Cuba: escenarios externos, intercambios e impactos

¿Cómo analizar Cuba desde los escenarios globales en los que se integra? ¿Qué miradas sobre Cuba tienen actores políticos globales en la actual coyuntura? La política exterior de Cuba y su inserción internacional; las interlocuciones; las relaciones con América Latina, el Caribe y Europa a la luz de las nuevas relaciones con Estados Unidos; y las dinámicas de cooperación e integración política que median las aspiraciones de desarrollo del país, también centraron el debate sobre Cuba y los desafíos actuales convocado por Cuba Posible y WOLA el pasado 26 de mayo en Nueva York, en la sede de Open Society Foundation.

En la ocasión tuvo lugar un panel moderado por Geoff Thale, de WOLA, en el cual intervinieron el presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales, Andrés Serbin; el embajador de la Unión Europea en Cuba, Herman Portocarero; el embajador de Uruguay en Cuba, Ariel Bergamino; y el encargado de negocios de Estados Unidos en Cuba, Jeffrey Delaurentis.

En los inicios del intercambio, Serbin hizo un breve recorrido por el papel representado por Cuba en la región durante las últimas décadas. Recordó su lugar como referente de partidos políticos y movimientos sociales revolucionarios en el continente, con el símbolo  de “David contra Goliat”, y cómo a partir de los 90 buscó romper el aislamiento, poniendo mayor énfasis en la relación con el Caribe y en la mayor presencia en espacios multilaterales de la región, como mostró el impulso cubano al proceso contra el ALCA y su participación en la creación del ALBA y la CELAC. Proceso que ha estado marcado, según el  experto, por una “activa política de autonomización y diversificación de los vínculos exteriores de Cuba”. El escenario de “normalización” plantea ahora, según Serbin, un nuevo contexto, caracterizado por un nuevo tejido de oportunidades y desafíos para la política exterior cubana.

En los debates, emergería la complejidad del contexto pautado por la agenda nacional en el actual escenario internacional, marcado por el cambio del mapa político en América Latina y por las crisis y reconfiguraciones en la economía mundial. Los cambios en materia económica y social en Cuba —sostuvieron varios participantes—  suponen sus propias complejidades para la política doméstica, en la medida que se amplían los espacios de interlocución y conexión entre ese espacio político global y nuevos actores locales del desarrollo, no necesariamente estatales. Ahora bien, los espacios y actores de interlocución existentes en y hacia Cuba plantearon, en la jornada, análisis, acuerdos y desacuerdos.

La diplomacia en tiempos de “normalización”

Uno de los elementos de mayor atención en la agenda planteada por el panel fue las implicaciones regionales y globales del actual proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En la actual coyuntura, se insistió, existe una pluralidad de canales y diálogos entre Estados Unidos y la Isla. Ese hecho atrajo de inicio la mirada hacia un asunto de la mayor importancia: los fondos que el gobierno de Estados Unidos dedica a “la promoción de la democracia” en Cuba.

Al respecto, Benjamin Willis, de CAFE, llamó la atención desde el público asistente sobre que en abril de este año, la embajada de Estados Unidos en La Habana anunció becas de entre 1000 y 100,000 dólares y establecía que “proyectos que son por naturaleza intrínsecamente políticos” tenían menos probabilidad de recibir fondos. Sin embargo, “solo tres días después de la visita del presidente Obama, el Departamento de Estado anunció que iba a designar 753,989 dólares para formar líderes jóvenes emergentes de la sociedad civil cubana”. Willis consideró que “esos fondos son violaciones a la ley cubana y atraen a una supuesta disidencia, gente que está allí porque les pagan”. En ese sentido, inquirió a Delaurentis: “¿cuán difícil se le hace al cuerpo diplomático estadounidense hacer su trabajo cuando las mismas leyes obligan a esos funcionarios a violar la ley en el país en que están, y cómo estos programas van a ayudar en el proceso de normalización de dos países que tienen una relación marcada por la desconfianza y la hostilidad?”.

El funcionario estadunidense respondió a esa y otras preguntas, referidas a posibilidades y problemas del intercambio económico y comercial y al lugar de la cultura como espacio de intercambios productivos y respetuosos entre ambas naciones. Delaurentis apuntó que el hecho de que el presidente Obama hablara directamente a la comunidad cubana y mostrara interés en el diálogo con emprendedores y actores de la sociedad civil, muestra que “las relaciones entre Cuba y Estados Unidos han de ser vistas a largo plazo” aun cuando estén “en el punto más fuerte en décadas”. ¿Qué vamos a hacer después? Delaurentis indicó que el interés en la cooperación con Cuba se está pensando en las áreas de la cultura, la sociedad, la agricultura, la política y los derechos humanos: “hemos firmado importantes acuerdos bilaterales”, apunta, que tendrían “resultados concretos adicionales al final del año”. Al respecto, desde el público, la inquietud vendría por el “con quién” y el “para qué”.

La interlocución bilateral, con el gobierno, es el sustrato principal de las relaciones entre la Unión Europea y Cuba, aseguró el embajador Herman Portocarero. El diplomático inició su intervención con una alerta: su trabajo en Cuba debe tener una perspectiva “bastante humilde”, sin la “pretensión  de tener la verdad en todo”, pues son conocidos los “muchos desafíos dentro de la familia —dijo, refiriéndose a Europa—  complicada que somos”. En su apreciación, “el diálogo con Cuba es un proceso de aprendizaje muy fructífero”, y catalogó a la diplomacia cubana como “no burocrática, sino política, y muy exitosa”. Comentó que, en materia de cooperación para el desarrollo, uno de los intereses principales de la UE es apoyar al Estado cubano para gestionar fondos y articular un sistema tributario que pueda sostener su rol distribuidor.

La misma ruta de interlocución se produce en el terreno de los intercambios culturales y en relación con los derechos humanos: “no vamos a dejar de insistir en la libertad de asociación y expresión”, expresó el diplomático europeo. En ese ámbito, dijo que “el diálogo de nosotros, como diplomáticos, es con el gobierno cubano, porque somos diplomáticos acreditados por el gobierno de la República de Cuba. Es una distinción importante”.

En el sentido de lo comentado, las intervenciones de Portocarero y Delaurentis hicieron notar diferencias de posiciones con relación a esos focos de interlocución: el gobierno cubano, en el caso de la Unión Europea; diversos actores y campos intencionalmente elegidos, en el caso de Estados Unidos.

Desde otra perspectiva, situada en el campo de la cultura, el académico Michael Bustamante aportaría, en otro momento del debate, ideas relacionadas con el perfil de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Comentó que algunos de los procesos que están ocurriendo entre ambos países son, “en parte”, “lo que siempre quiso y todavía quiere ver”, como el “reconocimiento histórico de políticas fallidas hacia Cuba” y el establecimiento de relaciones de muy diverso tipo que pueden contribuir a mejorar el acceso a bienes y servicios en Cuba. Sin embargo, se mostró también escéptico con el desenvolvimiento de algunas de esas dinámicas. Cuestionó la “manera estereotipada y dañina en que muchos gestores de los viajes persona a persona promocionan los viajes a Cuba”, y señaló los dilemas que plantean para sus colegas de la Isla “aceptar o no colaboración extranjera, de dónde, de qué tipo y bajo qué condiciones”. El profesor consideró que este nuevo escenario de relaciones debe hacer reflexionar sobre importantes cuestiones, como la pregunta de si la actual política estadunidense hacia Cuba es una “actualización pop de la doctrina Monroe” (Bustamante parafraseaba al crítico y ensayista Iván de la Nuez). Estimó que este tipo de análisis no debería servir de defensa al “inmovilismo interno” sino a un “llamado a lo interno de la sociedad cubana y del gobierno cubano a `cambiar todo lo que debe ser cambiado`, con más prisa y menos pausa”.

América Latina: la lectura pendiente

Aun con sus diferencias, las miradas sobre Cuba de estos actores políticos se sostienen necesariamente en el hecho de que, en los últimos años, “las principales alianzas políticas de Cuba han estado en América Latina”. Sin embargo, para el embajador de Uruguay en La Habana “no solo Cuba necesita de la región, todos necesitamos de todos”. El mundo en que vivimos —agregó— “se parece demasiado a un manicomio administrado por sus pacientes”, por lo que es imprescindible tanto la “mirada estratégica” como “los pies en la tierra” para trabajar entre todos.

Para el diplomático uruguayo, “todas las dinámicas internacionales ofrecen oportunidades a Cuba: todas, asumiendo y respetando sus complejidades y naturalezas”. Sin embargo, insistió en que no se trata “solo” de Cuba. Notó que si bien los procesos de integración en la región han tenido carencias, en ellos están contenidos aprendizajes estratégicos para toda la región, destacando, por su parte, la importancia de la “intencionalidad” y de la “institucionalidad” necesarias para regular el mercado desde el Estado y de entender la política “no como gimnasia de poder, no como actividad autocomplaciente, sino como forma de gestionar democráticamente”.

América Latina sigue siendo un reservorio de aprendizajes, aun en tiempos de “debilitamiento de los interlocutores tradicionales de Cuba en la región”, dijo Serbin. Para el investigador, Cuba en este nuevo escenario ha sido quien promueve los diálogos de paz con Colombia y formas de cooperación sur-sur. “Es un rol distinto, que puede sobrevivir y tener protagonismo en el ámbito regional, inclusive si el mapa político cambia”, agregó. Y en el mapa geopolítico regional, la “normalización” con Cuba es “uno de los eslabones que reconectan a Estados Unidos con el continente”, dijo Serbin.

Algunas de esas lecturas habían sido puestas en común en otros paneles durante el mismo evento y en los intercambios entre el público asistente. Tanto economistas como investigadores sociales habían hecho notar la necesidad de observar experiencias latinoamericanas no solo en el diseño de políticas estatales de desarrollo (la inversión extranjera en Costa Rica, el modelo exportador chileno, las regulaciones para proteger los derechos de las mujeres e impulsar su empoderamiento como actores económicos), como también hacia prácticas que han dinamizado la economía “desde abajo”, como es el caso de experiencias de economía social y solidaria, dentro de las que se encuentran las fábricas recuperadas en Argentina o Brasil.

“El cambio en Cuba tendrá muchos más colores latinoamericanos que de otras partes del mundo”, había dicho el analista político Domingo Amuchástegui. En esa mirada, una América Latina inspiradora de procesos de gestión política y proveedora de insumos para pensar las aspiraciones de desarrollo en Cuba desde la sostenibilidad, la democracia y la justicia social.

Sobre los autores
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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