Elaine Díaz: “Donde habita el diálogo hay lugar para el disenso”

Elaine Díaz Rodríguez

Foto: Fernando Medina, Cubahora

Si hacer es la mejor manera de decir, como enseñó el Universal, la periodista y profesora Elaine Díaz Rodríguez ha dicho, con intensidad y alcance, unas cuantas esencias ya sobre la prensa que tenemos y la que debemos edificar en Cuba.

Graduada de Periodismo en 2008, por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (UH); docente de la Disciplina Comunicación Hipermedia, Tecnología y Sociedad de 2008 a 2015 en la propia Facultad de la UH; Master en Ciencias en 2014; autora, desde 2008, de una de las más agudas bitácoras de la blogosfera cubana: “La polémica Digital”, esta joven tiene el timbre del emprendimiento y la bandera de la audacia.

Quien lance una ojeada a su currículo, se dará cuenta de que no ha perdido tiempo para hacerse con las armas de la teoría y del oficio, en una búsqueda tenaz de nuevos horizontes: Becaria de la Fundación Carolina y la escuela de verano de la Facultad Complutense de Madrid en 2013. Becaria del Draper Hills Summer Fellowship on Democracy and Development Program en la Universidad de Stanford en 2014. Nieman fellow (2014-2015) en la Nieman Foundation for Journalism de la Universidad de Harvard. Conferencista en las universidades de Columbia, Brown, Tulane, Harvard, Baruch College, University of Miami, Wright State, Northern Kentucky, Ohio State University, en el International Affairs Forum-Traverse City y en el Mid-Coast Forum on Foreign Relations, en 2014 y 2015. Miembro de Latin American Studies Association. Colaboradora en Global Voices Online desde 2010. Participante en eventos académicos internacionales en Brasil, Estados Unidos, Suecia y Kenya…

En la periodista reflexiva que es, late con fuerza la vocación del activismo social, que la llevó a asumir el rol de Delegada a la Asamblea Municipal del Poder Popular del municipio Habana del Este de 2010 a 2012. Y desde esa posición, o desde la de educadora, o desde la de simple bloguera, ha defendido posturas inclusivas, de transparencia en los manejos públicos, de ética y solidaridad con sus prójimos.

Precisamente la publicación digital que fundó y dirige -Periodismo de Barrio (PB)-, se cuenta entre las insurgencias más fructíferas de la alternatividad mediática en la Isla. Fue el medio digital que asombró a muchos cuando, junto a la publicación de su primer número, declaró un “Informe de Transparencia” de este, con todos los costos de realización; enunciando que para exigir limpieza, primero hay que practicarla.

En esta línea de rectitud y osadía, en un editorial de PB de 2016, se afirmaba: “Nuestra prensa, si de veras pretende transformarse, necesita mirarse a sí misma. Sus supuestos problemas, antes que problemas, son contradicciones. Cuando el periodismo se subordina a los poderes político o económico deja de ser periodismo. Pierde su razón de ser como servicio público. Se convierte en un instrumento de los grupos hegemónicos para legitimarse y garantizar su continuidad”.

Buscando y tratando de sostener en alto esa misión de servicio público que compete a los órganos periodísticos en cualquier época y región, Elaine y el equipo que ha ido nucleando a su alrededor, han reportado ya, con sólidas investigaciones de prensa, sobre las afectaciones por desastres naturales, los dilemas del acceso al agua potable, las penurias energéticas y otros peliagudos asuntos que transitamos cada día los cubanos.

De decir chispeante y sonrisa fácil, esta joven apasionada de la escritura combina singularmente el asombro lírico de la crónica y la argumentación mesurada del artículo. Vivir a fondo su país y narrarlo con belleza, asumir el periodismo “como un acto de fe”, es una meta a la que se ha dedicado en los últimos años. Y a juzgar por los resultados, no lo ha hecho nada mal.

1. Una pregunta recorre de punta a punta el libro Revolución, Socialismo, Periodismo… del catedrático cubano Julio García Luis: “¿Es viable una alternativa revolucionaria y socialista al modelo de prensa liberal, que no encaje a su vez en un patrón ideológico decimonónico o en uno de tipo soviético o de prensa de Estado? En otros términos: ¿cuáles pudieran ser las potencialidades del socialismo para generar un mejor periodismo, capaz de cumplir una función más eficaz de legitimación y fortalecimiento del sistema?”. ¿Qué respondería y argumentaría Usted, de forma general, a tal interrogante?

Primero habría que establecer distinciones entre términos como “periodismo”, “periodista”, “prensa” y “medios de comunicación”. A partir de ahí, hay una diferencia entre el modelo de prensa liberal y lo que creo debería ser entendido como el modelo de prensa en una sociedad socialista o en vías de construcción del socialismo. En el caso de la prensa liberal, ha trabajado con diferentes teorías, que abarcan desde un concepto de prensa como “cuarto poder”, otorgándole un rol completamente alejado de compromisos con actores políticos y/o económicos, hasta teorías como la de la responsabilidad social de la prensa, que provienen esencialmente de las fallas que tiene el modelo liberal para garantizar tanto la libertad de prensa –libertad en un sentido amplio, emancipador– como los beneficios sociales que se debieran derivar de ella.

¿Qué le puede aportar el socialismo a la edificación de otro modelo de prensa? Primero: la no concepción de los medios de comunicación como empresas mediáticas. Esto significa que los medios en el socialismo no deben renunciar al empleo de mecanismos eficientes de gestión y sostenibilidad económica –a partir de la exploración de una variedad de posibilidades como el pago por contenidos, el pago por servicios, la publicidad, el crowdfunding, etcétera–; pero su objetivo principal no es generar ingresos, sino convertirse en un mecanismo de participación ciudadana, vigilancia de los poderes gubernamentales y de las empresas privadas, espacio de construcción de consensos a partir del disenso y de transparencia pública, entre otras funciones.

Es esencial que los medios periodísticos en el socialismo no estén castrados de toda capacidad de gestión económica. Pasar de un modelo de prensa asociado a la empresa privada a otro gestionado enteramente desde el Estado podría constituir una repetición de los mismos errores. Un medio al servicio de una empresa privada puede convertirse en una máquina de producir dinero para determinado sector. Un medio al servicio de un partido político puede convertirse en una máquina de reproducir la ideología de determinado sector. En ninguno de los dos casos la prensa cumple su función.

Esto no significa que en los países capitalistas no existan medios alejados de las empresas privadas. Todo lo contrario, cada vez vemos más emprendimientos periodísticos que se conforman como organizaciones no gubernamentales, cooperativas o, sencillamente, agrupaciones informales de periodistas. Cuando analizamos el modelo de negocios de The Guardian, por ejemplo, comprendemos que está funcionando sobre la asunción de que el dinero es importante para sostener el medio, pero que su función no es generar dinero. De hecho, han tenido pérdidas. La cuestión central entonces, a mi juicio, es pasar de ver al medio periodístico como una empresa que tiene que generar ingresos, a percibirlo como una institución con un fin social que, obviamente, también tiene que ser económicamente sostenible.

En segundo lugar, si entendemos el socialismo como socialización de poderes, de verdades, de la construcción de esas verdades, de la auténtica participación ciudadana en la construcción de un país, es muy coherente con el encargo social de la prensa. El socialismo no implica un ejercicio del poder completamente vertical, sino que habla de un diálogo de abajo hacia arriba y de arriba a abajo en completa armonía. Un sistema capitalista puede, de alguna manera, sobrevivir sin una buena prensa, porque no se plantea la igualdad entre los seres humanos, porque no busca la igualdad y la justicia social en su base ideológica. Pero el socialismo no. De hecho, si una se plantea términos como igualdad ciudadana y justicia social como pilares de un determinado sistema político, es imposible que no exista un actor con todos los atributos y funciones de la prensa para balancear los poderes, para verificar que efectivamente políticos, empresas y ciudadanía se escuchen mutuamente. El socialismo está más cercano, desde todos los puntos de vista, a lo que debería ser el encargo social de la prensa que el capitalismo. La posición del ser humano en ambos sistemas así lo determina.

2. En el caso específicamente cubano, ¿cuáles han sido, a su juicio, las principales barreras y las principales fortalezas del tipo de prensa instaurado desde 1959 de cara a la consecución de tal modelo?

Creo que después de 1959 la prensa intenta asumir una vocación de servicio público. El ánimo con el que se reestructura la prensa en Cuba después del triunfo de la Revolución es el mismo con el que socializó la tierra, la lectura, la escritura, las viviendas, por citar varios ejemplos. Cada organización política y de masas del país fue creando o incorporando su propio medio; por tanto, la intención inicial no fue monopolizar el control mediático, sino que todos los sectores estuvieran representados. Al menos en teoría.

¿Qué pasó? Pues que comenzaron a intervenir muchas condicionantes. Hay una, que tal vez por el desgaste y lo repetitivo del discurso, ya sea entre nosotros “muela”, “teque”, pero que no se puede desconocer: la hostilidad de Estados Unidos. Cuando un país se siente agredido todo el tiempo, tiene que tomar decisiones. Y en este caso la decisión pasaba por el hecho de si se lidiaba con las verdades cubanas de manera pública o no. El primer error estuvo en creer que se podía construir una sociedad mejor sin lidiar con las verdades de la Isla públicamente en los medios de comunicación nacionales; asumiendo todos los aciertos y todos los errores que se iban produciendo en la edificación de esa sociedad.

Luego, poco a poco, se fue castrando la posibilidad de la prensa de mejorar esa misma sociedad; pues los órganos periodísticos se convirtieron en vocerías, vocerías del Partido Comunista de Cuba (PCC), vocerías de la Asamblea Nacional y vocerías de las organizaciones de masas. Y en el momento en que la prensa se convierte en eso, se limita la posibilidad de los medios de cumplir su función social.

También se fueron “diseñando” profesionales que siguieran este modelo. Se premiaba la docilidad o se pagaba un precio demasiado alto por la rebeldía. Tristemente, el gremio periodístico nacional no se salva de los problemas que ahora mismo estamos viendo en todos los estratos de la sociedad: oportunismo político, oportunismos económicos, doble moral, falsedad. Esto termina creando un aparato comunicativo acrítico, por conveniencias políticas y/o económicas y silencia las voces inconformes. Es justo decir que en la actualidad se observan cambios en los contenidos abordados en los medios, los movimientos de personas más jóvenes a los puestos de dirección, entre otros. Sin embargo, todavía persisten muchas de estas conductas.

3. Si tuviese que señalar hitos significativos (para bien o para mal), en la historia de la prensa cubana en el periodo, ¿en cuáles se detendría?

Voy a hablar de los momentos que viví, para partir de la experiencia directa, no de la revisión bibliográfica o de testimonios de otros. Para mí los hitos en el acontecer de la prensa están conectados con hitos en la vida del país. O sea, los cambios o giros en la prensa se han generado por cambios que suceden fuera de la prensa. Te los voy enumerando: 

La reforma migratoria. Permitió al sector profesional del gremio la posibilidad de no ser más héroes o mártires. O sea, la opción antes era: o trabajas en la prensa estatal o te vas para la no estatal y eres un excomulgado toda la vida. Esta reforma dio la oportunidad a la gente de una tercera salida: salir a otro país, a estudiar, por ejemplo, o a trabajar. Estamos hablando de un sector profesional altamente capacitado y competitivo en el mercado internacional. En breves palabras: naturalizó la emigración.

El 17 de Diciembre de 2014. El hecho de que haya un diálogo entre los dos países aporta muchos elementos positivos que de alguna manera tocan a la prensa. Y esto no significa que todo el dinero que venga ahora de Estados Unidos sea legítimo. Para mí, el capital que venga directamente del Departamento de Estado o de todo el aparato administrativo estadounidense es sumamente ilegítimo, porque ellos no han cambiado sus objetivos, solo la forma de conseguirlos. Pero no se puede negar que la sensación de “plaza sitiada” se atenúa bastante. Si Raúl Castro se sienta hablar con Barack Obama hay un espacio y un clima de diálogo. Y donde habita el diálogo hay lugar para el disenso. El disenso, entonces, no tiene por qué ser considerado traición, sino el resultante natural de sociedades que piensan, que discuten, que son diversas.

En esta misma línea de interconexión entre sucesos del país y transformaciones en la prensa puedo decir que todo lo que es Periodismo de Barrio, no se debe tanto a Periodismo de Barrio mismo como a cosas que han ocurrido a nivel nacional. Por ejemplo: 

El aumento del acceso a Internet. Que un ciudadano pueda acceder a Internet de manera independiente –independiente del Estado, pero también de embajadas o instituciones foráneas– lo legitima muchos más como actor comunicativo. A esto se suma que los medios de producción se han abaratado. Ahora mismo puedes hacer un video viral con un simple celular. Y un celular es mucho más barato que una cámara.

La formación superior de los periodistas. Tanto la que les proporcionan las facultades del país, como la que complementan a través de proyectos, becas, etc. en que se insertan, producen un profesional joven con una visión diferente del rol de la prensa y de cómo asumirlo.

Por último señalaría algo que más que un hecho es una sensación, un clima:

La pérdida del miedo. Creo que todos los periodistas –los que legítimamente lo son por vocación y trabajo– que ahora mismo están fuera del sistema oficial de la prensa cubana era gente que ya no tenía otra cosa que perder.

4. ¿Cómo describiría Usted los nexos del sistema político y del mediático en el país en esta etapa? ¿Qué tipo de relación ideal o más deseable deberían tener ambos sistemas?

La relación entre prensa y PCC: eso está en un editorial del PB y te la puedo transcribir. “El Partido espera de la prensa sumisión. Si la prensa ejerce algún tipo de crítica, es porque el Partido se lo exige, porque así disimulan sus desigualdades. Pero critica las indisciplinas sociales, los baches en las avenidas, las ineficiencias de dirigentes locales. Nunca a los Consejos de Estado y de Ministros, ni a su Comité Central, ni a los Generales, ni a los máximos dirigentes. ¿Cuántos de los casos de corrupción política y administrativa de los últimos años salieron a la luz por investigaciones periodísticas de los medios estatales?”

En cuanto a la relación de la prensa con la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) es un vínculo enrarecido, en el cual la parte periodística se limita a una vocería, como te comentaba antes. Y aquí, con esta institución de la sociedad cubana podría establecerse un nexo sumamente interesante, pues, al menos hasta el nivel municipal de la ANPP, se articulan procesos democráticos de los que debería dar cuenta el aparato periodístico en toda su complejidad. Lamentablemente, no sucede así. La relación que se da es muy instrumental.

5. Pero tal vez del lado de la ANPP y del Poder Político cubano se ve como eficaz esta relación con la prensa…

Puede ser, sobre todo para quienes piensen que la ANPP necesita una vocería. Pero imaginemos un entorno distinto, una Cuba conectada donde la ANPP tuviera sus propios y eficientes mecanismos de comunicación y conexión con la ciudadanía, ¿para qué le serviría el aparato mediático como repetidor de lo que ya dijeron?

En todo caso, para cerrar con la idea de la pregunta, la relación ideal entre los entes del poder político gubernamental en el país y las instituciones periodísticas deben pasar por: respeto, independencia e igualdad. La prensa debería tener la facultad de cuestionar todas las instancias del Gobierno, y el Gobierno, a su vez, debería tener la capacidad y el derecho de regular el buen ejercicio de la prensa. Esto último no sería obviamente a través del propio Gobierno, porque se convertiría en juez y parte, pero sí a través de mecanismos, instancias, procesos que le permitan fiscalizar lo que hace un conglomerado tan importante como el mediático-periodístico.

6. ¿En qué forma el surgimiento de nuevos medios en/desde/sobre Cuba, en los últimos años, utilizando especialmente las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación ha abierto el horizonte y debate público sobre la necesidad y pertinencia de este nuevo modelo/sistema de prensa en la Isla?

Es un asunto que deberíamos examinar por partes: las audiencias, la producción de contenidos y los modelos de gestión de estos nuevos medios. Creo que lo que han puesto en jaque estos medios no estatales que han ido surgiendo es el modelo de gestión tradicional de la prensa en el país. La pregunta es: ¿se puede hacer periodismo responsable, con ética, con todos los valores del periodismo, sin estar regulado por un ente externo al mismo medio? Y la respuesta evidentemente es sí. Ahí están los contenidos, los reportajes, lo producido, que no todo es brillante, pero sí hay cosas valiosas, tratamientos profundos e interesantes de nuestra realidad.

Ahora, hay que preguntarse: ¿se puede hacer esto de manera que llegue a la mayor cantidad de receptores? Porque al final uno no hace periodismo para sí mismo. ¿Se puede hacer, digo, y que se logre una distribución y consumo que vaya más allá de minorías privilegiadas? Al parecer, en las condiciones actuales y próximas del país la respuesta es: no. Lo que está pasando con los nuevos medios, de hecho, es un fracaso en las audiencias. Por muchas razones: compiten en condiciones desleales, no pueden acceder a determinados espacios, no tiene libertad de impresión, etcétera. Y esto hay que reconocerlo críticamente aunque nos duela. A veces quienes trabajamos en estos medios pensamos que nos estamos “comiendo el mundo” y tenemos que admitir que nuestra audiencia son 30 mil usuarios al mes, de los cuales el 25 por ciento es de Cuba.

De ahí que, hasta ahora, se puede desafiar el orden existente en cuanto a la producción de contenidos, pero no en cuanto a la distribución de los contenidos. Y eso es una barrera grandísima. Por ende, yo veo el asunto como una ganancia por un lado y una pérdida por el otro. Estamos corriendo un poco la línea de lo posible, estamos democratizando la creación de contenidos, democratizando la agenda, escribiendo cosas que a la gente le interesa, y que puede ser importante para ellos debatir ahora mismo, pero el punto neurálgico de las audiencias no está resuelto.

Por otra parte, tampoco está resuelto del todo el modelo de gestión. Si bien es loable crear nuevos medios, debemos también pensar en modelos de sostenibilidad sólidos. El ejercicio del periodismo no puede convertirse en un acto de altruismo. Nadie va a lograr ser una alternativa al modelo de prensa monopolizada por el Estado sin ser capaz de producir contenidos y sostenerse económicamente de manera eficiente.

7. ¿Cree que podría edificarse un socialismo renovado (próspero, sostenible, del siglo XXI o con cualquier otro epíteto cualitativamente superior) en Cuba sin un nuevo modelo de prensa que lo acompañe y viabilice?

Te respondo de manera rotunda: creo que no puede existir Socialismo sin Periodismo. El Socialismo se trata, en sus esencias, de balance de poder. ¿Y qué es el Periodismo sino el balanceador de poderes por excelencia?

8. ¿Qué rol ha desempeñado la UPEC y cuál debería desempeñar en los próximos años esta entidad o cualquier otra agrupación/institución que surgiese para unir/representar a los periodistas y el periodismo cubano, en el proceso de búsqueda de tal modelo/sistema de prensa?

Creo que como elemento positivo de la UPEC se debe destacar su capacidad para agrupar profesionales del sector con un sentido amplio. O sea, su membresía no se reduce a periodistas en ejercicio únicamente. Sin embargo, esta organización se creó para un momento en el que el sistema de prensa cubano era únicamente estatal. Ahí se ha quedado. Habrá que ver si la UPEC puede seguir ignorando a la decena de graduados de las facultades de comunicación de la Isla, miembros y no miembros, que trabajan en medios no estatales. Esta es, a mi juicio, su principal limitación. Si la UPEC quiere sobrevivir como organización legítima de representación de los periodistas y garante del modelo de prensa cubano y de su función de servicio público tendría que ser incluyente y plural. Lo contrario es una Unión de Periodistas de Medios Estatales Cubanos (UPMEC)

9. ¿Y en cuanto a las funciones que debería desempeñar la UPEC o cualquier otra institución similar que surja en correspondencia con el nuevo modelo de prensa?

Muchísimas. Primero: defender el ejercicio del Periodismo, en la máxima extensión de la palabra. Segundo: fiscalizar todo lo referente a la ética. Si se logra llegar a una organización que sea totalmente inclusiva, y que además tenga un código de ética resultante de la discusión de todos sus miembros, esta organización se convertiría en el mecanismo regulatorio ideal para que este código se cumpla en la práctica. Sería, además, el mediador por excelencia entre todas las instituciones periodísticas y otras instancias.

10. La UPEC también ha tenido un rol muy importante en la formación y superación del gremio…

En efecto. Habría que elogiar las proyecciones de formación y superación que ha mantenido. Piénsese, por ejemplo, en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí (IIPJM), adscrito a la UPEC, y su labor nacional e internacional. No solamente ha velado por lo que pueden aprender los periodistas cubanos del mundo, sino también por lo que puede aprender el mundo de Cuba. ¿Cuál es la limitante del IIPJM ahora mismo? La misma que señalábamos antes: se reduce —mayoritariamente— a aceptar en sus cursos a los miembros “reconocidos” por la UPEC. ¿Quiénes de los medios no estatales pueden, con frecuencia, pasar o impartir un curso allí? Entonces el alcance y la legitimidad de esa loable labor educativa se reducen por criterios estrictamente político-ideológicos.

11. En torno a una posible ley de medios/prensa/derecho ciudadano a la información en Cuba se ha debatido bastante en los últimos años en el país. ¿Considera Usted necesario este instrumento regulatorio legal para la concreción de otro modelo/sistema de prensa en la Isla? ¿Por qué?

Este es un fenómeno complejo. Pero si analizamos lo referente a una Ley de Prensa con cierta perspectiva histórica, por ejemplo mirando a Latinoamérica, fue un instrumento que se adoptó hace ya algún tiempo, incluso en algunos países en momentos pre-Internet. Respondían o bien a la necesidad de regular la propiedad de los medios —caso Ecuador, un por ciento para los medios estatales, un por ciento para los comunitarios, los privados, etc. — o bien para controlar las relaciones de la prensa con otras instituciones. No creo que las leyes de prensa respondan a las necesidades del ejercicio periodístico en las condiciones info-comunicacionales actuales.

Por tanto, como profesional cubana del periodismo, no siento necesidad de una Ley de Prensa.

Ahora, qué sí me parece imprescindible: una Ley de Transparencia y de Acceso a la Información Pública. Obsérvese que muchos países están adoptando leyes de este tipo en los últimos años, aunque hay casos como Suecia que la tenían desde hace muchísimo tiempo. ¿Qué es lo que posibilitan estas leyes de transparencia? Devuelven el poder del acceso a la información a la ciudadanía, y al periodista en tanto actor ciudadano. O sea, tú no eres un actor privilegiado en el acceso a la información porque seas periodista, sino en calidad de ciudadano. En el caso de los profesionales de la prensa de todas formas son privilegiados porque saben cómo manejar, decodificar y explicar esa información a los otros. Cuando te fijas en la Freedom of Information Act (Ley por la Libertad de la Información, FOIA) en Estados Unidos, no está hecha para periodistas, sino para que cada ciudadano pida los datos que considere relevantes de las administraciones públicas (hay algunos países en que se incluye hasta las administraciones de entidades privadas). Qué pasa, que los que más la utilizan y se sirven de ella son precisamente los periodistas.

De ahí que cuando yo me imagino un marco regulatorio del ejercicio del periodismo en Cuba, no me lo imagino en torno al Periodismo en sí mismo, sino en torno al derecho a la información. Lo otro sería crear un instrumento legal que beneficiaría a un gremio y seguiría dejando al ciudadano, en sentido general, desfavorecido. Y el ciudadano tiene derecho a esta vía, a esta forma, para ejercer su control sobre las administraciones y, también, sobre la propia prensa. Pasar por el escalón de hacer una Ley de Prensa y después, o paralelo a esto, una de Derecho Ciudadano a la Información, me parece francamente innecesario, y una pérdida de tiempo.

12. ¿Y no se corre el riesgo de dar un salto muy grande, digamos, pasar de la comunidad primitiva al socialismo del siglo XXII?

Hay que hacerlo. Eso es un debate que se da en el terreno de la tecnología. Se cuestiona, por ejemplo, si Cuba va a dar todos los pasos tecnológicos que el mundo ha dado en materia de Internet o si va a ir directo al 4G. Y el fracaso ha sido pretender hacer saltos cronológicos, cuando de lo que se trata es de hacer saltos históricos.

Ahora, me preocupa mucho que todos los actores que podrían estar implicados en concebir un posible marco regulatorio, de cualquier tipo que sea, para el ejercicio periodístico en Cuba, tengan la preparación y la no sujeción a sesgos ideológicos que se necesitan para producir estos mecanismos legales. El principal peligro es que pasemos de un entorno no regulado legalmente a otro en el que se criminalice y penalice el ejercicio de la prensa que está fuera de los medios estatales oficiales del país. Esto sería terrible.

Debe tenerse claro que el debate en torno al modelo de prensa y su gestión, si de verdad se va a emprender democrática y eficientemente, ha de implicar a toda la ciudadanía, no solo a los periodistas. Estamos hablando de algo neurálgico para el país. Cada ciudadano también tiene derecho a pensar y decidir qué tipo de prensa quiere para su nación.

13. ¿Cuáles son, a su entender, los principales retos de la sociedad cubana actual en aras del bienestar (material y espiritual) colectivo y la convivencia armónica de sus ciudadanos? ¿Cómo la prensa debería reflejar/interpretar dichos retos para ayudar a la ciudadanía a superarlos?

Primero: desarrollar una economía eficiente y sustentable. En lo referente a la apertura a la inversión extranjera para captar recursos en el país, hay muchas posibles fuentes de errores cuyas consecuencias serían funestas. Por ejemplo, se podrían perder principios de igualdad que han guiado el proceso revolucionario, al menos de forma global; se podrían marcar más las diferencias existentes entre clases sociales; se podría permitir que se deteriorara el medio ambiente de la Isla. Valdría la pena preguntarnos, por ejemplo: ¿qué está haciendo este país, en este minuto, para que el turismo creciente, con sus altos niveles de consumo, no afecte el entorno nacional?

Segundo: reformular completamente el valor del trabajo y su expresión en los salarios. Que la gente gane en correspondencia con el costo de la vida.

Tercero: repensar los derechos políticos. Hay que volver a poner sobre el tapete los derechos políticos que tienen los ciudadanos y cómo los espacios de participación política que ya están tan desgastados, que no logran que los derechos se ejerzan plenamente, pueden reactivarse o transformarse en otros nuevos. Y cómo vamos a hacer, además, para dejar un espacio de improvisación a la ciudadanía, porque no todo puede estar pensado, regulado.

Cuarto: lo mismo de la idea anterior, pero referente a los derechos sociales.

¿Y cómo podría acompañar todo esto la prensa? Siendo crítica, siendo genuinamente periodística. Como espacio de rendición de cuentas públicas. Como altavoz de la ciudadanía. Pero también como crítica de la ciudadanía y crítica del poder político. Como fiscalizadora de los procesos. Todo ello requiere independencia, madurez, vocación de servicio público. La prensa que deberíamos tener ha de ser capaz de poner a dialogar a todos los actores del país.

 

En este dossier, aparecen los siguientes textos:

Sobre los autores
Elaine Díaz Rodríguez 3 Artículos escritos
(La Habana, 1985). Licenciada en Periodismo, Universidad de La Habana, 2008. Master en Ciencias de la Comunicación, Universidad de La Habana, 2014. Ha trabajado como profesora de Periodismo Hipermedia en la Facultad de Comunicación de la Universida...
Jesús Arencibia Lorenzo 8 Artículos escritos
(Pinar del Río, 1982). Licenciado en Periodismo (2006) y Máster en Ciencias de la Comunicación (2012) por la Universidad de La Habana (UH). Diplomado en Humanismo y Sociedad (Universidad Alberto Hurtado, 2014). Profesor Auxiliar en la Facultad de ...
1 COMENTARIO
  1. Cubana desde Adentro dice:

    Ciertamente la prensa en Cuba se enfrenta a grandes desafios; los grandes medios de comunicación que existen en el país son entitulados como medios oficiales del PCC, y eso de por sí les coloca en una relación de tutela donde la censura se justifica desde el interes politico que se defiende. La idea de una prensa que preste un servicio público, que sirva de contrapartida al poder, que sea un instrumento mas de socializacion de ese poder público, me parece fantastica y de un alto compromiso social, pero tambien utopica sin que eso implique dejar de trabajar por hacerla realidad. Parto de la hipotesis de que toda informacion es un acto de manipulacion, donde el sujeto que la emite está sesgado por su ideologia, los intereses políticos que representa, o de las personas que lo sustentan económicamente… Y ante esta realidad soy de la opinión que sí se necesitan normas, códigos de ética, ya sea emitidas por instituciones públicas o asociaciones del gremio, que orienten el trabajo de los periodistas sobre la base de principios y valores que respalden la transparencia, la veracidad, y el compromiso social que debiera primar en todo acto de informacion.
    En el caso de Cuba lo que encuentro más difícil en el caso de los medios alternativos de comunicacion es la sustentabilidad pues la audiencia pudiera mejorar con un salto tecnológico en el país no muy lejano confiemos. Pero, mi pregunta es cómo conseguir esa sustentabilidad por medios propios dadas las condiciones actuales de Cuba (dígase escaso desarrollo de mecanismos de pago digitales, restricción del derecho de imprenta, etc.)? Qué opciones existen?

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