La educación ambiental en Cuba: de la voluntad política a la práctica

Foto: Calixto N. Llanes/ Juventud Rebelde

Actualmente, los problemas ambientales en el ámbito global y local hacen más apremiante la necesidad de repensar y diseñar estrategias que promuevan una relación más armónica del hombre con el medio ambiente. En el contexto mundial actual, el desarrollo de una cultura ambiental supone un cambio de concepción del hombre sobre sí mismo y su lugar en el mundo, y consecuentemente su posición respecto a los otros hombres, la sociedad y la naturaleza.

Este cambio dependerá de la capacidad para percibir adecuadamente los diferentes elementos que conforman el medio en el cual se desarrolla la sociedad. Las percepciones ambientales, tanto individuales como colectivas,  condicionan las actitudes, sensibilidades, e influyen considerablemente en la orientación y regulación de nuestras acciones hacia el entorno. Así, la educación ambiental se presenta como uno de los instrumentos imprescindibles para crear una cultura orientada a la preservación y uso sustentable del medio ambiente.

La protección del medio ambiente y la concepción del desarrollo sustentable son conceptos relativamente recientes, surgidos en la década del 70 del siglo pasado, que han ido evolucionando e incorporándose en los discursos políticos internacionales. En la misma media, el concepto de educación ambiental  mantiene una tendencia de progreso, adecuándose al desarrollo del pensamiento ambiental. Cuando surge el concepto, la educación fue orientada a la preservación de la naturaleza, luego a la protección del medio ambiente y más recientemente se fueron incorporando las dimensiones tecnológicas, socioculturales, políticas y económicas, fundamentales para entender las relaciones de la sociedad con su ambiente y transitar hacia un desarrollo sustentable.

La política cubana no está ajena a esta tendencia. En la década del 90 aparecieron los primeros intentos por incorporar la educación ambiental en las políticas nacionales y desde entonces se han tratado de perfeccionar estos intentos. No obstante, la práctica nos revela de manera general un ciudadano desentendido con el medio ambiente, así como un deterioro de los sistemas naturales que ha ido agravándose. Surgen entonces algunas preguntas: ¿Cómo se entiende la educación ambiental en Cuba? ¿Hacia quienes va dirigida? ¿Cómo se articulan las estrategias nacionales con la práctica? Estas cuestiones serán abordadas con la idea de dejar abierta una puerta al debate.

 

La educación ambiental en Cuba desde una visión institucional

En Cuba, el gobierno ha declarado la voluntad política de realizar los esfuerzos necesarios para llegar a un desarrollo sustentable. Esto se refleja en la legislación ambiental cubana que existe actualmente, cuya  ley marco es la Ley No. 81 de Medio Ambiente, la cual cubre un amplio espectro de relevancia ambiental. Esta ley está complementada con normas legales ambientales que regulan sectores específicos del medio ambiente, entre ellos, la Educación Ambiental.

En la Ley 81 del Medio Ambiente de la República de Cuba constan 12 artículos sobre educación ambiental (ANPP, 1997). En estos artículos se establecen las responsabilidades estatales e institucionales para todos los sectores de la economía, de los servicios, grupos sociales y población en general, en cuanto a la implementación y participación en las políticas que el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) disponga. En su capítulo 8 se define a la Educación Ambiental como:

“… un proceso continuo y permanente que constituye una dimensión de la educación integral, orientada a que en el proceso de construcción y producción de conocimientos, de desarrollo de hábitos, habilidades, y actitudes, así como en la formación de valores, se armonicen las relaciones entre los seres humanos, y de ellos con el resto de la sociedad y la Naturaleza, para propiciar la orientación de los procesos económicos, sociales y culturales hacia el desarrollo sostenible.”

Según este concepto, la educación ambiental en Cuba está dirigida a promover una alianza entre el medio ambiente y la sociedad, sin tener que renunciar al desarrollo socioeconómico y a la conservación de la naturaleza. Esto sería posible mediante mecanismos que garanticen la sensibilización con los problemas ambientales actuales, tanto del individuo como de la sociedad,  al tiempo que formen y reorienten valores y comportamientos pro-ambientales. De esta manera, se estaría construyendo una ética compatible con el modelo de desarrollo sustentable que se propone alcanzar el país.

El instrumento a través del cual el CITMA establece su política de educación ambiental es la Estrategia Nacional de Educación Ambiental (ENEA), creada en 1997. La ENEA se trazó a partir de un estudio diagnóstico previo sobre el estado de la educación ambiental en el país y estableció como objetivos principales promover la participación ciudadana en la protección del medio ambiente y el desarrollo sustentable, así como desarrollar la conciencia en torno a los problemas del medio ambiente, integrando la educación, la divulgación y la información ambiental.

No obstante, para lograr que las actuales y nuevas generaciones tengan una actitud ecológica compatible con el medio ambiente, debe crearse no solo un marco legal oportuno, sino también las condiciones necesarias para que en la práctica se puedan corroborar los resultados del aprendizaje propuesto.  En otras palabras, para que se materialice la voluntad política nacional en materia de educación ambiental es necesario que existan mecanismos eficientes que articulen las estrategias propuestas con la práctica, teniendo en cuenta las características locales particulares.

Para analizar cómo se desarrolla la educación ambiental en Cuba, sus puntos fuertes y débiles, voy a tener en cuenta las cuatro áreas sobre las cuales debe enfatizar la educación ambiental para el desarrollo sustentable, según el sector de educación de la Organización  de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2012). Estas son:

– Mejorar el acceso y la retención en educación básica de calidad.

– Reorientar los programas educativos existentes para lograr la sustentabilidad.

– Aumentar la comprensión y conciencia pública en relación a la sustentabilidad.

– Fomentar la capacitación de todos los sectores de la sociedad, incluyendo empresas, industrias y gobierno.

La primera y la segunda área incluyen principalmente a la educación formal. La tercera y la cuarta se centran especialmente en la educación no formal e informal. Cumplir con los cuatro ejes requiere acciones de los sectores formales, informales y no formales de la comunidad educativa.

 

Educación formal

En Cuba, es derecho fundamental de todo ciudadano el acceso a la educación, sin distinción de sexo, raza, credo, o extracción social y es responsabilidad del Estado la creación de condiciones para que la educación llegue a todos por igual. En este sentido podemos decir que el acceso a la educación básica actualmente no representa un obstáculo como paso inicial para el desarrollo de la educación ambiental, si bien la calidad actual de la enseñanza puede ser tema para otro artículo.

Los programas educativos cubanos han tratado de incorporar la educación ambiental como una de las vías para fomentar una cultura del desarrollo sustentable.  Esto implica que se asuma, dentro de los planes y programas de estudio, el concepto de desarrollo sustentable (Moré, 2013). De esta manera, la educación ambiental en el sistema nacional de educación se desarrolla en dos direcciones: la primera ligada al estudio sistemático de los problemas de la conservación de la naturaleza, en el contenido de los planes, programas y clases de diferentes asignaturas y la segunda, referida al desarrollo de actividades extraescolares (círculos de interés, excursiones, festivales, conferencias).

A pesar de estos esfuerzos, hoy en día la mayoría de los jóvenes que terminan la educación básica tienen pocos conocimientos sobre temas ambientales, como se ha demostrado en varios estudios (Alea, 2005; Díaz-Feijóo, 2011; Tserej & Febles, 2012), y no poseen sentido de crítica y participación en la solución de problemas ambientales concretos.

En esta realidad inciden varias variables. En la práctica, el estudio y la interpretación de la problemática ambiental constituyen dos de los objetivos menos trabajados en las actividades curriculares de los diferentes niveles de enseñanza debido, como apunta Merino (2010), principalmente a la falta de precisión en la relación entre los objetivos de las asignaturas y los contenidos medioambientales, a la falta de preparación de los docentes en la integración de los contenidos de educación ambiental desde una perspectiva integradora e interdisciplinar y a la poca concreción de la actividad educativa ambiental, que sigue siendo meramente informativa sin argumentos convincentes ni temas relacionados con los problemas locales ni intereses profesionales.

En este sentido es importante recalcar que la manera en que se está realizando la educación ambiental en las escuelas fomenta el sentimiento de amor a la naturaleza como un elemento ajeno y abstracto, sin incentivar al alumno a tener un pensamiento crítico frente a los problemas ambientales locales y nacionales, a sus causas y a encontrar vías para contribuir desde su posición con soluciones a estos problemas. Predomina una concepción conservacionista de la educación ambiental donde el medio ambiente es reducido a una naturaleza intocable y consecuentemente, la educación ambiental es reducida a la protección de la naturaleza.

 

Educación no formal

La conciencia acerca de la complicada situación ambiental que tenemos hoy, así como las primeras iniciativas relacionadas con una educación para afrontar los problemas ambientales, no surgen solo en el contexto escolar sino en otros ámbitos sociales. La educación ambiental trasciende el ámbito formal de la educación tradicional y, aunque es intencional, no se desarrolla en el ámbito de las instituciones educativas y planes de estudio convencionales, sino que se desarrolla por otras entidades en actividades de extensión cultural y como apoyo a la acción educativa formal.

La Educación Ambiental no formal es la que se dirige a los diversos grupos de la sociedad (hombres y mujeres, grupos étnicos, comunidades organizadas, sectores productivos, funcionarios de gobierno). Su objetivo es proporcionar mayores conocimientos y comprensión sobre las realidades ambientales globales y locales y promover la sensibilización y disposición a participar activamente en la resolución de los problemas ambientales. Se expresa generalmente en la realización de talleres, seminarios, cursos y otras actividades formativas, insertadas en programas de desarrollo social comunitario, o en planes educativos de organismos públicos o privados, a nivel nacional, regional o local.

En Cuba se realizan labores de educación ambiental no formal en instituciones de carácter científico, cultural, recreativo (Zoológico Nacional, Acuario, Museos, Jardines Botánicos, Institutos de investigación, Casas de Cultura, Bibliotecas etc.) desarrollándose programas educativos dirigidos a niños, jóvenes y población en general sobre el conocimiento y protección de nuestros recursos naturales, el patrimonio cultural y otros elementos importantes del medio ambiente. Además, en los últimos años, los medios de comunicación oficiales han invertido en divulgación ambiental para crear una conciencia y modificar el estilo de vida.

No obstante, los resultados no son visibles. ¿Cuántas veces nos encontramos con comportamientos que distan mucho de ser amigables con el medio ambiente? Son recurrentes los actos de indolencia que se observan en la cotidianidad, en las calles es común observar que los desechos son arrojados con absoluta inconsciencia, se malgastan el agua y la electricidad en el entorno laboral y doméstico y el comercio ilegal de especies animales y vegetales no convoca un mínimo de discernimiento, por solo colocar algunos ejemplos.

La mayoría de la población ignora las diferentes dimensiones que tiene el comportamiento ambiental (conservación de energía y de agua, consumo, biodiversidad y recursos naturales, ruido, residuos, movilización y transporte) y por tanto ni siquiera se cuestiona si determinada actitud puede tener un impacto negativo en el medio ambiente. Cuestionamientos relacionados con el desecho de residuos, la separación de la basura doméstica para su posterior reciclado, el uso de productos desechables tales como bolsas plásticas (aquellas tan apreciadas jabitas de nylon), el consumo de productos industrializadosenen baja incidencia en las discusiones que se llevan a cabo en los escasos espacios donde se debaten los temas de educación ambiental.

¿Que está fallando entonces? Primero, no pueden existir acciones efectivas y trascendentes en el plano social si no hay una clara comprensión de los elementos y las dimensiones que contiene ese entorno. Por eso es importante repensar si los mecanismos utilizados para la educación ambiental son efectivos de manera que lleguen a todos los ciudadanos y los sensibilice. Segundo, para crear y promover actitudes pro-ambientales, informar y educar no basta, se necesita un contexto que propicie la elección de  llevar a cabo tales comportamientos. Resultaría inútil, por ejemplo, educar a las personas en la separación de la basura en la unidad doméstica si no existen mecanismos de recolección de residuos para el reciclaje, algo que en Cuba es inexistente.

 

¿En qué se debe trabajar?

La característica más relevante de la educación ambiental es, probablemente, su acción orientada hacia la solución de los problemas concretos, esto es, aquellos que permiten a los individuos y colectivos la toma de conciencia inmediata y búsqueda de soluciones adecuadas, claro está, sin perder nunca la perspectiva global.  No obstante, aún son insuficientes los conocimientos y acciones que se realizan a nivel local, para detener o eliminar los principales problemas ambientales que afectan la comunidad, condicionados fundamentalmente por la acción antrópica.

En Cuba, a pesar de los esfuerzos en divulgación ambiental, es difícil que la educación difunda información sobre el estado actual de nuestros ecosistemas y los problemas reales que existen. En el documento de la Estrategia Ambiental Nacional están identificados los principales problemas ambientales, sin embargo, es muy raro que estos temas se traten en los diferentes espacios dedicados a la educación ambiental. Los medios de comunicación oficiales siempre se refieren a nuestro medio ambiente de forma benévola, de manera que los problemas ambientales que se toman de referencia son de otros países. Esto provoca un estado de desentendimiento y enajenación con respecto a nuestra realidad ambiental y una actitud pasiva en relación al medio ambiente,  lo que no induce al cambio en las posturas individuales y sociales.

Por eso es imprescindible evaluar los temas que se tratan en la educación ambiental en Cuba y cómo se abordan.  El medio ambiente es romantizado, asociado a la belleza y los valores de una naturaleza intocable, y desligado de las realidades político-económicas. Es importante comenzar a tratar problemas ambientales reales, cotidianos, con los cuales los individuos y los grupos colectivos se sientan identificados y trabajar en el desarrollo de un pensamiento crítico.

Por otra parte, educación ambiental y desarrollo socioeconómico son dos procesos que deben ir de la mano. La Educación Ambiental como proceso educativo, no puede por sí sola, lograr la protección del Medio Ambiente. La protección ecológica necesita, además de una voluntad política, económica y social, recursos e infraestructura que apoyen este empeño. De nada vale insistir con la protección del medio ambiente si antes no están cubiertas las necesidades básicas de la sociedad. ¿Cómo decirle a los habitantes locales sobre la importancia de conservar los recursos naturales cuando de ellos depende su supervivencia?

La educación ambiental debe ser por fuerza interdisciplinaria. Aplicar un enfoque interdisciplinario, que proponga un diálogo entre varios tipos de conocimientos, para tratar problemas tan complejos como los ambientales aún es un reto para la comunidad académica. Por eso es preciso seguir trabajando en encontrar vías más factibles para integrar las diferentes disciplinas a la educación ambiental y potenciar la formación de los docentes en este sentido. Uno de los retos ineludibles de la educación es precisamente la necesidad de contribuir a formar y capacitar, no solo a jóvenes y niños, sino también a los gestores, planificadores y personas que toman las decisiones, para que orienten sus valores y comportamientos hacia una relación verdaderamente armónica con la naturaleza.

 

 

Referencias:

ANPP (Asamblea Nacional del Poder Popular), 1997. Ley de No 81 de Medio Ambiente. Gaceta Oficial de la República de Cuba, 47 pp. http://www.medioambiente.cu/legislacione/leyes/L-81.htm.

Alea, A. 2005.  Diagnóstico y potenciación de la Educación Ambiental en jóvenes universitarios. Tesis de Maestría en Desarrollo Social Caribeño. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Universidad de La Habana, 145 pp.

Díaz-Feijóo, P. 2011. La Educación Ambiental del alumno de Secundaria Básica a través de la clase de Matemática. Revista Varela Vol 3(30).

Merino, T. 2010. Estrategia Pedagógica Ambiental para los estudiantes de Preuniversitarios¨. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Pedagógicas. UCPEJV. Ciudad de La Habana, Cuba.

Moré, M. 2013. La incorporación de la educación ambiental para el desarrollo sostenible a la didáctica de las ciencias de la naturaleza, en la educación primaria de Villa Clara, Cuba. Alternativas para su evaluación. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa, 6(1), 115-134.

Tserej, O. & Febles, M. 2013. Análisis del grado de desarrollo en la percepción ambiental en estudiantes de diferentes niveles de enseñanza. Eco-solar, 40,  http://www.cubasolar.cu/biblioteca/ecosolar.htm.

UNESCO 2012. Libro de Consulta sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible. Instrumentos de aprendizaje y formación N° 4, París.

 

 

Sobre los autores
Arelys Sotillo Enriquez 1 Artículo escrito
Licenciada en Biología por la Universidad de la Habana. Trabajó como investigadora en el Instituto de Ecología y Sistemática, La Habana (2005-2013). En 2017 finalizó el doctorado del programa interdisciplinar Ambiente y Sociedad, del Núcleo de ...
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