Dossier: La emigración será una constante en el futuro predecible de la sociedad cubana.


Introducción de Ahmed Correa, coordinador del dossier

La experiencia migratoria cubana posterior a 1959 es parte de la memoria necesaria para comprender el proceso de la Revolución cubana. No como “otra” historia, ni como el testimonio fragmentado de quienes “se van”, sino como una evidencia de las variaciones y alcances del proyecto político cubano, y de la resonancia que tiene para la población en general. En su célebre obra “La doble ausencia”, el argelino Abdelmalek Sayad plantea que pensar la migración es pensar el Estado. En el escenario actual que vive Cuba, resulta necesario pensar la relación no sólo del Estado, sino también de la nación, con su población migrante. Una relación que, como reflejo de un contexto político específico, no ha sido expresión de pertenencias de “larga distancia”.

El presente dossier participa del esfuerzo de Cuba Posible para ampliar la discusión al respecto y promover un ejercicio analítico sobre nuestra experiencia migratoria. Lo cual no es más que una forma de auto-reflexividad sobre lo que somos como sociedad, y parte de la comprensión del futuro que queremos.

Para responder las preguntas que se han elaborado en esta ocasión, nos acompañan la Dra. Nivia Marina Brismat, profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México; el Dr. Jorge Duany, Director y Catedrático del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de la Florida; el Dr. Antonio Aja Díaz, Director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de la Habana y Director del Programa de Estudios sobre Latinos en los Estados Unidos de Casa de las Américas; y el Dr. Jesús Arboleya, profesor de la Universidad de La Habana y del Instituto Nacional de Relaciones Internacionales de Cuba.

1. El pasado 14 de enero se cumplieron tres años de la celebrada reforma migratoria cubana del año 2013. Realizando un balance de las transformaciones introducidas entonces en la legislación migratoria, comente los efectos (deseados o no) que produjo la reforma, e indique los retos o limitaciones que se mantienen para el Estado cubano en su relación con los ciudadanos migrantes.  


Nivia Marina Brismat: La reforma migratoria cubana de 2013 implicó la derogación y/o flexibilización de una serie de mecanismos restrictivos -y en muchas ocasiones caracterizados por su invisibilidad y ejecución casuística- para las salidas/entradas del país, las estancias fuera de Cuba, y la migración. Lo anterior, por supuesto, ha tenido una serie de efectos de distinto alcance y naturaleza:

–   En términos del marco regulatorio de la migración (su legislación, políticas y prácticas administrativas), se han derogado y/o flexibilizado oficialmente las visiones, reglas y actos administrativos que, desde los inicios de la Revolución cubana, privilegiaron la visión de la política migratoria como salvaguarda de la seguridad nacional.
–   Con relación a los efectos de la política migratoria en las características de los flujos migratorios insulares, la reforma “normaliza” en cierta medida la relación contradictoria de la política migratoria con la población, y atenúa su influencia en el perfil migratorio, las modalidades y condiciones de salida, los tiempos migratorios, así como en las prácticas sociales de los cubanos para concretar el acto de migrar que, junto con las políticas migratorias de los países-destino, implicaron históricamente un alto costo en recursos de todo tipo (económicos, sociales, de tiempo, etc.).
–   La reforma migratoria constituye un paso sustantivo –pero no suficiente ni universal- en favor del derecho a la libre movilidad; en específico, del derecho a la libre movilidad internacional de los cubanos.

A pesar de ello, quedan asuntos pendientes o no resueltos: la potestad estatal para restringir el derecho a salir libremente del país a ciertos individuos por razones estratégicas, políticas o para “preservar la fuerza de trabajo calificada para el desarrollo económico, social y científico-técnico”, lo cual ha generado, incluso, acciones regresivas con relación a ciertos grupos profesionales, como los médicos; y la no mención en la reforma migratoria de la doble ciudadanía, un tema de gran importancia pues muchos de los migrantes cubanos ostentan esta condición.

Por último, el mayor reto de la actual política migratoria cubana consiste en el diseño de una legislación y políticas más integrales con relación al tema, pues no hay que olvidar que la reforma que analizamos es sólo eso: la derogación de circulares y el reacomodo de la Ley de Migración y su Reglamento, que datan del 20 de septiembre de 1976 y del 19 de julio de 1978, respectivamente. Considero que Cuba está urgida de una nueva visión sobre la migración acorde a las realidades y contextos nacionales e internacionales; un marco institucional que privilegie, más allá del imperativo de seguridad del Estado, los derechos de las personas para transitar libremente fuera de las fronteras nacionales y, presuntamente, migrar.

Jorge Duany: La reforma migratoria cubana de 2013 tuvo tres resultados principales. Primero, eliminó el requisito de solicitar una carta de invitación para poder viajar fuera del país. Segundo, extendió el período máximo de residencia en el exterior a 24 meses, antes de perder los derechos y beneficios de los ciudadanos residentes en la Isla, tales como servicios gratuitos de salud y educación. Finalmente, derogó la ley 989 de 1961 que confiscaba los bienes y derechos de los emigrados bajo la fórmula jurídica del “abandono definitivo” del país.

La mayor consecuencia –probablemente no intencional– de la reforma migratoria fue ampliar la cantidad de cubanos que poseen pasaportes para viajar al exterior, pero que no siempre reciben autorización de los países que les interesa visitar, especialmente Estados Unidos. Solo así puede explicarse el aumento dramático de ciudadanos cubanos que viajan a otros países, como Ecuador o Panamá, para luego desplazarse clandestinamente a través de Sur y Centroamérica, con el objetivo de llegar a “la Yuma”. Otra consecuencia de la reforma ha sido potenciar un movimiento circular entre Cuba y otros países, compuesto por personas que mantienen su residencia en la Isla a la vez que pasan algún tiempo en el exterior. Quizás sea muy temprano aún para determinar la magnitud de esta circulación poblacional.

La reforma migratoria todavía enfrenta serios retos y limitaciones. Sobre todo, persisten restricciones al libre movimiento de personas entre Cuba y el exterior, tales como el control de las salidas de profesionales y atletas y la denegación de permisos de salida por razones de “seguridad y defensa nacional”. Más aún, el Estado cubano aún no ha definido claramente los derechos de los ciudadanos que residen fuera del territorio nacional, tales como la posibilidad de invertir en empresas en el país. Tampoco quedan claras muchas de las regulaciones relacionadas con los trámites consulares para los cubanos que deciden emigrar y quieren regresar a la Isla, ya sea de visita o permanentemente.

Antonio Aja: Hasta el momento me había mantenido al margen de los análisis y debates que por vías como esta proliferan en la actualidad, en particular con el tema migratorio y las relaciones Cuba/Estados Unidos. Las preguntas que se formulan son lo suficientemente complejas como para retar al logro de una síntesis, lo intentaré al abordar un grupo de elementos esenciales que tributan al resto de las interrogantes.

Como fenómeno social, las migraciones humanas tienen antecedentes que conforman la historia migratoria de los pueblos. En el caso de Cuba, el conocimiento del comportamiento migratorio de la población es indispensable para la comprensión de sus tendencias actuales y proyecciones. Durante el siglo XIX, cuando aún la Mayor de las Antillas recibía más población de la que emigraba, se había conformado una creciente tendencia a emigrar hacia Estados Unidos, a la metrópoli española y, en menor medida, hacia otros países cercanos geográficamente. Así se fueron estableciendo cadenas migratorias y redes sociales, que encontrarían un nuevo escenario a partir de los primeros treinta años del pasado siglo, cuando la Isla comienza a tener saldos migratorios negativos.

El triunfo de enero de 1959 fortalece esta característica. Se produce la ruptura del patrón migratorio tradicional motivado por los nuevos actores migrantes, las altas cifras de salidas en breve lapso de tiempo, la politización e ideologización del proceso migratorio, dado por la singularidad de tener Cuba en el principal receptor de sus migrantes, a su antagonista y contrario que pareciera prácticamente irreconciliable. El flujo de cubanos lleva a una salida sin retorno, a la conformación de un exilio, una diáspora, a la creación de un enclave de origen cubano en el sur de la Florida, el surgimiento de nuevas identidades, en este caso con guión, me refiero a los cubanos-americanos y la creación de un sinnúmero de asentamientos de población de origen cubano en Europa, América Latina  y otros lugares de la geografía universal.

El tema migratorio y los que migran, se convierte en rehén de la confrontación política entre Estados Unidos y la Revolución cubana. Sus efectos se materializan, entre otros procesos, en la política migratoria y hacia la migración, que diseñan y aplican los dos países. Estados Unidos apuesta, durante casi los tres primeros lustros posteriores a 1959, a propiciar la salida de cubanos, de todos aquellos que pudieran representar una pérdida para el proyecto revolucionario, pero también una genuina oposición al proceso político triunfante, la cual se construye del “otro lado de la orilla”. Legisla para ajustar el estatus migratorio de los que llegan, dejando las puertas abiertas para nuevos ingresos a tenor del refugio político, de la “huida del comunismo”.  Cuba tiene que asumir la realidad migratoria como parte de una necesaria política de seguridad nacional, por lo que cierra y controla fronteras, confisca los bienes de todos los que emigran, define una migración sin retorno, entre otras razones, para enfrentar las agresiones y amenazas que protagonizan parte de los cubanos que han emigrado. De esta forma, la legislación migratoria se basa en el principio político de que toda persona de origen cubano que “saliera del país de forma definitiva” no tendría retorno ni siquiera temporal. Esta política se lleva a la práctica con rigor hasta 1978, sin que ello significara la pérdida de la ciudadanía, pero sí de los derechos de los ciudadanos. Son años de duro y cruento enfrentamiento clasista, cuya génesis se remonta al surgimiento de la nación cubana, entre la principal potencia del capitalismo internacional y una pequeña nación que intenta desarrollar un proyecto diferente a todo lo conocido en esta parte del mundo occidental.

Las dos últimas décadas del pasado siglo significaron puntos de inflexión, con marcadas diferencias entre los 80 y los 90, que matizaron la política migratoria cubana y hacia su emigración, la flexibilizan tenúamente y comienzan a encaminarla hacia el actual proceso de reforma migratoria. La migración se mantiene, pero han cambiado las circunstancias: las relaciones internacionales y el escenario externo en que se desenvuelve Cuba, la situación interna del país, su demografía (marcada por el decrecimiento poblacional) y un profundo e intenso proceso de envejecimiento demográfico, que hace al país el más envejecido de Latinoamérica y el Caribe. Se modifican las estrategias y tácticas para el desarrollo económico y social, también los actores del proceso migratorio y sus motivaciones. Se potencian nuevas redes sociales, la migración se convierte en una de las salidas que grupos de la población cubana dan ante el estado de la crisis económica y sus impactos sociales. La transnacionalización toca a las puertas de la cambiante sociedad cubana, guste o no a la política. Es un contexto nuevo, que lo será aún más en los próximos decenios, pues estará acompañado por el cambio generacional de los sectores políticos de la sociedad cubana.

Desde Cuba migran principalmente jóvenes, hombres y mujeres, profesionales, población instruida, que cualquiera que sea el escenario definitivo en que se conduzca el actual proceso de “actualización del modelo económico y social” se necesitan. “Que se vayan”, hace mucho que dejó de ser la consigna. La Isla cuenta con más de dos millones de su población asentada fuera, migrante definitiva o temporal. En Estados Unidos, más de un millón nacidos en Cuba. El enclave de origen cubano en el sur de la Florida crece principalmente por el continuo arribo de inmigrantes. Allí también se produce un proceso de envejecimiento del “exilio histórico” y una renovación generacional, que si bien no abraza las causas de la Revolución cubana, son migrantes con otra perspectiva hacia el país de origen y hacia sus redes sociales, familiares en primer orden.

Si el proceso de relaciones transnacionales toca gran parte de las sociedades contemporáneas, como emisoras o receptoras de población -y a la inversa en el caso de las remesas-, Cuba no se encuentra fuera de ese proceso, todo lo contrario. Capitalizar la emigración, sus efectos positivos y atenuar los posibles negativos, está en la génesis de la reforma migratoria cubana de 2013. Se pretende propiciar la circularidad de la población que migra, el retorno de grupos de migrantes, ya sea de forma temporal o definitivo. Le antecedieron otras acciones políticas y legislativas, en particular las vinculadas con el tema de la propiedad. Se elimina la forma de estricto control de salida y entrada de los nacionales, la figura de un migrante sin retorno definitivo al lugar de origen, la pérdida de propiedades y otros derechos civiles. No se declara migrante a toda persona que viaje hasta dos años fuera del territorio nacional, y dejan abiertas ventanas de oportunidades para que el retorno sea mucho más expedito. Sin embargo, la manera de asumir la movilidad internacional de los cubanos, introduce un sesgo e incluso error estadístico, al no contabilizar a las decenas de miles que salen del país anualmente, pasan más de una año fuera del territorio nacional, se asientan en otras partes del mundo, establecen residencia y obtienen incluso otra ciudadanía. Es el supuesto saldo migratorio positivo que aparece reflejado en las estadísticas oficiales de la Isla durante el 2013 y 2014. El carácter retroactivo de la reforma es aún insuficiente, el retorno de los que migraron antes de su puesta en vigor pasa por un proceso de análisis y posible selectividad en la decisión. La realidad muestra que la tendencia migratoria se mantiene, no existen elementos medulares disuasivos en los procesos de atracción y emisión de los migrantes cubanos.

Los retos de Cuba ante la migración son múltiples. Su análisis puede estar en dos niveles: desde su expresión en el plano individual, social y nacional; y desde aquellas esferas en las cuales el fenómeno migratorio tiene un impacto relevante, a saber: la cultura, la familia y la demografía. En el orden individual: evaluar a la luz del actual contexto nacional e internacional las motivaciones que tiene el individuo en la sociedad cubana para tomar la decisión de emigrar y valorarlas en el orden económico-laboral, familiar y político. Continuar abordando la solución a la contradicción que se produce en el individuo, ante la disyuntiva de cómo articular su proyecto individual de vida con el de la sociedad cubana, a partir de que toma la determinación de emigrar, ya sea definitiva o temporalmente. En el orden social: analizar la evolución y tendencia de la percepción social sobre el fenómeno de la emigración en el país. Valorar la relación entre el proyecto de país y la existencia histórica, presente y futura, del rasgo emigratorio de la sociedad cubana y del cubano. Abordar en su múltiple dimensión la emigración cubana en y hacia Estados Unidos. La presencia particular del enclave cubano en el sur de la Florida, su presente y futuro. Evaluar el complejo problema del robo de cerebros y talentos, desde una perspectiva que abarque a todos los sectores profesionales y una proyección que propicie el desarrollo social y personal. Realizar una búsqueda acuciosa de las conexiones entre migración y trabajo y de modo inverso, debido al impacto que la evolución de los procesos de trabajo han ejercido sobre las migraciones externas a partir de los años noventa en Cuba, y los probables efectos sobre la vida laboral de los migrantes. Estudiar la presencia de las remesas de los migrantes cubanos en la economía y sociedad cubana.

En el orden nacional: atender los deberes y derechos del ciudadano cubano que se encuentre residiendo fuera del territorio nacional, de manera temporal o definitiva y las formas de su participación en el proyecto nacional, incluyendo los procesos de elecciones. Ampliar la presencia de la nación cubana en la defensa de los derechos de los ciudadanos cubanos que residen fuera del territorio nacional. Instrumentar todas las vías posibles que faciliten y potencien las acciones de acercamiento, solidaridad y apoyo de los cubanos que residen fuera de Cuba hacia la nación. Perfeccionar las normas jurídicas y constitucionales en el tema de la emigración.

En el orden demográfico: trazar estrategias para abordar la erosión poblacional como resultado de la emigración, ya sea temporal o definitiva, de vital importancia para el futuro de la nación, que tome en cuenta los rasgos de edad, género, profesional, técnico y selectivo por regiones del país. Prever la vuelta al escenario de las tendencias migratorias de Cuba, de una posible presencia de corrientes inmigratorias en los próximos 10 a 15 años, tomando en consideración, entre otros factores: las corrientes y tendencias migratorias del área del Caribe.

En el orden cultural: continuar trabajando para fortalecer la relación emigración-cultura cubana y cultura cubana-emigración, entendida por los procesos de creación de los cubanos en la emigración y los procesos de creación de la cultura cubana sobre el tema de la emigración. Analizar la conservación de la identidad del cubano en la emigración y de su descendencia. En lo familiar: atender las complejidades que introduce en el normal desarrollo de la familia las separaciones que se producen cuando se decide la emigración de uno de sus miembros. Valorar las relaciones de la familia en Cuba y en la emigración, así como a las familias cubanas que se constituyen en el exterior y sus vínculos con la nación.

En el orden jurídico: continuar perfeccionando la legislación migratoria, a partir de la importancia política, económica y social del tema. Eliminar el plazo de 24 meses para permanecer fuera del territorio nacional sin ser considerado migrante definitivo, aplicar el criterio de selectividad en los procesos de retorno de la población migrante, solo en casos de interés por la seguridad nacional. El estado actual del sistema normativo cubano sobre la migración externa indica la necesidad de la existencia de la rama jurídica del derecho migratorio, dentro del ordenamiento jurídico cubano, con el propósito de hacer más eficaz el sistema jurídico como vía de perfeccionamiento social.

Cada uno de estos puntos se concreta en la política migratoria de Cuba y en su política hacia la emigración. El desafío radica en continuar y potenciar su perfeccionamiento, sobre la base de diferenciar su aplicación, a la vez que se normaliza y desarrolla la relación humana y objetiva con aquellos cubanos asentados en diferentes confines del mundo. Se trata de propiciar el necesario flujo de cubanos en el mundo, en contraposición a una pérdida de población prácticamente definitiva, con las consecuencias negativas que desde todos los ángulos tiene para Cuba.

Jesús Arboleya: Desde mi punto de vista, las reformas a la ley migratoria adoptadas en 2013 constituyeron un importante paso de avance respecto al tratamiento del fenómeno migratorio y reflejaron un mayor grado de adecuación de la política oficial a la realidad existente, la cual hacía evidente la caducidad de las normas establecidas y lo innecesarias, incluso contraproducentes, que resultaban en algunos casos.

Dando continuidad a una tendencia apreciable desde 1978, la reforma alentó la preservación del vínculo del emigrado con su patria al eliminar el concepto de “emigración definitiva”, con todas las consecuencias que ello implicaba, y se estableció la posibilidad del retorno, lo que atenuó los efectos sociales que marcaron el proceso migratorio hasta entonces.   

También transformó la connotación política del acto de emigrar, la cual ya no tenía sustento en la realidad del país, y eliminó el “permiso de salida”, una innecesaria limitación a la libertad de las personas a viajar, con consecuencias políticas nocivas para el país hacia lo interno y en sus relaciones internacionales.

Más allá de las medidas concretas, en mi opinión lo más importante es que estableció una tendencia irreversible hacia una política migratoria completamente distinta a la prevaleciente, sobre todo en los primeros momentos del proceso revolucionario, donde razones políticas determinaron el objetivo de rechazar a los emigrados y establecer barreras a sus contactos con la sociedad cubana.

No obstante, creo que incluso antes de 2013, mucho más ahora, el país estaba listo para establecer una política más abarcadora, que estableciera el principio del libre movimiento de las personas, resultando innecesarios algunos requerimientos aún existentes, como el límite de estancia por dos años y otros trámites, cuyo valor práctico y conveniencia políticas son cuestionables. También habrá que prever la extensión de esta política a las personas que abandonaron el país antes de 2013 y sus descendientes y creo que en este sentido se puede avanzar por razón del interés nacional.

En definitiva, la política migratoria no puede verse aislada del resto de la dinámica social y se relaciona con asuntos que abarcan desde la economía hasta la cultura, pasando por la política interna y su proyección hacia el exterior, desde una mirada que no es ajena al reconocimiento de los derechos ciudadanos, exigiendo una constante actualización, sin olvidar las condicionantes que impone que la mayor parte de la emigración esté asentada en Estados Unidos, formando parte de manera inevitable del conflicto histórico de Cuba con ese país.  

2. La referencia de Raúl Castro en su discurso al Sétimo Período Ordinario de la Legislatura de la Asamblea Nacional a la existencia de un nuevo migrante movido por “razones económicas”, supuso la argumentación de un nuevo sujeto migrante para el diseño de la reforma migratoria que entraría en vigor en enero del 2013. ¿Cuál ha sido la percepción sobre el migrante dentro del imaginario político y social de la Revolución cubana? ¿Cuál es el contenido de esta percepción en la actualidad? ¿De qué manera explica la relación entre “orden estatal” y la existencia de redes de vínculo familiar transnacional?


Nivia Marina Brismat: En esta pregunta me concentraré en las visiones sobre la migración y el migrante del gobierno cubano, las cuales no siempre han guardado una perfecta consonancia con las percepciones y representaciones que socialmente se tienen sobre el tema.

Desde los inicios revolucionarios, se identificó a la emigración como contrarrevolución y traición a la patria, y a los emigrantes con las clases afectadas por las medidas del Gobierno Revolucionario. Posteriormente, sobre todo en el contexto del éxodo del Mariel, los migrantes fueron identificados como “antisociales”, “escoria”, “gusanos”… en suma, como los desechos de una sociedad abocada a la construcción del socialismo, discurso que, en buena medida, pretendió contrarrestar el hecho sin precedentes de más de 125.000 cubanos cruzando el Estrecho de la Florida rumbo a Estados Unidos.

La visión peyorativa del migrante y del acto de migrar inicia un viraje importante con el “Diálogo del 78”, donde se inicia una política de acercamiento y diálogo con ciertos grupos de la emigración cubana. En ese contexto, la identidad migración-contrarrevolución se atenuó y, años después, específicamente en la Conferencia “La Nación y la Emigración” de 1994 comienzan a utilizarse términos como “emigración” y “cubanos residentes en el exterior”. Además, emerge el discurso que identifica a la migración cubana como de tipo económico y que se ha sostenido como uno de los elementos argumentativos más poderosos del marco regulatorio migratorio cubano por más de dos décadas.

Aunque ello ha servido de sustento a la flexibilización y reforma de la política migratoria, no ha implicado un cambio sustantivo en la interacción del gobierno cubano con los migrantes. Al menos públicamente, se sostiene una posición de lejanía y silencio, un discurso “normalizador-indiferente” cuando sería deseable una posición “normalizadora-proactiva”. La posición del gobierno cubano en la última crisis migratoria, esta vez en Centroamérica, estuvo plagada de críticas por la demora en informar sobre el hecho y la inacción frente a la situación. Sin embargo, también es preciso reconocer que, a diferencia de momentos anteriores, se informó que todos aquellos migrantes que quisieran volver a Cuba podrían hacerlo en consonancia con la legislación migratoria vigente.

Por último, debo señalar que el discurso que identifica a la migración cubana como de tipo económico no necesariamente coincide con las percepciones y experiencias de la población cubana. Aunque este componente sin lugar a dudas es relevante, no agota la multiplicidad de razones por las cuales las personas migran, especialmente los cubanos.

Jorge Duany: Por décadas, la percepción dominante del emigrado en el discurso oficial en Cuba fue la de un traidor a la patria, un enemigo de la Revolución y del pueblo cubano que “abandonaba” el país por razones primordialmente políticas. Esta imagen despectiva comenzó a matizarse durante la década de los 90, cuando se hizo más habitual la expresión neutral “comunidad cubana residente en el exterior” para referirse a los emigrados. En el lenguaje coloquial cubano, los “gusanos” se convirtieron en “mariposas” y los “traidores” en “traedólares”.

Parte de la transformación en el lenguaje oficial y popular sobre los emigrados se basaba en el supuesto del desplazamiento de las motivaciones ideológicas hacia las materiales y en la tenacidad de los lazos familiares entre residentes en la Isla y en el exterior. Indudablemente, el perfil demográfico y socioeconómico de los migrantes cubanos contemporáneos se acerca cada vez más al de otros países caribeños y latinoamericanos en cuanto a motivaciones, orígenes y modos de incorporación laboral. No obstante, hasta ahora el “transnacionalismo” cubano se ha desenvuelto mayormente fuera de canales oficiales, tanto por las múltiples restricciones políticas, legales y económicas del gobierno cubano, como por las del estadounidense. El aumento de los viajes en ambas direcciones, el envío de remesas y paquetes y las llamadas telefónicas son indicadores de la fuerza de los lazos transnacionales entre los cubanos en distintos lugares.

Antonio Aja: La política hacia la emigración parte precisamente de las percepciones y representaciones sobre el fenómeno migratorio y de quienes migran. Constituye un proceso de tendencia dinámica en el que interactúan diferentes momentos que reflejan la complejidad y el carácter contradictorio de las relaciones implicadas. Desde 1959 confluyen en esta política tres factores primordiales: el estado del conflicto bilateral entre Cuba y Estados Unidos, la situación interna de la emigración cubana en el exterior y en especial en ese país, y no menos importante, la dinámica del clima socio-político de Cuba. La actuación de cada uno de estos factores ha sido definitoria en la política cubana hacia su emigración, donde aparecen definiciones del acto de emigrar como “abandono de la patria”, la “salida definitiva sin retorno”, la confrontación, todas en un contexto de lucha de clase, de férreo enfrentamiento político e ideológico.

Está presente el diálogo y el proceso de “normalización de las relaciones con la emigración”, aparejado de crecientes visitas de los emigrados a la Isla, el “retorno diferenciado” selectivo y la búsqueda de una amplia circularidad de la migración con la reforma migratoria del 2013. Se puede hablar de un “nuevo sujeto migrante”, prácticamente desde inicios de la pasada década del 80, con la explosión migratoria del Mariel, cuando los que “se van” se diferencian cualitativamente a todos los que le antecedieron, por su pertenencia social, clasista e incluso por el color de su piel, donde los mestizos y negros ocupan un espacio mayor. La década del 90 y los primeros quince años de siglo XXI profundizan la realidad y percepción sobre un nuevo migrante cubano.

En el análisis de los movimientos migratorios priman aquellas miradas que privilegian el reconocimiento de la multi-causalidad al definir las motivaciones de los que migran. Para el caso cubano no es una excepción, aunque se tienda en el discurso político y algunas visiones académicas,  a absolutizar el valor económico de esta migración. La búsqueda de un espacio social diferente al cual donde se vive, el aprovechamiento del diferencial salarial entre el lugar de origen y el de posible de destino, el encuentro de un nuevo escenario laboral, en unión de la reunificación familiar, migrar como alternativa para enfrentar la crisis económica, ayudar a la familia, establecer nuevas redes sociales e incluso atraer al resto de la familia o crear una nueva, todos, cubren un espacio en la subjetividad de los migrantes cubanos, sin que las visiones y expectativas políticas estén descartadas del análisis de costo/beneficio que se realiza ante la toma de la decisión de migrar. Ni los que salieron de Cuba a inicios de la década del 60 eran migrantes absolutamente políticos, ni los actuales son exclusivamente económicos.

En el imaginario político y social de un país de emigración como Cuba, con la historia conocida, la percepción sobre el migrante ha pasado por etapas difíciles, de total ruptura familiar, individual, de profundas heridas. El repudio vivido por los acontecimientos del Mariel de 1980, vino a cerrar un capítulo, que con el paso de los años, devino en la construcción, aún en proceso, de una nueva relación en el orden estatal con la migración internacional de Cuba. El llamado Periodo Especial fue el detonante y el inicio de una nueva etapa en esta relación, protagonizada por las familias cubanas dentro y fuera de la Isla, donde las relaciones transnacionales de los migrantes y sus redes, van ocupando un espacio económico y social irreversible. No significa que no exista la percepción de las relaciones con la emigración como un “mal necesario”, que se le intente controlar, e incluso estigmatizar, pero los tozudos hechos de la vida cotidiana se encargan de que emerja una nueva percepción que incida positivamente en la política hacia este fenómeno, sin que signifique no ejercer el necesario control migratorio, ni el particular tratamiento del proceso migratorio entre Cuba y Estados Unidos.

Jesús Arboleya: La naturaleza social de los emigrantes cubanos y las causas de la propia emigración cambiaron de manera bastante radical a partir de 1980. La emigración antes de esta fecha mostraba un componente clasista donde predominaban los sectores más favorecidos de la sociedad cubana pre-revolucionaria, lo que fue aprovechado por Estados Unidos para promover la base social de la contrarrevolución en el exterior y ello los definió políticamente, al margen de las motivaciones individuales de las personas y su grado de participación en estas actividades. Aunque vale decir que prevaleció un componente ideológico muy conservador, incluso a contrapelo de las tradiciones nacionalistas cubanas, que dio forma al llamado “exilio histórico”, en medio de contradicciones muy violentas y abarcadoras que incluían el apoyo a la intervención militar norteamericana en Cuba, lo que de por sí dificultaba las relaciones con la sociedad cubana.

Con posterioridad a ese momento, emigrarán personas formadas y beneficiadas por el proceso revolucionario que, sin embargo, tendrán que enfrentar otras contradicciones, ya no referidas al pasado, sino resultantes de las condiciones en que se desarrolla el socialismo en Cuba. En especial la asimetría existente entre el capital humano que genera el propio sistema y la incapacidad del mercado laboral para absorberlo a plenitud, lo que genera una crisis de expectativas, no necesariamente vinculada a la oposición política, la cual encuentra una de sus soluciones individuales en la decisión de emigrar.

En este sentido es que puede hablarse de emigrantes predominantemente económicos, aunque las causas del fenómeno migratorio son siempre mucho más complejas y, de hecho, por lo general no son los más desfavorecidos los que emigran, sino, por el contrario, aquellos en condiciones de enfrentar las implicaciones personales del hecho migratorio. En el caso de Cuba, son por lo general profesionales y otras personas, cuya situación económica no es necesariamente precaria, si lo comparamos con el resto de la población.

De cualquier manera, el componente político que caracterizó a los primeros emigrados ya no tiene el peso ni las características del pasado y ello se evidencia tanto en la percepción de la sociedad cubana respecto a los migrantes y sus contactos con estas personas, como en la propia política oficial que, reflejando esta realidad, de manera inevitable tiende a abrirles nuevos espacios de contacto y participación, avanzando, por razones objetivas, en la transnacionalización del fenómeno migratorio cubano, como ocurre en el resto del mundo.

3. El acercamiento entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos pudiera generar como uno de sus resultados futuros la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano y el conjunto de privilegios y facilidades de los migrantes cubanos al llegar a suelo estadounidense. ¿Cuáles serían las implicaciones políticas y en el comportamiento de los flujos migratorios de la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano?


Nivia Marina Brismat: Es importante señalar que la eliminación o modificación de la Ley de Ajuste Cubano concierne exclusivamente a Estados Unidos, aunque es un factor decisivo en la modulación de los flujos migratorios insulares. También es importante señalar que ella no sólo implica privilegios y facilidades, sino riesgos, vulnerabilidad y altos costos económicos. Aunque históricamente ha estado sujeta a importantes críticas, a partir del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, estos cuestionamientos se han acrecentado. Sin embargo, es necesario distinguir entre los estados de opinión con relación a esta Ley y su posible derogación o reforma, procesos que no se vislumbran en el corto plazo.

No obstante, en caso de derogarse en las circunstancias actuales, podríamos suponer que habrá costos políticos, tanto para el gobierno estadounidense como para el cubano. Para Estados Unidos, la eliminación de esta Ley puede generar efectos contraproducentes en el electorado de origen cubano que, en su mayoría, se ha manifestado contrario a su eliminación; además del reto que supone una posible estampida migratoria irregular en un breve lapso de tiempo, que derivaría en una crisis migratoria de importantes proporciones. Para el caso de Cuba, la derogación de la Ley de Ajuste en la coyuntura actual puede avivar la percepción de ausencia de opciones en amplios sectores de la sociedad cubana lo que puede generar desde una avalancha migratoria hasta procesos de desestabilización política por la desaparición de la histórica “válvula de escape”. Como se ha visto en los últimos meses, la sola idea de la posible eliminación de la Ley, aunque no explica totalmente la última estampida migratoria, ha funcionado como catalizador del incremento de la migración irregular cubana en un breve lapso de tiempo.  

Por otra parte, la derogación de esta Ley no eliminará la emigración cubana, pues las políticas migratorias actúan como fuerzas que inhiben, dilatan o catalizan la migración, pero en ningún caso se constituyen en la causa para decidir migrar del país de origen. La solución más deseable sería, en el contexto del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, un nuevo arreglo migratorio que desincentive la migración irregular -con su carga de dolor, vulnerabilidad y pérdida de vidas-, e incremente el número de migrantes cubanos que arriben al país de manera regular y segura en un contexto de reacomodo del orden económico y sociopolítico cubano.

Jorge Duany: El gobierno de Estados Unidos ha reiterado que por el momento no se propone eliminar la Ley de Ajuste Cubano ni la política de “pies secos/pies mojados”. Sin embargo, algunos miembros del Congreso de Estados Unidos han planteado la necesidad de revisar dicha Ley y el trato excepcional otorgado a los inmigrantes cubanos, en el marco del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. La eventual abolición de la Ley de Ajuste Cubano pondría en jaque al actual sistema de migración cubana, que les asegura a todas las personas que se mudan de Cuba a Estados Unidos la residencia permanente al cabo de un año y un día, y posteriormente un camino expedito hacia la ciudadanía estadounidense. Es de esperar que aumenten los esfuerzos de los cubanos por llegar a territorio estadounidense antes de que se deroguen los privilegios migratorios vigentes. La anulación de la Ley de Ajuste Cubano podría significar el fin del “exilio”, en su sentido convencional, que hasta la fecha ha definido la identidad de gran parte de la comunidad cubanoamericana. De ahí en adelante, los cubanos serían considerados legalmente como un grupo más de inmigrantes en Estados Unidos.

Antonio Aja: A partir del 17 de diciembre del 2014, estamos ante lo que puede significar la construcción de un nuevo escenario en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Si en más de cinco de décadas, el tema migratorio fue tanto rehén y agenda, en ocasiones única, de conversación entre ambas partes, incluyendo la firma de acuerdos migratorios en 1984 y 1994/95, hoy continúan ocupando un espacio en el complejo proceso de normalización de las relaciones diplomáticas, económicas, sociales e incluso políticas entre los dos países.

Desde la firma de los acuerdos migratorios de 1994 y 1995, están presentes nuevas miradas al tema migratorio por ambas partes, en un intento por controlar la emigración indocumentada y propiciar la segura y ordenada desde la Isla hacia Estados Unidos. Lo que se mantuvo inalterable desde entonces y hasta este minuto, es la existencia de la Ley de Ajuste Cubano de 1966, a tenor de la cual el inmigrante cubano recibe la excepcionalidad del tratamiento del refugio político, de los privilegios que ello conlleva, cuando realmente en la abrumadora mayoría de los casos, no clasifica como tal. La aplicación de la política  “pie seco, pie mojado” comprometió mucho más la situación. Pese a ello, desde la crisis migratoria del verano del 94, el  país receptor dejó explicito que no le interesa permitir nuevas explosiones migratorias. Es la razón por la cual ante el anuncio por Cuba de la reforma migratoria del 2013, la respuesta fue que no habría cambio en la política inmigratoria hacia Cuba. Luego se reiteraría ante la reanudación de las relaciones diplomáticas a fines del 2014, de nuevo ante la visita del Secretario de Estado norteamericano y en cuanto escenario ha sido propicio para aclararlo. No obstante, en la percepción de los potenciales migrantes cubanos hacia los Estados Unidos, se encuentra lo finito de la existencia de tales privilegios. Por ello, aumentan las cifras de indocumentados que intentan o arriban a territorio estadounidense, los que utilizan la ruta del sur centroamericana para finalmente cruzar la frontera de México con Estados Unidos, como sucedió con los sucesos protagonizados por los cubanos en Costa Rica. Tales acontecimientos, refuerzan la determinación del país receptor de no propiciar una nueva migración descontrolada, por lo que se ven entrampados en su propia red al no eliminar la Ley de Ajuste, que por demás, resulta fuera de contexto en el complejo proceso inmigratorio norteamericano, e incluso es cuestionada por la propia derecha de ese país y la de origen cubano.

La lógica política del proceso de normalización de las relaciones debe conducir a la eliminación de la Ley, acción que corresponde al Congreso, cuyo primer paso sería cesar la aplicación de “pie seco, pie mojado” por la Administración de turno. El presidente Obama puede hacerlo. Para evaluar las implicaciones de la eliminación de la Ley, se debe reconocer la existencia de una comunidad de origen cubano en el sur de La Florida y de una inmigración en todos Estados Unidos que crece por los inmigrantes que continúan arribando, que ha funcionado como migración favorecida, donde intereses económicos y políticos ocupan un espacio en un contexto de aumento de las relaciones transnacionales con el país de origen. La permanencia de los acuerdos migratorios, o de otros nuevos, vendría a ocupar un espacio aún más significativo, marcando la tendencia al ordenamiento y la seguridad en la relación migratoria entre Cuba y Estados Unidos. Se mantendría el tratamiento favorecido a la inmigración cubana, sin ser cuantitativamente significante en comparación con otras como la mexicana. El potencial migratorio cubano, vería cerrarse una vía expedita de emigrar, sin tener que recurrir al proceso de calificación en el país receptor. Es un escenario donde son determinantes los avances que se logren en el reordenamiento y potenciación del desarrollo de la sociedad cubana y en la política migratoria en busca de mayor circularidad y de retorno.

Jesús Arboleya: La política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba fue diseñada con fines políticos desestabilizadores y para un tipo de personas que, como hemos visto, no se corresponde con las características y motivaciones del emigrante cubano actual ni sus relaciones con el resto de la sociedad cubana. Por estas razones, la actual política migratoria hacia Cuba ya no es funcional a los intereses de Estados Unidos y tendrá que cambiar en algún momento de manera bastante integral, afectando incluso a los actuales acuerdos migratorios, que son inusualmente generosos con los inmigrantes cubanos.

No quiere decir que esto vaya a ocurrir mañana, toda vez que múltiples factores e intereses influirían en una decisión de este tipo, pero dentro de esta lógica es que hay que analizar el futuro de la Ley de Ajuste Cubano, cuyo origen fue resolver el problema del estatus legal de personas que habían ingresado indiscriminadamente en Estados Unidos y que devino, por su propia lógica, en un estímulo para la emigración cubana, particularmente para la emigración ilegal, sentando el precedente de la excepcionalidad de los cubanos respecto a otros grupos de inmigrantes en Estados Unidos.

En esto radica el conflicto del gobierno cubano con la Ley de Ajuste, aunque en términos estrictamente legales no es esta Ley lo que ampara el ingreso de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos y, mirada desde otra perspectiva, ha sido una experiencia que, más que eliminarla, el gobierno norteamericano debiera extenderla al resto de los migrantes que llegan a su territorio.

Otra cosa es la interpretación de “pie seco/pie mojado”, mediante la cual no solo se estimula específicamente la emigración ilegal procedente de Cuba, sino que impone condiciones que aumentan su peligrosidad, coloca a las personas a merced de los traficantes y es fuente de conflicto con otros países.

A la pregunta respecto a las implicaciones que tendría la eliminación de estos procedimientos para el tratamiento de la emigración cubana por parte de Estados Unidos, la primera respuesta que me viene a la mente es que contribuiría a avanzar hacia la normalización de un proceso que ambas partes aspiran a que se desarrolle de manera ordenada, legal y segura. No obstante, el fin de la “excepcionalidad de los cubanos” también podría colocarnos en un escenario completamente distinto, caracterizado por la discriminación y la xenofobia, como ocurre con el resto de los inmigrantes procedentes de América Latina y otros países.        
   

4. Como resultado de una amplia memoria migratoria regional, en las últimas décadas se han implementado varias experiencias latinoamericanas que constituyen formas de acercamiento o vinculación de población migrante a sus países de origen. Ya sea a través del reconocimiento de derechos electorales, o a través de la promoción de proyectos de inversión de remesas en contextos locales, este tipo de programas expresan una postura de reconocimiento de poblaciones migrantes como parte de la realidad de sus países de origen. ¿Sería posible plantear este tipo de acercamientos con la población migrante cubana? ¿Qué mecanismos o acciones pudieran utilizarse? ¿Cuáles serían las limitaciones existentes para el desarrollo de este tipo de acercamientos?


Nivia Marina Brismat: Considero que para materializar estas experiencias de vinculación trasnacional se debe reconfigurar la visión que tiene el gobierno sobre la migración cubana empezando por el reconocimiento de una serie de derechos, punto de partida  de la mayoría de estas prácticas en el contexto latinoamericano. Ello, por supuesto, implicaría cambios en las concepciones sobre la ciudadanía que colocarían a todos los cubanos en un plano de igualdad, con la consiguiente eliminación de los excepcionalismos y diferencias de tratamiento que históricamente se han enarbolado para interactuar con la migración cubana.

En las condiciones actuales, fomentar los vínculos con la migración desde el reconocimiento es un reto, pero también una oportunidad. Para lograrlo, se puede reorientar la estructura consular y ministerial en función de dos estrategias: el fomento de vínculos de diverso tipo con los migrantes en sus países de residencia, la conformación de redes de migrantes cubanos, y el impulso de proyectos en la Isla para contribuir de manera creativa e innovadora a las transformaciones que tienen lugar. Asimismo, y con base en las mejores prácticas de fomento transnacional que han tenido lugar en la región, pueden desarrollarse programas de involucramiento, cooperación y participación sociopolítica de -y con- los migrantes cubanos.

Jorge Duany: Un elemento distintivo del caso cubano es la tradicional animosidad entre el gobierno cubano y buena parte de su diáspora. Aunque el gobierno cubano ha hecho acercamientos esporádicos a la comunidad cubana en el exterior, todavía no ha desarrollado una postura coherente sobre cuestiones claves para la diáspora, como la repatriación, la jubilación y las oportunidades para invertir, establecer negocios o comprar propiedades en la Isla. Más aún, el gobierno cubano no ha reconocido la doble ciudadanía ni extendido otros derechos legales (como el derecho al voto en el extranjero) a quienes salen del país de forma “definitiva”. Cuba podría seguir el ejemplo de naciones vecinas como República Dominicana, México o El Salvador, que han hecho mucho más por reclamar a sus poblaciones diaspóricas, canalizar las remesas hacia proyectos comunitarios y aprovechar los recursos, conocimientos y talentos de sus migrantes para el desarrollo de empresas, empleos, ingresos y mercados en los países emisores.

Los visados, pasaportes y otros trámites consulares siguen siendo mucho más caros, complicados y prolongados en Cuba que en otros países. Irónicamente, a un cubano residente en el exterior le cuesta más trabajo y dinero visitar a Cuba que a un turista extranjero. Un paso concreto para acercarse a la comunidad cubana en el exterior sería simplificar y abaratar todos los trámites consulares (pasaportes, permisos de entrada, certificados, constancias de estudios y títulos), así como los envíos de remesas y paquetes, llamadas telefónicas y pasajes, y servicios de correo electrónico.

Antonio Aja: En la migración internacional se encuentran cada vez más experiencias que buscan la  funcionalidad entre los migrantes y sus países de origen, con los territorios y localidades de donde provienen. Es un proceso que parte del reconocimiento por los lugares de emisión de su carácter de emigración, de las más o menos profundas raíces en su historia, presente y futuro de estas sociedades. El escenario donde se establecen estas relaciones no es una panacea, todo lo contrario. Regiones y países hoy son emisores netos de población migrante y receptores de determinadas sumas de dinero a través de las remesas, renovando y provocando dependencias estructurales con los principales países desarrollados donde se dirigen y ubican sus poblaciones migrantes. Se busca disminuir los costos de todo tipo del proceso migratorio sobre las estructuras económicas, sociales y de su población. Gobiernos más o menos progresistas los encontramos aplicando políticas en tal dirección. Cuba, a mediano plazo, debe caminar en esta dirección. Los desafíos señalados indican las vías posibles para lograrlo, sin olvidar las tendencias y posiciones del exilio histórico y de sus nuevas generaciones de origen cubano en Miami, pero no absolutizándolas, ni trasladándolas mecánicamente al resto de los propios cubanos en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. Si se reconoce la preeminencia de los factores económicos en la emigración cubana de hoy, son factibles políticas que otorguen la participación necesaria de la emigración en la construcción económica y social del país. No significa apostar a ello como solución para el desarrollo, sino otorgarle el espacio que puedan ocupar en una estrategia bien diseñada para el desarrollo económico y social, que preserve su soberanía e independencia. Si hablamos de limitaciones, la principal radica en las percepciones políticas contrarias a ese proceso, generacionales y no, pero que pueden subsistir.

Jesús Arboleya: La emigración será una constante en el futuro predecible de la sociedad cubana, toda vez que nada indica que desaparecerán, a corto o mediano plazo, las causas que actualmente la originan, como ya vimos, relacionadas con el conflicto entre el desarrollo humano, consustancial con los objetivos del socialismo, y su correspondencia con el desarrollo económico del país.

En ese contexto, una vez superada en lo esencial la connotación política que antes caracterizaba este fenómeno, incluso cuando entre los emigrados se observa un interés creciente por mantener una relación fluida y constructiva con su patria de origen, que ha tenido un impacto en la propia política de Estados Unidos; la emigración, en tanto salida estructural a los problemas del país, no es necesariamente mala para Cuba, al menos en términos absolutos. Todo dependerá de que se apliquen las políticas adecuadas para aprovechar este potencial en interés del país y ello debe conducir a una dinámica encaminada a alentar los contactos y dar más participación a estas personas en la vida nacional.

No obstante, como señalé anteriormente, el tema del tratamiento a la emigración cubana no puede verse divorciado del contexto en que se desarrollen las relaciones con Estados Unidos. Por otro lado, en justicia, otorgar derechos políticos a los migrantes no puede ser ajeno al establecimiento de sus deberes respecto al país y ello pasa por un complejo proceso que trasciende el tema migratorio, para abarcar asuntos incluso relacionados con el orden constitucional vigente. Lo importante, desde mi punto de vista, es que la tendencia del proceso es de avanzar en este sentido y ya se aprecian acontecimientos que así lo demuestran, como es el caso de las inversiones en los pequeños negocios, ya sea mediante remesas o el capital acumulado de personas que emigraron después de 2013 y conservan sus derechos en Cuba.

5.  La experiencia migratoria cubana posterior al triunfo de la Revolución ha marcado en diferentes momentos, y de manera íntima y definitiva, a un número extenso de familias cubanas. El impacto de esta experiencia pareciera quedar más allá de procesos de reforma de mecanismos migratorios de salida o entrada. ¿Sería posible promover un proceso de recuperación/narración de la memoria migratoria cubana? ¿Sería posible consolidar un proyecto de desarrollo nacional sin realizar un ejercicio de este tipo?  


Nivia Marina Brismat: No sólo debe ser posible: es urgente y necesario. Por supuesto, el proyecto de nación y de desarrollo nacional puede realizarse a espaldas de la realidad migratoria y de los migrantes, pero faltaría una parte consustancial de nuestra historia: una historia diaspórica y diseminada en el espacio y el tiempo, diversa y mezclada de experiencias que, en su conjunto, forma parte de la identidad cubana hoy. Reconocer  el lugar y potencialidades de los migrantes en la Cuba del siglo XXI sigue siendo un reto, tanto para el gobierno como para todos los cubanos.

Jorge Duany: El prolongado éxodo cubano ha dividido y frecuentemente traumatizado a miles de familias en las últimas seis décadas. La fragmentación y dispersión de la población de origen cubano en diferentes partes del mundo, junto a las heridas emocionales que han sufrido los cubanos dentro y fuera de Cuba, son difíciles de superar. Pero otros procesos de recuperación de la memoria y de reconciliación entre compatriotas que pasaron por fuertes confrontaciones –como en algunos países del Cono Sur, Irlanda, Alemania o Sudáfrica– sugieren que es posible promover el encuentro, el diálogo y el entendimiento entre antiguos adversarios políticos. En el caso cubano, ya se está dando, de manera modesta pero sostenida, ese tipo de recuperación e integración de la memoria colectiva, incorporando a los migrantes dentro de la narración de la nación. Piénsese, por ejemplo, en los múltiples encuentros entre miembros laicos y clericales de la Iglesia Católica o en los crecientes intercambios entre artistas, músicos, escritores e intelectuales cubanos en ambas orillas. Aunque algunos sectores de la comunidad cubana en el exterior, así como del gobierno cubano, se oponen a tales acercamientos, parece ser el único camino, largo y tortuoso, para lograr un proyecto de desarrollo nacional que incluya al mayor número de personas posible, contando tanto con los que viven en la Isla como fuera de ella.

Antonio Aja: El principal afectado por el traumático proceso de enfrentamiento de Estados Unidos contra la Revolución cubana, ha sido la población de Cuba, que entre otros impactos, sufrió la ruptura de los lazos familiares, motivado por la adopción de posiciones políticas e ideologías diferentes. En particular el proceso migratorio desde 1959 a la fecha materializó la división y separación de las familias, heridas que quedan en el imaginario y la percepción sobre el tema migratorio en la Isla. No comparto la tesis de una Cuba divida por tales procesos y, menos aún, de una supuesta reconciliación nacional donde uno de los protagonistas sean los migrantes. Sin embargo, se necesita reinsertar a los migrantes cubanos en el escenario nacional. En ese proceso,  toda narración que se asuma con objetividad y rigor, enriquece la historia de un país, sin que ello concluya en la definición de supuestas culpas y pases de cuenta. Considero posible e incluso necesario que el proyecto de desarrollo nacional iniciado en 1959, y que hoy se perfecciona, incluya a todos los cubanos que realmente quieran la prosperidad, con soberanía e independencia de la nación.

Jesús Arboleya: En verdad no tengo claro lo que significa el concepto recuperación/narración. De cualquier manera, la emigración forma parte de la historia cubana desde los orígenes y ha tenido un peso extraordinario en el proceso revolucionario, por lo que su estudio es una necesidad no solo teórica, sino práctica, de cara a la actualidad y al futuro del país. Las aristas de este tipo de investigaciones son innumerables y una de ellas es el impacto en las relaciones familiares, un aspecto hoy día tratado por algunos especialistas cubanos, aunque requiere de una mayor atención, como ocurre con casi todos los temas relacionados con la sociedad cubana, donde los estudios académicos deben servir para orientar el diseño de las políticas.

En este sentido, me interesa resaltar la importancia del estudio del fenómeno migratorio para la identidad cultural cubana. En particular el cubanoamericano, dígase el norteamericano de origen cubano –a lo que conduce de manera inevitable la integración de los inmigrantes cubanos y sus descendientes a esa sociedad, en las condiciones específicas que la misma impone-, constituye una expresión colectiva de manifestarse la cultura cubana fuera de las fronteras nacionales, un hecho común en la mayor parte de las naciones, pero relativamente novedoso en el caso cubano.

Tal realidad no solo nos obliga a analizar la identidad cubana desde esta nueva perspectiva, sino por su impacto en las relaciones internacionales de Cuba, especialmente con Estados Unidos. Mirado desde esta manera, la existencia de una inmigración de origen cubano en ese país tiene una importancia estratégica para la nación cubana y en el pleno aprovechamiento de este potencial debiera estar orientada la política cubana hacia la emigración.

Sobre los autores
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
1 COMENTARIO
  1. Dios, para esto no hay que hacer un dossier. Todos los pueblos latinoamericanos están signados por el tema de la emigración. Desde antes de la Revolución se emigraba. Desde la primera colonización había emigración. Ahora, están los que quieren que esos que emigraron, que son ciudadanos de otros países y juraron fidelidad a otras leyes, sean considerados también “parte” de los que en Cuba resistimos 60 años de agresiones.

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba