El plan nacional de desarrollo hasta 2030: ¿aspiraciones bien comunicadas?


El documento sobre el plan de desarrollo hasta 2030 ofrece una oportunidad para meditar acerca de la factibilidad del desarrollo acelerado y sustentable de un pequeño Estado insular en el contexto de un planeta crecientemente insostenible. Un país al que, además, se le continúan aplicando “sanciones” de la era de la Guerra Fría. El plan contiene elementos útiles para tal reflexión, pero sería conveniente precisar otros aspectos que no han sido incluidos o que no han sido suficientemente abordados en el documento.

En particular, resultaría apropiado meditar respecto a tres asuntos que inmediatamente pudieran saltar a la vista cuando se leen los documentos:

Primero, que la aspiración del plan respecto a que los ejes estratégicos deben “atravesar/cortar” la mayoría de los sectores económicos definidos como estratégicos, no se refleja adecuadamente en los detalles de la propuesta. Es decir, existen algunos ejes para los que la relación explícita con los sectores estratégicos es difícil de determinar, o donde las relaciones solamente son evidentes respecto a un número limitado de sectores.
 
Segundo, que tres actividades claves para el desarrollo contemporáneo -la educación, la salud y la cultura- no han sido priorizadas en el plan, ni como ejes, ni como sectores estratégicos.

Tercero, que el número de objetivos generales (22) y de objetivos específicos (106) parece ser excesivo para un documento cuyo propósito esencial debería ser comunicar claramente a los ciudadanos la estrategia de desarrollo del país con vistas a obtener un amplio apoyo político popular para la estrategia.

Incidentalmente, este tipo de complicaciones a la hora de redactar estrategias y planes de desarrollo no es exclusivo del caso de Cuba. Se trata del tipo de retos al que, casi siempre, se enfrentan estos procesos de diseño estratégico, tanto a nivel nacional como internacional. El reciente caso de la preparación de la Agenda Internacional de Desarrollo 2030 de Naciones Unidas –un proceso que necesitó aproximadamente de dos años de intensas discusiones técnicas y de negociaciones diplomáticas- refleja con bastante similitud las dificultades asociadas a los asuntos antes mencionados.

Visualizando la transversalidad del plan

La dificultad de adoptar un “enfoque integral y sistémico” en una estrategia de desarrollo no radica tanto en identificar sus distintos componentes y en poder explicar por separado cada uno de ellos. Es decir, no basta con identificar, de una parte, ejes estratégicos y sus objetivos, y de otra parte definir sectores económicos estratégicos. El verdadero reto radica en entender las interacciones entre los componentes del sistema y la manera en que ello determina el estado del sistema en un momento dado, así como el modo en que esas interacciones pueden conducir a cambios en los sistemas.
 
El llamado “pensamiento sistémico” aplicado a la sociedad -enfoque científico centrado en el estudio de los sistemas sociales complejos- se basa en la consideración de que las propiedades de un sistema no se corresponden con la suma de las propiedades de sus componentes, sino que es la interacción entre las diferentes partes la que provoca las llamadas características “emergentes” del sistema. Cada componente (economía, sociedad, política, etc.) actúa como el “entorno” de los otros componentes. También esas interacciones provocan que el sistema se adapte mediante las modificaciones que resultan de esas interacciones y que son difíciles de pronosticar. Habitualmente se utiliza una metáfora meteorológica para ilustrar este punto: una tormenta tropical es una característica “emergente” de un sistema atmosférico pero las partículas de agua que intervienen en el fenómeno no son “tormentosas”. La tormenta es un resultado de la interacción de múltiples factores que solamente existe a nivel del sistema y no al nivel de sus componentes individuales.

El estudio de los sistemas sociales complejos –como los involucrados en el proceso de desarrollo- incluye la utilización de herramientas de visualización que, aun cuando no son suficientes para explicar los procesos, pueden contribuir a representarlos de una manera que no es posible alcanzar mediante otros instrumentos que, como las tablas y las matrices, son aptos para representar relaciones lineales pero cuya utilidad decrece en el caso de sistemas complejos. Muchas de esas herramientas de visualización, recientemente incorporadas por las ciencias sociales, tratan de adaptar instrumentos utilizados desde hace algún tiempo por otras ciencias para representar gráficamente sistemas complejos del mundo natural. Insisto en que, aun cuando no posean capacidad explicativa en sí mismas, esas herramientas ofrecen la posibilidad de representar un sistema complejo, algo que no es posible detectar fácilmente en un texto.

Partiendo de la premisa de que el documento del plan hasta 2030 ha adoptado como componentes estratégicos los seis ejes y los once sectores que se definen en el plan, y que además se plantea que los ejes deben “atravesar/cortar” la mayoría de los sectores, es posible entonces construir un gráfico que represente la transversalidad de la propuesta mediante la aplicación de una herramienta de visualización.(1)

Transversalidad de los ejes estratégicos respecto a los sectores económicos estratégicos. Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030



Los resultados de este simple ejercicio de visualización pudieran ser resumidos de la siguiente manera:

– Los tres ejes estratégicos que tienen un marcado contenido económico (transformación productiva, infraestructura e innovación) presentan una transversalidad evidente en relación con todos los sectores económicos

– Otros dos ejes estratégicos, de naturaleza medioambiental y social, presentan una transversalidad más limitada respecto a los sectores económicos estratégicos.

– El eje estratégico de gobernanza no presenta una transversalidad explícita en relación con los sectores económicos.(2) 

Debe quedar claro que el punto a examinar no es si un “gobierno eficaz y socialista e integración social” (eje de gobernanza) es relevante. No es la importancia de ese componente lo que está en discusión, sino la manera insuficiente en que ha sido reflejada en la versión actual del documento del plan la transversalidad que la gobernanza debería tener en relación con los sectores.

En principio, existen al menos dos razones probables para que esto haya ocurrido: a) se ha seleccionado un “buen” eje, pero este no ha podido ser bien representado en el documento; o b) el componente de un “gobierno eficaz y socialista e integración social” en rigor no debió haberse adoptado como un eje que deba tener transversalidad respecto a los sectores económicos, sino que debió asumirse como una condición general (institucionalidad) del plan, mas allá de la cuestión sectorial. Es decir, pudiera ser apropiado no asumirlo simplemente como un área prioritaria de acción (como un eje) sino como un componente normativo general ubicado en la parte correspondiente a la visión del plan.

En el primer caso, la solución pudiera ser un ejercicio de redacción más preciso; en el segundo caso, habría que reconsiderar el valor de la institucionalidad, no por su transversalidad sectorial sino por su valor “fundacional” para el desarrollo.(3) Particularmente, considero que la segunda opción –la gobernanza asumida como componente normativo general- pudiera ser la solución más apropiada.
 
Recuperando la centralidad de la educación, la salud y la cultura en el contexto del plan de desarrollo

Existe otro asunto importante que debería ser reconsiderado: la manera insuficiente en que la educación, la salud y la cultura son abordadas en el plan. No debería asumirse que el desarrollo nacional –económico y social- es factible en ausencia de un tratamiento priorizado de estos tres grandes “bienes públicos”. Sin embargo, la versión actual del plan, aunque menciona esos temas, no los considera ni como ejes estratégicos ni como sectores estratégicos. Tampoco define para esos temas una serie de metas concretas que sean de interés para los ciudadanos.

La definición de los ejes y sectores ha sido probablemente hecha a partir de un criterio excesivamente concentrado en lo económico y eso pudiera estar ocasionándole un serio problema a la coherencia del plan. Ante todo, debe destacarse que se trata de un plan de desarrollo no solo económico, sino también social. En ese sentido, algunos pilares claves del desarrollo social como la educación, la salud y la cultura no deben quedar relegados a un segundo plano. Tampoco es suficiente que queden subsumidos en conjuntos más amplios que dificultan apreciar la importancia real de la educación, la salud y la cultura. No se trata de que deban ser necesariamente incluidos simultáneamente como ejes y como sectores. Bastaría con que la prioridad se reflejase en una de esas categorías.

La educación, mencionada en el eje “Potencial humano, ciencia, tecnología e innovación” y en el eje “Desarrollo humano, equidad y justicia”, se aborda como un resultado anterior que posibilita aprovechar el potencial humano actual como punto de partida para el plan, y también se identifica de manera general la aspiración de “elevar la calidad y rigor del sistema de enseñanza haciendo énfasis en el desarrollo de la enseñanza técnica y profesional”. Sin embargo, no se definen en el plan las direcciones concretas en las que debería encaminarse la educación, que ya cuenta con un nivel considerablemente superior al de la mayoría de los países subdesarrollados, ni se identifican las posibles prioridades específicas –expresadas en metas concretas- que deben plantearse para la educación nacional en los próximos 15 años. ¿Deberá incrementarse el grado promedio de escolaridad terminado del país en 2030 hasta un nivel de 12 grados? (en comparación con el promedio de 10.1 registrado en el censo de 2012)(4), ¿Cuántos estudiantes promedio por maestro existirán en 2030? ¿Será una prioridad nacional la educación permanente de los ciudadanos? ¿Se reducirá o se expandirá el actual componente del costo privado de la educación que actualmente pagan algunas familias (por ejemplo, repasadores, enseñanza de idiomas)? Estas son preguntas de interés para los ciudadanos que no aborda el plan.

Los temas de salud se mencionan en el eje “Desarrollo humano, equidad y justicia” asociados a los costos crecientes de una población envejecida, y se hace referencia, de manera muy general, a “elevar la calidad del servicio de salud que se brinda con el objetivo de lograr la satisfacción de la población”. Expresado de esa manera pudiera pensarse que a lo que se aspira es a satisfacer a un usuario de servicios médicos. En rigor, un plan de desarrollo estratégico debería establecer claramente el modo en que los resultados de un programa de salud pública no dependen únicamente del acceso universal y gratuito –que ciertamente es un fundamento esencial- ni de la calidad técnica y humana de los servicios que se brindan, sino también de la interconexión con otros factores que son determinantes para la salud pública, como por ejemplo, la alimentación, la disponibilidad de vivienda adecuada, el estado de las redes sanitarias, el acceso y calidad del agua, la calidad del aire, y el estrés de la vida cotidiana, entre otros.

El plan actual no permite apreciar de qué manera la interacción combinada de esos factores conducirá a niveles superiores de salud de la población en los próximos 15 años. Tampoco el plan comunica las metas a las que debe aspirar el país en materia de salud. ¿Cuál debería ser la tasa de mortalidad infantil en 2030? ¿Cómo se espera que progrese la esperanza de vida al nacer? ¿Habrán dejado de ser un riesgo enfermedades como el dengue y el zika en el 2030?, ¿Cuáles avances se habrán obtenido en materia de enfermedades no trasmisibles como la diabetes y las enfermedades cardio-vasculares? Se trata de preguntas importantes sobre el desarrollo social a las que no se refiere el plan.

El caso de la cultura es el que probablemente requiere una mayor atención pues su relevancia para el desarrollo se encuentra pálidamente reflejada en la actual versión del plan. El texto menciona varias veces la cultura, muy de soslayo, en el contexto de varios ejes estratégicos: como parte de la imagen del país (eje “Gobierno eficaz y socialista e integración social”), como parte de la competitividad del turismo (eje “Transformación productiva e inserción internacional”), como patrimonio cultural (eje “Recursos naturales y medio ambiente”), en relación con la identidad nacional, los mejores valores del arte, la conservación de la memoria histórica de la Revolución, su función en la recreación sana, y su utilidad para interpretar críticamente la industria cultural hegemónica (eje “Desarrollo humano, equidad y justicia”).
 
Todo lo anterior es pertinente. Sin embargo, lo planteado en el documento no se encuentra a la altura de la reflexión contemporánea respecto a la función de la cultura en el desarrollo. Este no es el lugar para profundizar en un tema sobre el que existe una amplia literatura, pero es conveniente puntualizar el importante valor económico que tiene la cultura en la creación de valor agregado, de empleos, de ingresos y de exportaciones, como resultado del funcionamiento de las industrias creativas, el turismo cultural, y la revitalización urbana basada en la cultura. Más importante aún, la cultura hace una contribución al desarrollo que va mucho más allá de su función económica y de su valor monetario.(5)
 
Existe un amplio consenso en cuanto a que la cultura es un factor transversal respecto a las tres dimensiones del desarrollo (dimensiones económica, social y ambiental). De hecho, hay expertos e instituciones que consideran que la cultura es “la cuarta dimensión” o “el cuarto pilar” del desarrollo.(6) La cultura es crucial para dotar al desarrollo de un carácter humanista y desempeña una importante función en la manera en que un pueblo percibe el propio proceso de desarrollo así como respecto al modo en que se articula la gobernanza del desarrollo, pues las actitudes y la manera de aprender y de relacionarse con otras personas, con las instituciones y con la naturaleza se encuentran fuertemente influidas por comportamientos y hábitos que están culturalmente determinados. Por otra parte, la cohesión y la integración social necesitan de políticas que estén bien ajustadas al contexto cultural específico en el que deben operar. La cultura es decisiva para alcanzar una utilización óptima de los recursos naturales y del conocimiento local. Es también fundamental en cuanto a los hábitos de vida, patrones de consumo, y la creación de confianza en las instituciones públicas. Por otra parte, el arte puede ser muy útil para favorecer, no solo la creatividad de las personas que viven en el país, especialmente los jóvenes, sino también para articular relaciones entre todos los ciudadanos cubanos, con independencia del país en que residan, con vistas a propiciar el desarrollo nacional.
 
El papel secundario que el plan parece haberle asignado a la educación, la salud y la cultura también se refleja en la selección de los sectores económicos que han sido propuestos. La educación y la cultura no han sido identificados en el plan como sectores estratégicos, mientras que la salud aparece subsumida en un sector definido como de “servicios profesionales, en especial los médicos”, pero se aborda de manera muy limitada como servicios médicos y no como sistema de salud pública, que son dos cosas distintas desde la óptica del desarrollo.(7) Adicionalmente, la salud se relaciona parcialmente con un sector definido en el plan como “Farmacéutico, biotecnológico y producciones biomédicas”.

Como se ha apuntado antes, la educación, la salud y la cultura rebasan ampliamente la dimensión económica del desarrollo, pero es que aun si se adoptase una perspectiva económica reduccionista, resultaría difícil explicar la ausencia de la educación, de la salud pública y de la cultura como sectores económicos estratégicos. Para empezar, se trata de tres actividades económicas de enormes dimensiones en Cuba. En 2014, la educación representaba el 6,5% del Producto Interno Bruto (PIB); la salud (combinada con la seguridad social) era el 17,4% del PIB, y la cultura (combinada con deportes) constituía el 3,9% del PIB. A modo de comparación, el conjunto de la agricultura, la ganadería y la silvicultura representaba el 3,5% del PIB.(8)

En términos de empleo, la educación, con un personal docente ascendente a 280,274 trabajadores, y la salud, con un personal facultativo de 265,556 empleados, suman más de 545,000 trabajadores de alta calificación, los cuales representan una parte significativa de los trabajadores más calificados y más consagrados del país.(9) A pesar de que la medición actual de la contribución económica de la cultura dista mucho de ser adecuada, en términos perspectivos este pudiera ser un sector que, dada su capacidad potencial para canalizar el talento y la creatividad cultural de los cubanos, y debido a su relativa baja demanda de capital, parecería estar en condiciones de poder expandirse rápidamente y de funcionar como un sector estratégico para el desarrollo nacional.
 
Las dificultades de comunicación de un plan recargado

El “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030” es un documento de comunicación política. La razón esencial por la que se ha sometido a la discusión pública es para conseguir el mayor apoyo político posible de los ciudadanos y para ello necesita ofrecer una visión inspiradora, prioridades claramente identificables, y una propuesta de acción verosímil. El reto comunicativo es por tanto considerable: ¿Cómo comunicar con efectividad un proceso tan complejo como el desarrollo nacional de manera que este no solamente pueda ser entendido por la gente común, sino que logre movilizar a los ciudadanos como actores comprometidos y activos del plan de desarrollo?

En ese sentido, la primera dificultad vendría dada por el número excesivo de aspectos que se intenta transmitir. Muy pocas personas lograrían memorizar 128 objetivos que abarcan los más disímiles temas. Se trata de una dispersión significativa de objetivos programáticos. En ese sentido, siempre cabría hacer la pregunta: ¿cuáles son las prioridades reales cuando todo parece ser asumido como una prioridad?
 
La segunda dificultad consistiría en la “impracticabilidad” de que los ciudadanos pudiesen constatar el progreso de la implementación de la estrategia debido a que el plan no tiene objetivos ni metas medibles. En ausencia de estos, el plan no tiene posibilidad alguna de funcionar como un mecanismo que pueda movilizar a los ciudadanos como protagonistas del proceso de desarrollo, incluyendo la rendición de cuentas que deben exigir a los funcionarios encargados del plan. Se corre así el riesgo de reducir el plan estratégico a ser un asunto de funcionarios y de expertos, o sea, un documento desprovisto de efectividad política para la movilización popular alrededor de las tareas del desarrollo.

La solución de la primera dificultad requiere considerar la posibilidad de elaborar un diseño frugal del plan, que incluya un número limitado de componentes que puedan ser fácilmente identificados y retenidos por el ciudadano común. El documento del plan debería concentrarse en abogar por una transformación social (el desarrollo) guiada por un conjunto de normativas precisas y por el cumplimiento de un número limitado de metas específicas, cuyo claro entendimiento sea posible sobre la base del sentido común y que no requiera de conocimientos técnicos.

La búsqueda de soluciones que pudieran contribuir a producir una síntesis efectiva del plan debería incluir la revisión de diversas opciones. Algunas que ofrecen puntos de partida bien enfocados son las siguientes:

– Las tres dimensiones del desarrollo sobre las que existe amplio consenso desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible 2012, “Río +20”: la dimensión económica, la social, y la ambiental. A partir de esa base, pudiera estructurarse luego un conjunto limitado de componentes del plan (visión, objetivos, metas, indicadores, ejes, sectores, entre otros)(10)
 
– La propuesta de OXFAM que postula que el desarrollo debe tener lugar en un “espacio seguro y justo para la humanidad” que, en esencia, significa que el desarrollo debe ocurrir en el espacio contenido entre un “piso” social (por debajo del cual no es posible el desarrollo) y un “techo” ambiental (por encima del cual el desarrollo conduce al desastre ecológico). Incluye 11 dimensiones para el “piso” social, adoptadas por la Conferencia “Río +20”, y 9 dimensiones ambientales definidas por la teoría de los “límites planetarios”.(11)

– Las tres grandes categorías de objetivos de desarrollo identificadas por Sustainable Development Solutions Network (SDSN): objetivos de crecimiento, objetivos de equidad, y objetivos de sistemas sostenibles.(12)

Cualquiera de esos marcos conceptuales por separado, o una combinación de ellos, pudiera contribuir a la articulación de un documento revisado de plan estratégico más enfocado en asuntos cruciales que sean fáciles de entender y de retener. Como documento de movilización política tendría mejor potencial que el documento actual.
 
La solución de la segunda dificultad pasaría por agregarle al actual documento un marco de seguimiento del que actualmente carece. Estaría compuesto por una serie de objetivos (prioridades adoptadas dentro de un marco normativo), metas (para la medición del progreso del plan), e indicadores (la métrica de las metas). Lo que realmente resulta importante para la medición sistemática del progreso de la implementación de un plan es su tasa de avance y no tanto la probabilidad de alcanzar la meta, que a fin de cuentas será un resultado acumulativo. La cuestión crítica es poder detectar a tiempo cuando la implementación avanza o se retrasa, lo cual permite analizar los factores involucrados y adoptar medidas correctivas cuando corresponda.

Conclusiones

El desarrollo de Cuba es un anhelo individual, familiar y colectivo. En términos de la comunicación política del plan de desarrollo, resulta crucial que la gente lo perciba como un mecanismo de empoderamiento ciudadano. Para que exista desarrollo las personas necesitan imaginar un futuro distinto, mejor que la situación que hoy tienen, y sobre todo deben estar en condiciones de adquirir la capacidad (el poder) para participar efectivamente en la transformación del presente.

El plan de desarrollo, más que una compilación de términos técnicos (ejes, sectores, objetivos, metas, etc.) debe ser un programa de movilización política para lograr una gran meta nacional (el desarrollo) que ha eludido porfiadamente todos los esfuerzos “modernizadores” emprendidos en el país desde 1902. Pero para que un plan de desarrollo socialista sea efectivo, debe ser comprensible, inspirador, popular y medible. Debe incluir, además, no solo los componentes económicos sino los que hacen posible el desarrollo social –especialmente la educación, la salud y la cultura-, así como los que garantizan que el proceso sea ecológicamente sustentable. 

Sin la posibilidad de medir y de poder comunicar claramente el avance del proceso de desarrollo, el plan no puede funcionar como mecanismo de empoderamiento ciudadano –factor crucial del desarrollo- pues no existiría una base para exigir la rendición de cuentas de parte de los funcionarios, ni sería posible justificar y orientar la movilización popular que debe apoyar al proceso de desarrollo.

En mi modesta opinión, la versión actual del “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030” debería ser revisado para mejorar, al menos, cuatro aspectos fundamentales: 1) lograr un enfoque preciso de las prioridades, 2) reforzar el componente social, 3) medición efectiva de la implementación, y 4) definición de mecanismos concretos de participación ciudadana (que no se limiten a ser consultas periódicas de documentos).

Notas:
1- Los “cruzamientos” fueron determinados mediante una valoración simple del modo en que la narrativa de los ejes (incluyendo sus objetivos generales y sus objetivos particulares) es explícitamente pertinente a los sectores. La base de datos obtenida se procesó mediante el software de visualización de redes Cytoscape 3.0.
 
2- La única relación explícita que pudo ser identificada en el texto entre el eje 1 (gobernanza) y un sector económico, corresponde al turismo. Se refiere al objetivo específico No. 17 del eje 1, que hace referencia a “promover de manera integral la imagen del país como destino atractivo y seguro”.

3- Me refiero a una visión de la función de las instituciones, que difiere de la manera habitual en que la teoría “institucional” del desarrollo aborda el tema. Comparto la crítica que se le ha hecho al “institucionalismo” en cuanto a los siguientes aspectos: a) insuficiente atención a la causalidad que va del desarrollo hacia las instituciones, y b) escaso énfasis en tratar de entender cómo se producen los propios cambios institucionales. Ver, Ha-Joon Chang, “Institutions and economic development: theory, policy and history”. Journal of Institutional Economics. Volume 7. Issue 04. December 2011, pp 473-498.
 
4- Cubadebate. “Cuba en números: Lo que el Censo nos dejó”. 16 abril 2014. http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/04/16/cuba-en-numeros-lo-que-el-censo-nos-dejo/#.V1qEYGdXpaQ

5- UNESCO. “Culture: a driver and an enabler of sustainable development”. Thematic Think Piece prepared for the UN System Task Team on the Post-2015 UN Development Agenda. May 2012.  http://www.un.org/millenniumgoals/pdf/Think%20Pieces/2_culture.pdf

6- UNESCO. “Culture in the Post-2015 Sustainable Development Agenda”, Background Paper. Hangzhou Congress on Culture and Development. China. 14-17 May 2013. http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CLT/images/Post2015SustainableDevelopmentAgendaENG.pdf;  Development United Cities of Local Governments. “Culture: Fourth Pillar of Sustainable Development”. 2013. http://www.agenda21culture.net/index.php/docman/-1/393-zzculture4pillarsden/file;  y Jon Hawkes, “Culture’s essential role in public planning”, Victoria, Australia, 2001. http://www.culturaldevelopment.net.au/community/Downloads/HawkesJon(2001)TheFourthPillarOfSustainability.pdf

7- La Organización Mundial de la Salud ha sido particularmente enfática en cuanto a la necesidad de considerar esa diferencia. Ver, World Health Organization. “Everybody business: strengthening health systems to improve health outcomes: WHO’s framework”. Geneva, 2007.

8- ONE. Anuario Estadístico de Cuba 2014. Edición 2015. Capítulo 6: Cuentas Nacionales. Tabla 5.8 – Estructura del producto interno bruto por clase de actividad económica a precios de mercado. A precios constantes de 1997- Según Nomenclador de Actividades Económicas de Cuba.

9- ONE. Anuario Estadístico de Cuba 2014. Edición 2015. Capítulo 18: Educación. Tabla 18.6 – Personal docente por educaciones; y Capítulo 19: Salud Pública y Seguridad Social. 19.1 – Personal facultativo del Ministerio de Salud Pública, del 31 de diciembre.

10- ONU. “El futuro que queremos”, documento final de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, “Río + 20”, 2012. Resolución 66/288 aprobada por la Asamblea General de la ONU, 27 de julio de 2012. http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/66/288

11- Raworth, Kate. “A Safe and Just Space for Humanity”. OXFAM Discussion Paper, February 2012. https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/dp-a-safe-and-just-space-for-humanity-130212-en.pdf.  En versiones actualizadas del documento, las 11 dimensiones del “piso social” son agrupadas en 4 categorías, lo cual hace aún más concentrada la base de partida. Sobre los “límites planetarios” puede consultarse a J. Rockström et al (2009b) “A safe operating space for humanity”, Nature 461, 23 September 2009.

12- Sustainable Development Solutions Network (SDSN). “Indicators and a Monitoring Framework for Sustainable Development Goals: Launching a data revolution for the SDGs”. May 15, 2015. http://unsdsn.org/resources/publications/indicators/

Sobre los autores
Pedro Monreal González 55 Artículos escritos
(Guantánamo, 1958). Especialista del Programa de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de La Habana (1999). Estudios de posgrado en la Universidad del Sur de California (USC), La Jolla, Estados U...
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