Desarrollo a largo plazo sí, pero…

Si importante es hablar del futuro, más urgente,
necesario, sensible y útil lo es del presente.

En el proceso de actualización del modelo, o reformas, que se llevan a cabo en Cuba, se efectúan esfuerzos que apuntan hacia el diseño de un modelo de sociedad y un desarrollo a largo plazo. Tal cuestión fue ratificada en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) y se comenzaron a debatir los proyectos de documentos en las bases de este, de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), las organizaciones de masas y diversos sectores ciudadanos.

Es correcto y parece necesario, que la nación diseñe con realismo su desarrollo perspectivo y el tipo de sociedad a que aspira; sin embargo, y además de lo trascendental y complejo del asunto, es necesario considerar que no es la primera vez que se plantea una cuestión como esa, al ser ideas recurrentes en el proceso de la Revolución cubana: por una u otra circunstancia, ese abstracto e intangible desarrollo no se llegó alcanzar y hoy no se vislumbra diáfanamente.

Sin ser pesimista y sin querer dar lecciones, si proyectar un desarrollo perspectivo para Cuba es necesario, también lo es la necesaria información sobre los resultados económico/sociales que se aspiran alcanzar en el corto o mediano plazo. Es un asunto no solo de rigor gubernamental, sino también psicológico para la ciudadanía, porque es imprescindible aproximar las soluciones a las necesidades concretas y hacer retornar la confianza en un modelo de desarrollo que sea realizable, progresista, democrático y eficiente.

No es posible soslayar los acontecimientos que impactaron en el último cuarto de siglo, porque la sociedad sufrió e involucionó la economía, teniéndose que enfrentar situaciones muy adversas. Ello se tradujo en un debilitamiento del optimismo sobre el proyecto socialista, retroceso económico, falta de perspectivas en los jóvenes, cambios económicos e institucionales con sus impactos sociales, aumento de la pobreza y emigración (en particular de los jóvenes), mercado negro, cansancio y un mayor grado de inseguridad social.

Ni el sentido común y práctico, ni el de las urgencias se puede perder. En tales circunstancias las autoridades, pragmáticamente, deben poner su mayor atención en la búsqueda de soluciones a corto o mediano plazo y otorgarle las mayores prioridades a aquellas decisiones o medidas (sin prejuicios ideológicos) que las permitan propiciar.

No estoy en desacuerdo con las proyecciones a largo plazo (son convenientes), pero el ritmo de los cambios en la actualización del modelo no ha estado al nivel de las necesidades y urgencias de la economía y la sociedad, ha faltado realismo y el proceso se ha caracterizado por su lentitud, escasas inversiones, criterios reduccionistas, limitaciones de enfoques sistémicos y finalmente pobres resultados económicos y sociales.

No resulta fácil lograr consensos de entusiasmo respecto al proceso de transformaciones (aunque existan coyunturas favorables y ciertas expectativas domésticas e internacionales), que pueden llegar a desaparecer si desaparece el realismo.

Las intervenciones y debates públicos, proyectados fundamentalmente hacia un futuro o a largo plazo –ello unido a la situación existente–, limitan la confianza respecto a las mejorías más próximas o urgentes. No es posible abstraerse: se trata de desarrollar un complejo proceso de transformaciones, en medio de críticas situaciones económico/sociales. Pero si importante es hablar del futuro, más urgente, necesario, sensible y útil lo es del presente; porque si algo no debe subestimarse en Cuba es que el tiempo apremia.

Estoy de acuerdo en que se discuta un Modelo de Desarrollo Económico y Social y se elabore un Plan Perspectivo de Desarrollo hasta el 2030; pero aún es más necesario analizar (a camisa quitada), las transformaciones que se desarrollan, con los resultados que sean; porque son esas valoraciones las que sugieren o no las potencialidades que las transformaciones encierran, posibilitando prever sus alcances y limitaciones.

La gente está ansiosa por ver resultados tangibles y un mejoramiento del bienestar social (los jóvenes sobre todo), porque existe cansancio o poca confianza en los discursos, apelaciones, proyectos, documentos a largo plazo o promesas; por muy bonitos, coherentes o necesarios que sean.

Desde hace años las autoridades pusieron el énfasis en el sector económico, lo que fue correcto; como también defender los logros sociales alcanzados, en especial en los sectores de la salud y la educación, aunque la crisis económica los afectara. No se disponen de estadísticas oficiales sobre el incremento de la pobreza, pero es significativo su aumento; por lo que resulta inquietante que a estas alturas del proceso de cambios, no estén diseñadas medidas o elaborada una nueva política social, en correspondencia con las transformaciones e impactos que se producen en el país.

Es claro que se enfrenta una época de retos y rectificaciones, donde es necesario se escuche a todos, se estimule el diálogo y se encuentren las mejores opciones al desarrollo y al bienestar social. Las ideas y argumentos están llamadas a jugar el papel fundamental en el futuro del país que los cubanos desean; por lo que es importante la amplitud, profundidad y transparencia del debate nacional.

Son tiempos para desplegar la inteligencia, encontrarse bien informado, efectuar análisis con integralidad y mirando lejos, hacer mayores y mejores análisis político/económicos, ejercitar de forma eficiente y flexible la tolerancia, despojarse de dogmas u otras consideraciones teórico/ideológicas, que han sido batidas o desechadas por el tiempo y los acontecimientos. Las intransigencias o aferramientos políticos no han sido exitosos en la historia, porque generalmente obstaculizan salidas beneficiosas o las soluciones deseadas.

El proceso surgido a partir de la Revolución deja legados importantes, aunque la historia será quien en definitiva se encargue de evaluarlos. Me decía un amigo que existían elementos imbatibles y puntualizaba: el reconocimiento universal que existe hacia la nación cubana (antes apenas conocida y hoy respetada en todo el mundo), la plena independencia y soberanía del país, su papel e influencia en la comunidad internacional, la solidaridad con otros pueblos y los significativos logros sociales en salud, educación, deporte y cultura.

Corresponderá a las nuevas generaciones continuar esforzándose para que el país continúe desarrollándose y logre elevar el nivel de bienestar de la sociedad cubana. Cada generación tiene sus responsabilidades históricas y se desarrolla dentro de coyunturas domésticas e internacionales específicas, que por lo general la condicionan y determinan el alcance de su papel y proyecciones.

A pesar de que las revoluciones son acontecimientos escasos y verdaderamente atípicos, y algunas de ellas se prolongan en el tiempo; este, el tiempo, en su indetenible curso, es inexorable y se encarga de garantizar en cualquier sociedad o sector de la misma, algo que es perdurable y siempre existirá, la ley generacional del relevo histórico.

Cuba no es una excepción en esa regularidad y hoy ello se aprecia en todos los ámbitos sociales; porque son personas jóvenes o cuando más maduras las que se encuentran desarrollando las fuerzas productivas, dirigiendo la economía, las ciencias y la técnica, o participando preponderantemente en las cuestiones culturales y de la superestructura política, institucional y jurídica.

Las condiciones fisiológicas de los humanos no permiten la inmutabilidad, porque todo está en movimiento y los elementos nacen, se desarrollan y desaparecen; y ese ciclo que en todo se manifiesta, es sencillamente permanente e irreversible. Lo dialéctico es opuesto a lo que no cambia y por ello seguiremos siendo testigos de nuevas transformaciones en lo económico y social; pero más temprano que tarde también se verán en lo institucional, lo jurídico y en lo político, así como en las relaciones del país con la región y el resto del mundo.

 

*El presente texto se publicó originalmente en el Diario de Las Américas. Cuba Posible lo reproduce a petición de su autor.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 24 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
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