Evitar las confrontaciones extremas y favorecer los entendimientos políticos

Foto: EFE

Los tiempos que se viven en las relaciones internacionales se encuentran cargados de situaciones contradictorias y otras conflictivas, motivadas por razones políticas, económicas o militares. Sin embargo, nos hallamos en una época (por diferentes razones) donde necesitamos imprescindibles entendimientos políticos.

Desechando el diálogo y las negociaciones, hay quienes gustan de ejercer injerencias en otros países y promover políticas extremas, violentas, o de confrontación. Acuden a la manida manipulación mediática, dado el amplio o versátil sistema de comunicaciones que existe en la actualidad, que posee una gran influencia sobre la opinión pública. Cuando se consideran creadas las condiciones, entonces se pasa “de las palabras a los hechos”: golpes de estado o agresiones militares.

Tal manera de pretender “ordenar” o controlar el mundo, para ampliar influencias geopolíticas, sin importar transgredir los asuntos internos de otros Estados, o soliviantando conflictos domésticos, resulta, cualquiera sea la situación existente en un país, un proceder condenable e inaceptable políticamente. Esas actuaciones son violatorias de los principios de la Carta de Naciones Unidas, y promueven conflictos domésticos y tensiones internacionales.

No hay que olvidar el carácter multipolar del mundo actual. Un grupo de naciones, y no solo una, poseen en la actualidad armas nucleares de exterminio masivo. Por demás, ya no importa si unos tienen más armas nucleares que otros, porque esas armas y sus potencialidades, no son las de los años 40 del pasado siglo. De activarse desapareceríamos con ellas, al igual que el resto de las especies. El medio ambiente sería desbastado y dudosamente pudiera recuperarse el planeta. De ahí lo imprescindible, cualesquiera sean los intereses de los países que poseen armas nucleares, que se pongan de acuerdo y las eliminen. Ello sería una enorme contribución a la seguridad y a la paz mundial. No disponerse a hacerlo, solo mostraría insensibilidad, egoísmos o intransigencia política; también despreocupación por los destinos de la humanidad y del planeta en que vivimos.

Es conveniente que se eviten exacerbaciones políticas y conflictos extremos. No existe mejor manera de solucionar antagonismos, que proceder mediante el diálogo y las negociaciones políticas. Lejos se encuentran las verdades absolutas, resulta mejor comprender la relatividad de ellas. Sin embargo, desafortunadamente, y como nunca antes, se expresan políticamente en diversos países posiciones en extremo polarizadas. Existen internacionalmente “nubarrones políticos”, manifestándose en las crecientes polarizaciones; consecuencia de ello surgen tensiones político/militares, injerencias y en no pocas ocasiones, conflictos armados.

Se conoce que los países poderosos buscan ampliar sus relaciones en diferentes regiones del mundo (cuestión conocida desde siglos anteriores); donde el más fuerte siempre amenaza para imponer sus condiciones, buscando lo que le interesa o le favorece y exigiendo, además, alianzas e incondicionalidades.

El surgimiento en el siglo XVI de países como potencias económico/militares, originó un reparto del mundo entre varias de las naciones europeas; hoy lo llamaríamos geopolítica. En ese siglo, varias naciones europeas conquistaron y se repartieron la mayoría de los países de otros continentes.

El siglo XX fue testigo de acontecimientos que pusieron de manifiesto diferentes intereses y contradicciones entre los países del sistema capitalista. La Primera y la Segunda guerras mundiales evidenciaron las diferencias político/económicas entre ellos, al igual que sus necesidades de dominio y expansión.

Sin embargo, no fue hasta el final del conflicto de la Segunda Guerra mundial, en que se utilizó el arma nuclear (arma que en la actualidad se encuentra ramificada en diversos países de Europa, Medio Oriente, Asia y Norteamérica), cuestión en la actualidad ha de tenerse presente.

En el siglo XX el mundo quedó, en lo fundamental, dividido en dos sistemas, cuyas ideas, intereses, o proyecciones, marchaban en direcciones contrarias. A inicios los años 60, pugnaban internacionalmente las ideas y políticas de los dos sistemas capitalista y socialista; pero insistente y afortunadamente en aquellos años, se invocaba la importancia de la coexistencia pacífica y la paz mundial.

No obstante, las relaciones internacionales se hicieron sensibles y complejas, época que quedaría identificada como de “Guerra Fría”; sin embargo, con frecuencia se originaban guerras locales “calientes”. La visión del mundo por aquel entonces era que se vivía en “un mundo bipolar”.

Con la desaparición de la URSS se esfumó la bipolaridad y consiguientemente, aunque por breve tiempo, surgió otro unipolar a cuya cabeza estuvo Estados Unidos. Sin embargo, significativos crecimientos económicos de China, India, Rusia y otras naciones en desarrollo, así como el poderío militar de Rusia (a la par del estadounidense), pronto contribuyeron a que el mundo actual, más que unipolar, se transformara en multipolar.

Los conflictos surgidos en últimos años han hecho inseguras las relaciones internacionales. Se desarrollaron peligrosas situaciones militares en Irak, Afganistán, Libia, Siria, o entre Israel y Palestina, también entre Ucrania y Rusia; igual se manifiestan intensas tensiones políticas con Irán, Corea del Norte, o Venezuela… donde en la mayoría de ellos se encuentra involucrado, directa o indirectamente, Estados Unidos.

Es comprensible que en un mundo desigual en lo económico y social, dividido entre países ricos y pobres, no se pueda aspirar a que ese mundo no sea contradictorio y con frecuencia, conflictivo; las desigualdades se hacen cada vez más abismales, insoportables, o críticas.

Después la Segunda Guerra mundial, con sus secuelas de destrucción y muerte, surgen las Naciones Unidas (ONU) y otras organizaciones mundiales. En el marco de estas instituciones se tomaron históricos y convenientes acuerdos, que buscaban relaciones armoniosas entre países. Esas decisiones, convertidas en principios universales, hicieron énfasis en el imprescindible respeto a la independencia de las naciones, su soberanía y derecho a la autodeterminación de los Estados y pueblos. Así, la humanidad aportaba un gran paso civilizador y sentaba las bases para el desarrollo de justas y equilibradas formas de convivencia. De esa manera ética, y previsoramente, se aspiraba a evitar injerencias improcedentes en los asuntos internos de otros Estados, siempre generadoras de mayores conflictos.

No hubo diferencias ni se otorgó licencia a alguien, por lo que tales principios son válidos para países grandes o chicos, poderosos o pobres; igual para diferentes sistemas político-sociales. A ningún Estado, por poderoso fuera, se le otorgaron prerrogativas para intervenir en los asuntos internos de otros Estados; todo ello fue promulgado con pleno consenso y conciencia sobre lo que se refrendaba, con independencia de la conflictividad que existiera.

En la actualidad, la proliferación de armas de exterminio masivo, la exacerbación  y polarización en la política, y las injerencias en los asuntos internos de otros países, colocan en situación vulnerable la paz mundial, posibilitando que se desencadenen conflictos violentos, que a su vez desestabilizan países o regiones enteras, y luego la situación se hace incontrolable.

Los humanos hemos alcanzado grandes logros y conquistas, crecidos en nuestros conocimientos sobre la naturaleza y sociedad, entramos incluso en la era cósmica; significativamente hemos avanzado como civilización. Nuestra educación y cultura nos distinguen de las fieras o animales que se despedazan entre sí; nuestra especie, ante las diferencias, nos permite acudir al diálogo y a las negociaciones, e insistir tenazmente en la búsqueda y encuentro de soluciones necesarias para todos. Desechar tal proceder, es sencillamente insensato e irresponsable políticamente.

No son tiempos para conspiraciones, sanciones o amenazas: es época para imponer la cordura, el diálogo y los entendimientos humanos; experiencias sobran para ello. Es necesario encontrar, dentro de las diferencias, caminos que obvien las confrontaciones, sobre todo las militares.

Políticos de derecha, centro, o izquierda, han de dar muestras de madurez, de humanismo y de sólida formación política; de manera que las acciones de injerencias o amenazas de guerras no continúen ocurriendo; por lo que resulta conveniente recordar, aquella sabia sentencia del benemérito de las América Benito Juárez, cuando nos legó la idea de que “el respeto al derecho ajeno es la paz”. América Latina y el Caribe, al igual que el resto del mundo, ha de ser una zona de paz.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 24 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
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