Cuba: la descapitalización y las crisis financieras cíclicas

Pavel Vidar unificación monetaria

Los cálculos en dólares del nivel de capital físico (valor de las edificaciones, infraestructura, equipos de transporte y maquinarias), ponen de relieve la descapitalización que viene experimentado la economía cubana. El valor del capital físico ha disminuido de manera continuada desde los años 90 (Gráfico 1). Desde 1990 hasta 2005 disminuyó en promedio 2,5 por ciento cada año. De 2006 hasta 2014 la tasa de disminución se redujo a 0,7 por ciento. En 2014 el valor en dólares corrientes del capital físico era 37 por ciento menor que en 1989.1

El capital físico, naturalmente, se deteriora y sufre la obsolescencia con los años. Por tanto, se espera que los países logren ejecutar inversiones públicas y privadas para, al menos, evitar la caída del valor del capital. Es decir, como mínimo, se deberían registrar inversiones en mantenimiento para reponer la depreciación física y reponer y actualizar los equipos y maquinarias sujetos a una desactualización tecnológica. Y se espera más. Lo deseado es que el capital físico crezca en términos netos para que las economías aumenten su capacidad potencial de producir bienes y servicios, y puedan así generar nuevos empleos y aumentar los ingresos per cápita de sus ciudadanos. Desde los años 90, no hemos logrado en Cuba ni una cosa, ni la otra.

La poca acumulación de capital nos pone en una situación de desventaja frente a otras economías de la región. En 1970, el PIB cubano total expresado en dólares corrientes PPA era 5,3 veces mayor que el promedio de diez economías de similar tamaño en la región (AL-10); actualmente solo es 1,5 veces mayor. Hoy en día la economía cubana representa un 71 por ciento del tamaño de la economía dominicana y un 61 por ciento de la ecuatoriana. La economía cubana se empequeñece en la región. Se puede estimar que la menor acumulación de capital físico explica el 64 por ciento de la brecha entre los crecimientos económicos de Cuba y del promedio de AL-10 en las últimas cinco décadas. Es decir, existen otros fallos del sistema económico cubano que debemos atender, pero este es, sin lugar a dudas, el principal (al menos en lo que se refiere al bajo crecimiento económico).

¿Cómo detener la descapitalización?

El país necesita aumentar sus tasas de inversión para reponer la depreciación física y tecnológica y expandir el potencial de crecimiento económico. El aumento de la tasa de inversión requiere de una mayor disponibilidad de ahorro nacional o de inversiones y financiamiento internacional.

Una vía es buscar un aumento del ahorro en el sector estatal, promoviendo eficiencia en la asignación del gasto público y reduciendo el tamaño del sector estatal. Como parte de las reformas impulsadas por Raúl Castro, se ha intentado mejorar la eficiencia del gasto público luchando contra la corrupción e imponiendo más control y disciplina. También se ha buscado cambiar la política de subsidios para eliminar paulatinamente el sistema de distribución racionada de alimentos. En todos estos aspectos han ocurrido avances parciales, en unos más que en otros.

En cuanto a la reducción del tamaño del sector público, los logros son más notables. El gobierno ha venido transfiriendo actividades al sector privado y cooperativo que antes estaban en manos de empresas estatales, sobre todo en la producción de alimentos y los servicios. Como resultado, el sector estatal disminuyó su tamaño en un millón de empleados y consiguió comprimir el gasto fiscal desde un 70 por ciento a un 63 por ciento del PIB.

Por el lado del sector privado, aun cuando no hay registros para medir toda su magnitud, es evidente que se ha producido un aumento de la inversión en emprendimientos de pequeña escala a lo largo de todo el país, en gran parte relacionado con el boom del arribo de turistas y con la liberalización de la compra-venta de propiedades inmobiliarias.

La otra apuesta que ha hecho el gobierno para aumentar la inversión es atraer ahorro externo en la forma de inversión extranjera directa. El plan del gobierno es atraer inversión extranjera por montos anuales 2,500 millones de dólares, un objetivo que todavía no se alcanza. Las negociaciones con el Club de París y otros acreedores externos son igual de favorables para insertar al país en los flujos internacionales de inversión y capitales.

Tal y como sucede en muchos de los ámbitos de las reformas, todas estas acciones están bien orientadas, pero van muy lentas. Como consecuencia, las tasas de inversión se mantienen en un promedio anual que no supera el 15 por ciento del PIB, cuando deberían llegar a un 30 por ciento para cerrar la brecha con América Latina, o superar el 40 por ciento si pretendemos parecernos a Vietnam y al resto de las experiencias exitosas de crecimiento asiáticas. Como vimos en el gráfico, las reformas de los últimos años disminuyeron, pero no detuvieron la tasa de descapitalización de la economía.

Las crisis financieras cíclicas no ayudan

Las inversiones necesitan financiamiento, algo que se complica cuando el país no logra sostener por mucho tiempo los equilibrios macro-financieros. Desde hace dos años la economía cubana se ahoga nuevamente en una crisis financiera. No es posible cumplir a plenitud los compromisos con proveedores, inversionistas extranjeros y acreedores de la deuda oficial, a pesar de los esfuerzos para renegociar y priorizar los pagos externos.

Dada la permanencia de la crisis venezolana y un escenario probable de continuidad del estancamiento (recesión) de la economía cubana, es muy difícil que Cuba pueda poner en orden todos sus pagos internacionales en el corto plazo. A esta complicada situación se le unieron desde el año pasado los costos del huracán Irma y las nuevas políticas restrictivas de la administración Trump.

Afortunadamente, las autoridades económicas cubanas han logrado buscar algunas alternativas a la crisis venezolana en otros mercados (Rusia, Argelia, etc.). Ayudó también a los resultados de 2017 la rápida recuperación de la infraestructura eléctrica, de transporte y turística después del paso del huracán Irma. También influyó positivamente que el gobierno aceleró la aprobación de los proyectos pendientes con inversionistas extranjeros. El dinamismo del sector privado también ha contribuido a amortiguar el shock venezolano.

Gestionar crisis se ha convertido en la especialidad de los economistas cubanos que trabajan en el Ministerio de Economía y Planificación, el Ministerio de Finanzas y Precios, el Banco Central, el Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, y en general, en todo el sistema empresarial estatal. Las autoridades económicas han aprendido a manejar la economía con menos importaciones, menos financiamiento internacional y en condiciones externas adversas.

Desde los años 90, se repite en la economía cubana un ciclo financiero que lleva a las finanzas públicas a enfrentar problemas de impagos cada 7 u 8 años, las dos últimas veces en 2008 y en 2016. La planificación centralizada, que se promueve por el Partido Comunista porque supuestamente es más racional que el mercado, no ha logrado orientar los niveles de gastos, las importaciones y el endeudamiento externo hacia una senda racional y sostenible. En períodos de relativo auge y acceso a fuentes de financiamiento internacional, el gobierno no ha sido capaz de dirigir eficientemente las inversiones hacia actividades que sirvan para incrementar la competitividad y la capacidad productiva de la economía. En los discretos y cortos períodos de auge las reformas de mercado se detienen y las formas de gestión regresan a los métodos que han fallado por décadas.

Como resultado, el crecimiento potencial de la economía se mantiene en valores extremadamente bajos, lo cual no permite recuperar los deprimidos salarios ni los niveles de bienestar afectados por la crisis de los años 90. Es decir, si bien el sistema económico centralizado se ha mostrado eficaz para gestionar las crisis y evitar que la economía colapse, también ha mostrado su “eficacia” en evitar que la economía crezca y progrese, acumule capital y sostenga unos niveles prudentes de gasto y endeudamiento.

Notas al pie:

1. Ver Pavel Vidal, Alejandro. “¿Qué lugar ocupa la economía cubana en la región? Una medición a la tasa PPA de las brechas de ingreso y productividad.” Resumen de políticas del BID (Departamento de Investigación y Economista Jefe); IDB-PB-269 (2017).

Sobre los autores
Pavel Vidal Alejandro 11 Artículos escritos
Profesor Asociado del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana. Ha sido investigador invitado en la Universidad de Columbia, Universidad de Harvard, Universid...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba