Cuba post-bloqueo

Confieso que cuando fui convocado por Cuba Posible para realizar un ejercicio creativo de futuridad sobre nuestros destinos sin políticas de bloqueo, mi primer pensamiento fue que no sé lo que es vivir sin estar sometido a los efectos de aquel. Por tanto, me resulta un poco difícil reflexionar sobre la Cuba post-bloqueo, aunque asumo el reto motivado por exponer algunas ideas en tal sentido.

Pienso que de manera general podríamos acordar que las consecuencias derivadas de la terminación del bloqueo redundarían, en sentido general, en tres grandes ámbitos interrelacionados fuertemente entre sí: en lo económico, lo social y lo político. Una cosa sí nos debe quedar clara: si Cuba no se democratiza en todos los sentidos, entonces no podríamos explotar nuestras potencialidades una vez que el bloqueo acabe.

Empleo aquel término con toda intención pues este no solo puede ser entendido en el orden político-jurídico, sino también en lo económico y social. De ahí que resulte estratégico definir un claro proyecto a futuro de cómo queremos que sea nuestro país y cómo queremos que sea nuestro socialismo. Entonces la primera parte de mis pensamientos sobre el futuro está asociada, directamente, con nuestra postura ante ese potencial escenario, más que en los efectos producidos por el desmantelamiento del entramado político y jurídico que es el bloqueo.

Luego podríamos tratar de dilucidar, a grandes rasgos, cómo sería la realidad de nuestro país sin estar sometido a las presiones económicas de lo que el gobierno de Estados Unidos llama “embargo”. El primer elemento a considerar es que el bloqueo, catalogado por amplios sectores políticos estadounidenses como arcaico, ineficaz y obsoleto, está condenado a morir no porque sea considerado ilegal o ilegítimo por esos mismos sectores. La realidad indica que su terminación responderá a criterios de oportunismo político, es decir, lo que falta por definir es cuándo resulta propicio acabar con el bloqueo de acuerdo a la estrategia norteamericana para lograr sus objetivos en Cuba. Metafóricamente podría decirse que está condenado a morir, pero solo falta que se determine cuándo es conveniente ejecutarlo.

Y esta última idea, a mi juicio, resulta clave para prever el futuro escenario nacional. Si el bloqueo ante todo es un mecanismo de asfixia económica (con fines políticos) y este será levantado cuando sea conveniente para Estados Unidos, entonces es ineludible desarrollar una estrategia nacional, por llamarle de alguna manera, para enfrentar las nuevas condiciones.

Una Cuba sin bloqueo podrá exportar e importar productos y servicios directamente desde el mayor mercado del mundo, ubicado a solo 90 millas náuticas de nuestras costas. Además, recibirá cada año entre dos y tres millones de turistas contando solo ciudadanos estadounidenses (incluyo los llamados cubano-americanos). El tan reclamado acceso a las instituciones financieras internacionales (dígase Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) que otorgan gigantescos créditos será posible. La inversión extranjera de las multinacionales más grandes que existen también podrá concretarse en amplios sectores de nuestra economía. Entonces, ¿cómo enfrentar eso y mucho más?

No pretenderé, puesto que sería demasiado atrevido, valorar los efectos derivados de cada una de estas nuevas circunstancias en el orden estrictamente económico. Solo me detendré en algo a mi criterio esencial: la mejor manera de generar dependencia política de un país hacia otro es haciéndolo dependiente primero en el orden económico. La historia está llena de ejemplos al respecto que no creo sean menester mencionar. Nada como la fuerza centrípeta del mercado de Estados Unidos para hacernos depender de ellos, si no enfrentamos con inteligencia y sabiduría el levantamiento del bloqueo. En este extremo de “previsión” parece ser la palabra de orden.

Por supuesto que los efectos no solo se verán en el orden económico, sino también a nivel social. La ya bastante deteriorada cultura política de un amplio sector de la sociedad cubana, sobre todo de las generaciones más jóvenes, tendrá que enfrentarse a patrones seudo-culturales que ponderan ―por encima de valores propios de nuestro proyecto político― al consumismo, el egoísmo, la banalidad, entre otros. Debemos entender que la sociedad de la Cuba post-bloqueo estará expuesta a un constante bombardeo en el orden ideológico, filosófico y cultural de lo que podríamos denominar la excepcionalidad estadounidense. En un contexto así el american dream podría convertirse en paradigma de muchos, e incluso sería posible que se confundiera, por qué no, con la idea de un “socialismo próspero y sostenible”. Esto último sería fatal en todos los sentidos.

En adición a lo dicho hasta aquí hay otro elemento a considerar. Siguiendo la idea de que la terminación del bloqueo depende de cuándo resulta oportuno hacerlo, entonces cobra especial relevancia el hecho de que este terminará sin la llamada generación histórica al frente del país. Por ende, construir e implementar mecanismos que permitan dotar de la mayor legitimidad material posible a quienes deben conducir los destinos de Cuba resulta clave. Digamos que este aspecto debe formar parte de las medidas previsoras para lo que está por venir.

Por último, pero para nada menos importante, señalare de manera sucinta algunas cuestiones que en el orden de lo estrictamente jurídico creo que son necesarias para la Cuba sin bloqueo. En primer lugar, se requiere de un texto constitucional, bien nuevo o bien reformado, que sea manifestación de nuestro proyecto de país. Además, es necesario la construcción de un ordenamiento jurídico más coherente y armónico, con la Constitución como base y cúspide, y que además otorgue respaldo desde el Derecho a todas las transformaciones económicas y políticas que se desarrollen. Tener una institucionalidad fuerte dentro de marcos acordes con el ideal democrático resulta esencial para fortalecer nuestro socialismo “a lo cubano”.

Si fuera a resumir en una frase cómo imagino a nuestro país después de que el bloqueo se venga abajo diría lo siguiente: creo que la disyuntiva será la misma en la que se movió José Martí a fines del siglo XIX, a saber: entre la independencia y la anexión. De que seamos capaces de fortalecernos ideológica, filosófica, democrática, política y económicamente; dependerá que como sociedad adoptemos una u otra posición. Sea cual sea nuestra visión respecto a los problemas de Cuba, creo que debe primar el interés de seguir anteponiendo a los proyectos injerencistas la idea de un país soberano en todos los órdenes.

Sobre los autores
Raudiel Peña Barrios 17 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Licenciado en Derecho por la Universidad de La Habana. Ha publicado artículos sobre varias temáticas jurídicas y políticas en revistas especializadas de Ecuador, Chile, Costa Rica y Alemania. Además, es colaborador de la Revis...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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