Economía cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado

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Foto: El Nuevo Herald

El desarrollo económico sólo puede provenir de la producción de riqueza y de la capacidad de generar bienestar; este proceso, a su vez, resulta del emprendimiento, la creatividad y la iniciativa, así como de la libertad para todo ello. Sin embargo, debo destacar que esta libertad, en todo caso, tributa al bienestar general cuando se encauza por medio de instituciones y con el respaldo de garantías legales. No obstante, también resalto que dichas instituciones y normas jurídicas, son legítimas únicamente cuando aseguran la relación entre la libertad y el bienestar compartido; y no cuando se conciben para constreñir la libertad, embestirla y enajenarla.

En tal sentido, la libertad de empresa y el ejercicio autónomo de las profesiones, constituyen necesidades naturales que debemos hacer posibles. Con ello, por supuesto, se incrementaría la producción de riqueza y bienestar, desde ONGs vinculadas al desarrollo socio-económico. Es decir, podrían instituirse empresas llamadas de “propiedad privada”, en sus más diversas formas.

Siempre puede resultar un beneficio que el modelo económico de cualquier sociedad sea concebido por medio de un sistema que integre empresas estatales y públicas; empresas sociales, como cooperativas, sociedades económicas, entre otras; empresas individuales, propiedad de una persona o de una familia; empresas mixtas; y asociaciones de empresas privadas, cuyos miembros sean accionistas, y de estas con otras empresas estatales, públicas, sociales, individuales, o mixtas.

Esto no contradice el posible consenso acerca de que el Estado sea propietario de aquellas entidades que aseguran actividades supra-económicas o que interesen de manera estratégica; sin perjuicio de que también participen en ellas todas las otras formas de propiedad, ya sean de titulares nacionales y/o extranjeros. Tampoco objeta (sino que le ofrece mayores condiciones para ello), que el Estado asegure para sí un conjunto de responsabilidades y facultades encaminadas a garantizar que el modelo económico consiga, progresivamente, el desarrollo humano, integral y equitativo, de todos los ciudadanos y de todas las localidades del país.

Igualmente, el actual desarrollo económico, sobre todo en las sociedades donde consigue mayores logros, se suele basar en la especialización de las potencialidades profesionales y creativas, que emanan del conocimiento. Esto ha derivado en que cualquier desempeño laboral-creativo-económico (como por ejemplo, una empresa de transporte), sólo institucionalice y gestione directamente su objeto social y, a su vez, contrate a otras diversas empresas sus quehaceres “colaterales” (por ejemplo, de recursos humanos, de contabilidad, de asesoría y gestión legal, etc.); otrora departamentos de cualquier empresa.

Esto tiende a conducir a una diversificación y organización empresarial más racional y eficiente. Además, puede ampliar la generación de empleos y la cualidad de las remuneraciones. Igualmente, ofrece mayores oportunidades para la evolución del desempeño de cada profesión o especialidad; en tanto la iniciativa creativa puede depender, en mayor medida, de las capacidades de los profesionales, pues ella no queda constreñida por otros intereses de una megaempresa donde otrora eran sólo meros departamentos auxiliares.

Y no resulta cierto que el desempeño autónomo de las profesiones, de consolidarse ONGs de servicios profesionales, dañe per se la capacidad de las empresas estatales y públicas, y de grandes empresas sociales y privadas, o de cooperativas, para contratar de manera estable, como empleados, a profesionales, a partir de las demandas del funcionamiento ordinario de las mismas. De asegurarse el desarrollo de una adecuada estrategia de diversificación y organización empresarial, racional y eficiente, todas las formas de propiedad empresarial podrían disfrutar de la capacidad suficiente para competir, de manera equitativa, en el mercado laboral y captar los perfiles de empleados que requieran; incluso, aquellos que deban ser profesionales o especialistas.

Por otra parte, el desarrollo del ejercicio autónomo de las profesiones en Cuba resulta, ahora mismo, una necesidad urgente. Además de todas las razones expuestas, señalo que no será posible el debido despliegue de la inversión extranjera en la Isla, que constituye uno de los instrumentos fundamentales para la salida de la crisis económica y enrumbarnos hacia el progreso, porque las empresas que podrían invertir en Cuba y aportar realmente a nuestra consolidación económica, no podrán hacerlo, entre otras razones, porque son empresas de “nuevo tipo” y no tendrían a quiénes subcontratarle los servicios esenciales para su funcionamiento institucional. Conozco de una transnacional (fijemos la idea de que me refiero a una transnacional) que sólo posee 12 empleados y realiza todo su desempeño a través de subcontrataciones.

En el párrafo anterior, me refiero a la subcontratación de servicios esenciales para el funcionamiento institucional (por ejemplo: de recursos humanos, de contabilidad, de asesoría y gestión legal) y no a la subcontratación de servicios para asegurar el desarrollo del objeto social de las empresas que inviertan (por ejemplo: la subcontratación de compra de alimentos y bebidas por parte de una empresa hotelera); pues ello resulta otro tema peliagudo. Esto ha conducido a que algunos resalten que, ante la crisis económica y financiera, y la carencia de un modelo económico (no teórico, sino tangible), sea necesario dejar de pensar en una estrategia de inversión extranjera desde la lógica de “inversiones entre Cuba y otras empresas foráneas”, pues ello sería imposible, al menos en la escala que necesitamos; sino desde una lógica de “inversiones entre extranjeros en Cuba, sin excluir las posibles inversiones cubanas, que siempre beneficien a Cuba”.

Quienes sostienen lo anterior, dicen pretender el desarrollo progresivo de un sistema empresarial que genere empleos y salarios, así como una estructura económica que ofrezca recursos y bienestar a la sociedad; mientras, el país, con los recursos que vaya recibiendo (con las ganancias colectivas y con las ganancias individuales), se debe empeñar en la creación de un modelo económico tangible y dotarse de condiciones para generar, por sí mismo, producción y bienestar, e insertarse en las cadenas globales de creación de valor. Esto último, ya resulta un dato irrefutable, y constituye la mejor garantía “estable” de que Cuba “sea necesaria” para el sistema económico global y de este modo se pueda asegurar, a la vez, el bienestar creciente de todos los cubanos.

Es sobre este argumento que los defensores de esta tesis destacan, aún más, la necesidad urgente de potenciar el ejercicio autónomo de las profesiones. Para ellos, el conocimiento y la pericia, son los mayores “recursos” que poseen Cuba y los cubanos, y por eso hemos de promoverlos y desatarlos al máximo.

Hace alrededor de un año tuve una conversación con una persona de intensa experiencia, sumamente inteligente y sensible social y políticamente, honorable y popular a la vez, que amaba la vida, a su familia y a la humanidad, así como a su España y a su patria chica, Cartagena. Lamentablemente falleció hace unos meses, después de luchar, con vigor y entusiasmo, frente a una ruda enfermedad. En un momento de la charla, refiriéndose a Cuba, con cariño y admiración, sostuvo, a partir del conocimiento de datos minuciosos sobre nuestra realidad, que cualquier país con una crisis económica como la que padecemos, y cualquier gobierno responsable ante esto, con independencia de cuánto considere el control que debe poseer sobre la economía y los procesos económicos (y jamás mostró su valoración a favor o en contra del control como recurso de gobierno), no podrá despegar de la crisis sin omitir el control, al menos durante una etapa y en la mayor medida posible; pues sólo así cada potencialidad, cada oportunidad, cada audacia, se convierten en sostenes eficientes del universo de potencialidades, de oportunidades, de arrojos. Sin asumir esto, afirmó, no conseguirán una economía sólida que ofrecer al país y, por ende, no tendrán economía que controlar; y sin ello, sentenció, no lograrán una circunstancia que permita, con éxito, convocar a todos para que, con independencia de las diferencias sociales, generacionales y políticas, incluso con independencia de los enfrentamientos añejos y actuales, hagan realidad un país posible.

Sobre los autores
Roberto Veiga González 81 Artículos escritos
(Matanzas, 1964). Director de Cuba Posible. Licenciado en Derecho por la Universidad de Matanzas. Diplomado en Medios de Comunicación, por la Universidad Complutense de Madrid. Estudios curriculares correspondientes para un doctorado en Ciencias Pol...
1 COMENTARIO
  1. Profesor Veiga, muy bueno este dossier en este momento, yo como economista creo que el principal problema que hemos tenido en estas 5 décadas, casi 6 es haber vivido de espaldas a todo lo que plantea la escuela institucionalista de la economia, de Coase, Oliver Williamson, Douglas North, no haberle dado el espacio que el mercado necesitaba en el modelado económico de este país, que dependerá siempre de los costos de transacción, intentar planificar centralmente lo que en virtud de bajos costos de transacción debe realizarse desde el mercado es condenar la economía toda a ineficiencia, luego vendrán necesariamente los instrumentos regulatorios que son parte de los insumos de una administracion racional de la economía, pero haber vivido de espaldas, por ejemplo al teorema de Coase ha cobrado factura.

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