Félix Varela: pasión por Cuba


La vida del sacerdote Félix Varela, en estos momentos en proceso de canonización, fue un servicio en favor de la justicia. Este cubano nace el 20 de noviembre de 1788, en La Habana. Su padre fue Francisco Varela y Pérez, natural de Tordesilla, en Castilla la Vieja, y era por aquel entonces teniente del regimiento fijo de infantería de La Habana, en el que llegó a alcanzar el grado de Capitán. Su madre fue María Josefa Morales y Medina, nacida en Santiago de Cuba y fallecida casi al nacer el padre Varela.1

Formación

La familia materna estaba compuesta por el abuelo, Bartolomé de Morales y Ramírez, ?en el momento del nacimiento de Varela, Teniente Coronel del regimiento fijo de infantería de La Habana? y los tres hermanos de su difunta madre: Bartolomé, Rita y María. Esta última profesó de religiosa en el convento de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús, en La Habana, del que llegó a ser priora por espacio de muchos años. Su tía Rita, que más tarde fue “huésped” permanente del mencionado monasterio, siendo su madrina de bautismo y una especie de segunda madre, se ocupó de la primera educación, la cual realizó bajo la influencia de la mística católica carmelitana y con la rectoría siempre de su padre, y de su abuelo, el coronel Bartolomé de Morales, quien le imprimió a dicha educación el rigor y la obediencia militar. Una gran parte de esta formación la recibió en San Agustín de la Florida, pues en 1791, cuando Félix Varela contaba con 2 años y 11 meses de edad, nombran a su abuelo Comandante en Jefe del Castillo de San Ramírez, en la Florida.

Aquí cursa sus primeros estudios, en una escuela fundada por sacerdotes irlandeses salamantinos, donde se enseñaba lectura, escritura, aritmética y religión, y podía asistir cualquiera, con independencia de su raza u otra condición. El padre Miguel O´Reilly, también irlandés, es quien le enseña las primeras letras e impulsó sus pasos en latín, música y religión. El padre O´Reilly también influye decisivamente en su forma de apreciar la vida desde la moral y la devoción patriótica, haciéndole integrar la fe en Dios con el compromiso para con la Patria.2

En 1801, con apenas 13 años de edad, Félix Varela tenía definida su personalidad, gustos e inquietudes. Tres personas fueron decisivas en este proceso: el abuelo materno, la tía Rita y el padre Miguel O´Reilly. Del abuelo incorporó la disciplina y la valentía para defender las ideas, el aprecio por la cultura hispana y el amor a la Isla de Cuba. Su tía logró convertirlo en una persona sensible y tierna, humilde y bondadosa, con una profunda fe en Cristo y siempre dispuesta a obedecer a Dios. Y el padre Miguel supo estimularle la inquietud por el conocimiento, un alto aprecio por la música y hondas convicciones morales, así como la unión intrínseca entre catolicismo y patriotismo.

En este momento, el abuelo, que por entonces se desempeñaba además como gobernador interino de la Florida, intenta que Félix Varela comience la carrera militar, una ilusión fuertemente abrazada por el Coronel Morales. No obstante, el joven se opuso y defendió resueltamente su vocación de ser soldado de Jesucristo para dedicar su vida a salvar almas.    

Por tanto, decidieron que marchara a su tierra natal con el propósito de matricular en el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, fundado el 11 de junio de 1772 por Real Orden del rey Carlos III, del 14 de agosto de 1768, al que se incorporó en el mismo año 1801.3 y 4

Félix Varela cursó simultáneamente estudios en la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo, a cargo de la Orden de Predicadores. Esto era frecuente entre los estudiantes del Seminario, fuesen laicos o aspirantes al sacerdocio, pues el Seminario nunca logró poder otorgar créditos. El 23 de julio de 1806 terminó los estudios correspondientes al bachillerato en filosofía, tanto en el Colegio Seminario como en la Universidad Pontificia. Continuó su formación con los estudios teológicos y mientras realizaba estos, obtuvo además el grado de licenciado en filosofía. Ya el 6 de noviembre de 1808 solicitó al Rector de la Universidad el grado de Licenciado en Teología y el día 8 realizó el examen requerido.5

Félix Varela completó dicha formación en el Colegio Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana, bajo la influencia de la reforma del obispo Espada, quien tomó posesión de la Diócesis cuando Varela llevaba un año de estudios en el Seminario y llegó a convertirse en el principal inspirador y promotor del joven sacerdote. Bajo su sombra benefactora se desarrollaron algunos de los componentes fundamentales de la nacionalidad, en esta época de gestación ?los primeros decenios del siglo XIX. Y esto fue posible, en gran medida, porque facilitó la existencia de la llamada “generación de San Carlos”, centrada en torno al padre Félix Varela.6

La época de Varela.

Dicho quehacer de Varela transcurre en un momento de la historia en el que el mundo transitaba de época, del Medioevo al Modernismo, del Feudalismo al Capitalismo. El conjunto de criterios que inspiraba a la mayoría de aquellos mentores y líderes, comenzó a emerger como respuesta positiva a la aprisionada potencialidad de la libertad del hombre en el marco del orden social de la época medieval, y, a su vez, como rebelión contra todo lo establecido, sin tener en cuenta, incluso, que muchas de estas exigencias podían haber sido dictadas por la naturaleza humana.

Esta corriente de la Ilustración, basada en el contractualismo7 imperó en las mentes y en la conformación del nuevo orden. Pero no dejó de tener censores y entre los más preclaros estuvo el padre Varela, quien fiel a la fe cristiana y a otra posición filosófica asentada en el iusnaturalismo8 criticó fuertemente a muchos ilustrados, a la Revolución francesa inspirada por estos y a los liberales que diseñaban el nuevo sistema cultural, social, económico y político.

Félix Varela no aceptó jamás que para crear un mundo más humano fuera necesario darle la espalda a Dios, y por tanto, al concepto de prójimo. Es más, sostuvo con firmeza que sin la debida obediencia a Dios y al Derecho natural era imposible la consolidación de un orden justo. Deseaba, como estos importantes hombres, transformar la sociedad e instaurar la justicia, pero se empeñaba en hacerlo a través de la transformación de la persona en un ser ético. Y para esta, la ética, no concebía otro fundamento que la fe en Dios. El padre Varela fue un ilustrado católico, seguidor de los postulados del Evangelio y de la Universidad de Salamanca, de Fr. Benito Jerónimo Feijoo y del Obispo Espada.9

Labor del padre Félix Varela.

Desde esta ilustración católica emprendió toda la obra de su vida. Ella marcó su labor en la Cátedra de Filosofía del Seminario, ocupada por oposición desde 1812. En dicha Cátedra emprendió la tarea, planificada por el Obispo Espada, de transformar los estudios de filosofía, con el objetivo de enseñar a pensar y así lograr una reforma profunda de la sociedad cubana. 10 y 11

Dicha ilustración católica también orientó su labor para fundar, incluso antes de ordenarse como sacerdote, el 21 de diciembre de 1811, la Sociedad Filarmónica de La Habana, con el propósito de que los jóvenes aprendieran música, considerando importante la enseñanza de la misma para la formación integral y el desarrollo armónico de la persona.12  Igualmente se incorporó al trabajo de la Sociedad Patriótica de La Habana, sobre todo en materia de educación general, a la que ingresó como socio de número el 24 de enero de 1817 y fue promovido a socio de mérito el 14 de diciembre de 1818, casi dos años después de su incorporación.13

De similar manera, la ilustración católica encauzó el trabajo de Félix Varela en la Cátedra de Derecho Constitucional del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. La mencionada Cátedra, llamada también de la libertad, fue una idea estimulada por el obispo Espada, y apoyada por la Sociedad Económica de Amigos del País, con la intención de ofrecer a la juventud cubana los fundamentos teóricos de los conceptos básicos de la Constitución española. El objetivo era ir logrando, en la sociedad cubana, la claridad suficiente y la unidad necesaria. A petición del obispo Espada, dichas clases fueron recopiladas e impresas, surgiendo así las ya famosas Observaciones sobre la Constitución política de la Monarquía española.14

Las clases y el texto sobre la Constitución, crearon un estado de opinión a favor de la designación del padre Félix Varela como candidato a las ya inminentes elecciones de diputados a Cortes. El obispo Espada decidió solicitar el concurso del joven Presbítero y escuchó en silencio todos los argumentos que el profesor esgrimió contra su elección. Pero al acabar Varela la explicación, el Obispo se puso de pie y dijo: “¡Pienso que serás el mejor diputado a Cortes que tenga La Habana!”15 El 13 de marzo de 1821 se realizaron las elecciones para diputados a Cortes y, como era de esperar, fue electo el padre Félix Varela.
 
Una vez ocupado su puesto en las Cortes, un año y algo más de dos meses después de haber llegado a España, pues sus adversarios desde La Habana maniobraban para que no pudiera ejercer las funciones y fuera sustituido,16 Varela se manifestó, inspirado también por la ilustración católica, sobre la importancia del equilibrio de los poderes del Estado y dio su apoyo a todo sistema legal que no implicara despotismo; impugnó los cargos por designación o por herencia, y opinó que estos debían ser electivos y por votación popular, para procurar que fueran ocupados por hombres capaces; hizo un alegato contra el fanatismo y la superstición, tanto política como religiosa; y criticó el viejo sistema de enseñanza en Cuba; entre otras intervenciones. Pero sus más importantes propuestas, elaboradas con mucha decisión y cuidado, fueron la proposición de reconocer la independencia de las jóvenes Repúblicas que se habían escindido de la Metrópoli y la constitución de una especie de Comunidad hispanoamericana de naciones con aquellas que pudieran decidir mantenerse asociadas a España, así como el proyecto de autonomía para Cuba y la propuesta de extinción de la esclavitud en la Isla, que no llegaron a ser presentados.17  

A la realización de sus ideales, cimentados en la fe cristiana, continuó dedicando el padre Félix Varela el resto de su vida. Pero, sobre todo, a través de la labor pastoral de su Iglesia Católica en Estados Unidos, pues, a causa de su trabajo como diputado, había tenido que partir al exilio, en 1823, condenado a muerte por Fernando VII.  

Cuando el Presbítero sale clandestino de España con el propósito de evadir la sanción Real que lo condena a muerte, se traslada hacia Norteamérica. A su llegada a este país hizo una  breve estancia en Philadelphia, donde inicia la publicación de El Habanero. Papel político, científico y literario, con el objetivo de que circulara en La Habana. Allí publica los tres primeros números. Los cuatro restantes, en 1825 y 1826, los edita en New York. En esta ciudad, a inicios de 1825, aclara su situación canónica, y ya con un buen dominio del inglés, comienza a ejercer el ministerio sacerdotal. En 1826 publica la primera traducción con comentarios del Manual de Práctica Parlamentaria, de T. Jefferson. También publica en ese mismo año la traducción de Elementos de química aplicados a la agricultura, de H. Dhabi. En 1827 escribe en inglés su Catecismo de la doctrina cristiana, hoy desaparecido. En 1830, redacta los Consejos a los recién Casados, y, por último, las Cartas a Elpidio, cuyo primer tomo vio la luz en 1835, y el segundo en 1838. El tercero, si fue escrito, nunca se editó y el manuscrito debió extraviarse, pues nada se sabe de él. Esta, su obra maestra, con estilo epistolar, es de un gran valor ético y está destinada a formar hombres capaces de asumir responsabilidades sociales y políticas, en una sociedad democrática, desde un talante genuinamente católico. Eligió como destinatario simbólico de estas cartas a Elpidio, nombre propio derivado del griego, elpis, que significa esperanza.

En New York llegó a ser Vicario General de la Diócesis. Representó a su Obispo en los Concilios Provinciales de Baltimore, considerados fundacionales de la Iglesia Católica en los Estados Unidos, entre otras gestiones de notable importancia. También atendió la educación de los niños y el cuidado de los huérfanos. Cuidó todo lo que pudo de los pobres y especialmente de los inmigrantes, sobre todo irlandeses. Se dedicó a procurar el crecimiento espiritual, la promoción de la virtud y la bondad, así como el debate y el esclarecimiento teológico e intelectual, razón por la cual la Facultad de Teología del Seminario Santa María de Baltimore le confirió, en 1841, el grado de Doctor en Teología.18
 
Cuando el padre Félix Varela llegó a estar exhausto y agotado por tanto quehacer, y agravado en sus dolencias, decidió pasar una temporada en San Agustín, la Florida, en busca de un clima que lo reconfortara y de un terruño que le recordara su infancia, y además, lo acercara a Cuba, su patria. Dicha temporada se extendió por seis años, aunque durante la misma viajó en dos ocasiones a Nueva York con el objetivo de visitar a su gente.

Allí fue acogido por el padre Aubril, un sacerdote francés que decidió compartir con él su pobreza. Este le acondicionó, en la medida de lo posible, una habitación de madera que tenía disponible al fondo de la escuela parroquial. El tiempo que el padre Varela vivió en aquel sitio, también lo dedicó a instruir y consolar, inspirar y dar todo a los pobres. Tocaba el violín para los niños. Daba sermones en español para todos los habitantes de origen hispano, quienes hacía mucho no podían disfrutar de tal privilegio. Un historiador contemporáneo de los primeros tiempos de la Iglesia Católica en la Florida menciona al padre Varela como uno de los tres hombres más importantes del siglo XIX.  

Su salud prosiguió debilitándose. Llegó a necesitar recostarse sobre tres almohadones para poder respirar. Se le hizo imposible leer, así como sostener la pluma para escribir. Cierto desconsuelo también se fue haciendo evidente, pues ya no tenía contactos con los cubanos ni con la Diócesis de Nueva York, de donde aún era Vicario General, al menos formalmente. Sin embargo, su mente se mantuvo siempre muy perspicaz y su bondad se hizo cada vez más infinita. Lorenzo de Allo, un amigo cubano, que llegó a verlo en tales circunstancias, exclamó: “El alma se parte al ver un santo perecer sin amparo.”19

Legado del padre Félix Varela.

El ideal de sociedad justa que el padre Varela nos legó parte de la conceptualización expresada por el conjunto del Antiguo y Nuevo Testamentos, que define la justicia como una especie de fraternidad para con la comunidad,20 concretada a través de una virtud personal ejercida a partir de la prudencia.21

Para este Sacerdote cubano, lo justo, lo que cada uno debe recibir de manera fraterna, ha de ser todo el bien necesario para perfeccionar el cuerpo (a través del ejercicio libre de sus funciones) y el alma (mediante el cultivo de los conocimientos y las virtudes).22 Además, asegura, que el bien inagotable capaz de hacer crecer al hombre en su integralidad es Dios, un Ser amoroso, espiritual y superior, Autor y Gobernante del hombre y de los demás objetos.23 El Padre Varela considera la fe en Dios como el sostén de la virtud y la piedra angular del edificio social.24

Por tanto, el criterio del padre Félix Varela acerca de la justicia tiene su fundamento también en las leyes naturales y divinas. Para este sacerdote habanero el Ser Supremo, Dios, ha manifestado Su voluntad a los hombres, enseñándoles ciertas verdades e imponiéndoles leyes, cuya creencia y observancia exige.25  Estas leyes son denominadas por el padre Varela como divinas. Sostiene que una ley es divina y eterna cuando está considerada en la mente de Dios. Asegura también que de la ley eterna emana la ley natural y que las leyes humanas ?establecidas por los hombres? deben ser, a su vez, conformes a la ley natural, o sea, al derecho natural.26

Asegura el padre Varela que para el hombre poder comprender y cumplir las leyes divinas y naturales debe relacionarse con Dios a través de la religión. También sostiene que no hay más que un Dios y una religión verdaderamente revelada, pues el Creador no puede comunicar sino una e inalterable idea de Sí mismo.27 Luego entonces, la Iglesia católica fundada por Jesucristo, asegura el padre Varela, tiene un origen divino28 y el objeto de procurar el bien espiritual y también temporal de los pueblos, a través del cultivo de la paz y la mutua caridad29 entre las personas, a partir de la fe30 en la vida eterna.31 y 32  

Para el padre Félix Varela no habrá auténtica justicia sin el ejercicio debido de la religión y para ello pretende la libertad necesaria. La libertad religiosa, sostiene, se realiza a través del hábito de respeto en la generalidad de la población no creyente, así como de la tolerancia evangélica de los católicos para con las otras religiones.33 Debe desarrollarse en el marco de un Estado no confesional, incapaz de imponer la religión o cualquier sistema de pensamiento, pero dispuesto a generar un marco neutral y positivo en el que la Iglesia pueda desempeñar la misión de procurar que todos los hombres sean iguales en la libertad para ejercer la debida responsabilidad comunitaria.

Para el padre Varela uno de los resultados de la verdadera libertad que debía promover la Iglesia es el derecho de igualdad. 34 Sustenta que existen tres especies de igualdad: natural (asentada en la identidad de especie en la naturaleza), social (asentada en la igual participación en los bienes sociales, según el influjo de cada cual), y legal (asentada en la atribución de los derechos e imposición de premios y penas, sin excepción de personas).35

Sobre el tema, aclara que la igualdad natural y social van acompañadas necesariamente de una desigualdad, pues los hombres en la naturaleza, a pesar de poseer unos mismos principios e iguales derechos de la especie, se diferencian en las perfecciones individuales: tanto corpórea como intelectual. En tal sentido precisa: el sabio jamás será igual al ignorante, ni el fuerte al débil, mereciendo siempre mayor atención el hombre de quien se espera mayores bienes o de quien se temen mayores males.36 Sin embargo, la igualdad legal, esclarece, se halla en la distribución de los derechos, y es la única que no debe ir acompañada de desigualdad en las operaciones. Tanto derecho debe tener un pobre como un rico, un sabio como un ignorante. Pues el derecho legal, afirma, no debe depender de la opinión que se tiene de la persona, ni de lo que esta puede prometer, sino de la naturaleza de los hechos sobre los que se juzga.37

Igualmente habló, aunque de manera tangencial, de igualdad entre los sexos.38 Sin embargo, a contrapelo de la opinión actual sobre el tema, el padre Varela reclama las facilidades imprescindibles para que las mujeres puedan prepararse y ser más útiles, pero lo hace pensando sobre todo en la enorme responsabilidad que tienen para con el manejo de la familia, a través del cual –asegura? aportan y hasta gobiernan a la sociedad.39 También se ocupó, profunda e intensamente, de la igualdad entre las razas. Sin embargo, siguiendo el principio de la prudencia, proponía alcanzarla por medio de la extinción gradual de la esclavitud.40 De su criterio sobre la igualdad entre los seres humanos emana también su convicción acerca de la igualdad entre los pueblos y como consecuencia se afana por demostrar y lograr el derecho de ellos a su emancipación. Es necesario destacar que también en dicho quehacer impone la prudencia como principio recto de toda gestión.41
 
Según el padre Varela, dicha libertad en la igualdad, tanto de las personas como de los pueblos, se lograría a través de la virtud emanada de la fe y nutrida por la Iglesia. Pero ello exigiría, además, que la persona se habituara a conformar sus operaciones a la razón, pues asegura que la virtud ha de crecer y realizarse de acuerdo a las relaciones reales de los seres. Para el padre Félix Varela, solamente una persona educada en el corazón y en la mente, es capaz de ser libre y responsable. Por eso, dedicó mucho esfuerzo al tema de la enseñanza.

Deseaba una educación extendida y al alcance de todos, que partiera de la libertad académica. También sostiene la exigencia de capacitar a las personas, desde su niñez, para combinar las ideas, a través de un plan científico con una metodología totalmente analítica.42 En cuanto al orden en que se deben impartir las materias, opinó que se debe comenzar por las ciencias, con el objetivo de crear en la persona ideas muy exactas, que la capaciten para después aprender las humanidades, entre las cuales se debe encontrar el estudio de la filosofía. Para este sacerdote cubano: “la filosofía empieza para el hombre cuando nace, y concluye cuando desciende al sepulcro, dejándole aun espacios inmensos que no ha recorrido”.43

Para procurarlo, Félix Varela propone una ingente faena filosófica, desde una metodología ecléctica44, con el objetivo de procurar el conocimiento a través de la elección libre de los contenidos, para así acercarse continuamente a la verdad.45 No implica esta propuesta de eclecticismo que el padre Varela careciera de preferencia filosófica, él era un Tomista convencido y un admirador de San Agustín.46 Pero el padre Félix Varela opinaba que era posible y necesario nutrirse de lo mejor de cada pensador e ir conformando, con todo este conocimiento, un sistema armónico de ideas.47

Deseaba la libertad para pensar y enseñar, incluso en relación con la Iglesia.48 Pero eso no implicaba que propusiera una ruptura de estos quehaceres (pensar y enseñar) con la religión. Refiriéndose a la relación entre religión y filosofía afirmó: “Dos hijas hermosísimas del Eterno; sí, la santa religión y la amable filosofía, dadas las manos y rodeadas de un iris de paz, observan desde el alto cielo este campo de dolor, siguen la vista a los pasos del horrendo monstruo de la impiedad, y compadecen la miserable suerte de los que, por no conocerlas, han creído dividirlas”. Para asegurar: “De aquí el trastorno de los principios sociales; de aquí la desconfianza mutua; de aquí la debilidad de las leyes; de aquí, en una palabra, la ruina de la sociedad”.49

Félix Varela sustentó que toda persona virtuosa debe educarse y profundizar en las humanidades con entera libertad, pero también aconsejó hacerlo desde la fe cristiana. Sin embargo, sostuvo que la Iglesia no debe decidir con autoridad académica acerca de los contenidos de la ciencia. Esto no es una contradicción. Para el padre Varela, la persona humana, libre por naturaleza y potencialmente creadora, debe trabajar para desarrollar la humanidad y en la gestión debe observar que su creación tienda al bien exigido por la fe cristiana. Es aquí donde tiene autoridad la Iglesia, para el padre Félix Varela. Ella debe decidir sobre la fe que han de poseer los seres humanos, y por tanto, ha de poder también pronunciarse, privada y/o públicamente, acerca de los principios ético-religiosos que sustentan o deben sustentar, toda iniciativa humana, ya sea individual o grupal, científica o política, etcétera.

Al resultado intelectual que se obtiene a través de dicho método electivo Varela lo denomina ideología. Define la ideología como la ciencia de la adquisición y enlace de las ideas. Precisa además que constituye una necesidad humana para procurar continuamente la síntesis, ordenada armónica y jerárquicamente, del universo de ideas que vamos adquiriendo y la síntesis, a su vez, de dichas ideas, con las posibilidades reales de concretarlas.50

Dicha capacidad para lograr una síntesis adecuada entre las mejores ideas, y entre estas y la realidad, son para Varela una condición necesaria para ejercer debidamente el patriotismo. Félix Varela define al patriotismo como el “amor que tiene todo hombre al país en que ha nacido, y al interés que toma en su prosperidad”.51

Según Félix Varela, tres máximas deben regir el ejercicio del patriotismo: 1) Preferir el bien común al bien particular, 2) no hacer cosa alguna que pueda oponerse a la unidad del cuerpo social, 3) y hacer solo lo que es posible a favor de la sociedad.52 Asegura, además, que estas máximas se pueden ejercer de manera efectiva únicamente a través del hábito de respeto mutuo,53 encaminado a la generación sistemática de consensos. Dichos principios, reitera, deben estar regidos por la prudencia,54 con el propósito de crear el necesario clima de franqueza y confianza social.55

Cuando las condiciones del status quo no permitan procurarlo, se debe incluir al patriotismo, sostiene el padre Varela, la actitud revolucionaria. Cuando Félix Varela esgrime el término de manera positiva lo hace para definir una gestión orientada a lograr un cambio político,56 sin rebelión,57 a través de la fuerza de la opinión colectiva,58 expresada con energía59 pero de manera pacífica.60 Advertía que el interés de la Isla de Cuba no se podía hallar en una defensa temeraria, cuyo éxito sería precisamente la ruina eterna del país. Para procurarla llegó a recomendar al grupo de sus seguidores, avanzada la década de 1830, la creación de una sociedad de moral pública, cuyo objetivo debía ser preparar a cubanos capaces de destruir el vicio sin exasperar al vicioso. El único requisito que se le exigiría a los asociados sería dar buen ejemplo.61 Sin embargo, sostuvo que si por desgracia se daba la guerra, con el agrado de la generalidad de la población, sería necesario no darle la espalda, pues lo contrario constituiría un apoyo a esa Metrópoli que solo pedía sacrificios inútiles.62

Para Varela el patriotismo y la actitud revolucionaria, deben estar encaminados a la creación y re-creación de un orden social y político justo, que tenga como pilar la dignidad de la persona humana. Para que las personas puedan ordenar la vida en pro de esta felicidad, asegura el padre Félix Varela, Dios las hace partícipes de su soberanía: primer poder y origen de los demás poderes. Con el objetivo de procurar el debido equilibrio entre la soberanía popular y su ejecución por parte del Estado, Félix Varela sentencia que el cuerpo representativo encargado de ejecutar dicha soberanía ha de tener limites y poseer separadas las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales, en un marco verdaderamente democrático,63 donde todas las personas se puedan asociar políticamente y expresar con libertad segura todas sus opiniones, así como gobernar bajo el imperio de la ley.

En la estructuración del poder público opta por una rama legislativa unicameral, en estrecha vinculación con el pueblo.64 Prefiere un poder judicial según el modelo latino.65 Indica la conveniencia de un poder ejecutivo muy cohesionado entre todas sus instancias.66 Se inclina por un cuarto poder, llamado moderador, en la persona de un jefe de Estado, que, desligado del ejercicio directo de las otras funciones del poder, se encargaría de evitar los conflictos entre las distintas ramas, así como procurar la colaboración y el control mutuo entre las mismas.67 Dicho Estado sería únicamente, según Varela, el supervisor y regulador supremo de las actividades espontáneas y autónomas desde el punto de vista del bien común, e intervendría únicamente para exigir responsabilidad y cubrir los vacíos, en una sociedad que promueva el deber de trabajar y no se empeñe en la comunidad de bienes.68
 
Para asegurar todo lo anterior, considera imprescindible el establecimiento de una constitución que dé carácter público a la nación, establezca con claridad y precisión los fines comunes y las reglas generales, las facultades y límites del poder, así como las libertades y deberes de los ciudadanos, evitando de esta manera cualquier posibilidad de tiranía o anarquía.69 Para el padre Varela la fe en Cristo y el consecuente reconocimiento del Derecho natural han de ser los fundamentos del quehacer, privado y público, de toda persona humana. Por tanto, debían ser también los pilares de toda Ley fundamental. Como consecuencia, igualmente el texto debería precisar con claridad el lugar de la Iglesia en la sociedad, así como las relaciones entre ella y el Estado.

De esta manera el padre Félix Varela deseaba garantizar a la Iglesia todas las facilidades para cultivar al hombre en la virtud cristiana, sostén de la justicia que propone. Sin embargo, no deseaba para ella ningún privilegio por parte del Estado. El influjo de la Iglesia y el establecimiento del cristianismo como fundamento de la justicia terrena, serían el resultado de la autenticidad de la Iglesia, de la mística de los cristianos, y de la decisión voluntaria de los seres humanos. Pretendía así, el padre Varela, promover la justicia desde el más escrupuloso respeto por la libertad. Por otra parte, como ya apunté, la Carta Magna debería establecer un Estado que también promueva la educación y la democracia suficientes para que las personas puedan construir, con conocimiento recto y en libertad, dicho reino de justicia. Para intentar todo esto, aconsejaba orar, si no mucho tiempo, al menos sí de manera muy intensa.70
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1 Cf. Félix Varela. Porta-antorcha de Cuba. Joseph y Helen M. McCadden. Página 170.
2 Cf. Señal en la noche. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Páginas 24-32. Y  Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 26-39.
3 Cf. Señal en la noche. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Páginas 24-32. Y Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 26-39.
4 Conseguir la Real Orden de Carlos III para constituir un Seminario que promoviera lo autóctono, como en aquel momento pretendía la elite habanera, no debe haber sido difícil. Pues su política, bajo la influencia del pensamiento de Fr. Benito Jerónimo Feijoo (monje benedictino), se encaminaba a promover un nuevo mundo intelectual, capaz de adecuar el pensamiento universal moderno a las raíces de la hispanidad, partiendo del método experimental inductivo y de la idea de que no existe contradicción entre la ciencia y la religión. (Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 40-62.
5 Cf. Ibíd. Páginas 104-127.
6 Cf. Revista Palabra Nueva. No. 131. Junio de 2004. Páginas 34-36.
7 Contractualismo. Teoría filosófico-jurídica según la cual la sociedad y el Estado deben su origen a un pacto o contrato social libremente establecido por los hombres, teniendo en cuenta sus intereses y sin sujeción al Derecho natural.
8 Iusnaturalismo. Conjunto de doctrinas sobre el Derecho natural que sostiene la justeza de la ley y el orden únicamente cuando son consecuentes con las exigencias de la naturaleza humana.
9 Cf. Historia Universal. EUNSA. T X. Páginas 15-44, 69-155. Y Cartas a Elpidio. Sobre la impiedad. Félix Varela. Páginas 35, 66, 73, 90, 101, 151-152, 158, 165, 180-181. Y Cartas a Elpidio. Sobre la superstición. Félix Varela. Página 95.
10 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. 157. Y Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 131-216.
11 En el propio 1812 publica en latín su primer trabajo de filosofía, titulado Varias proposiciones para ejercicio de los bisoños. Pedagógicamente adopta el sistema de expresar una idea razonada (demostración), luego la exposición del argumento en contra (impugnación) y por último esgrime el análisis contra la impugnación (réplica). También 1812 comienza a elaborar un Elenco de filosofía para cada uno de los tres cursos en que se impartía la asignatura.  En aquel momento, el arzobispo de Santo Domingo le pidió que redactara un texto de Filosofía para el Seminario de su arquidiócesis. Inmediatamente se entregó a la redacción del texto solicitado, utilizando las notas que sirvieron de base al Elenco de 1812 y las que debían servir para elaborar los posteriores. El año 1813 fue de intensa actividad intelectual para el padre Varela. En esta etapa se producen algunas innovaciones importantes en su obra. La primera fue el sorprendente hecho de que, al publicar el tomo III de sus Instituciones de filosofía ecléctica para el uso de la juventud estudiosa, lo hiciera en español, rompiendo así con los cánones establecidos. En 1814 editó el cuarto tomo de las Instituciones de filosofía ecléctica para uso de la juventud. Su obra filosófica fue discutida en Cuba, en especial el tercero y último de sus Elencos, publicado en 1816. Si Bachiller y Morales pudo expresar que el Elenco de 1812 era el primer ensayo de filosofía moderna en Cuba, en relación con el de 1816 expresó, sin titubear, que es el primer ensayo de filosofía cubana. La filosofía vareliana se fue convirtiendo en la corriente hegemónica dentro del pensamiento teórico cubano. No obstante, la obra pedagógica más importante de la producción filosófica del padre Varela son las Lecciones de filosofía. Esta obra sirvió de base para las enseñanzas de esa materia en Cuba y en otros países de Hispanoamérica, hasta 1842. Entre una edición y otra prevalece un proceso evolutivo que posibilita plantear la existencia de cinco obras diferentes, teniendo en cuenta el número de ediciones. Motivado por el hecho de que en ellas no quedaban explicitadas las bases mismas de toda su concepción filosófica, y ante la inquietud de sus discípulos, quienes le solicitaban la aclaración de muchos aspectos teóricos que fundamentaban sus Lecciones, publica, al año siguiente, en 1819, las Misceláneas filosóficas, que tuvieron tres ediciones hechas en vida del autor (1819, 1821, 1827). (Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. 157. Y Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 131-216.)
12 Cf. Señal en la noche. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Páginas 50-52.
13 Cf. Vida del Presbítero Don Félix Varela. José Ignacio Rodríguez Páginas 65-71.
14 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 274-278.
15 Cf. Ibíd. Página 305.
16 Cf. Ibíd. Páginas 296-324.
17 Cf. Félix Varela. Orígenes de la ciencia y con-ciencia Cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas.  Páginas 296-324.
18 Cf. Señal en la noche. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Páginas 99-158. Y Félix Varela. Porta-antorcha de Cuba. Joseph y Helen M. McCadden. Páginas 73-128.
19 Cf. Félix Varela. Porta-antorcha de Cuba. Joseph y Helen M. McCadden. Páginas 136-9.
20 Cf. Te basta mi gracia. Cardenal Jaime Ortega. Páginas 1012-1020.
21 Cf. Félix Varela. Obras. El que nos enseñó primero en pensar. Tomo I. Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, Mercedes García Rodríguez. Página 95.
22 Cf. Félix Varela. Obras. El que nos enseñó primero en pensar. Tomo I. Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, Mercedes García Rodríguez. Página 258.
23 Cf. Ibíd., páginas 283-187.
24 Cf. Carta Pastoral “No hay patria sin virtud”. Cardenal Jaime Ortega. Página 4.
25 Cf. Félix Varela. Obras. El que nos enseñó primero en pensar. Tomo I. Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, Mercedes García Rodríguez. Página 287.
26 Cf. Ibíd. Página 279.
27 Cf. Cartas a Elpidio. Superstición. Félix Varela. Página 3.
28 Cf. Cartas a Elpidio. Superstición. Félix Varela. Página 60.
29 Caridad: un amor  sin fronteras. (Cf. Te basta mi gracia. Cardenal Jaime Ortega. Página 127).
30 Fe: vínculo de fidelidad (respeto, confianza y obediencia) de la persona para con Dios, a través de un relación yo-Tú ante el Creador que se revela. (Cf. Ética. Romano Guardini. Página 847).
31 Vida eterna: comunión plena con Dios, participación en su vida divina, tanto antes como después de la muerte. (Cf. La otra dimensión. Juan L. Ruiz. Páginas 227-250).
32 Cf. Cartas a Elpidio. Impiedad.  Félix Varela. Página 175.
33 Cf.  Cartas a Elpidio. Impiedad.  Félix Varela. Páginas 100-101. Y Cartas a Elpidio. Superstición.  Félix Varela. Páginas 133-172.
34 Cf. Escritos políticos. Pbro. Félix Varela. Página 40.
35 Cf. Escritos políticos. Pbro. Félix Varela. Página 40.
36 Ibíd. Página 41.
37 Ibíd.
38 Cf. Cartas a Elpidio. Pbro. Félix Varela. Impiedad. Página 122.
39 Ibíd. Página 128.
40 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas. Eduardo Torres Cuevas. Página 17.
41 En relación con su quehacer para lograr la independencia de Cuba, el padre Félix Varela no utilizó ni fundamentó el concepto de nación. No existía la nación cubana (éramos españoles de América), ni tampoco la patria en el sentido moderno del termino. Sin embargo, existían condiciones para crear y consolidar esta última, y a esa labor sublime ofreció todo el servicio que estuvo a su alcance. Deseaba lograr la patria cubana, para desde ahí empinar la Isla como nación e impulsarla, entonces, a obtener su independencia. Es cierto que cuando sufrió la decepción en las Cortes, aceptó durante algún tiempo que el proceso fuera a la inversa (con todos los riesgos que ello conlleva), o sea, lograr la independencia para desde un Estado ya en poder de los cubanos, trabajar por la futura nación. Pero esto fue posible sólo ante una política española de exclusión y atropello, que parecía poner en peligro la existencia misma del pueblo que vivía en la Isla. El padre Varela comenzó y terminó su gestión patriótica, convencido de que era necesario crear cubanos virtuosos e independientes, hacer crecer la cultura cubana y lograr la nación, para entonces apurar la independencia, si es que ésta no se hubiera obtenido antes con el concurso de la Metrópoli, y a través de un proceso ordenado y gradual. Aseguraba, además, que no habría patria hasta tanto todos en la Isla fueran libres, pero tampoco apresuraba su gestión por abolir la esclavitud. El padre Félix Varela procuraba no poner en peligro, jamás, el equilibrio social. Pensaba que todo se debía ir logrando a partir de un proceso natural y que éste se podía estimular pero no violentar, pues se correría el peligro de dañar o hasta frustrar las posibilidades futuras. (Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas.  Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 236-249.9
42 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 131-216.  Y El Padre Varela. Biografía del forjador de la conciencia cubana. Antonio Hernández Travieso. Página 11.
43 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 144.
44 Eclecticismo: del griego eklegein: escoger. En filosofía y arte, la formulación de sistemas de pensamiento por la selección de doctrinas de otros sistemas ya desarrollados con anterioridad. Los pensadores eclécticos combinan lo que consideran doctrinas más válidas. (Cf. Diccionario enciclopédico. UTEHA. Tomo IV. Página 377.)
45 Cf. El Padre Varela. Biografía del forjador de la conciencia cubana. Antonio Hernández Travieso. Página 11.
46 Cf. La posición filosófica del padre Félix Varela. Gustavo Amigó, sj. Páginas 87-89. Y Cartas a Elpidio. Sobre la impiedad. Pbro. Félix Varela. Páginas 42, 82, 95, 98.
47 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 229.
48 Ibíd. Página 144.
49 Cartas a Elpidio. Sobre la impiedad. Páginas 19-20.
50 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 229. Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 229.
51 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas.  Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 169.
52 Cf. Cartas a Elpidio. Sobre la impiedad. Pbro. Félix Varela. Página 144.
53 Escritos políticos. Pbro. Félix Varela. Página 212.
54 Cf. Félix Varela. El que nos enseñó primero en pensar. T-I. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 268.
55 Cf. Cartas a Elpidio. Sobre la impiedad. Pbro. Félix Varela. Página 101. Y Cartas a Elpidio. Sobre la superstición. Pbro. Félix Varela. Página 77.
56 Cf. Escritos políticos. Félix Varela. Página 202.
57 Ibíd. Página 135.
58 Ibíd. Página 216.
59 Ibíd. Página 136.
60 Ibíd. Página 216.
61 Cf. Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Página 371.
62 Cf. Escritos político. Félix Varela. Páginas 137,  210.
63 Cf. Escritos políticos. Félix Varela. Página 37.
64 Cf. Escritos políticos. Félix Varela. Páginas 45-56.
65 Cf. El padre Varela. Biografía del forjador de la conciencia cubana. Antonio Hernández. Página 345.
66 Cf. Escritos políticos. Félix Varela. Página 94.
67 Cf. Diccionario Enciclopédico. UTEHA. T-VIII. Página 606.
68 Cf. Félix Varela. El que nos enseñó primero en pensar. T- I. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 276-277.
69 Cf. Escritos políticos. Félix Varela. Página 42.
70  Cf. Félix Varela. El que nos enseñó primero en pensar. T- III. Dr. Eduardo Torres Cuevas. Páginas 244.

Sobre los autores
Roberto Veiga González 94 Artículos escritos
(Matanzas, 1964). Director de Cuba Posible. Licenciado en Derecho por la Universidad de Matanzas. Diplomado en Medios de Comunicación, por la Universidad Complutense de Madrid. Estudios curriculares correspondientes para un doctorado en Ciencias Pol...
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