Una mirada al Feminismo Negro desde el oficio de historiadora y activista social: entrevista a Logbona Olukonee

Pedro Cubas (PC): ¿Cómo fueron sus inicios o primeros acercamientos a las temáticas que emanan de los estudios de género, de la mujer y de los feminismos?

Logbona Olukonee (LO): Creo que mis inicios con el feminismo se remontan a mi niñez. En los innumerables libros que devoré esperando que llegara la electricidad encontraba un vacío de protagonistas femeninas que pudieran terminar sus historias vivas o con un final afirmativo. Los principales estereotipos de representación de las feminidades en ese refugio creativo que fue la literatura para mi, eran mujeres blancas, europeas, moribundas, delgadas y que usualmente morían por amor o esperando, antes de los 35 años. Mientras a mí alrededor convivía con mujeres que representaban todo lo contrario.

Estas contradicciones alimentaron en mí fuertes inconformidades hacia los referentes normativos del deber ser mujer. De ahí que años más tarde, aproveché la oportunidad de acceder a las bases de datos y bibliotecas mientras estudiaba en la Facultad de Historia de la Universidad de la Habana para instruirme más sobre los sistemas de opresión que vivimos las mujeres. Gran parte de los primeros trabajos que leí pertenecían al enfoque de los “Estudios de Género”. Se caracterizaron por una visión académica, despersonalizada, que perseguía la objetividad científica para estudiar la presencia inmutable en el tiempo de un sistema patriarcal que normativizaba la opresión de las mujeres en beneficio de los hombres.

Estos textos me permitieron encontrar alguna base teórica para pensar mis propias experiencias no-normativas, pero sus análisis eran muy limitados y parecían reforzar un ideal de mujer en los que yo, una mujer masculina, negra y de la periferia de la ciudad, no me sentía para nada representada. Durante los últimos años en la Universidad, empecé a salir con mujeres y a darme cuenta de que era lesbiana, no bisexual. Esto complicó aún más mis acercamientos a la teoría de género que está consultando, la cual sólo reconocía la opresión basada en las relaciones sexo-afectivas heterosexuales. Además, comencé a interesarme en las diferencias invisibilizadas que existían entre la colectividad “mujeres”; y las otras, especialmente las más negras, empobrecidas y no hetero-normativas.

Esa búsqueda de información me condujo a los espacios de la comunidad del hip-hop en La Habana. El movimiento hip-hop propició escenarios para debatir críticamente sobre la racialidad en Cuba; aunque en innumerables ocasiones se restringían a las experiencias de los hombres heterosexuales afro-descendientes. No obstante otras afro-activistas centraron su discusión en las numerosas vivencias de las afrocubanas. Quedé deslumbrada la primera vez que vi a una mujer negra con dreadlocks, defendiendo con su práctica cotidiana el derecho a llevar su pelo natural. Participé en talleres y espacios donde se dialogaba sobre la presencia de mujeres afro-descendientes en la historia y la cultura nacional, como Carlota, África Céspedes, Belkis Ayón, Sara Gómez, entre otras. Estos conocimientos eran nuevos para mí, a pesar de que, por cinco años, estudié Historia en la Universidad de La Habana.

Dentro de los espacios de la cultura hip-hop en Cuba pude conocer a importantes mujeres activistas y activistas afro-descendientes, como Nehanda Abiodum, Magia López, “Las Krudas”, Sandra Abd’Allah Álvarez, Afibola Sifunola, Luz de Cuba, Norma Guillard, quienes desde posiciones muy distintas defendían diferentes experiencias de las afrocubanas y personas no-heteronormativas en la actualidad, quienes han sido borradas por el discurso de construcción de la nación cubana intencionalmente.

Jornada de arte y teoría radical Contraxxyones FeminisXs y Queeridad en el Caribe Afrocubano, Cuba 2014

Entre las principales propuestas como feministas que pude incorporar para mi propia experiencia destacan la importancia de la descolonización de la belleza en términos eurocéntricos y la reivindicación de las bellezas de las mujeres afros desde sus diversas vivencias; la recuperación de la voces políticas de las afrocubanas en las instituciones y en los espacios del hip-hop también; las denuncias de la cosificación (hypersexualización, bestialización y masculinización) de los cuerpos de las afrocubanas y la defensa a las sexualidades no hetero-normativas que encarnamos. A partir de sus discursos me enfoqué, entonces, en buscar y socializar otras teorías ya no desde los Estudios de Género, si no desde los feminismos, que destacasen las vidas de las otras (racializadas, empobrecidas, no hetero-normativas) que también importan y reflejan las partes omitidas de la historia de Cuba y del colonialismo en el Caribe.

PC: ¿Cuándo comenzó su interés por estudiar e investigar específicamente el Feminismo Negro?

LO: Fue en este contexto que conocí la obra de Audre Lorde, la cual cambió radicalmente mi vida y me empujó a profundizar mis estudios sobre el Feminismo Negro. Los ensayos de Audre Lorde “El uso de lo erótico”; “La poesía no es un lujo”, “La casa del amo no puede destruirse con las herramientas del amo”, sus libros Zamy y La Hermana la Extranjera progresivamente fueron destruyendo muchos prejuicios internalizados sobre mi y respecto a la comunidad afro-descendiente en Cuba. Pude asirme de otras herramientas políticas que desconocía para poder confrontar la situación de racismo y lesbofóbia que predominan en la sociedad cubana. Una de estas herramientas es el reconocimiento afirmativo de las resistencias como formas de sobrevivencia anti-coloniales; el uso de las artes para promover discusiones políticas que reinsertasen los debates e investigaciones sobre el impacto del racismo en las comunidades afro-descendientes en la Isla, en un contexto nacional que evadía estas problemáticas; la importancia de las alianzas entre diferentes posicionamientos feministas y antirracistas a partir del respeto de las diversas formas de vida; y no menos importante, la toma de acciones feministas ante los actos cotidianos de micro-machismo y micro-racismo para impedir que quedasen impunes o silenciados.

Otro gran aporte de la obra de Lorde (que tuvo repercusiones en mi posicionamiento feminista), consistió en develar el academicismo objetivante y victimizador que caracteriza a una parte de los “Estudios de Género” y el esencialismo miope racial de la epistemología y práctica política del feminismo blanco liberal.

Las lecturas de la obra de Audre Lorde me condujeron a buscar referentes teóricos que ampliasen sus intervenciones. Así me interesé por la presencia de las mujeres afro-descendientes en el Caribe, sus historias y participación en la construcción de las sociedades caribeñas. Debo reconocer que estaba muy influenciada por los enfoques nacionalistas de la academia de Historia sobre la construcción de la nación y como responder ante esa pregunta constante que ha sido un requisito de ciudadanía para los afrocubanos: ¿cuál fue la participación de los mismos en el proceso de constitutivo de la nación cubana, desde las guerras de independencias hasta la actualidad? Como si la presencia afrodescendiente en nuestra Isla no diera cuenta de una historia de más de cuatro siglos de sobre-explotación, discriminación y de una superestructura socio-económica sostenida sobre nosotros.

De esta manera me introduje en el Feminismo Negro, desde una perspectiva historiográfica, estudiando la obra de muchas investigadoras que reposicionaron en los espacios políticos y académicos el uso histórico del cuerpo de las mujeres afro-descendientes como mercancía en la economía colonial y el valor de plusvalía que todavía siguen produciendo para el gran capital.

Mis lecturas rebelaron la enorme presencia de las mujeres en los movimientos de rebelión anticolonial y en los palenques. Las estrategias de resistencia que desarrollaron ante las difíciles condiciones de sobrevivencia durante la esclavitud y las décadas inmediatas posteriores. La formación de un sistema matrifocal como respuesta a la ausencia de los hombres en las familias y comunidades hasta el presente producto de la esclavitud primero y, más tarde por la migración resultado de la pobreza. Brindaron aproximaciones de reivindicación política a las formas de apoyo y ayuda que desplegaron en sus sociedades africanas y en la diáspora forzada en el Nuevo Mundo. En esos momentos iniciales no pude encontrar en la obra de la afroboricua Yolanda Arroyo algún texto que conectase las formas de resistencia anticolonial de las africanas y afro-descendientes en América y el Caribe, con experiencias de vida fuera de la heterosexualidad.

Comprendí que existían varios enfoques feministas negros en la diáspora africana marcados por una mirada heterosexual. En esos momentos demandaba de otras narrativas que pusieran en evidencia el heterosexismo del análisis de estas teorías e investigasen en las políticas hetero-normativas de exclusión de las vidas y las genealogías de otros sujetos no hetero-normativos entre los cuales me identifico, presentes en estos movimientos.

Llegué a la conclusión entonces que esos análisis debía buscarlas entre el movimiento de mujeres que me rodeaba, en sus discursos, prácticas de lucha y en los que yo pudiera ir creando.

PC: ¿Qué conocimientos tiene usted sobre la historia del Feminismo Negro o de las mujeres negras en Cuba; y cuál es la importancia de esos saberes en la actualidad cubana?

LO: Debido al gran vacío que predomina aun en la historiografía cubana respecto a las mujeres negras no puedo afirmar la existencia de movimientos feministas negros en el pasado. Algunas investigaciones (como las de Julio César González Pagés), han recuperado las historias de varias tendencias feministas en la Isla que se remontan a las primeras décadas del siglo XX. En cuanto a grupos feministas que exigiesen la reivindicación social de las afro-descendientes, conozco la antología Afrocubanas, compilado por Inés María Martiatu y Daisy Rubiera, quienes dedicaron una parte importante de su trabajo intelectual a visibilizar las vidas de otras mujeres negras y mestizas de nuestro pasado. Daysi, junto a la profesora Oilda Hevia Lanier, compilaron el libro Emergiendo del Silencio: Mujeres Negras en la Historia de Cuba, publicado en el 2016.

Como bien lo indica el título de esta última obra, las historias de las mujeres negras en nuestro país es un tema que está saliendo a la luz desde hace algunos años. Ha sido resultado del esfuerzo continuo de académicas, intelectuales y activistas negras quienes han formado alianzas para desarrollar espacios de discusión sobre la importancia política de la recuperación del pasado de las afrocubanas. Sin embargo, todavía es un trabajo de largo aliento, dependerá mucho de la fortaleza de las articulaciones que se establezcan entre las diferentes tendencias afro-feministas y la capacidad de resistencia que tengan ante la férrea ideología racista y misógina que predomina en los centros de poder en las instituciones culturales y políticas, y en los imaginarios populares.

De estas alianzas, que mencioné anteriormente, existe una proliferación de posicionamientos racializados con diferentes puntos de vista desde donde establecen su práctica feminista. Ello puede conducir, en un futuro cercano, al movimiento feminista negro en Cuba; pero todavía es temprano para afirmar su existencia.

En los espacios de afro-educación que gestionaron varios activistas del movimiento hip-hop pude conocer las historias de algunas mujeres negras y mestizas desde la esclavitud hasta 1959. De ahí en lo adelante mis conocimientos, a pesar de mostrar un período de tiempo más cercano y corto, son insuficientes. El “Directorio de Afrocubanas”, iniciativa de la bloguera afro-feminista Sandra Abd’Allah, se ha convertido en uno de los instrumentos más efectivos para visibilizar y politizar la obra de cientos de mujeres afrocubanas. Rompe con el silencio respecto a la participación de las afrocubanas en nuestra historia y, contribuye desmontar las políticas institucionales de desmovilización y alienación de la sociedad civil afrocubana.

Conocer las historias de las afrocubanas es una intervención política urgente, pues son referentes que nos proporcionan patrones de luchas afro-afirmativas del pasado para implementar estrategias de negociación y de enfrentamiento ante la injusticia racial y patriarcal en el presente. Nos muestran que nuestras vivencias de discriminación racial, de género, clase y sexualidad interconectadas, no son experiencias aisladas y que somos fruto de un largo movimiento antirracista que ha desarrollado diferentes estrategias para enfrentarse a este dispositivo sistémico, a pesar de los denotados esfuerzos de las élites blancas a través del tiempo por borrar esa lucha política.

El hetero-patriarcado racista en nuestra Isla se ha alimentado del desconocimiento de estas batallas cotidianas que tuvieron que entablar las afro-descendientes en el pasado. Ello ha contribuido, en gran medida, a reforzar a las políticas de racismo interno, que se muestran en la auto-inferiorización y la patologización de las vidas de las mujeres negras y mestizas. Estos mecanismos de borradura política refuerzan en las generaciones más jóvenes un sentimiento de apatía y mimetismo político frente a las formas de control de las políticas institucionales.

El funcionamiento del sistema racial y de género en Cuba se establece mediante el privilegio al acceso de los recursos económicos, educativos y de salud de calidad. Gran parte de las comunidades afrocubanas no tienen forma de acceder a los mismos debido a diversos mecanismos de exclusión social, que indican que son tratados como ciudadanos de segunda y tercera clase en su propio país. Esos recursos impulsarían, en gran medida, a lograr la ascensión social y económica de muchas afro-descendientes que en algún punto de sus vidas deciden, o las circunstancias las conducen, a realizar otras formas de generar divisas que se encuentran criminalizadas y marginalizadas (como el comercio en el mercado informal, el trabajo sexual, entre otras vías de autonomía económicas).

Junto a ello, la estabilización de los modales y cultura eurocéntrica ha provocado que prácticas culturales, las experiencias sexo-afectivas, relaciones familiares no hetero-nucleares afro-diaspóricas sean percibidas como marginales y, por lo tanto, los sujetos que las encarnan sean excluidos de los beneficios de la ciudadanía y de estas herramientas de ascensión social.

PC: ¿Cuáles son las contribuciones teóricas y metodológicas fundamentales del Feminismo Negro que, en su opinión, coadyuvan a una comprensión real de la situación de las mujeres negras en el contexto en que usted vive, estudia y trabaja actualmente?

LO: La interseccionalidad es uno principales los aportes del Feminismo Negro para estudiar los procesos de opresión entretejidos que marcan las vidas de las mujeres racializadas. Ya en el siglo XIX Sojourner Truth, la luchadora afro-norteamericana antiesclavista, preguntó si por su condición de ser negra no podría ser considerada una mujer en la sociedad esclavista. En los años 60 del siglo XX, también en Estados Unidos, la Colectiva Combahee River Colective, publicó un “manifiesto feminista” que exponía los diferentes grados de discriminación que vivían las mujeres racializadas en esa sociedad por causa de sus experiencias bajo los diferentes sistemas de dominación. Igualmente, Audre Lorde defendió el reconocimiento de las diferencias dentro del movimiento de mujeres racializadas en este país y el establecimiento de las alianzas políticas desde este punto. El encapsulamiento de las mismas en un sujeto “mujer” basado en las experiencias de las mujeres blancas, debilitaba al movimiento, y reforzaba el capitalismo hetero-patriarcal racista, ya que obviaba las experiencias de las mujeres racializadas, empobrecidas y lesbianas.

En 1989 la abogada afronorteamericana Kimberlé Crenshaw utilizó la palabra “interseccionalidad” para nombrar los diferentes sistemas de dominación (como el racismo, el sexismo, el clasismo, la discriminación por las preferencias sexuales no heterosexuales, por vivir con capacidades diferentes); las cuales se yuxtaponen y generan identidades múltiples en las historias personales de las mujeres del Sur Global. Patricia Hill Collins denominó a este sistema de opresión múltiple como “la matriz de opresiones”. El objetivo principal de la “Teoría de la Interseccionalidad” consistía en poder nombrar las diferentes experiencias de opresión que sufrían muchas mujeres racializadas, migrantes, pobres y no heterosexuales en Estados Unidos, destacando que no era posible estudiar las desigualdades que sufrían estas mujeres sin tener en cuenta otras identidades encarnadas de opresión que viven.

La “interseccionalidad” ha devenido un poderoso instrumento no sólo dentro de los movimientos feministas, también ha sido utilizado por académicos, activistas y artistas para denunciar las disímiles vías de marginalización y exclusión intersectadas que viven otros grupos sociales como las vidas LGTBQI, afro-descendientes, de origen indígena, empobrecidas, campesinas, obreras, con capacidades diferentes. Durante mi experiencia en dentro del activismo independiente en Cuba, fue muy útil para llamar la atención sobre las diferencias de clase, sexualidad, procedencia geopolítica, edad de las afrocubanas, de manera tal que no se repitiera el esencialismo hetero-normativo y clasista en el sujeto “afrocubanas”. Principalmente, me sirvió para promover puentes entre los diferentes grupos activistas con los que colaboré.

Muy vinculada a los estudios de “interseccionalidad” se encuentra la “Teoría Encarnada”, la cual ha contribuido en gran medida a los procesos de  apertura y descolonización de las teorías y prácticas de luchas feministas. Es una propuesta de las feministas chicanas, afronorteamericanas y lesbianas de los años 80 del siglo pasado, quienes establecieron una teoría que permitiera pensar desde la academia sus experiencias: “donde las realidades físicas de nuestras vidas, nuestro color de piel, nuestros anhelos sexuales, la tierra y el asfalto donde crecimos, todo ello se fusiona para crear una política nacida de nuestra necesidad” (Moraga, 1987). Favoreció a reutilizar otras estrategias de intervenciones políticas y afectivas provenientes de las comunidades racializadas del Sur desde miradas críticas, en contraposición de las formas de socialización neoliberales.

Esta teoría nos permite generar una fuerte crítica a la naturalización de las relaciones hetero-normativas, misóginas y racistas que predominan aún en los espacios más radicales de la sociedad civil cubana. Ha fomentado a repensar los objetivos sociales de las ciencias, principalmente a proponer estudios sobre las experiencias cotidianas de las afrocubanas.

Podría continuar mencionando otras muchas herramientas que me ha brindado el Feminismo Negro para mi vida personal y en mi desempeño dentro del activismo afrocubano, sin embargo, me gustaría destacar la posibilidad de desestabilizar muchas tecnologías de verdad que encierran procesos de discriminación en su interior. Desde un punto de vista parcial, marcado por mi  experiencia como joven afrocubanx, queer no binarix, pienso los métodos de deconstrucción de estas realidades aparentemente irrefutables, desde una postura decolonial, por su interés en destapar las herramientas de continuación de la plataforma colonial mediante la imposición de la experiencia cultural blanca, masculina de clase media y alta, heterosexual y europea como la norma de lo humano. Este mecanismo ha reivindicado otras genealogías invisibilizadas, criminalizadas y patologizadas como las vidas negras, indígenas, lésbicas, trans, maricas, campesinas, entre otras muchas.

PC: ¿En qué medida usted podría contribuir, desde la práctica, a enriquecer las discusiones teóricas y cotidianas sobre Feminismo Negro en el contexto de la lucha por los derechos, la visibilización y el empoderamiento de las mujeres negras?

LO: Considero, desde mi experiencia tanto como profesora de Historia de Cuba en la Universidad Agraria de la Habana (UNAH) durante seis años y mi desempeño en el activismo afro-feminista, que el poder de las teorías feministas negras y decoloniales radica en el uso que les demos en los espacios políticos institucionales y en las comunidades. Un ejemplo de ello fue el “Proyecto Motivito”, un trabajo que desarrollamos con Eduardo Digen y otros activistas. Nuestro propósito era promover otros espacios lúdicos y de debate para la comunidad afrodescendiente y LGTBQI en La Habana desde un posicionamiento afro-feminista y queer.

En varias ocasiones generamos alianzas con el grupo “Arcoíris”, por ejemplo, y otras iniciativas anarquistas y afro-feministas. De esta manera, nos interesaba tender articulaciones entre posturas radicales frente a las deficitarias políticas institucionales gubernamentales (como la “Campaña pro Diversidad Sexual”, del CENESEX), por ser portadoras de elementos que definitivamente necesitamos superar como sociedad. También creamos alianzas con otros espacios institucionales, como el concierto para visibilizar el día de la no violencia hacia las mujeres, el 25 de noviembre, en la Universidad Agraria de la Habana (UNAH), donde yo dirigía la Cátedra de la Mujer.

Otro ejemplo fue la creación y circulación del Boletín TUTUTUTU. Este proyecto lo desarrollé junto a la activista afro-feminista Afibola Sifunola, entre marzo del 2015 hasta aproximadamente febrero del 2016. Pronto devino en un proyecto colectivo que mostró la obra de otras muchas afro-feministas en La Habana. El boletín buscaba promover y visibilizar la obra, el pensamiento y las historias de las afrocubanas tanto mujeres cis como también trans y no binarias. También había una sección para divulgar los negocios y los espacios culturales de artistas y emprendedoras afrocubanas. Este fanzine, aunque existió durante un periodo de tiempo bastante corto, promovió el trabajo político de algunas jóvenes activistas antirracistas y afro-feministas en La Habana y fortaleció las alianzas dentro de este movimiento de mujeres.

Jornada Lesbo-Trans Feminista, México 2017

Ahora me encuentro en Chiapas, México, estudiando un Doctorado en Estudios e Intervención Feministas. Acá la fotógrafa y bailarina Elena Martínez y yo dimos comienzo al “Taller Descolonizando las Caderas”, desde octubre del 2016. Este taller propone darle un valor político feminista a las danzas afrocubanas. Propone reivindicar los cuerpos racializados femeninos y feminizados sobre los cuales se han dispuesto los discursos coloniales hetero-patriarcales. A partir de una revisión crítica a las danzas y religiones afrocubanas, nos interesa descolonizar nuestrxs cuerpas promoviendo el erotismo y lo espiritual como fuerzas políticas de reivindicación de otras experiencias de resistencias anticoloniales eliminadas de la ideología moderna política.

 

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Sobre los autores
Logbona Olukonee 1 Artículo escrito
(La Habana, 1985). Licenciada en Historia (2008) y Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba (2013) por la Universidad de La Habana (UH). Actualmente, está realizando su Doctorado en Estudios e Intervención Fem...
Pedro Alexander Cubas Hernández 16 Artículos escritos
(La Habana, 1969). Licenciado en Historia (1996). Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, El Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2002). Diplomado en Cultura Cubana por el Centro Nacional de Superación para la Cultur...
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