periodismo y el empresariado convergieron en un espacio convocado por Cuba Posible (CP) y Washington Office on Latin America, en la sede de Open Society Foundation. El interés del encuentro partió de una pregunta: ¿cómo pensar la Cuba del presente y del futuro? A partir de ella se sucedieron reflexiones y análisis en una intensa ocasión de presentaciones individuales y debates colectivos.
 
¿Puede aspirar Cuba a ser un país desarrollado en 2030? Tal cuestión detonó la jornada, a partir de las cuestiones centrales de la economía de la Isla, sus posibilidades y límites. El asunto se completó con cuestiones más específicas e imprescindibles: ¿qué modelo de desarrollo estamos conduciendo, construyendo, pensando, queriendo en Cuba? ¿Qué correlatos e implicaciones sociales y culturales tienen esos diseños, esas construcciones, esas ideas? ¿Cómo leer ese desarrollo desde las claves de la justicia social? ¿Cómo lo leemos dentro? ¿Cómo es leído fuera? El campo de esas inquietudes fue abordado desde diferentes lugares: el de la Cuba imaginada, la Cuba vivida, y los cruces entre una y otra.

“Una Cuba que queremos”

La profesora e investigadora María Isabel Alfonso tuvo a su cargo la conducción de uno de los debates que devino examen sobre las implicaciones de las transformaciones que tienen curso en Cuba: ¿cuestión de poder, de conocimiento, de actores? El intercambio reveló una cuestión fundamental: la preocupación es por “el bienestar de la población de Cuba dentro de las nuevas reformas”.

Para ella, miembro de la directiva de Cuban Americans For Engagement (CAFE), la discusión sobre qué va a pasar con los grupos más vulnerables debe ser eje sistemático de atención: “Se ha hablado de la economía, de la preocupación por preservar ese estado de bienestar ante el impacto de las dinámicas de mercado; de reformas tributarias; se ha traído el tema de la raza y el género. Se habló de trabajo decente, de seguridad en los empleos, de lo que se considera trabajo inadmisible… cuestiones que no deberían tener lugar en una Cuba que queremos”. El campo de esos problemas, compartido desde “posiciones políticas diferentes, pero con respeto y un balance” ha sido para ella, también, signo consensuado del día de trabajo.

En ese mismo sentido se pronunció el investigador cubano Carlos Alzugaray. El académico -aunque no comparte todo lo dicho- celebra la posibilidad de haber estado: “Se ha abierto un debate muy amplio con distintas perspectivas, distintas opiniones de gente que vive en Cuba, de gente que vive fuera de Cuba, pero sobre todo de gente joven con una perspectiva a tono con los tiempos. Si se publica todo esto, tendremos un material que va a ser muy valioso para poder pensar las cosas que van a pasar. Pero es muy necesario que esto se haga también en Cuba”, dice Alzugaray a CP.
 
Los retos de los espacios públicos cubanos también hicieron parte del día. Juan Antonio García Borrero, crítico de cine y bloguero cubano, enfatizó en entrevista a CP en la relevancia de promover una esfera pública activa, crítica, capaz de expresar “la diversidad que existe en la Cuba de hoy”. Él está convencido de que urge la expresión franca para articular desde ella consensos y estrategias nacionales, y coincide con Alzugaray en que “este evento de alguna manera también está propiciando eso”.

Por su parte, el debate se enriqueció con la presencia de Silvia Wilhelm, presidenta del proyecto Cuba Puentes, una de los miles de niños parte de la Operación Peter Pan, quien ha dedicado años a imaginar, propiciar y tejer puentes entre la Isla y su emigración. Wilhelm llamó la atención sobre cómo se miró el país en la jornada: Cuba quedó representada “como una sociedad más pluralista, con más diferencias de opiniones y con muchos retos. El grupo que se ha reunido aquí es bastante ecléctico y, por ello, con posibilidades de discusión”.

Durante buena parte de los debates se abordaron las perspectivas de desarrollo para el país en los venideros 15 años; las experiencias o buenas prácticas que pueden ser leídas desde el contexto cubano; y la discusión sobre el propio concepto de desarrollo, iban a ocupar el tiempo para los debates. Sobre todo, en clave de desafíos.
 
Algunos desafíos

“Uno de los retos que yo creo más se ha mencionado es el reto económico”, sigue Wilhelm en diálogo con CP. Para ella, es obvio que la sociedad cubana “está en un momento de transformación que muchos piensan que es lenta, pero yo pienso que eso tiene cierto sentido. Sí es cierto que hay lentitud; pero las cosas tienen que ser pausadas: no queremos caos en Cuba”, apunta quien ha estado durante décadas intentando hacer conectar sus dos lugares de historia y de vida. La participación de los jóvenes en la Cuba presente y futura fue una de las dimensiones relevantes que recorrió los debates del evento, como señala Silvia, “muchos sienten que sus voces no se oyen, que no cuentan, y creo que eso es un gran reto con el que tiene Cuba que lidiar, y con el cual creo que está tratando de lidiar”. Sus visitas “diez o doce veces al año”, y su vocación por Cuba, atestiguan sus planteos.
 
Otros desafíos fueron leídos por algunos de los integrantes del evento; entre ellos, los asuntos concernientes a las racialidades, al género y a la propia comunidad académica. Sobre eso último llamó la atención García Borrero, quien propone ver y escuchar las texturas bajo la etiqueta de “los cambios” en Cuba. “Poder entender que esos cambios están diseñando la convivencia” implicaría, apunta, dejar de pensar analógicamente. Quien ha gestionado durante años desde Camagüey un blog muy reconocido en la Isla, sostuvo que el impacto de las nuevas tecnologías en un contexto como el cubano es un desafío intelectual y ciudadano muy concreto: “construir un escenario donde entender un mundo mejor para bien de la nación”.


 
Cuba-EEUU: aspiraciones sobre el guión

El evento confirmó un elemento fundamental: la confluencia de puntos de vista diversos es la clave para entender no solo los caminos hacia una “normalización normal” con su país, sino para comprender “hasta dónde ha llegado el debate interno” en la Isla. Así lo hizo saber Eric Leeson, conocido por sus contribuciones al campo de la Economía Social y Solidaria (ESS) y la Responsabilidad Social Empresarial. Lectores cubanos conocieron su compilación del número 75 de la revista Temas, en 2013, donde Leeson puso a dialogar experiencias y contextos disímiles, desde las fábricas recuperadas del Río de la Plata hasta las cooperativas de Quebec; sobre la mesa, los textos compilados por él hacían pensar en cómo las estrategias para el desarrollo podían pensarse, incluso desde Cuba, más allá de la lógica lineal del mercado y el orden estadocentrista. Teniendo en cuenta su prolijo conocimiento del país -sostenido desde 1976 cuando visitó la Isla con la brigada Venceremos- considera “positivo” este primer paso de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, aunque siente que “falta mucho para la normalización”. A la vez, apuesta por el intercambio como clave para avanzar en ese camino: “Que la gente que practique ESS y cooperativismo aquí pueda intercambiar con cubanos, va a ser positivo”, dice a CP.

También John McAuliff percibe el intercambio de criterios y el encuentro físico entre personas de ambos países como un espacio de construcción. Fundador y director ejecutivo del Fund for Reconciliation and Development, y con larga experiencia de trabajo en la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Vietnam, Laos y Cambodia, le gusta creer que con Cuba no hay “juego doble”.

“Mantener el bloqueo es como tener una guerra económica”, explica a CP. Hay gente en Cuba que puede decir, con razón, que los Estados Unidos solo están cambiando el método; pero “tengo confianza en que Obama quiere terminarlo y está abriendo algunos huecos”, apunta.

Para él, como para Leeson, el espacio convocado por CP ha sido una posibilidad de atender una amplia diversidad de criterios, aportar y nutrir el suyo. Para otros, como Margaret Craham, lo interesante fue percibir la calidad del diálogo entre los propios cubanos. Para Craham, impulsora de las primeras participaciones de académicos de la Isla en los congresos anuales de LASA, esta iniciativa “ha incluido gente muy comprometida con vivir en Cuba y trabajar allí. No estuvimos como expertos, sino para ver hasta dónde ha llegado el diálogo dentro de Cuba y hacia dónde va”.

Su aspiración, entonces, parte de haber visto cómo se ha ampliado el tejido de conexiones y diálogos entre la ciudadanía organizada dentro de Cuba. Es la diversidad que atrae también la atención de personas como el argentino Mario Bronfman, consultor de la Fundación Ford para el Portafolio de Cuba desde 2008.

En declaraciones a CP, Bronfman comentó que el Portafolio es un conjunto de fondos privados para apoyar proyectos, y que en los últimos años ha tenido dos intereses: “apoyar organizaciones en los Estados Unidos y Latinoamérica que promovieran el levantamiento del embargo, la normalización de relaciones y la reincorporación de Cuba al sistema interamericano”; y, dentro de Cuba, apoyar “proyectos relacionados con ampliación de la diversidad, sobre todo sexual y racial, además de proyectos coyunturales relacionados con la protección del medio ambiente y trabajo con instituciones cubanas”. Desde esa experiencia de trabajo y conocimiento de Cuba, Bronfman celebra iniciativas como la que le ha traído a este evento: “Creo que ustedes han juntado un grupo notable de personas conocedoras, con muchos de los cuales hemos estado ya trabajando en proyectos”.

Los caminos posibles

En diálogo con los desafíos, los participantes de las jornadas coincidieron en que es posible conducir una gestión más provechosa y participativa.

“Todavía falta mucho camino por transitar”, cierra Silvia Wilhelm. “Las discusiones como las de este evento son un ejemplo de lo que se necesita y, de hecho, creo que ellas están ocurriendo ahora más en Cuba, y lo aplaudo. Esos debates, sobre todo de parte de los intelectuales, son muy ricos y tiene que haber cada día mayores posibilidades para ello. Creo que el presidente Raúl Castro lo ha mencionado; ahora, una cosa es mencionarlo y otra cosa es que de verdad tenga lugar, y se tomen decisiones basadas en ellos”.

La invitación a continuar pensando Cuba, para Benjamin Willis (integrante de CAFE), debe tener los mayores espacios de realización en sus fronteras: “Yo quisiera que los cubanos estuvieran 100 por ciento en el control del destino de Cuba y quisiera que reporteros no tuvieran que preguntar eso a un estadounidense”. Willis añade aspiraciones a sus argumentos: que Cuba pueda “mantener y mejorar su compromiso con la educación, la cultura, la música”; que Cuba “no fuera exótica ni enemiga ni un punto de discusión”; que tuviéramos “una normalización normal y no una normalización anormal”. Él quisiera, incluso, “que no tuviéramos que tener esta conferencia”. Pero se tuvo, para provecho de quienes aspiran a continuar pensando y acompañando a Cuba en el presente y el futuro.

Los detalles de la jornada llegarán pronto desde CP, allí se revelan más voces, más miradas, más análisis que, sin embargo, son apenas pinceladas de la Cuba diversa que existe y que se despliega por estos días, también, en un grupo de cubanos en New York a propósito de las sesiones del Congreso de la Latin American Studies Asociation (LASA).

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Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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