Dos aniversarios y dos generaciones

Foto: BBC Mundo

60 años atrás culminaba un proceso de lucha armada increíble. Colapsaba una tiranía sangrienta, su ejército profesional, sus fuerzas represivas y los paramilitares de entonces, conocidos como “Los Tigres de Masferrer”, (precedente único del paramilitarismo en América Latina). Todos derrotados, incluidos los suministros militares y la asesoría de Estados Unidos y de Gran Bretaña. Aquello de que toda revolución tenía que hacerse “con el ejército, sin el ejército, pero nunca contra el ejército”, se iba a bolina. Empezaba la Revolución de verdad, no como aquella de los años 30 contra Machado. Y desde bien temprano, incluso meses antes de la Reforma Agraria, ya Washington tenía decidido su supresión total. Empezaba un conflicto que hasta hoy se arrastra, con escasas pausas; ahora con ímpetus renovados bajo la égida de Donald J. Trump. Siempre con idénticos resultados: la Revolución no se cayó y se no caerá. Siempre hace frente a las agresiones y al bloqueo, a la hostilidad y a las maniobras agresivas. Ella misma, originándose en sus propias dinámicas internas y externas, así como por su inevitable relevo generacional, ajusta y reajustará sus derroteros actuales y futuros hacia desenlaces de continuidad en sus propios términos y contextos.

Las explicaciones para razonar su sobrevivencia a solo “90 millas” pueden variar: las hay de todos los colores y matices. Un numeroso sector por acá, en Miami, que no entendió ni entiende la realidad cubana, y se “pierden” en aventurar visiones apocalípticas -dependientes de lo que diga o haga Washington- que siempre se diluyen un medio de una ignorancia supina. Hace 30 años de aquello de que “En el 90 revienta”, que ahora intentan reeditar algunos con la frase inútil de “Ni uno más”. Indigencia imaginativa. El mundo entero condena el bloqueo o embargo, y sigue abogando por la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Se dice que el Papa Juan Pablo II, con su sola presencia, hizo reventar los llamados “países socialistas” de Europa del Este. Fue a Cuba y nada. Le siguieron dos Papas más con idéntico resultado. Luego -para asombro del mundo- se reunieron las dos grandes Iglesias (hijas del Gran Cisma) después de un milenio. Y no lo hicieron en Roma o en Moscú, ni en París, Londres o Berlín, sino en La Habana del “castrismo”. Mandela, Obama, Putin, Xi, Abe, Hollande, Trudeau, Renzi, Sánchez y una pléyade interminable de jefes de Estado y de gobiernos, y de notables figuras de la cultura y las ciencias, sienten una suerte de misterioso imperativo de visitar Cuba y tomar contacto directo con su realidad; realidad que prueba no admitir simplificaciones de ningún tipo.

Hace 38 años fue asesinado, un 8 de diciembre, John Lennon, el más famoso integrante de los Beatles. No fue recordado por muchos; mucho menos por jefes de Estado y Gobiernos. Casi nadie hizo cosa alguna para recordarlo. Sólo un jefe de Estado y Gobierno lo hizo: Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba. Lo hizo mediante un tuit, con una combinación precisa de respeto y elogio. ¿Por qué? Pregunta legítima, no cabe la menor duda. Para su generación, la llamada “Generación Intermedia”, cuyos integrantes pasan hoy a ocupar los primeros planos de la estructura dirigente de Cuba, los Beatles eran una “fruta prohibida”, condenados a un ostracismo total en los medios oficiales, motivo de advertencias severas y sanciones políticas. Escucharlos era un riesgo que muchos jóvenes de entonces asumieron y hacerlo fue, y sigue  siendo, de aquellos desafíos de juventud que acariciamos como inolvidables.

Esa “Generación Intermedia” fue educada en una serie de presupuestos eternos y absolutos, como la invencibilidad de la Unión Soviética, la estabilidad inalterable de los países del llamado “socialismo real” de Europa del Este, de una educación marxista absolutamente rígida y dogmática, de un ateísmo irracional, de un sistema sin manchas, etc., etc., etc. En un brevísimo espacio de tiempo, sobre esa generación se produce un notable desplome de valores: a) la Polonia socialista, en crisis desde 1980, es visitada durante varios años por numerosos dirigentes de la UJC, que contemplan una realidad que muy poco, o nada, tiene que ver con el llamado “socialismo real”; b) al calor de la glasnost y de la perestroika, las realidades dantescas del estalinismo y las ideas de un nuevo socialismo se ponen al alcance del conocimiento de estos dirigentes juveniles, y que muchos reciben con entusiasmo; c) el “caso Ochoa-Abrantes” saca a flote el oscuro fantasma de la corrupción, fenómeno éste que comienza a afectar a la totalidad del sistema, incluyendo sus jerarquías más elevadas; d) la poderosa Unión Soviética sale derrotada y humillada de Afganistán; e) tiene lugar el derrumbe de los países del Este de Europa y de la propia Unión Soviética; f) y entra Cuba en una de aguda crisis denominada “Período Especial”, del que no pocas secuelas la experiencia cubana continúa sufriendo.

Cualquier pretensión o argumento encaminados a sugerir que dicha “Generación Intermedia” no ha quedado profundamente marcada, si no traumatizada, por todos esos acontecimientos, es incurrir en un soberano proceso de autoengaño. En su fuero interno, sentaditas en la “Silla Turca”, ahí donde se fijan las ideas más profundamente, estas experiencias traumáticas moldean y animan la visión de futuro de dicha generación. El tiempo dirá en qué medida lo hace o no. Años atrás, en el parque capitalino de 17 y 6, con motivo de la inauguración de la estatua en memoria de John Lennon, jóvenes ya maduros de esa “Generación Intermedia” le cantaban a Fidel -presente en el acto- las canciones de Lennon. Fidel se disculpaba por aquellos años de intolerancia, alegando desconocimiento. Lo que hizo Díaz-Canel nadie debe verlo como simple formalidad: fue el tributo de una generación, de una época, que dice mucho para el futuro.

Sobre los autores
Domingo Amuchástegui 31 Artículos escritos
(La Habana, 1940). Licenciado en Historia por la Universidad Pedagógica. Máster en Educación por la Florida International University. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Miami. Fue Jefe de Departamento en el Ministerio de Re...
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