Fotógrafas en la República: la sección femenina en el Club Fotográfico de Cuba

Sección Femenina del Club Fotográfico de Cuba (1948). Imagen de archivo. Cortesía: Catálogo de Fotógrafas Cubanas

La fotografía, como oficio, fue de gran importancia para la mujer en la medida que posibilitó su incursión en la esfera social y su vinculación a los procesos históricos. Pensemos en el registro de la visita del presidente José Miguel Gómez a Cayo Cristo, reportado por la viuda de Gregorio Casañas, en 1909, o la labor documental –salvando las distancias en el tiempo– de Mayra Martínez sobre las tareas de la juventud, en el corte de caña, durante las postrimerías de los años 70.

Entrada la República, la labor fotográfica reporteril podemos evidenciarla en las imágenes que para la Revista Social enviaron Lotte Grahn y Uldarica Mañas y Parajón; no obstante, quisiera concentrarme en el papel de la institución a donde pertenecieron ambas desde la temprana fecha de 1939: el Club Fotográfico de Cuba y en particular –lo que ha constituido un hallazgo del Catálogo de Fotógrafas Cubanas[1]– su Sección Femenina. Según la nómina de integrantes del Club en el año 1939, solo cinco eran mujeres: las citadas Lotte Grahn y Uldarica Mañas y Parajón y Dana Cruz Bustillo, Sarah Loredo y Rosario Soler de Mañas.

La participación de las fotógrafas en el Club se da de manera discreta o digamos nula en esta etapa. Aun cuando Lotte Grahn realizara una exposición de retratos de su autoría en el Lyceum –institución cultural fundada por mujeres y de importancia capital en el desarrollo intelectual y expositivo de la República– en el año 1937, no se hallan referencias de tal acontecimiento en ninguna de las páginas del Boletín de la asociación, tampoco aparecen mujeres inscritas en los concursos que realizara el Club, a pesar de que para 1941 el total de féminas integrantes se aproximaba a 50.

Durante el transcurso de la investigación sobre la labor de las fotógrafas en la escena cultural del período republicano me he dedicado a estudiar los requerimientos para participar en los concursos inter-socios, de novicios, regionales y salones nacionales e internacionales. En ninguno de ellos se impedía la participación de las mujeres. Sin embargo, no fue hasta 1946 que como resultado de la premiación de los Concursos Regionales, la fotografía Josefina, de Mercedes Quintana, ilustrara la portada del Boletín del Club Fotográfico de Cuba. En dicho concurso sobresalió por la provincia de Santa Clara (con medalla de oro) la fotografía Cienfuegos de Conchita Ortega, y por la provincia de Camagüey (con medalla de plata) la imagen Sueño, de Isela Centro. Además, Mercedes Quintana obtuvo el Gran Premio Nacional “Copa Kodak” y una mención de honor. En el Boletín los resultados de la premiación se dieron con la siguiente nota:

“Santa Clara que tanto entusiasmo demostraba y que tantos socios tiene en el Club, le dejó a una débil mujer la labor de representarla, verdad que esta demostró tener el entusiasmo y el coraje que se necesita. La Dra. Conchita Ortega debe sentirse satisfecha de su medalla y nosotros nos alegramos sinceramente de su triunfo.”[2]

Por otro lado se planteaba:

“El Gran Premio Nacional que se llevó la Sra Quintana fue otorgado por unanimidad y sin discusión y deben los concursantes por Oriente estar orgullosos de que haya caído en su Provincia. El triunfo de la Sra. Quintana es el triunfo de todos y cada uno de los concursantes de esa provincia.”[3]

La visibilidad repentina que tuvieron las mujeres en esta competición, unido a las características epocales –la Constitución de 1940 otorgó el derecho a la mujer casada a la vida civil y a ejercer libremente el comercio, la industria, la profesión y el arte sin necesidad de licencia o autorización marital y la existencia de más de 800 asociaciones femeninas y feministas en todo el país tras finalizar la Segunda Guerra Mundial– contribuyeron, sin lugar a dudas, a la fundación el 20 de junio de 1947 de la Sección Femenina del Club Fotográfico de Cuba. La misma marcó un antes y un después para la inserción de las fotógrafas en las actividades culturales del Club. En el reglamento de la Sección se planteaba:

Artículo No. 1: La Sección estará integrada por todas las asociadas del Club y todas tendrán iguales derechos.

Artículo No. 2: El fin primordial que persigue esta Sección es la de agruparse como un fin lícito de la vida y propender entre las que la integren el amor a la fotografía como arte y su práctica utilizando para dicho fin, excursiones, fiestas, meriendas o cualquier otro acto similar. [4]

La Sección Femenina fue de gran importancia no solo como espacio de socialización entre las integrantes del Club, sino además porque constituyó una plataforma de visibilidad y legitimación de sus creaciones. En ese sentido, en junio de 1948 se celebró el Primer Concurso de la Sección cuya ganadora, Teresa O´Bourke de Cossío apareció en la portada del Boletín del Club Fotográfico de Cuba en julio del mismo año. La dirección del Boletín lo anunció así:

“En este concurso, como se anunció tomaron parte solamente las damas pertenecientes a dicha sección, y la mayoría de las concursantes han demostrado que pueden competir en los concursos inter-socios con muchas probabilidades de éxito, ya que hay una buena cantidad de fotografías de excelente calidad.”[5]

De tal manera durante el mismo año 1948, el “Primer Salón Internacional Cubano de Fotografía Artística” fue patrocinado por las señoras Nieves Pérez y María de las Mercedes López de Quintana, quien también participó en esta ocasión. En 1949, las señoras Sarah Loredo y Teresa O´Bourke de Cossío presentaron sus trabajos en el “Segundo Salón de Arte Fotográfico” y en 1954, Elsa Norma Kelm resultaba premiada con una mención de honor en la “Exhibición Internacional de Fotografías y Transparencias Artísticas”.

Sobresale un lenguaje conservador en cuanto a técnicas, estilos y contenidos, así como la atención al paisaje urbano, marítimo y el retrato de miembros de la familia. Las fotógrafas registran su entorno más cercano, generando un tipo de imagen “privada” enfocada en los niños, el esposo y los demás miembros de la familia. En algunas ocasiones, más que retratos familiares, las obras devienen retratos-tipo, por cuanto interesa la captación de determinados sujetos sociales como, por ejemplo, la foto Obrero de Teresa O´Bourke de Cossío. Las predisposiciones de la moral aún presentes en el sujeto “mujeres” imposibilitaba la capacidad de mirar y específicamente mirar a un hombre podría resultar aún más atrevido. Era más fácil entonces retratar a un hermano o al esposo y no poner en duda, de ese modo, el recato y decencia femeninos.

David Eduardo Silveira Toledo ha expresado en este sentido:

“De la gran cantidad de personas que incursionaron en la fotografía familiar en Santiago de Cuba, la figura de Melba Boix Quintana pudiera considerarse muy particular. Es una mujer que cuenta a través de sus imágenes su vida cotidiana, en cuyo registro ha puesto en evidencia su peculiar vocación de cronista. En estas fotos, de alguna manera, siempre permanece la familia íntegra, completa, sin ausencias. A partir de la mirada lúcida de la cámara se busca siempre el encuentro afectivo con los que estuvieron antes y sobre cuyo recuerdo nos proyectamos hacia el futuro.”[6]

La documentación del entorno inmediato y de los miembros de la familia será una característica perceptible, además, en la obra de María de las Mercedes López de Quintana. Un trabajo documentando su archivo hace unos meses posibilitó apreciar, dentro del retrato familiar, la tendencia de registro del crecimiento infantil, elemento evidente en una parte de la producción fotográfica de María Eugenia Haya y Leysis Quesada, por ejemplo.[7]

El triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959 significó un cambio en los órdenes político, económico, social y cultural del país. Si hasta entonces se había evidenciado un proceso de incorporación de las mujeres al medio fotográfico, hallado sobre todo en aquellas que formaron parte de la Sección Femenina del Club Fotográfico de Cuba o trabajaron para revistas como El Fígaro o Social, es sorprendente como, entrados en la segunda mitad del siglo, el número de creadoras suele ser muy discreto en comparación con la etapa anterior.

La fotografía –al decir de la Lic. Laura Alejo en Después del sonido del obturador. El Club fotográfico de Cuba (1935-1962) había sido una manifestación practicada por profesionales de la medicina y las leyes o propietarios y comerciantes de gran solvencia económica que podían costearse la compra de cámaras, el reemplazo de rollos, los productos químicos de revelado y otros implementos necesarios para la práctica del arte fotográfico. En 1960, ante el proceso de nacionalización de las empresas privadas, muchos de los propietarios y sectores de la capa media social abandonaron la Isla y por ese motivo, el Club Fotográfico de Cuba –centro que acogió el mayor número de fotógrafas aficionadas durante la República– pronto cerraría sus puertas.

[1] Proyecto orientado al rescate de la labor fotográfica realizada por mujeres en Cuba desde 1853 hasta la actualidad.

[2] Vid. Boletín del Club Fotográfico de Cuba. Año III. No. 9. Noviembre de 1946, p. 4. Archivo José A. Navarrete.

[3] Ibídem.

[4] Vid. Boletín del Club Fotográfico de Cuba. Año VI. No. III. Marzo de 1949, pp. 10-11. Archivo José A. Navarrete.

[5] Vid. Boletín del Club Fotográfico de Cuba. Año V. No. VI. Julio de 1948, p. 3. Archivo José A. Navarrete

[6] Vid. David Silveira Toledo. Los fotógrafos del silencio; Análisis de la fotografía realizada en Santiago de Cuba entre los años 1947 y 1957. (Tesis en opción al grado de Doctor en Historia del Arte).Tutor: Dra. María Teresa Fleitas Monnar. Santiago de Cuba, Universidad de Oriente, 2006, p. 26.

[7] María Eugenia Haya fue galardonada en el año 1984 con el premio Especias de la Revista Revolución y Cultura por una obra Sin Título presentada a la Bienal de La Habana. La pieza consistía en un mosaico de grandes proporciones (320 x 300 cm) estructurado a partir de la yuxtaposición de doce instantáneas relacionadas con su familia. Por otro lado, Leysis Quesada destaca por la exploración de tópicos asociados a los espacios de convivencia primarios: su casa y familia en el pueblo Amarillas en Matanzas y la documentación de sus dos hijas en la práctica del ballet.

 

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Sobre los autores
Aldeide Delgado Puebla 1 Artículo escrito
(La Habana, 1993) Investigadora. Actualmente cursa el 5to año de la carrera Historia del Arte en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Se especializa en temas de género, racialidad y fotografía dentro de las artes visuales ...
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