Formas tradicionales y emergentes de gestión en Cuba: ¿superación del trabajo enajenado y del sujeto “sujetado”?

Formas tradicionales y emergentes de gestión en Cuba
Foto: Vicente Brito/Escambray

2Tercera parte y final.

¿Trabajo privado, trabajo cooperado o trabajo estatal?

Esta diversidad de relaciones sociales de trabajo –frecuentemente asociadas a distintas formas de propiedad– constituye un nudo problemático esencial en la polémica sobre la cuestión de la alienación del trabajo, la significación de la producción de plusvalía y su carácter de mercancía, que son una piedra de toque fundamental en la teoría marxista, como hemos referido en las partes anteriores de este trabajo.

Otros autores nacionales y extranjeros han enfocado estos aspectos centrales como ejes del debate. Monreal (2017) se ha referido, recientemente, a esta cuestión.  El autor se centra en  el argumento de que “la apropiación del excedente económico es algo que no puede ser separado de las condiciones sociales (relaciones de propiedad)”, cuestión con la que coincidimos. Asimismo, considera que, a pesar de posibles distorsiones (distribución beneficiosa  a la burocracia, por ejemplo), en el socialismo “la forma social del excedente económico no es la plusvalía”, ya que “las insuficiencias y problemas no implican la existencia de formas de explotación”, visto esto desde la perspectiva social del proceso.

Esta consideración puede ser debatible desde diferentes ángulos (nos hemos referido a ello más extensamente en las partes I y II). Sobre esta misma idea él fundamenta que “el funcionamiento de empresas privadas nacionales y extranjeras, en el contexto socioeconómico del país no significaría que el excedente económico asumiera la forma de plusvalía… por lo que no implica la existencia de relaciones de explotación”, algo que a primera vista parecería un poco exagerado.

Desde nuestro punto de vista, sin embargo, no deja de tener un asidero fuerte, pero sobre todo, si nos proyectáramos hacia una perspectiva coherente y sustancialmente social-emancipatoria del proceso socioeconómico aún no existente, algo que trataremos más abajo como propuesta alternativa de sentido para una construcción socioeconómica socialista de profundo alcance.

La característica del proyecto social realmente asumido, para hacer válidas las proposiciones anteriores, requeriría pensarse en los intersticios de sus relaciones sociales y de poder en todos los ámbitos: económico, social, cultural, etc., ya que la limitación de la alienación del trabajo no ocurre de manera automática “por la perspectiva social del proceso”, en mi opinión, ni por proyectarse una redistribución social amplia de la riqueza, ni porque el Estado “subordine” la empresa privada a su política general (limite el tamaño, cantidad de ingresos, o la restrinja a ciertos sectores complementarios, etc.).

Por otra parte, como hemos tratado anteriormente, el propio carácter de la propiedad de las empresas estatales dista aún de promover relaciones de trabajo y ciudadanas profundamente socialistas, dadas sus limitaciones al ejercicio democrático del poder del trabajo y de la ciudadanía, entre otras cuestiones. Pero veamos más detenidamente algunas características de los emprendimientos privados existentes en el país, en sus ángulos limitantes y de perspectiva positiva.

Características de la actual empresa privada nacional

Es reconocida oficialmente la superación del primer momento de proclamación del cuentapropismo en sus formas estrechas. La realidad de las micro, pequeñas y medianas empresas que han ido emergiendo en el proceso de actualización económica, lo ha hecho obvio.

La diversidad de esas realidades hace que, una parte de los micro y pequeños empresarios privados, como afirma Monreal (2017) sean “un tipo de actor al que pudiera denominarse emprendedor-trabajador”. Esa misma puede haber sido la conclusión política que originó la afiliación sindical a todos los cuentapropistas (que, por demás, se inscriben en sindicatos estatales existentes, paradójicamente), sin diferenciación de su rol en las relaciones de trabajo emergentes.

No obstante, en mi opinión, esa condición de emprendedor-trabajador se da en los propiamente dedicados al trabajo personal o familiar por cuenta propia, pero es más cuestionable en algunas de las pequeñas y medianas empresas donde se está dando, inclusive, una separación de la propiedad y el trabajo, generando relaciones típicamente capitalistas entre patronos y trabajadores.

Una nueva polémica se ha desatado recientemente, a propósito del crecimiento de algunos negocios privados, sobre los posibles límites al enriquecimiento y las ganancias, cuestión que pudiera ser complicada en el contexto actual. No obstante, hay que observar que el sector de pequeñas y medianas empresas privadas es bastante dinámico e innovador, dado que posibilita la generación de propuestas y productos debidos a la creatividad de sus emprendedores, sin limitaciones ni dependencias organizacionales burocráticas o por excesiva normatividad. Esto produce un ciclo de reproducción ampliada que puede constituir un aporte al desarrollo de las fuerzas productivas y al mercado social mientras que, si se producen constricciones al proceso pudiera ser contraproducente. Tema delicado pero que requiere soluciones audaces, de manera que las ubicaría en las propuestas alternativas que señalamos más abajo.

Por otro lado, sin embargo, ya sea por vocación social solidaria o búsqueda de una imagen social, se está produciendo en muchos casos de emprendedores privados procesos de apoyo y aportación económica y social adicional, tanto a sus trabajadores como a las comunidades de su entorno y a proyectos de desarrollo comunitario, algo que apunta a una dirección que me parece acertada y que la legislación necesaria debería promover, para lograr que estas formas socioeconómicas privadas puedan ser socios políticos de un Estado socialista (renovador) que los considere como aliados en la construcción de la nueva sociedad, como plantea Monreal en el artículo mencionado.

Realidad y propuestas socializadoras alternativas.

La existencia de las diversas formas de propiedad y gestión mencionadas constituye una realidad innegable e irrecusable; forma parte de la posibilidad de satisfacción de las necesidades de la población, tanto de sus gestores como de los consumidores; es decir, para nada tienen una existencia temporal y formarán parte de esta sociedad multiactoral que se ha ido generando en el ámbito económico.

No obstante, el objetivo de reconstruir una sociedad emancipatoria y socialista podría no entrar en conflicto con las diferentes formas de propiedad existentes o en auge. Se requiere, en ese sentido, considerar las diferentes formas de responsabilidad social empresarial solidaria (RSES) –algunas vigentes en países capitalistas desarrollados incluso– que acerquen las diferentes formas de gestión y propiedad a una economía más social[1].

La propuesta de los enfoques de RSE internacionales predominantes –algo que ha sido criticado por su efecto de imagen proyectada o como escape de impuestos, etc., más que de realidad solidaria–, sin embargo, si es orientada en una dirección correcta podría ser conveniente a la práctica empresarial de todos los sectores del país; en la actualidad, casi solamente es de atención en instituciones de investigación y formación, no como una práctica social del mundo empresarial, lo que me parece indispensable para una visión constructiva de desarrollo socioeconómico del país. La elaboración de Indicadores de RSE adaptables a nuestra propia situación es una tarea, además, que requerirá investigación perspectiva para su adecuación y efectividad.

Me parece importante partir de fundamentar una posición filosófica que enfatice características sistémicas de la RSE en cualquier contexto social (y con mucha más fuerza en el cubano). Aunque algunos de estos aspectos están implícitos en los indicadores planteados internacionalmente, desde mi punto de vista sería conveniente explicitar la posición general, con las siguientes cuestiones –que podrían ser un aporte a la concepción de RSES:

1 –Las empresas –de cualquier tipo– existen en un contexto socio-institucional del que forman parte otras formas de gestión y propiedad, por lo que el “ente privado” formaría parte de redes de relaciones sociales y productivas que requieren vínculos con instituciones de gobierno territorial y comunal, empresas estatales, cooperativas, mixtas, ONG´s, organizaciones sociales, proyectos comunitarios y otras relaciones extraterritoriales e, incluso, internacionales posibles.

Esto enfatiza el carácter sistémico del ejercicio de la RSES, en la que participarían, de manera lo más coordinada posible todos los actores. Hablamos aquí, entonces de intersectorialidad y multiactoralidad, más que de Responsabilidad Social de una empresa casuística.

2 –Ello implica la necesidad de alianzas y asociatividades múltiples público-privadas (no solo con el sector cuentapropista o privado) que, aunque por el momento quedan como relaciones informales cuando existen –a falta de una Ley de Asociaciones y de Empresas incluyente–, posibilitarían elaborar agendas de necesidades a los diferentes sectores empresariales y ejercer una RSES compartida –asociada– para el caso de los pequeños emprendimientos personales, familiares o grupales que no pueden –debido a sus escasos recursos, etc.– realizar acciones de RSES amplias.

3 –La concepción de que la RSES se basa en valores humanos –ya que trata del amplio campo de impactos y relaciones en los diversos campos sociales y productivos mencionados–; estos deberían basarse en una ética de solidaridad, promotora de desarrollo social y nacional. Si bien el interés de lucro es un componente motivacional para el progreso individual del empresariado privado, y le corresponde al Estado la realización de una política redistributiva a partir de sus ingresos, la posición de la empresa, en el entorno, resulta complemento importante para aliviar las inequidades y vulnerabilidades sociales en todos los componentes del desarrollo y puede generar opciones compartidas micro-locales, beneficiosas tanto para la comunidad como para la imagen y efectividad de la propia empresa. De manera que la solidaridad se expresa en valores de cooperación, ayuda mutua, atención al otro necesitado, a instituciones sociales carentes de financiamiento para paliar las inequidades posibles, etc. Es una expresión de amor al prójimo que, además, equilibra cualquier interés desmedido al lucro e insensibilidad social que puede generar, por su naturaleza, la empresa privada o el sentido de subordinación vertical de la empresa estatal.

4 –En un sentido propio de la gestión interna, menos visualizado por el sector empresarial privado tanto como el estatal –aunque se encuentra en programas sociopolíticos de diversos países–, para las Pyme y en general para el sector empresarial, es la necesidad de tener en cuenta a los trabajadores como personas aportadoras (tanto a la ganancia del capital como a la gestión efectiva de la empresa); por tanto, una política de redistribución relativa de las ganancias entre los trabajadores, de acuerdo a los aportes individuales y colectivos, así como la gestación de mecanismos de participación de los trabajadores en las decisiones de la empresa, contribuirían a la creación de un sentido de pertenencia positivo y de justicia social, que se revierte en la propia efectividad empresarial y hace más humanas y menos diferenciadas las relaciones a su interior, logrando que el sector “privado” o el estatal, tenga un componente más social a lo interno de su gestión. Ello podría avanzar hacia formas de co-gestión de los trabajadores, dadas las posibilidades.

5 –Todo este sistema de interconexión de la economía, podría estar en una relación estrecha con el ejercicio ciudadano de participación en las políticas públicas y formar parte de las agendas cívicas de los territorios y localidades –así como del país– si se generaran los mecanismos de participación popular ciudadana que construyan la posibilidad de un sentido real de impacto en el desarrollo del país.

Conclusiones.

De hecho, las propuestas alternativas señaladas constituyen nuestros puntos de vista conclusivos del abordaje de las tres partes de este trabajo. Sin embargo, vale la pena  destacar que ellas tienen la potencialidad de ser aplicadas, con las flexibilidades de cada caso, a las diferentes formas de relaciones sociales de propiedad y trabajo existentes, amén de varias consideraciones complementarias:

  • Existen diversas vías de potenciar la autogestión de los trabajadores y la constitución de empresas sociales solidarias en esas formas de propiedad analizadas: la autogestión propiamente dicha, la co-gestión, formas de arriendo de empresas estatales (Yera, 2015) y de otras formas de gestión no estatal en las que se aplica parcialmente, así como en la multiplicidad de asociaciones mixtas o de propiedad extranjera, etc.
  • Junto a las posibilidades de extensión de cooperativas reales, del arriendo de empresas estatales, la conformación de conglomerados de corporaciones cooperativas (Yera, 2015), de empresas con inversión extranjera (y privada nacional), los principios mencionados sobre la constitución de alianzas público-privadas –conducentes a cadenas de valor agregado significativas–, orientadas al desarrollo local y formas asociativas diversificadas para el funcionamiento de las áreas de emprendimiento, pudieran constituir un paso de avance socioeconómico.
  • La ingente necesidad de inversión extranjera para el desarrollo económico del país, debería ampliarse a más sectores, aunque siempre con la consideración de los principios anteriores y en respeto a la soberanía nacional y bajo la posibilidad de aplicación de los principios mencionados, junto a cuotas de recuperación de ganancias justas.
  • La participación popular ciudadana en la gestión y control de todas las formas económicas, mediante vías organizadas y eficientes podría llevarnos a un rumbo socialista realmente solidario y emancipatorio.

 

Citas bibliográficas

Monreal, P. 2017. “Si la empresa privada es la respuesta: ¿Cuál es la pregunta?”. En: Betancourt, R. –compilador– Construyendo socialismo desde abajo: la contribución de la economía popular y solidaria., Editorial Caminos, La Habana.

Yera, L.M., 2015. “Repensando la economía socialista: El quinto tipo de propiedad empresarial·. Ed. C. Sociales, La Habana.

Referencias

[1] Si bien el término de Economía Social Solidaria se refiere, sobre todo a formas cooperativas y populares de realización de la producción y el consumo, y se enmarcan frecuentemente en los principios cooperativos, una visión más amplia pudiera ser extendida, en diferente grado a todos los sectores de la economía, en mi opinión.

 

VER TAMBIÉN

Formas tradicionales y emergentes de gestión y propiedad en Cuba (I)

Formas tradicionales y emergentes de gestión y propiedad en Cuba (II)

Sobre los autores
Ovidio D'Angelo 10 Artículos escritos
(La Habana, 1946). Licenciado en Psicología y en Sociología. Posee estudios dl Licenciatura de Economía. Ha realizado estudios de post-grados en Economía del Trabajo y en Filosofía. Investigador titular y profesor. Posee Premios Nacionales de la...
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