Filosofía y cine: “La Última Cena” y la dignidad humana del sujeto caribeño

Con la exposición de un tono bíblico y otro trágico, este film propone tres figuras del Cristo Redentor: El conde, el Jueves Santo; el mayoral, el Viernes Santo; y el rebelde cimarrón Sebastián, el Domingo de Resurrección. Es de notar aquí, que el film no presenta una identificación de Cristo durante el Sábado de Gloria, ya que [en] las sagradas escrituras, Cristo ha estado muerto, y de allí la no representación de Jesús 

Juan Carlos Chaves (2006)

La filosofía caribeña tiene un gran abanico de posibilidades de conocimiento, que no siempre son apreciadas en Cuba; al menos en el nivel que merecen. Y si aplicamos una parte de ella al llamado séptimo arte observamos que la riqueza de saberes toma proporciones de mucho mérito. Una pieza cinematográfica puede ser objeto de una reflexión desde la historia, desde la filosofía y, también, a través de ambas inclusive, ¿por qué no? Aquí comienza a ser visible la propuesta de la profesora universitaria Maydi Estrada Bayona.

La dignidad humana ante la Divina Providencia es el punto de partida de su reflexión. Desde que tenemos conciencia de lo que es el mundo, siempre hemos escuchado o presenciado actos que se cometen en el nombre de Dios (sean positivos o negativos). Si nos remontamos al proceso de conquista y colonización europea en América, observamos que Dios es un factor clave del discurso de la modernidad. La autora escogió a Pablo de Tarso (también conocido como San Pablo), para reflexionar sobre la paradójica palabra “pecado(s)” desde una base ética conectada con el realismo de su aplicación por unos y otros (cumplir la ley no siempre significa hacer justicia). Pero, su énfasis está en el modelo civilizatorio greco-latino que los europeos impusieron en América, según ellos, con la venia del Ser Supremo. En ese contexto, la autora define como herejía “amar al prójimo como a ti mismo”, porque siguiendo el canon de la modernidad en las relaciones intersubjetivas los españoles le dijeron a los nativos “Cristianízate/civilízate o te mato”. Ese fue el espíritu de las entrelíneas del “requerimiento” que ellos leían a los indígenas por mandato de la realeza castellana. En fin, decían: ¡sólo respetaremos tu derecho a la vida si te sometes pacíficamente a nuestros divinos caprichos!

La dignidad humana del nativo americano fue violentada; aunque en el aparato legislativo producido en el siglo XVI fueron considerados sujetos de (con) derechos [y deberes] en el esquema colonial de un sui generis y pujante Estado despótico y centralizado. Los africanos esclavizados no eran vistos de esa manera y siempre fueron considerados como esclavos —fetiches de la mercancía y carentes de dignidad humana—, desde que los trajeron a la fuerza por medio del comercio transatlántico. Es aquí donde la autora muestra el punto a dónde quería llegar con su reflexión introductoria, en la cual criticó la concepción de dignidad humana del pensamiento moderno euro-occidental.

“El otro Francisco” (1975), de Sergio Giral; y “La última cena” (1976), de Tomás Gutiérrez Alea, son dos de los filmes nacionales que tratan con sumo cuidado (y bien documentados) el tema de la esclavitud de los africanos y sus descendientes en Cuba como parte del espacio “Caribe”. Interesada en la reflexión sobre la dimensión simbólica de la dignidad humana, y teniendo como complemento la paradoja del apartheid global, la autora se decantó por el filme del genial realizador “Titón”. Por eso, ella supo expresar que en esta obra cinematográfica los hombres y mujeres esclavizados son sujetos de la historia y dejaron un legado cultural para nosotros; percibió una crítica a los dobles raseros de la ideología cristiana en su versión católica, y también a la postura mesiánica de la naciente burguesía esclavista con su matiz aristocrático; y, sobre todo, resaltó aquella mirada crítica que es más perceptible sólo cuando estamos frente a un cine de autor.

Por último, y no menos importante, resulta interesante el trabajo de reflexión bibliográfica realizado por la autora para armar su propio círculo hermenéutico. Además de su mentor Franz Hinkelammert (cuyo lema de vida es una frase de Desmont Tutu citada por la autora), aparecen pensadores desde Pablo de Tarso hasta Santiago Tazón Serrano, Raúl Fornet-Betancourt, Walter Mignolo y Ramón Grosfogel, pasando por los aportes científicos de clásicos alemanes (Karl Marx y Georg Wilhelm Friedrich Hegel) y caribeños (Juan Pérez de la Riva, Franz Fanon, Édouard Glissant). De esas meditaciones afloró la clave intercultural caribeña, que propone la autora, como un canto a ese privilegio de ser afro-descendientes resultantes de una pluralidad y a la virtud que eso acarrea a la hora de identificarnos ante nuestra ancestralidad.

“La última cena”: entre la paradoja del apartheid global y la dimensión simbólica de la dignidad humana

Sobre los autores
Pedro Alexander Cubas Hernández 26 Artículos escritos
(La Habana, 1969). Licenciado en Historia (1996). Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, El Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2002). Diplomado en Cultura Cubana por el Centro Nacional de Superación para la Cultur...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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