Por un desarrollo económico racialmente sostenible

Foto: EFE

Este texto forma parte del dossier Raza y Desigualdad en Cuba, mediante el cual, la plataforma Cuba Posible da continuidad al esfuerzo constructivo para desarrollar un pensamiento y una praxis social comprometidos con este y otros problemas relevantes de la sociedad cubana. El dossier cuenta con seis contenidos: la introducción y cinco textos integrados por respuestas a las preguntas formuladas en el dossier. Estos son los títulos con que aparecen en nuestra página web: “Motivos para hablar sobre raza y desigualdad en Cuba hoy”, “Población negra y mestiza, sistema político y representación”, “Por un desarrollo económico racialmente sostenible”, “Pensar la normalización Cuba-Estados Unidos en términos raciales”, “Una Cuba “a todo color”.

Algunos investigadores han argumentado que la apertura de la Isla a la economía de mercado está produciendo más desigualdad y pobreza, fenómeno que afecta, sobre todo, a la población negra. Esta se encuentra menos representada en los sectores más dinámicos de la “nueva economía”. ¿Qué medidas deben ser implementadas para potenciar un desarrollo económico racialmente sostenible?

Maikel Colón

Maikel Colón

Maikel Colón: Este es un argumento que viene produciéndose hace algunos años desde varias perspectivas analíticas. Ahora, los indicadores suelen ser muy contradictorios, sobre todo por las estructuras de la sociedad cubana que permiten el acceso a la sociedad en su conjunto a determinados bienes materiales y espirituales. Sin embargo, la realidad supera la ficción, y resulta preocupante, fundamentalmente porque en esa apertura no se ha implementado ninguna medida en concreto que minimice estas repercusiones. En un sentido bastante estricto, existen muchos puntos de vista sobre esta afirmación, particularmente porque hablar de desigualdad y pobreza en Cuba, no suele ser un tema tan aceptado por parte de las autoridades políticas del país. Aun así, contamos con algunos ejemplos que de un modo bastante peculiar, constatan las restricciones al acceso de esta economía de mercado a la población negra.

Recordemos la polémica que generó aquel desafortunado anuncio publicado en una web cubana hace apenas unos años, en el que se solicitaba a una persona para un empleo en el sector privado, denunciada por el portal www.negracubanateniaqueser.com: “En la sección de Clasificados, del boletín No. 20 del sitio web AlaMesa, aparece el siguiente anuncio: Las candidatas al puesto deben cumplir los siguientes requisitos: Mujer entre 20 y 30 años de edad, de «piel blanca», buen cuerpo y figura, buena apariencia y educación. Título de gastronómica de alguna escuela y conocimientos de idioma. Los requisitos no son obligatorios, pero sí deseables”. Este, a simple vista, puede resultar un ejemplo aislado. Pero la tónica de estos sectores emergentes de la economía cubana se interioriza a partir de esa percepción. Ciertamente este portal, donde circuló el anunció, no es gubernamental. Pero de la misma manera que el gobierno censura otros portales por difundir otros temas, creo que esta sería una temática que habría que denunciar categóricamente. Pasó en los años 90, cuando también emergió el sector turístico, y consecuentemente continua pasando. Revertir esta situación, es cada vez más difícil, en primer lugar por la poca voluntad política, y en segundo lugar porque las medidas implementadas por la nueva apertura no consideran este tema entre sus prioridades. Por lo tanto, hay que trabajar conjuntamente, y desde una postura que puntualice las características de este fenómeno, como uno de los ropajes de las prácticas racistas, habrá que ponerlo en el punto de mira. Con exactitud, no sabría estructurar un conjunto de medidas que puedan contrarrestar la situación que se vive. Pero al mismo tiempo considero que uno de los tópicos esenciales tiene que sopesarse respecto a la imagen que tanto la sociedad, y cada persona en particular, mantienen sobre las personas negras y mulatas; conocemos de primera mano las diferentes escalas de estas imágenes y cómo han operado a partir del discurso racista en nuestra sociedad. Este tiene que ser un tópico esencial del ámbito institucional. 

alejandro-fernandez

Alejandro L. Fernández

Alejandro L. Fernández: La propuesta de medidas para un desarrollo económico racialmente sostenible parte de una condición esencial: la sostenibilidad del modelo cubano y la distribución efectiva de los recursos a todos los grupos sociales. Hasta que esta contradicción no esté solucionada se hará muy complicado establecer efectivas plataformas para sectores vulnerables, compuestos en su mayoría por negros y mestizos, pero también por blancos. Una medida posible de este período sería la realización de un Estudio Nacional del Trabajo desde la variable raza, aprovechando los resultados obtenidos por las investigaciones del Instituto de Antropología en las provincias de Santa Clara, Santiago de Cuba y La Habana, además de los datos del Censo de 2012. Es tiempo de profundizar en la composición real de la nación en cuanto a su mercado laboral por color de la piel, cruzado con otros indicadores —salario, región, sexo, edad, cualificación— por citar algunos. De este estudio saldrían palpables estadísticas que permitieran la comparación desde la raza dentro de las relaciones campo-ciudad, obreros-élites, capital-provincias y generaría un paquete de medidas económicas más tangibles a la realidad.

En segundo, el estímulo de la conciencia racial laboral desde el espacio institucional para que las agencias estatales y otras formas de propiedad generen mecanismos garantes de contratación y protección a los sectores raciales. Tercero, el apoyo gubernamental a la población negra y mestiza, en cuanto a pequeñas empresas con proyectos rentables y posibilidad de captación de ingresos. En su aplicación debe operar la variable racial en el marco del espacio comunitario/regional dados los problemas particulares de cada entorno. Pero insisto que estas medidas parten de la premisa de alcanzar la estabilidad de la economía cubana, cuestión de la que queda mucho por dilucidar.

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina: En primer lugar, aplicar una política de acciones positivas en los nuevos puestos de trabajo que se creen como parte del modelo económico cubano. Promover a esos nuevos puestos y en los ya existentes a los profesionales, trabajadores y empleados realmente aptos para el desempeño de las funciones a las que aspiren, mediante exámenes de oposición que corroboren su idoneidad, su profesionalidad.

Joanna Castillo: Diversas miradas han señalado que la proliferación en Cuba de la pequeña empresa de bajo valor agregado ha sido impulsada, en gran medida, con capital proveniente de las remesas enviadas a sus familias por cubanos que radican en el exterior, y que estos son, en su mayoría, fenotípicamente blancos. La carencia de recursos limita en gran medida que sujetos emprendedores de la población negra y mestiza cubana se incorporen a impulsar proyectos de este tipo.

joanna-castillo-wilsonPara frenar o no contribuir a la producción de más desigualdad y pobreza el Estado debe reconocer, realmente, la actual división de nuestra sociedad en clases, grupos y capas; debe advertir y tener en cuenta la desigualdad existente en materia de relaciones de propiedad, que no permite que los actores en desventaja social participen activamente y tengan un mayor poder de decisión en el espacio público.

Y es que debe entenderse que con el crecimiento económico solo no basta si las políticas están vacías en materia de equidad e inclusión social. La discriminación racial es el correlato conductual del prejuicio racial. La creencia de que las capacidades, valores y comportamientos poseen su correlato en los rasgos fenotípicos conlleva a la acción de manipular las oportunidades de un grupo o individuo en función de su raza. Estas conductas se practican en las relaciones sociales en contra de los grupos de filiación racial negro y mestizo. De ahí la importancia de que el Estado despliegue políticas que contribuyan a eliminar cualquier expresión de prejuicio racial. Es una responsabilidad que tienen las instituciones, el sistema educativo y la sociedad cívica cubana. 

Pedro A. Cubas: Las transformaciones económicas en un país como el nuestro están condenadas a ser muy traumáticas. Todos sabemos que Cuba no es un país rico en recursos minerales de importancia lucrativa (oro, diamantes), nuestro país no posee una industria pesada de garantías ni otros índices destacados de desarrollo socioeconómico. Por tanto, seguimos entrando por debajo al esquema de la economía de mercado como prestador de servicios; y la población con menos recursos acusa mucho ese golpe. En ese sentido, los argumentos de tales hombres de ciencia sobre el aumento de la desigualdad y de la pobreza se ajustan a la realidad insular.

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas

La lógica del mercado se basa en la competitividad y en la capacidad de adaptación a los cambios bruscos que pueden acontecer. Los más capaces, competentes y competitivos siempre tendrán las mayores oportunidades de triunfar como dice el darwinismo social. Para tener éxito económico es necesario saber hacer inversiones y eso no es posible sin capitales. Cuba depende del sector terciario de la economía moderna: los servicios. Esto explica que el turismo, y su infraestructura (hotelería, transportes, paseos), sigan siendo vistos entre los sectores más dinámicos de la “nueva” economía insular. Pero también se debe hablar de los nuevos emprendimientos comerciales que han sido fundados en la capital, por citar un lugar de suma importancia para el país. Me refiero a los restaurantes, bares, Night Clubs privados y el aumento de los Room for Rent, tanto en divisa como en moneda nacional (y mezcla también).

La inversión de capitales es muy importante para cualquier empresario que quiere tener un buen resultado final de su acción inversionista. Si tenemos en cuenta que Cuba recibe cotidianamente una inyección de remesas familiares es posible conectar este hecho con la fundación de tantos emprendimientos de economía de servicios. Detalle: no podemos soslayar la presencia de extranjeros que están haciendo sus negocios personales en Cuba y están aprovechando esta coyuntura. También no debemos dejar de apuntar que algunos de esos establecimientos gastronómicos reciben los productos desde el extranjero. Y eso es llamativo porque demuestra cuánto capital hay en juego, como nos explicaba sociológicamente Pierre Bourdieu. Entonces, en este cuadro será bien difícil hallar tantos negros como pequeños propietarios potentes en el país, a no ser que se trate de músicos como Lazarito Valdés, artistas plásticos como Kcho, etcétera, cuyos capitales parecen estar muy bien invertidos.

Sabemos que la población negra tiene una representación menor en este esquema dominado por la lógica de mercado. También será difícil encontrar un negro como gerente de un hotel, capitán de salón, sommelier o como abogado (representante legal) de una firma inversionista en Cuba. En una economía de servicios a la cubana vamos a ver a una minoría negra haciendo los trabajos menos glamorosos: limpia pisos, cuidar los baños, camarera, portero; y también otros más especializados: chofer de taxi, cocinero, seguridad, telefonista. Esto significa que la participación de ellos en la riqueza que produce el turismo está muy por debajo de quienes están mejor posicionados en la estructura. No obstante, en una semana o en una quincena ellos ganan mejor que un profesor universitario o un médico, si tenemos en cuenta la proporción entre la divisa y la moneda nacional en la vida financiera del cubano de hoy. ¿Hablamos de una pirámide invertida o de una/un ironía/sarcasmo del subdesarrollo?

Esa es una de las formas de percibir cómo funciona la supremacía blanca en Cuba. Para hablar más claro, no estoy aludiendo al término supremacía blanca pensando en África del Sur y su régimen de Apartheid de antaño. Más que esbozar un concepto estoy afirmando la forma en que opera en Cuba. Hablar de supremacía blanca significa que en Cuba existe y persiste la mentalidad de inferiorizar, marginalizar, estigmatizar, invisibilizar y criminalizar constantemente a los negros porque son considerados una tara social que solo hace cosas erróneas y negativas (“los negros si no lo hacen a la entrada lo hacen a la salida”; “tenía que ser negro”; “mírale el color y perdónalo”; “hay que hacer las cosas como los blancos”). En Cuba se ha promovido la idea de que los negros le debemos todo a la Revolución porque gracias a ella somos personas. Esto explica por qué cuando un negro hace cosas que no son del agrado del Gobierno la represión sobre él es más fuerte. En Cuba algunos le siguen dejando muy claro a los/as negros/as que deben ser sumisos a los caprichos y a la jerarquía social de los blancos. Entonces, después de estos ejemplos presentados entre varios que pueden ser citados ¿vamos a seguir negando la operatividad de la supremacía blanca en Cuba? Por tanto, las medidas que urge acometer para potenciar un desarrollo económico que podamos definir como racialmente sostenible pasan por resolver varias cuestiones internas del país con base en la economía, que contribuyan realmente a la reducción gradual de la desventaja social de la población negra. Mientras exista una fuerte supremacía blanca en el país no será posible ni siquiera pensar en una perspectiva tan quimérica de desarrollo socioeconómico racialmente sostenible.

Sobre los autores
Julio César Guanche Zaldívar 17 Artículos escritos
(La Habana, 1974). Licenciado (1997) y Máster (2005) en Derecho por la Universidad de La Habana. Ha impartido docencia como profesor adjunto de la Universidad de la Habana. Ha dirigido varias publicaciones y editoriales nacionales. Laboró, primero...
Reinier Borrego Moreno 8 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Licenciado en Historia (2012) y Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2014). Investigador del ICIC “Juan Marinello” y del Grupo Historia Social Comparad...
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