Una experimentada ciberfeminista nos aporta sus opiniones sobre el Feminismo Negro: entrevista a Sandra Abd’Allah-Álvarez

Entre Cuba, donde durante los últimos 30 años se sigue privilegiando la invisibilización, y Alemania, donde ser negro es ser parte del paisaje y el exotismo
Foto: cortesía de la entrevistada

Pedro Cubas (PC): ¿Cómo fueron sus inicios o primeros acercamientos a las temáticas que emanan de los estudios de género, de la mujer y de los feminismos?

Sandra Abd’Allah-Álvarez (SA): Hace alrededor de 16 años me vinculé, por primera vez, a tareas que me situaron dentro del asunto “mujeres”. En ese entonces me desempeñaba como promotora de salud para la prevención del VIH y fue cuando supe y noté la necesidad de hacer un análisis diferenciado de esta temática. A partir de ahí comencé a trabajar, también de manera voluntaria, en el tema “mujer y sida”, asistiendo como facilitadora a talleres que se brindaban en coordinación con el Centro Nacional de VIH/SIDA. De la mano de Isabel Chavela, Mirna, Paloma, entre otras especialistas,  me introduje en el campo (empírico) de los estudios de género.

Comenzaron, entonces, largas sesiones de lectura y estudio. Fue como una especie de despertar y vivía con mucha ansiedad en ese momento, quería empaparme y saber, saber, saber.

Luego, en el 2003, comienzo a trabajar en la editorial digital Cubaliteraria, del Instituto Cubano del Libro. En ese entonces, y dada la posibilidad que me ofrecía Cubaliteraria de estar “conectada”, es que conozco de redes de mujeres ciberfeministas. Me acerco a ellas y comienzo a escribir reseñas de libros para el desaparecido sitio web Les Pénélopes. Se trataba de un portal construido y diseñado por mujeres, y dedicado a divulgar nuestra realidad con la intención de crear y tejer una red. Allí me dedicaba a confeccionar breves textos y reseñas. La primera nota fue una sobre el libro Habana Babilonia, del destacado escritor cubano Amir Valle. Esa fue la nota que me situó en lo que posteriormente me convertiría: una ciberfeminista.

Un tiempo después, en Cubaliteraria me proponen atender, o sea, editar, una sección que se dedicaba a los temas sociales. “Luego Insisto” se llamaba, y ahí el asunto de género también cabía. A partir de ese momento comienzo a buscar a investigadores, intelectuales y escritores y escritoras cubanas que puedan abordar la temática para la sección. Allí publicamos entonces textos como “Emigración femenina y marginalidad: el fin de la travesía”, del Dr. Julio César González Pagés, o “Las olvidadas hijas de Eva”, de la historiadora Damaris A. Torres Elers.

PC: ¿Cuándo comenzó su interés por estudiar e investigar específicamente el Feminismo Negro?

SA: Llegó el 2005, y con ella la Maestría en Estudios de Género. Desde un inicio me di cuenta que dicho programa de estudios no incluía nada sobre género y “raza” (o identidad racial); hecho que lamenté profundamente, sobre todo porque en ocasiones se discutieron temáticas cuyos planteamientos iniciales no tenían absolutamente nada que ver con lo que las mujeres negras o racializadas han vivido.

Como consecuencia de lo anterior decido cambiar el tema de mi tesis de maestría, que inicialmente sería “Mujer y Sida” y selecciono la obra de la realizadora Sara Gómez Yera como objeto de estudio. Quiero decir que en esta elección jugó un papel muy importante la intelectual cubana María Caridad Cumaná, a quien reconozco como mi madre intelectual. Fue ella quien sembró la semillita en mí, las ansias de querer ir en la búsqueda de la primera mujer del cine revolucionario cubano; quien en muy pocos años filmó más de una decena documentales y un largometraje de ficción, el primero hecho por una cubana en la Isla. Cumaná puso en mis manos toda la obra de Sara, y también revistas de la época que fueron el punto de partida para mi interés en el cine hecho por mujeres, más allá de la posición de observadora.

Al mismo tiempo, y gracias al pedido de la amiga, colega y hermana Norma Guillard Limonta, me acerco al movimiento cubano de hip-hop, para facilitar el taller de género que, en el marco del “Simposio de hip-hop cubano”, tenía lugar cada año y que Guillard coordinaba. Tener la posibilidad de conducir un taller donde el 90 por ciento de los asistentes son hombres (de ellos 80 por ciento negros, y el 10 por ciento mujeres negras), pues es una oportunidad que no tendré nunca más en mi vida. Y la aproveché muy bien.

Mi blog, Negra cubana tenía que ser, nace con todos esos antecedentes; con una primera intención de decir aquello que se me escapaba y que ni la maestría, ni los encuentros feministas, me permitían airear. Tengo que decir, además, que en mi bitácora se juntaron tanto mi identidad negra como mi quehacer ciberfeminista.

PC: ¿Qué conocimientos tiene usted sobre la historia del Feminismo Negro o de las mujeres negras en Cuba; y cuál es la importancia de esos saberes en la actualidad cubana?

SA: Cuando intentaba profundizar sobre la obra de Sara Gómez, llego a la vida de Inés María Martiatu (Lalita), quien desde ese momento se convirtió en mi mentora y quien también creció mucho en el tema del Feminismo Negro, a partir de nuestro vínculo.

Lalita Martiatu y sus amigxs en la UNEAC, Cuba 2012

Yo llegué a Lalita luego de haber estudiado la obra de las grandes pensadoras del feminismo negro estadounidense, algunas de las cuales fueron los referentes fundamentales que usé en mi tesis de maestría. Fue entonces que nos pusimos, de manera conjunta, a observar lo que pasaba en Cuba y así fue como nació entonces el blog de Lalita (Inés María Martiatu. Literatura Afrocubana y luego Afrocubanas. A través de Lalita llegué a la obra y vida, por ejemplo, de la Premio Nacional de Teatro Fátima Patterson, a quien conocí en el primer viaje que hice a Santiago de Cuba porque mi mentora me dijo: “no puedes pisar esa ciudad sin ir a ver a Fátima” y así lo hice.

Recuerdo con grata emoción mis encuentros semanales con Lalita, cada miércoles yo iba a visitarla, y allá nos encontrábamos a veces con la poetisa Carmen González y se formaba una verdadera “tormeta de ideas”. Proyectos muy lindos surgieron de esos intercambios entre nosotras, desde el libro Afrocubanas. Historia, Pensamiento y Prácticas culturales, que fue una idea de Daysi Rubiera, hasta “Alzar la Voz”, dedicado al rap hecho por mujeres en Cuba y liderado por González.

También Inés me puso delante de la obra de la cineasta cubana Gloria Rolando. De su boca también supe de Tania León, la mundialmente conocida pianista cubana. Pero como Lalita era historiadora, por sobre todos los otros oficios que tenía, me permitió profundizar también en el conocimiento de figuras cubanas como Rosa La Bayamesa, Carlota Lucumí, Catalina Pozo Gato, Inocencia Valdés entre muchas otras. Así como en las contribuciones de las negras y mestizas al tratamiento de la temática racial, por ejemplo desde la revista Minerva.

En un momento decidimos trabajar más cercanamente con otras colegas, y fue como nació el Grupo Afrocubanas, el primero que agrupó a mujeres interesadas en al menos uno de estos temas: racialidad y Feminismo Negro, y algunas incluso en los dos. En esos esfuerzos nos hicimos acompañar de las hoy hermanas: Daysi Rubiera, Irene Esther Ruiz Narváez, Carmen González, Paulina Márquez, Barbarita Danzie, Sahily Borrero, Magia López, Anselma Betancourt, entre muchas otras, y comenzamos a “conspirar”.

También nos acompañaron colegas hombres como Roberto Zurbano, Tomasito Fernández Robaina y Alberto Abreu, intelectuales todos de probado reconocimiento, quienes en múltiples ocasiones apoyaron nuestras investigaciones, respondieron preguntas, pusieron libros en nuestras manos. A ellos gratitud infinita.

Con todos estos antecedentes he llegado al punto actual de activismo en el cual me encuentro: entre una Cuba donde durante los últimos 30 años se sigue privilegiando la invisibilización del tema y una Alemania donde ser negro es ser parte del paisaje y el exotismo. No obstante, continúo nutriéndome a conciencia de aquí y de allá, estrechando lazos, prescindiendo de otros por nocivos y, también, colaborando en más de un proyecto y gestionando los míos propios, del cual el “Directorio de Afrocubanas” es el mejor ejemplo. También creando nuevas redes, posicionando determinados temas y, por qué no, contribuyendo al debate sobre el racismo en Cuba.

PC: ¿Cuáles son las contribuciones teóricas y metodológicas fundamentales del Feminismo Negro que, en su opinión, coadyuvan a una comprensión real de la situación de las mujeres negras en el contexto en que usted vive, estudia y trabaja actualmente?

SA: De manera individual y autodidacta inicié una búsqueda bibliográfica que aún no termina. Comencé a buscar los libros de bell hook, Patricia Hill Collins, a estudiar la obra de Ochy Curiel, Lélia Gonzalez, Sueli Carneiro, Yuderkys Espinosa, etcétera. También a profundizar en la vida y obra de Angela Davis y de Assata Shakur. Conocí entonces a figuras como Rosa Park, Sojourner Truth y Audre Lorde. Volví a ver entonces “El color púrpura” de Alice Walker, pero ahora con otra mirada.

Últimamente, he estado más centrada en la teoría decolonial, en tanto ahora mismo esta es la que responde muchas de las interrogantes que cada día me hago. Creo que mi actual identidad de migrante es lo que me ha llevado a la búsqueda de algún paradigma que más me acomode según mis circunstancias.

PC: ¿En qué medida usted podría contribuir, desde la práctica, a enriquecer las discusiones teóricas y cotidianas sobre Feminismo Negro en el contexto de la lucha por los derechos, la visibilización y el empoderamiento de las mujeres negras?

SA: Bueno, en esa práctica vivo, escribo, doy talleres, conspiro, colaboro, apoyo, me pongo a disposición de colegas, hermanas, estudiantes y también cierro la boca, abro los ojos y aprendo de cuánta gente pasa por mi lado. A pesar de que cada día tengo menos tiempo, aún sigo escribiendo para mi propio blog y para otras publicaciones donde sistemáticamente abordo temas relacionados con el Feminismo Negro.

Evento en la Universidad de Harvard, Estados Unidos 2017

No estoy para nada satisfecha, a pesar de que se ha hecho mucho. Nos queda aún demasiado, y yo, como mujer negra cubana, creo que no tenemos nada que esperar que no sea del fruto de nuestro propio quehacer como activistas, artistas, intelectuales, investigadoras, etcétera. Del cielo no suelen caer los derechos civiles. Hay que currarlos (trabajarlos, lucharlos).

 

VER EN ESTE DOSSIER

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Sobre los autores
Pedro Alexander Cubas Hernández 16 Artículos escritos
(La Habana, 1969). Licenciado en Historia (1996). Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, El Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2002). Diplomado en Cultura Cubana por el Centro Nacional de Superación para la Cultur...
Sandra Abd'Allah-Alvarez Ramírez 9 Artículos escritos
Licenciada en Psicología por la Universidad de La Habana, 1996; Máster en Estudios de Género, 2008; y diplomada en Género y Comunicación por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Diez años de experiencia laboral como editora y ...
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