Polémicas y debates: la importancia de la unidad dentro de la diversidad.

No debemos olvidar cuánta literatura marxista, durante décadas, se ha distribuido internacionalmente; probablemente millonarias cifras de páginas escritas y cientos de miles de publicaciones (en todos los idiomas). Se trató, fundamentalmente, de obras de los pensadores progresistas; ello permitió divulgar con profusión las teorías socialistas y, más tarde, las  experiencias en la implementación del socialismo en la Unión Soviética. En ese contexto, se manifestó entre los que profesaban un pensamiento político/social avanzado, enfoques diferentes y políticas discrepantes; porque se trataba de “armar” una teoría sobre cómo sustituir el capitalismo y desarrollar las luchas políticas para beneficio de las mayorías ciudadanas y los trabajadores.

Sin embargo, no es sino a partir de la victoria revolucionaria en el octubre ruso de 1917, que comienza la época en que las ideas tendrían que verse confirmadas en la práctica (en la realidad de los hechos) y mostrar los beneficios que los argumentos teóricos propugnaban. Durante siete décadas (y a pesar de las guerras en que tuvo que involucrarse), el poder soviético alcanzó un elevado grado de desarrollo económico, cultural y científico/técnico; siendo, incluso, el primer país en arribar al espacio cósmico. Acometieron considerables avances sociales y, en ciertos o determinados sectores, se colocaron a la cabeza del mundo; mientras en otras ramas económicas quedaron rezagados.

Aquel relevante proceso histórico, confrontó cuestionamientos sobre libertades civiles y políticas, formas democráticas, acciones represivas y el ambiente que gestó el totalitarismo; todo ello se conoce en el mundo, aunque fundamentalmente promovido en el “estilo” de los medios de comunicación de los países occidentales que se le oponían. Sin embargo, sobre lo dicho sobre aquella experiencia lo conveniente sería llegar a conocer los criterios críticos formados, por los autóctonos defensores de las ideas socialistas de esos países.

Cuando se derrumbó la Unión Soviética, muchos pensamos que se aprovecharía el inesperado colapso para enfocar un riguroso y exhaustivo análisis de lo ocurrido; todo ello para aportar valoraciones y testimonios rigurosos a las actuales y futuras generaciones. Hasta dónde conozco eso no sucedió. No es el propósito de estas líneas analizar lo sucedido en esos países; aunque desde la óptica de los intelectuales y medios masivos de sus contrincantes políticos.

Ha sido desconcertante la ausencia de análisis y debates, y el desconocimiento público, acerca de las causales objetivas y subjetivas que determinaron la desaparición de aquellos proyectos “socialistas”. Es necesario efectuar ese análisis pendiente, que incluye a la mayoría de los movimientos o partidos progresistas que se relacionaban con ellos.

Siento como algo imprescindible la necesidad de efectuar un amplio y profundo análisis sobre las razones o circunstancias que se acumularon o concurrieron y determinaron el colapso del llamado “socialismo real”. Siempre consideré necesario se acometiera este asunto y se diera a conocer, porque tales acontecimientos sacudieron a la opinión pública mundial y provocaron desesperanzas, escepticismos y/o frustraciones en amplios sectores de la ciudadanía mundial. Al no efectuarse o conocerse públicamente esos análisis, el campo opositor y sus medios masivos hicieron de las suyas, explayándose con argumentos, que aunque manidos y reiterativos muchos de ellos, lograron imponer la negativa imagen que les interesaba.

En tales circunstancias, era imprescindible realizar un amplio proceso de introspección, de análisis crítico y autocrítico; que posibilitara desentrañar y luego publicar, las razones fundamentales que incidieron en la insatisfacción de las masas respecto a aquellos sistemas socialistas; porque, en teoría, debían haber sido más “satisfactorios”  que el capitalismo que pretendían sustituir.

Rememoro esos hechos porque en Cuba, desde mediados de los años 70, nos aproximamos al modelo existente en la URSS, y nos integramos al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), a través del cual (y durante varios años) recibimos una amplia cooperación económica. Después del colapso soviético, no se produjo en Cuba (como debió haber sucedido), un amplio y riguroso análisis sobre lo acontecido. Tal situación ocasionó escepticismo y no poca desconfianza acerca del proyecto socialista, dando pie, a partir de entonces, a las más diversas interpretaciones sobre los caminos que debía seguir el país. La falta de análisis sobre el fracaso del sistema “socialista” dejó a varias generaciones de cubanos en el desconocimiento e insatisfacción de no poder “precisar” y, menos, argumentar, las causas que motivaran dicha situación.

Pasado el tiempo surgió la necesidad de reformar la economía, las leyes, las instituciones y ciertas medidas o políticas; pero la ausencia de ese análisis y sus convenientes debates (al menos en los medios intelectuales y académicos), determinó que cada quien especulara o interpretara la situación existente en el país a su manera y surgieran múltiples consideraciones o enfoques.

En la actualidad algo de ello se manifiesta dentro de las corrientes políticas progresistas  en Cuba, donde aprecio un amplio espectro de interpretaciones, ideas y argumentos respecto a las vías más beneficiosas por donde debe transitar el país. Por eso, aunque atentos a la evolución de las ideas políticas, es imprescindible aprender a distinguir y a respetar, las necesarias zonas de debate, por distantes se encuentren de las nuestras; de manera de poder proteger la libertad en las ideas. Por supuesto, siempre que sean patrióticas y consecuentes con los intereses de la sociedad.

Muy dañinas fueron las posiciones sectarias dentro de la Revolución y ahora no es aceptable caer nuevamente en posiciones similares. Son tiempos en que aferrados a los principios fundamentales que debe defender el país (para preservar la nación cubana), no resultan asimilables, ni racionales, las posiciones intolerantes sobre enfoques políticos ajenos a los nuestros. Expreso tales ideas al valorar artículos aparecidos en los medios de prensa cubanos (sobre el discutible y filoso tema del “centrismo” en política, o sobre la “socialdemocracia”).

Sugiero, a propósito de las formas y contenidos de esos artículos, se argumenten de manera cuidadosa, evitando imputaciones que desatan innecesarias confrontaciones. Lo expreso por el bien de la nación y por la cohesión de los cubanos, porque resulta imprescindible garantizar la unidad dentro de la diversidad de ideas o enfoques políticos o económicos existentes. Desde mi modesta percepción, no son tiempos para, en nombre de supuestos “principios ideológicos”, promover desunión en el amplio y diverso ámbito de las ideas y, mucho menos, en el actual contexto de la sociedad cubana.

Parece conveniente apartarse de posiciones extremas y hieratismos ideológicos, se debe focalizar diáfanamente y con precisión, quienes son y dónde están los verdaderos enemigos del proceso cubano; porque ahí es donde es necesario apuntar y disparar sin riesgos a equivocaciones. Atacar a individuos que poseen un largo y fructífero expediente en la promoción de una literatura política amplia, progresista, tolerante y educativa (sin desgajarse de los intereses de su país y, por lo tanto, patriótica y “dentro” del proceso de la Revolución), no tiene sentido.

¿Acaso en estos tiempos, alguien se siente poseedor de “verdades absolutas”? Es absurdo dedicarse a desgastar fuerzas internas y, mucho peor, ponerse a promover divisiones y, con ello, satisfacer a los verdaderos oponentes del proceso. Hay que aprender a visualizar, acuciosamente, el desenvolvimiento de las ideas y a sus protagonistas: no son tiempos de “encartonamientos”, ni de rigideces ideológicas, de triste recordación para los cubanos.

Las complejidades actuales del mundo en que vivimos y nuestras circunstancias específicas no deben dejarse de tomar en cuenta; como tampoco desconocer que, a lo largo del proceso, nos faltaron debates abiertos y contradictorios. Luego debemos entrenarnos para ello y considero que tal asunto es parte del “cambio de mentalidad” al que llamó el presidente Raúl Castro.

Hay que foguearse en los análisis y debates desde la diversidad de opiniones, porque lo requiere la nación cubana; aunque, por supuesto, se hagan dentro de los marcos patrióticos, libertarios, democráticos, de búsqueda de equidad social y proyecciones socialistas y sostenibles.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 12 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
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