El descubrimiento del Feminismo Negro a través de varias experiencias de vida: entrevista a Antoinette Torres

Foto: Javier Sánchez Salcedo

Pedro Cubas (PC): ¿Cómo fueron sus inicios o primeros acercamientos a las temáticas que emanan de los estudios de género, de la mujer y de los feminismos?

Antoinette Torres (AT): Ha sido a través del trabajo en “Afroféminas”, la web que creé en el 2013 para visibilizar a la mujer negra que vive en España. Me di cuenta que no existíamos en muchos libros o que, peor aún, aparecíamos como las herederas de un feminismo blanco y muy lejano.

PC: ¿Cuándo comenzó su interés por estudiar e investigar específicamente el Feminismo Negro?

AT: Tengo que decir que al comenzar con “Afroféminas” aún desconocía que existiese un discurso pensado especialmente para nosotras, las mujeres afro-descendientes. Llegué a él a través de mis experiencias vitales. Me preocupaba la percepción que se tenía de la mujer negra en el contexto español; me preocupaba también la tendencia a la racialización de la pertenencia, sobre todo, porque soy madre y nadie tiene derecho a extranjerizar a mi hija; me inquietaban las bases de la educación; la ausencia de la afro-descendencia en la educación; la ausencia de referentes dignos y los diferentes estereotipos a través de los cuales hemos sido construidas.

Soy una mujer de teoría, pero sobre todo de práctica. Creo que el Feminismo Negro necesita a día de hoy de mucha práctica, de mucha empatía hacia las mujeres negras que no están precisamente formadas, porque en gran medida ellas marcan la hoja de ruta de esa praxis.

El Feminismo Negro, en sus inicios, nos está diciendo que las mujeres negras, pese a su escasa preparación en esos primeros momentos, supieron muy bien detectar qué problemáticas había en torno a ellas; ya no sólo detectarlo, sino expresarlo de una manera diáfana y muy clara.

Ellas demuestran, desde mi punto de vista, que el hecho de tener un origen humilde –porque ellas eran ex-esclavas, o mejor dicho: personas que fueron esclavizadas- no fue un impedimento para que aportaran ideas brillantes a ese incipiente movimiento, de la que fue precursora Sojourner Truth (a través de su discurso “¿Acaso no soy una mujer?”), y muchísimas otras mujeres negras. Y, efectivamente, realizo una identificación entre un gran grupo de mujeres empoderadas y la figura de Sojourner: iletradas, pero brillantes.

El otro grupo somos precisamente NOSOTRAS, mujeres negras empoderadas, con una carrera y éxitos  profesionales y que en ningún caso deben reproducir la opresión del clasismo. Si en Estados Unidos no se ha avanzado mucho más es porque algunos ni conocen su historia, por las situaciones de racismo institucional; pero también porque muchos  negros y negras, cuando llegan a un status determinado, se niegan a sí mismos. Sino pregúntate por qué Beyonce, o Rihanna, se blanquean la piel. Desde luego que este tipo de personajes no son referentes de nada y eso es una pena. El corpus teórico del Feminismo Negro se ha de alimentar con nuestras experiencias, porque es lo que lo mantendrá vivo. De lo contrario, desde mi humilde opinión, la historia se repetirá una y otra vez. El “Black Lives Matter” es una reivindicación que defendió la feminista negra Ida Well a principios del siglo XX; estoy segura que ni la conocen como figura histórica dentro de las mujeres negras intelectuales que contribuyeron a esta teoría.

PC: ¿Qué conocimientos tiene usted sobre la historia del Feminismo Negro o de las mujeres negras en Cuba; y cuál es la importancia de esos saberes en la actualidad cubana?

AT: Yo conozco poco. Nunca se me habló de esto en la Universidad de La Habana. Mis referentes en Cuba son mi abuela materna, mi tía y mi madre. Siempre comienzo mis talleres de “Feminismos Negros” hablando de ellas y de lo que yo llamo Feminismo Natural y me explico.

El feminismo (general no, feminismo blanco) reivindica a la mujer, al rol que ella tiene en una sociedad construida la medida de los hombres. Lo que se suele llamar “sociedad patriarcal”. En esta problemática deviene la principal reivindicación del Feminismo ilustrado o blanco: las mujeres fueron conscientes que pese a tener derecho a la educación, al progreso que marcaba la época (siglo XVIII), su objetivo último debía ser el confinamiento en el espacio doméstico, el matrimonio,  teniendo así un papel secundario o directamente ninguno en la economía doméstica y ellas querían, lógicamente, bastante más.

Recientemente, estuve leyendo el libro “Mujer y Educación. Las maestras” de Joaquín Giró y aquí explican muy bien cómo las primeras maestras en España eran analfabetas. No se precisaba de formación para ejercer. La educación se separaba por sexos y las niñas recibían formación en letras si lo pedían explícitamente. El conocimiento de las ciencias directamente era eliminado de su currículum.

A día de hoy, por ejemplo, aún estamos sufriendo estos impedimentos. Por la razón que sea, la mujer en un puesto de responsabilidad gana menos que un hombre en el mismo puesto. Esto aún  pasa en la España del siglo XXI. El retraso en las conquistas feministas en España aún es muy evidente.

Siempre digo que “empatizo” con todos estos discursos porque también forman parte de mí. Sin embargo, como mujer negra existen otras opresiones que las feministas blancas se han encargado de suprimir de la historia de la mujer.

Mi abuela, mi tía y mi madre me enseñaron, por ejemplo, que las relaciones con el patriarcado, en ningún caso, pueden ser de subordinación. Lo hombres, y hablo como mujer heretosexual, no pueden ser entendidos como “sustentos económicos”, como mucho serán compañeros de vida. La vida de ellas no se desarrolló en torno a la necesidad “de ellos”. Mi abuela fue una mujer iletrada, que limpió el suelo de muchas mujeres blancas que decidieron ser libres a costa de reproducir la semi-esclavitud; en este caso hacia otras mujeres como en el caso de mi abuela. Sin embargo, este mismo hecho marca una diferencia sustancial entre las negras y las feministas blancas de la época: el trabajo. El hecho de trabajar permitía tomar decisiones, aspirar a tener mayor independencia y, francamente, de los hombres “se podía pasar”. Mi abuela se separó, crió a tres hijos, y su principal preocupación era el progreso de la familia y no encontrar al hombre que le resolvería todos sus problemas y que, probablemente, le daría más problemas.

Con esto quiero decir que las leyes políticas pueden favorecer estas condiciones de progreso o avance; sin embargo, creo que independientemente de las leyes, la decisión más importante en cuanto a filosofía de vida, se tomó en casa. Y esto ocurre en muchas familias negras. Es decir, las preocupaciones de mi querida abuela estuvieron centradas en salir adelante ella y sus hijos, en trabajar para estar mejor y, en ningún caso, en preguntarse qué papel debía jugar para que “su hombre” esté más a gusto. Es decir, no estaba entre sus prioridades, ni mucho le interesaba, plegarse ante el patriarcado. Con toda razón bell hooks tiene que decir algo así como que las mujeres blancas creen que estamos esperando que nos enseñen a actuar, cuando en realidad las negras crearon su propio camino hace muchísimo tiempo.

Todas las explicaciones teóricas las intento aterrizar, porque contribuyen a imaginarnos las cosas. Y para demostrar que esto no es teoría: esto es vida, la vida de mucha gente.  Al llegar la generación de mi madre y de mi tía, ya contábamos con ciertas ventajas. Mi madre estudió Psicología y mi tía estudió en la antigua URSS, quien regresó con notas excelentísimas pasado muchos  años de adaptación, penurias y soledad, en un país lejano tanto geográfica como culturalmente de nosotros los cubanos y cubanas.

Por tanto, y con esto termino de explicar lo que respecta al Feminismo natural,  ellas como mujeres encontraron su empoderamiento por otros caminos. ¿De verdad creemos que lo encontrarían en los libros que seguramente leían las supuestamente libres feministas blancas de la época?

El Feminismo Negro depende de la experiencia vital de la mujer negra, y ahí es donde veo uno de los grandes problemas no sólo en España, sino tal como me preguntas, también en Cuba.

Hay un texto mío donde me pregunto: ¿por qué cuando era pequeña, alguna de mis amigas negras, jugaban a ser blancas? ¿Por qué aún existen las tantísimas frases racistas como “pelo malo”, “negro adelantado”, “adelantar la raza”, etcétera? ¿Por qué cuando hablamos de nosotras tenemos que hacerlo en un ambiente íntimo como si tuviésemos que sentir vergüenza  de nosotras mismas? Por ejemplo, si una mujer negra quiere comenzar con la llamada transición con toda probabilidad se sentiría cohibida como si estuviese comentando cosas de las que no hay que hablar, mucho menos en voz alta. Sin embargo, una mujer blanca puede decir, incluso sugerir, el tinte que se acaba de aplicar con completa naturalidad. Y es que en el fondo ese es el grave problema. Directa o indirectamente, nos han inculcado que tenemos que mejorarnos, que somos seres defectuosos, que tenemos facciones toscas o “no finas”, que nuestro objetivo debe ser acercarnos a la estética blanca, etcétera. Esto es preocupante, pero lo es aún más sabiendo que en el colegio, en la universidad, en la facultad de filosofía, JAMÁS TENDRÁS POSIBILIDAD DE PREGUNTARTE ESTAS COSAS Y QUE, POR CONSIGUIENTE, SE LO PREGUNTEN LOS DEMÁS.

PC: ¿Cuáles son las contribuciones teóricas y metodológicas fundamentales del Feminismo Negro que, en su opinión, coadyuvan a una comprensión real de la situación de las mujeres negras en el contexto en que usted vive, estudia y trabaja actualmente?

AT: En estos momentos me estoy preguntando por cuestiones como igualdad e inclusión. La situación en España es muy grave. La igualdad es malentendida en todos los casos y lamento generalizar, pero es la verdad. Por ejemplo, en la inmensa mayoría de los eventos creados para luchar contra el racismo, sorprendentemente no participan negros. Es un sinsentido. Por lo tanto, se entiende este evento desde el paternalismo. Es decir, se entiende como un grupo de blancos de izquierda que ayudan y salvan a un grupo de negros “pobrecitos y vulnerables” que nada pueden hacer por ellos mismos. Esto es indignante. Se parte de una tesis falsa que hunde y castiga a todo aquel o aquella que no tenga unos supuestos recursos, al olvido y a la subestimación. Se entiende que estas personas “pobres” nada brillante tendrán que decir.

Las consecuencias de esta situación es que colectivos empoderados (como es el caso de “Afroféminas”), se invisibilizan. Es decir, si buscan a una periodista que sepa sobre afro-descendencia, no te quepa la menor duda que buscarán a una periodista blanca y no a periodistas negras formadísimas, que algunas incluso trabajan en televisión y que son excelentes profesionales. Esto que te estoy contando son casos reales.

Taller de microrracismos para adolescentes, España 2016

La igualdad española es micro-racista. Sus actores siempre se colocan en posición de superioridad con respecto a otros colectivos que no parezcamos españoles. Y digo “parezcamos”, porque aunque constantemente se invisibilicen, los negros y negras españolas nativas existen, y ya tienen mi edad, no la de mi hija.

Precisamente por cuestionarme el sentido de la igualdad es que hablo para dos tipos de mujeres negras. Por ejemplo, las que identifico con Sojourner, pese a que tienen en muchos casos una actividad increíble, se les lleva al ostracismo porque se vive convencido y convencida que de esas personas no hay nada bueno que sacar. El otro grupo son las mujeres negras formadas, y dentro de este grupo, hay muchos tipos de mujeres negras: las afro-españolas, las adoptadas, las inmigrantes nacionalizadas y las inmigrantes que han homologado títulos y ejercen.

Los hijos de estas mujeres, sobre todo cuando provienen de matrimonios donde los dos son negros o inmigrantes, están sufriendo muchísimas opresiones en el sistema educativo, se les invita a marcharse a estudios de menor nivel. Realicé un proyecto hace poco (“Jornadas de Cultura, afro-descendencia y decolonialidad”) y esto fue una de las cuestiones que salió a relucir. El paso al progreso de estas familias se vuelve muy improbable por las presiones que viven estos estudiantes. Afortunadamente, todos los que me lo han contado son ahora jóvenes negros y negras terminando el bachillerato, estudiando primer año de Psicología, graduadas de Periodismo, terminando la carrera de Ingeniería, etcétera. Estoy muy feliz porque pudieron con estas otras opresiones; pero entenderás que como feminista negra tengo que luchar para que estas injusticias desaparezcan.

PC: ¿En qué medida usted podría contribuir, desde la práctica, a enriquecer las discusiones teóricas y cotidianas sobre Feminismo Negro en el contexto de la lucha por los derechos, la visibilización y el empoderamiento de las mujeres negras?

AT: Lo primero que hago es no temer a comunicar con asertividad, es decir, no te ataco, pero digo las cosas como las pienso y veo. El camino que tomo es el de hacer pedagogía. El lenguaje políticamente correcto, desde mi humilde punto de vista, es el gran enemigo del Feminismo Negro. Una teoría que se ha invisibilizado hasta la saciedad clama por salir y respirar. Por lo tanto, creo que en este caso las cosas han de llamarse por su nombre.

Creé “Afroféminas” hace unos años. Llegado el 2015 pensé llevar los contenidos que se debatían al tiempo real. Esto requería más estudio, más preparación  y más entusiasmo de mi parte, francamente. También lo hacía para hacer de “Afroféminas” un proyecto viable económicamente.

El primer taller que impartí fue de “Introducción al Feminismo Negro”, fueron 15 personas y todas pagaron. Esa primera experiencia fue para mí increíble, sobre todo porque lo impartí en una librería en Barcelona, muy próxima a la Sagrada Familia, y al terminar fueron todos para el mostrador a comprar “Americanah” de Chimamanda Adichie, “Todos deberíamos ser feministas”, también de esa autora, o “Mujer, raza y Clase”, de la Davis.

Entre los asistentes había de todo un poco y eso también es importante, es decir, para mí es importante saber a quién le interesa conocer sobre esto: había mujeres negras, había hombres, había mujeres blancas y también mujeres racializadas latinoamericanas.

Hay algo que recuerdo muy bien de ese día, que fue que se me acercó una chica muy joven, caucásica, española, fue de las últimas que se apuntaron al taller y al terminar, me dijo:   “después que te he escuchado he comprendido que nos estamos equivocando en mi organización”. Esta chica formaba parte de un grupo antirracista y se dio cuenta que luchaban muchos, pero todos eran blancos y, además, nunca habían creído necesario acercarse a personas racializadas para organizar sus actividades. Por lo tanto, este era el típico caso de luchar contra el racismo desde el privilegio. Y me quedo aquí con ganas de entrar en temas de apropiación cultural.

Taller en la Universidad de Nueva York – Sede de Madrid, España 2017

Seguidamente, comenzaron las contrataciones desde Fundaciones, Centros Feministas, Universidad de Zaragoza, Universidad de Nueva York (sede en Madrid), Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), Universidad de Mallorca, además de centros sociales que también me llamaban.

Conjuntamente con esto empecé a crear proyectos como las jornadas de afrodescendencia, que están basadas en un taller que impartí en el 2016 a estudiantes de instituto y que tenía como objetivo deconstruir los sesgos racistas culturales.

Tengo que decir que este taller lo hice pensando en una clase que una vez nos impartió mi querido profesor Jorge Luis Acanda, a quien recuerdo con mucho cariño, y que consistió en salir a la calle en torno a la Universidad de La Habana y preguntarnos cosas sobre lo que teníamos ante nuestros ojos. Fue la mejor clase de Filosofía que recibí. Nunca la he olvidado. Y de eso se trata: el racismo en España está tan normalizado que necesitas todo el tiempo de la desconstrucción, de la pregunta.

Por ejemplo, cuando pregunté y así comenzó el taller: ¿qué cosas positivas habían escuchado de las personas negras? Las respuestas fueron: son graciosos, son buena gente, etcétera.

En este caso ni siquiera el profesor se daba cuenta de los niveles de prejuicios que encerraban estas respuestas. Y es tan obvio que no se ve. Yo puedo decir: mi amigo Eduardo que es blanco es gracioso, mi amigo Erick que también es blanco, no lo es. O sea, no es posible decir TODOS LOS BLANCOS SON GRACIOSOS. El ser humano es tan complejo que no es posible mirarlo a través de cuatro etiquetas. Si es así la pregunta que toca es: ¿por qué entonces se percibe a los negros y negras a través de cuatro estereotipos incluso cuando aparentemente hay buenas intenciones?

Lo que quiero decir es que si una persona es vista a través de estereotipos, este acto se convierte en un acto de deshumanización, porque eliminas la complejidad. A nadie se le ocurre decir “los blancos son graciosos”; sin embargo si lo escucharás tantísimas veces sobre los negros.

Esto ocurre porque España es un país que se erige sobre bases culturalmente racistas, hasta ayer los negros y negras eran consideradas “no personas”, y a día de hoy no se está haciendo nada para resolver este problema (porque no se reconoce que exista). Por eso insisto tanto en que las cosas se han de llamar por su nombre, de lo contrario estaríamos dilatando las consecuencias del racismo.

Siguiendo con este caso, en estudiantes entre 15 y 17 años, les pregunté entonces, qué cosas negativas habían escuchado de las personas negras. Aquí demoraron más, pero respondieron lo siguiente: transmiten enfermedades, son pobres, viven de la seguridad social, son hipersexuales, etcétera.

Con este trabajo lo que quiero decir es que el Feminismo Negro tiene mucho que crecer. Soy una activista, pero sobre todo, una profesora. Una persona que intenta reconducir la educación incluso desde una situación de precariedad, porque yo no recibo ninguna ayuda para hacer esto, pese al valor social que tiene.

Mi activismo está en la educación. Todos mis talleres los creo yo misma y me enorgullece cuando, de vez en cuando, me encuentro con algún profesor como es el caso de estos chicos, y me cuenta lo bien que les hizo el taller y el efecto positivo que causó en ellos.

¡Con eso me quedo!

 

VER EN ESTE DOSSIER

Aprendizajes sobre Feminismo Negro: diálogos con cinco negras intelectuales cubanas

El Feminismo Negro visto desde la perspectiva de una Filósofa Intercultural: entrevista a Maydi Bayona

Una mirada al Feminismo Negro desde el oficio de historiadora y activista social: entrevista a Logbona Olukonee

Una visión del Feminismo Negro desde los saberes culturales de Brasil y Cuba: entrevista a Yanelys Abreu

Una experimentada ciberfeminista nos aporta sus opiniones sobre el Feminismo Negro: entrevista a Sandra Abd’Allah-Álvarez

 

Sobre los autores
Pedro Alexander Cubas Hernández 16 Artículos escritos
(La Habana, 1969). Licenciado en Historia (1996). Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, El Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2002). Diplomado en Cultura Cubana por el Centro Nacional de Superación para la Cultur...
Antoinette Torres Soler 2 Artículos escritos
(La Habana, 1975). Graduada en Filosofía (2002) por la Universidad de La Habana (UH). Diplomada en Pedagogía y Psicología de la Enseñanza Artística (2002) por el Instituto Superior de Arte (ISA). Máster en Comunicación de Empresas y Publicidad...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Editorial