El Papa: “Las enfermedades de la curia han causado dolor y heridas”


Hace justo un año, el papa Francisco aprovechó el tradicional encuentro navideño con la curia romana para advertir a los principales jerarcas de la Iglesia católica de las 15 enfermedades que golpean la salud del Vaticano, entre las que destacó “la mundanidad, el exhibicionismo y la vanagloria”. Una Navidad después, reunido de nuevo frente a la curia, Jorge Mario Bergoglio ha constatado: “Alguna de aquellas enfermedades se han manifestado, causando no poco dolor e hiriendo a tantas almas”. El Papa ha asegurado que, pese a todas las resistencias, “las reformas de la Iglesia irán adelante con determinación”.

Aunque con gripe y visiblemente cansado, el Papa ha leído ante obispos y cardenales un discurso de seis folios –escritos íntegramente de su puño y letra— en el que ha incluido un “catálogo de las virtudes necesarias” para “quien presta servicio en la curia”. En principio, no es un catálogo tan duro como aquel de hace un año –había que ver las caras de aquellos príncipes de la Iglesia frente a los rayos X de Bergoglio-, pero tampoco deja títere con cabeza. Cuando, por ejemplo, el Papa hablaba de la sobriedad –“la capacidad de renunciar a lo superfluo y de resistirse a la lógica consumista dominante”-, la realización de la televisión del Vaticano enfocó al cardenal Tarcisio Bertone, el anterior secretario de Estado, el mismo que utilizó 200.000 euros de los fondos destinados a un hospital infantil para remodelar su lujoso apartamento. En los últimos días, el cardenal Bertone ha devuelto 150.000 euros, lo que no deja de llamar la atención sobre la capacidad de ahorro de tal servidor de la Iglesia.

Aunque sin citar de forma explícita el escándalo por la filtración de documentación reservada –el llamado caso Vatileaks2 que mantiene en prisión a un sacerdote español-, el papa Francisco lo ha vinculado en su discurso a aquellas enfermedades y ha insistido en que no lo harán desistir de su determinación de cambiar la Iglesia. Aunque de tono más pastoral y si se quiere más positivo –enumerar las virtudes necesarias en vez de las enfermedades a combatir-, la intervención de Bergoglio no contiene ni un gramo de condescendencia. El Papa advierte: “El honesto nunca maneja a las personas o las cosas que se le han confiado administrar. La honestidad es la base sobre la que descansan todas las otras cualidades”.

Francisco pide ejemplaridad para “evitar los escándalos que hieren las almas y amenazan la credibilidad” de la Iglesia y vuelve a utilizar palabras muy duras hacia los sacerdotes que, olvidándose de su misión, provocan escándalo con sus acciones: “Como dijo Cristo, quien escandalice a uno solo de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino y lo tiren al mar profundo”.

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