Domingo Amuchástegui: “La dirigencia cubana deberá ser capaz de desplegar iniciativas que incentiven la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba”

Foto: Adalberto Roque / AFP

El próximo 20 de enero Donald Trump tomará posesión como el 45 presidente de Estados Unidos. Atrás quedan los dos últimos años, marcados por el inicio de un dinámico proceso de normalización de relaciones encabezado por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama. Para Cuba, dicho camino político ha sido el fruto de la victoria de la resistencia del pueblo cubano y, además, de una adecuada visión pragmática y estratégica por parte de liderazgo político cubano, sobre todo en el entorno del presidente Raúl Castro. Para analizar el camino desandado y qué puede deparar el futuro, Cuba Posible ha decidido dialogar con el analista político Domingo Amuchástegui.

1. Barack Obama termina sus ocho años de mandato frente al gobierno de Estados Unidos. Ha sido un importante impulsor de la normalización de relaciones con Cuba. ¿Cuáles han sido sus mayores contribuciones a favor de las relaciones bilaterales entre ambos países? ¿Cuáles límites dejó?

Las contribuciones en el tema de la normalización de relaciones Cuba-Estados Unidos del saliente presidente Barack Obama acaparan la atención de la mayor parte de los analistas, sobresaliendo el canje de “Los Cinco”, junto al anuncio del inicio de dicha normalización, las ceremonias del establecimiento de relaciones diplomáticas, seguido de una docena de acuerdos bilaterales en áreas de menor cuantía, resultados de los encuentros periódicos sostenidas entre delegaciones de ambos países.

Apenas unos días atrás el presidente Obama anunciaba el fin de la política de “pies secos/ pies mojados” (obra de la Administración Clinton) y del llamado “parole” (status migratorio provisional bajo palabra), utilizado por la Administración de Bush hijo encaminado a promover una masiva deserción de médicos cubanos, en particular de aquellos que cumplían misiones médicas en terceros países. Con esta decisión ejecutiva el presidente Obama evadía el complicado proceso de las iniciativas en el Congreso para poner fin a la llamada “Ley de Ajuste Cubano”, de mediados de los años 60 (Administración Johnson). Además, reducía los privilegios excepcionales de esta última legislación para promover -como nunca antes y después- los flujos masivos de cubanos hacia Estados Unidos por canales y vías ilegales. Con esto queda limitado el movimiento de cubanos hacia Estados Unidos mediante el sistema de cuotas normales (20,000 al año, las visitas normales a Estados Unidos y el mecanismo de reunificación familiar). En otras palabras, colocar el flujo de cubanos hacia Estados Unidos dentro de un marco normal, seguro y ordenado, como lo practican países que sostienen relaciones normales.

Parecería así cerrar Obama con broche de oro sus contribuciones al proceso de normalización. Pero, está muy lejos de ello, pues sus iniciativas vinieron a cristalizar de manera bastante tardía y muy incompleta, a la vuelta del 2015. Nadie puede, ni debe, olvidar que la Administración Obama ignoró, una y otra vez, durante seis años los llamados unánimes de los gobiernos hemisféricos en las cumbres de Puerto España, San Pedro de Sula y Cartagena, así como las iniciativas comenzadas exitosamente por la Unión Europea, favoreciendo la normalización de relaciones con Cuba.

No ha habido un gobierno norteamericano que haya perseguido con tanta saña e impuesto   -a partir de la muy ilegal y cuestionable práctica de la extraterritorialidad- multimillonarias sanciones y castigos de todo tipo a entidades bancarias y comerciales de la Unión Europea y de otros países, debido a sus transacciones con Cuba en sus ocho años de Administración. Al mismo tiempo, Obama -junto con la mayoría republicana en el Congreso- continuó manteniendo en vigor hasta su traspaso el 20 de enero la totalidad de los pilares más agresivos hacia el gobierno cubano, muy a pesar de sus reiteradas declaraciones en contra de la política de cambio de régimen. Tampoco echó mano a otras muchas iniciativas ejecutivas que hubiera podido acometer, desestimando una y otra vez las sugerencias e indicaciones de las autoridades cubanas en este sentido, siendo el mejor ejemplo el de la autorización -derecho constitucional- a los ciudadanos norteamericanos de viajar como turistas a Cuba

2. ¿Cuáles son los caminos pendientes para alcanzar el tipo de relación bilateral que pueda ser compartida por los dos países?

Para alcanzar una relación bilateral compartida, normal, armoniosa, queda un camino muy accidentado, repleto de obstáculos mayúsculos, como se refleja en los dos últimos párrafos de la pregunta anterior.

Llámese bloqueo o embargo -sólo muy levemente atenuado hasta ahora- ahí sigue casi con vigencia plena; el cambio de régimen, respaldado por decenas de millones anualmente, conserva toda su actualidad; ahí está la inútil y casi inoperante Base Naval de Guantánamo, carente, por añadidura, de cualquier valor estratégico o táctico según expertos de Estados Unidos no muestra Washington la más mínima disposición a ceder un ápice.

Nunca en la historia diplomática de Estados Unidos tantos militares en activo y retirados han argumentado a favor de una total normalización de relaciones con Cuba. No pocos, de manera escrita y pública, lo hicieron al comienzo de la Administración Obama. Se ha destacado por estos la cooperación constructiva de los cubanos en múltiples esferas de la seguridad regional (narcotráfico, tráfico ilegal de personas, cooperación en el sector fronterizo de Guantánamo, desastres naturales y otros), incluso desde antes que Obama llegara a ser senador. Y si esto ha sido así, ¿por qué mantener los pilares agresivos fundamentales de hace casi 60 años, muy a pesar de haber iniciado una normalización de relaciones?

Debe agregarse algo no menos significativo: sobre la Administración de Obama persuadieron, influyeron y convencieron, no pocos cubanoamericanos que hasta los 90 del siglo pasado figuraban a la cabeza de la oposición del exilio beligerante contra el gobierno cubano. En estos hubo un proceso de reflexión y reconsideración total de sus posiciones confrontacionales del pasado reciente. Desplegaron un nuevo “lobbismo” a favor de la normalización: Saladrigas, Fanjul y Gutiérrez, estuvieron entre los que favorecieron estos nuevos rumbos, algo inusitado y sin precedentes.

Cuba fue, y sigue siendo, el país agredido y Estados Unidos el agresor. ¡Tan simple como eso! Y corresponde a este último mostrar la flexibilidad, disposición constructiva e iniciativas en consonancia con dicha realidad histórica. El especialista en relaciones internacionales Kenneth Waltz lo ha repetido con atinada puntería: “Los grandes poderes pueden darse el lujo de ser flexibles; los países pequeños no”. Los mitos de que la dirigencia cubana nunca procuró la negociación o que hoy se resiste a hacer concesiones, no son más que eso: mitos y mentiras. Me limito a recomendar a cualquiera que quiera discutir sobre bases serias semejantes acusaciones contra la dirigencia cubana, que se remitan a Bernardo Benes y sus memorias, la excelente compilación de documentos bajo el título de “Back Channel to Cuba” y para desmantelar lo de las concesiones el excelente trabajo del profesor William LeoGrande en el Huffington Post en torno a los “Ocho Mitos contra Cuba”. Argumentos y documentos sobran, como también sobran los sordos y los ciegos.

Una relación bilateral compartida que no transite, con éxito, por estos obstáculos, seguirá arrastrando la agenda conflictiva de una superpotencia que jamás quiso conciliar con un pequeño país.

3. Para lograr lo anterior, ¿qué se podría hacer durante el próximo mandato de Donald Trump? 

Los escenarios que nos depara la Administración Trump, todavía andan navegando por los mares de las hipótesis más disímiles, en particular los sabores pesimistas que se derivan del número de miembros del nuevo gabinete que describen sus credenciales neoconservadoras. Pero, desde Jorge Domínguez hasta Pedro Freyre, se muestran bien escépticos de que Trump dé un giro de 180 grados en dirección opuesta, echando atrás todos los avances. En el peor de los casos, atisban o sugieren un enfriamiento o muy lento avance en limitadas áreas, pero siempre inclinados en que habrá de prevalecer el espíritu de hombre de negocios.

Echar atrás todo lo avanzado supondría un monumental embrollo de iniciativas congresionales, regulaciones gubernamentales, desgaste de tiempo y gestiones que entorpecerían el tratamiento de la complicada agenda que le espera a Trump. Lo único que podría paralizar todo el proceso, congelarlo y darle hacia atrás, es lo que reclaman los “come-candelas” de la Calle 8 y sus alrededores: que Trump restablezca a Cuba dentro de la lista de países promotores del terrorismo. Sólo esto tendría la fuerza paralizante necesaria e inmediata, pero la mayoría de los expertos lo dudan muy seriamente. La Cámara de Comercio de Estados Unidos, la Asociación de Granjeros de Estados Unidos, cientos de empresarios cubanos en Cuba, numerosos miembros del Congreso, influyentes gobernadores como los de Texas, Nueva York, Louisiana y otros, abogan activamente en favor de que ello no ocurra. ¿Puede darse Trump el lujo de desestimar estas fuerzas y presiones para favorecer a la Calle 8? Es altamente improbable.

Paralelamente, la dirigencia cubana deberá, como nunca antes, como lo ha venido demostrando hasta ahora, ser capaz de desplegar iniciativas que incentiven a dichas fuerzas a continuar impulsando, con argumentos sólidos y tangibles, la normalización de relaciones de Estados Unidos con Cuba.

Sobre los autores
Domingo Amuchástegui 31 Artículos escritos
(La Habana, 1940). Licenciado en Historia por la Universidad Pedagógica. Máster en Educación por la Florida International University. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Miami. Fue Jefe de Departamento en el Ministerio de Re...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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