Derecho a no hacer silencio

Aunque no tenga nada esencialmente nuevo que aportar, opto por no hacer silencio sobre un tema que ha suscitado reflexiones y escarceos. Escribo sobre él porque es tiempo de dejar claro dónde me coloco y por qué. Estoy a favor del artículo 68 del Proyecto de constitución. Es justo, osado y revolucionario. Es un hálito de vanguardia dentro del texto. También una postura política contraria al dogma ciego, a la tradición castrante, al conservadurismo sordo y a la intolerancia grosera. Además, prueba que apostar por la justicia es siempre una decisión política; como lo es asumir los costos que tales apuestas pueden acarrear.

Es cierto, este no es el único ni el más importante tema que aparece en el proyecto. Pero es un asunto que, por las razones más diversas, se ha instaurado en nuestra realidad como una suerte de “parte aguas” que despierta atención, pronunciamiento, movilización y lucha.

Sobre el matrimonio igualitario han aparecido opiniones complementarias, conciliadoras, diferentes y antagónicas. Es interesante que, fuera del contenido mismo, este viene a ser un botón de muestra del escenario de disputas que vive Cuba. Es decir, tan interesante como el tema hacia adentro, lo es el entorno que lo condiciona, lo tensiona y se manifiesta desde él. Al mismo tiempo, una lectura más amplia de lo que acontece alrededor de este particular hace suponer que las contradicciones en la sociedad cubana incrementarán los modos de manifestar sus contenidos.

La fuerte irrupción de este tema en nuestra realidad nadie la previó o preparó. Tampoco surgió de manual alguno sobre justicia social y pasos para su defensa. Lo cierto es que nos dimos cuenta que la unidad en la diversidad, con justicia y con derechos, es una asignatura pendiente de revisión. Esto añade un dato más a la urgente necesidad de actualizar los términos de la justicia social, pilar del proyecto histórico de la Revolución cubana.

El tema del matrimonio igualitario no cambia nada en mi vida corriente, ni para bien, ni para mal. Cualquiera puede levantar este argumento, y es cierto. Soy heterosexual y formo parte de un modelo de familia “doctrinalmente correcto”, razones suficientes para no meterme en este asunto, para que estas discusiones no me den “ni frío ni calor”. Sin embargo, cuando soy tentado a permanecer en esa zona de confort, recuerdo el poema, “Guardé silencio”, de Martin Niemöller, poema hecho público en el sermón que este pastor pronunció en la Semana Santa de 1946, titulado, “¿qué hubiera dicho Jesucristo?”

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, /guardé silencio, /porque yo no era comunista, /Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, /guardé silencio, /porque yo no era socialdemócrata, /Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, /no protesté, /porque yo no era sindicalista, /Cuando vinieron a llevarse a los judíos, /no protesté, /porque yo no era judío, /Cuando vinieron a buscarme, /no había nadie más que pudiera protestar.

Entonces resuelvo usar el derecho a no hacer silencio, y afirmar así la certeza de que la lucha por la justicia es una vocación, no una sumatoria, a conveniencia, de derechos puntuales. La lucha por la justicia es un horizonte que ensancha permanentemente la dignidad humana y pone límites a quien la proscribe, no importa en busca de quien venga.

Sobre los autores
Ariel Dacal Díaz 26 Artículos escritos
(Camagüey, 1974). Educador Popular. Doctor en Ciencias Históricas, Universidad de la Habana (2007). Miembro del equipo de formación en Educación Popular del Centro Martín Luther King. Principales publicaciones: Rusia: del socialismo real al capi...
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