El debate de la reforma económica en Cuba: ¿incluyente, preciso y articulador?

Las crisis modifican los discursos políticos que coexisten en los debates. Algunos experimentan ligeras adecuaciones, pero se mantienen en lo esencial, mientras que otros cambian de manera notable. También aparecen nuevos discursos. Unos pocos pudieran hacerse preponderantes, aunque no fuesen forzosamente los más apropiados para resolver las crisis.

El debate público -que siempre es un debate político- se nutre de esos discursos, pero no todos alcanzan la misma visibilidad ni tienen el mismo peso en el establecimiento de las nuevas visiones y en el diseño de las acciones prácticas que se necesitan. El discurso oficial, que se impulsa desde el poder, tiende a ser el predominante, pero no necesariamente de manera incontestada.

¿Cómo debería evaluarse el debate económico que hoy existe en Cuba? Particularmente el debate que se desenvuelve alrededor de los contenidos de los principales documentos oficiales (“Lineamientos” y “Conceptualización”) que definen la visión política oficial y que se han concebido para funcionar como “documentos guías” de las transformaciones.

En ese sentido, pudieran existir al menos tres ejes de reflexión. El primero de ellos se refiere a cuán participativo es el debate sobre la reforma y cuál es el contenido político de esa participación; el segundo eje se define por la relevancia práctica de los temas que se debaten; y el tercero por la capacidad políticamente aglutinadora del debate, o, por el contrario, por su efecto políticamente fraccionador.

El primer eje es crucial y obviamente no puede limitarse a la presencia, o ausencia, de un conjunto de opiniones especializadas. En tanto debate esencialmente político, la discusión sobre la reforma económica, debería ser un ejercicio de participación política, entendida no solamente como consulta con la sociedad civil. Como se conoce, los “Lineamientos” y la “Conceptualización” fueron sometidos a una amplia consulta popular y se valoran como documentos favorecidos por un amplio apoyo político.

No obstante, al analizar el carácter participativo del debate, cabría hacerse algunas preguntas como las siguientes:

¿Qué y cómo debe aprender el gobierno de la ciudadanía en el marco del actual debate público sobre reforma económica? ¿Debe consistir ese aprendizaje, principalmente, en una retroalimentación sobre las ideas oficiales? ¿Debe, esencialmente, concebirse la consulta de manera instrumental para legitimar un proyecto?

Las respuestas a esas preguntas son importantes, porque lo que debería esperarse de la participación de la sociedad civil no son solamente posibles mejoras o enmiendas sobre un proyecto oficial de reforma sino, sobre todo, una posibilidad para la transformación de la conciencia y de la propia autopercepción de los ciudadanos en cuanto al poder que tienen, el que pudieran haber perdido, y el que deberían ganar para poder funcionar como protagonistas del cambio y no simplemente como espectadores de este.

En cuanto a la relevancia práctica de los temas que se discuten, probablemente habría que comenzar por ponderar la inevitable tensión que parece existir -en todo debate económico amplio- entre el atractivo de cualquier visión (oficial y no oficial) que promete conducir la nación hacia el desarrollo y la factibilidad de que se materialice tal promesa.

La historia nos dice que la política debe tener “visiones”, pero se conoce que lo que al final cuenta en la política es poder “entregar” la promesa contenida en una “visión”. No hay plazos preestablecidos, ni pronosticables, para que se produzcan efectos políticos en caso de incongruencia entre una “visión” y la materialización de esta, pero es muy probable que esos efectos se manifestarían en algún momento.

La cuestión es importante porque tiende a condicionar el enfoque –o desenfoque- temático del debate. ¿Se debaten principalmente los temas que pudieran hacer avanzar más rápidamente la “visión”, de manera concreta, o se extravía el debate en temas volátiles que pudieran complicar las soluciones prácticas?

Tomemos el caso de dos cuestiones que parecerían ser temas “favoritos” del debate actual en Cuba: la propiedad sobre los medios de producción fundamentales y la concentración de la propiedad y la riqueza. Son dos temas que se discuten hoy en Cuba de manera muy general, sin referencias a datos concretos que permitan evaluar la magnitud de lo que se debate.

¿Favorece la transformación de una visión en acciones específicas de política económica una polémica abstracta sobre la concentración de la riqueza, o sería más apropiado discutir el rango de disparidad de ingresos (medida por el índice de Gini o el de Palma) al que se aspira a llegar en un plazo determinado y las intervenciones que serían necesarias para hacerlo?

¿Son suficientes las posturas genéricas respecto a los medios de producción fundamentales para poder diseñar las acciones precisas que estos requieran en el marco de una estrategia de desarrollo, o se necesita un debate preciso respecto a lo que debe ser considerado como un medio de producción fundamental?

En la medida en que la discusión temática tiende a mantenerse más cercana a las generalidades, más “filosófico” se hace el debate y eventualmente más se reduciría la posibilidad de identificar las medidas precisas que le dan contenido a la política económica que pudiera transformar la realidad.

Finalmente, y en parte relacionado con lo anterior, la efectividad política de un debate económico es favorecida cuando este tiene una clara capacidad de acercar –respecto a “nudos” específicos de la reforma- los distintos discursos que cohabitan en el debate.

El problema es que un debate económico –por su naturaleza política- no es principalmente un contrapunteo de ideas basadas en un razonamiento teórico o técnico. En realidad, un debate económico expresa una contextualización concreta de relaciones de poder. Sobre este punto no cabe hacerse idealizaciones respecto al actual debate económico nacional. Dicho de manera desapacible, el debate actual que tiene lugar en Cuba es en alto grado una operación de rescate para mantener esencialmente un modelo económico, social y político definido por el Partido Comunista de Cuba (PCC). Pudiera discutirse normativamente el asunto, pero es importante precisar la realidad actual del debate en su conexión con el ejercicio del poder, sin idealizaciones sobre el proceso.

Obviamente, existen una serie de discursos sobre la reforma económica que no son compatibles con la visión del mantenimiento esencial del modelo económico, social y político apoyado por el PCC. La manera en que se ha gestionado el asunto, a nivel político amplio, ha consistido en considerar en las consultas los planteamientos antagónicos con el modelo oficial, pero naturalmente estos no son incorporados al proyecto oficial.

Sin embargo, también existen discursos sobre la reforma que, siendo diferentes del oficial, presentan puntos comunes que –en principio- posibilitarían disponer de un espectro relativamente amplio de propuestas que pudieran nutrir el diseño de las políticas y que pudieran definir zonas de acuerdo –relativamente amplias- respecto a las transformaciones. Ese pudiera ser el caso de la posible legalización de la empresa privada nacional y del establecimiento de un marco regulatorio para que esta pudiera funcionar en el contexto de un sistema económico diversificado, principalmente en el ámbito de la producción agropecuaria. Es un ejemplo. No sería el único punto de encuentro posible.

La exploración de estos temas relativos al actual debate económico sobre la reforma económica en Cuba es propiciada cuando se incorporan al análisis los criterios de conocidos especialistas que participan activamente en el debate, como son los casos de Pavel Vidal, Ovidio D’Angelo, Carmelo Mesa Lago, Mauricio de Miranda, Jorge Pérez Lopez, y Omar Everleny Pérez Villanueva.

Cuba Posible compartirá progresivamente con sus lectores las respuestas que estos destacados especialistas han ofrecido a un cuestionario relativo al debate actual sobre la política económica del país.

Sobre los autores
Pedro Monreal González 53 Artículos escritos
(Guantánamo, 1958). Especialista del Programa de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de La Habana (1999). Estudios de posgrado en la Universidad del Sur de California (USC), La Jolla, Estados U...
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