“Francisco puede ayudarnos en la búsqueda de una sociedad más justa y participativa”





 

A pocos días de la llegada del papa Francisco a nuestra Patria compartimos con nuestros lectores esta entrevista realizada a Manuel Alberto Ramy, Subdirector de Progreso Semanal.

¿Qué opinión le merece la gestión del Papa Francisco al frente de la Iglesia Católica?

Como Pastor su  principal accionar ha estado marcado por recurrir a las fuentes primeras del cristianismo, mostrándolas como comunidades de vida que vivían, reitero vivían, el mensaje de Jesucristo a plenitud y de manera coherente. Ha puesto ante el rostro de nuestro convulso mundo, de todos y cada uno de los que nos llamamos cristianos, incluyendo a la institución de la que es Pastor, un modelo de vida a seguir consecuentemente. Nos ha dicho: mírense en este espejo y cuestionen su cristianismo.

Ha producido el documento pontificio Evangelli Gaudium  y la encíclica Laudato Sí. Este último, si bien polémico dentro y fuera de la estructura de Iglesia Católica y de sectores de la feligresía, resulta irreprochable desde el punto de vista institucional ya que aborda, a partir de la más estricta moral, la realidad de un tema tan complejo y conflictivo para los poderes establecidos. Ningún documento papal desde la encíclica Rerum Novarum hasta la fecha puede esgrimirse en su contra, mucho menos los acuerdos del Concilio Vaticano II o las directrices emanadas del encuentro de Puebla, que ratificó la opción preferencial por los pobres.

La razón del conflicto con la  encíclica reside en la afirmación de la unidad de todo lo creado y de cómo el sistema económico global imperante (he ahí la clave explosiva) no solo genera pobreza, sino que al romper la armonía universal, ha puesto en peligro la existencia humana y la obra creadora de Dios. Y un condimento muy importante: el estilo de vida de Francisco es el mismo de Bergoglio, el cura jesuita que fue arzobispo de Buenos Aires. Sencillo, no un Príncipe de la Iglesia, rodeado de boato y carantoñas, sino un hombre de tú a tú, comprometido con la palabra que para él equivale a acto. Para Bergoglio, el principio es el acto acorde al pensamiento lúcido.

¿Puede la Iglesia como estructura vertical, en buena parte acomodada y permeada en no  pocos casos por la seudo-cultura imperante, compartir, acompañar la andadura de un Papa así? En buen cubano diré que muchos lo mastican, pero no lo tragan.

La Curia vaticana, heredada de papas anteriores, bien ensamblada por siglos, ha tenido históricamente un poder inmenso  y como cualquier  burocracia dispone de la capacidad para entorpecer y/o voltear en sentido diferente, si no contrario, las directrices del Sumo Pontífice. Lo mismo sucede en no pocas diócesis esparcidas por el mundo, donde Bergoglio resulta polémico, difícil, amargo. Limpiar la casa ha sido una primera e inacabada tarea de Francisco, pues se trata de un engranaje bien sedimentado.

Nombró un núcleo de ocho cardenales con los cuales analizar y compartir empeños reformadores: limpiar las finanzas vaticanas, reducir los favoritismos, evitar el tape de las prácticas pedófilas y presionar con sus intervenciones públicas a favor de la justicia social, de los pobres, e intermediar en conflictos bélicos o promoviendo y ejercitando la ayuda a los emigrados a causa de las guerras y de la pobreza galopante.

No obstante, según informaciones de fuentes italianas serias, ya hay signos de división en esta comisión de ocho cardenales. Los nombres de los líderes de una y otra posición han sido puestos en la prensa. Toda reforma implica un cambio de mentalidad, de cultura y de estilo de vida. Difícil quebrar hábitos de siglos y compromisos ajenos con la religión y los valores propios del cristianismo. Dos años es poco tiempo para tener una idea cabal de la gestión de Francisco. Pero en ese lapso de tiempo la valoro positiva, tanto al interior de la Iglesia como a nivel público mundial. El hecho de que sea polémico parece ser una condición inherente a la práctica de ser un cristiano medular.

¿Cuánto pesa, a su juicio, la matriz ignaciana en su gestión?

Comienzo por decirte que la primera sorpresa es que el Cónclave de hace dos años votara a favor de un jesuita. Podría explicarme esa elección especulando que haya contado con el apoyo decisivo de Benedito XVI, que en la jerga política pudo haber hecho lobby a su favor en razón de que la situación interna vaticana, y en general de la Iglesia, resulta tan seria (cosa evidente) que precisaba de la reciedumbre ignaciana, propia de la Compañía de Jesús. Más aún, por qué no pensar que Benedicto apreciara que era el momento apropiado para un Papa latinoamericano y seguidor del pensamiento de Pedro Arrupe, Prepósito General de los jesuitas entre 1965 y 1983, quien planeó y comenzó a llevar  adelante un giro importante en la pastoral de su orden, que no era del agrado de Juan Pablo II, quien dio prioridad al Opus Dei.

Debemos recordar que Arrupe, tras sufrir una trombosis que lo paralizó, nombró a un sustituto suyo, al cual Juan Pablo II se opuso, y nombró personalmente a un interventor. Entonces sucedió lo insólito: Arrupe se negó a la propuesta papal con el  apoyo de la mayoría de los  jesuitas. Hecho sorprendente porque el cuarto voto de los jesuitas exige el apoyo incondicional a la autoridad del Sumo Pontífice Romano. Quizás San Ignacio de Loyola (1492-1556) hubiera actuado igual. En una de las ocasiones que fue llevado ante la inquisición cuestionado porque su segundo, Diego Laínez, era de ascendencia judía, Loyola preguntó: ¿Jesús no era judío? A la muerte de Loyola, Laínez fue escogido como General de la Compañía. Fuerte desafío al poderoso poder de la Inquisición.

En mi opinión, Francisco, el papa jesuita, ha retomado a la luz del contexto actual la línea de Arrupe: compromiso activo (no retórico) con la justicia social, apoyo a cambios sistémicos en los cuales la moral y la persona humana  sean el principio y el fin de las acciones y dirigir cada vez más sus centros educativos hacia los sectores menos favorecidos. Recordemos que la educación fue una de las prioridades de la actividad de la orden. Incluso en sus comienzos, a mediados del siglo XVI, los jesuitas enfrentaron una dura polémica con la monarquía francesa y con la universidad de París porque competían con esta, no solo por el nivel intelectual alcanzado por su propio claustro (jesuítico), sino a causa de que sus clases eran gratuitas.

Evangelizar, educar, formar carácter, instruir en las ciencias y compartir los conocimientos, laborar para la Mayor Gloria de Dios (lema de la orden), fueron instrumentos de su  trabajo internacionalista a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, tanto en Asia como en América Latina.

No debemos olvidar que Francisco, de padre inmigrante (era obrero ferroviario), es argentino. En Misiones (Argentina) aún quedan restos de una de las reducciones famosas fundadas por los jesuitas. Fueron estos los que asentaron a los guaraníes, nómadas hasta entonces, salvaron hasta hoy la lengua guaraní, introdujeron nuevas técnicas e instrumentos de cultivo y ayudaron a establecer un orden social en el cual ellos no ocuparon posición dirigente alguna. La llamada República Guaraní fue catalogada por el positivista Augusto Comte como un modelo de Estado sin Estado, o sea, la república ideal. Pero fueron liquidados un siglo después precisamente por la coalición de los imperios de la época en razón del control económico.

Esa experiencia es parte de la  orden a la que pertenece el argentino-jesuita-papa Francisco. También lleva vivencias personales de las crueles dictaduras en su país natal (como otras en el cono Sur) y las originadas por la implantación del  modelo neoliberal puro y duro que puso a muchos de sus ciudadanos a “vivir” junto a los latones de basura. Experiencia personal, tradición de la orden, actualización de la línea de Arrupe, ayudan a explicarnos al papa Francisco, al obispo de Roma, al cura jesuita, al hombre que nos visitará.

¿Cuál es el contexto socio-político de la Cuba a la que arribará Francisco?

Francisco visita Cuba en momentos en los que la Isla vive un doble proceso de cambio: uno sistémico, otro generacional; ambos conducidos por la llamada generación histórica, factor que marca los cambios, su profundidad y el ritmo de estos. Pero el tejido social es diferente: plural en intereses y pensamiento y que, en algunos aspectos, va por delante y más aprisa que las decisiones gubernamentales.

El sentido de participar en un destino y obra común que primó hasta finales de la década de los años 80, está siendo mermado por la afanosa búsqueda personal de caminos individuales de vida, debido a las reales urgencias económicas y perspectivas personales de desarrollo. Si bien esto resulta perfectamente comprensible, también es peligroso. La fortaleza de un país y la preservación de la cultura (en su sentido amplio) y de los valores genuinos de una sociedad residen esencialmente en el sentido de pertenecer y participar real y efectivamente en una obra común que, a la vez, satisfaga necesidades propias de las personas e integre la diversidad existente.

Este es el momento en el que Francisco pisará el suelo de nuestra patria. Él puede ayudarnos, con su pensamiento, a buscar una sociedad más justa, mejor, realmente participativa, y a que no perdamos el  sueño originario del proceso cubano: plena dignidad de la persona humana, donde el afán desenfrenado por el dinero no prostituya dicha cualidad esencial.

¿Cómo valoras el rol de la Iglesia cubana en las dinámicas nacionales actuales?

Depende de dos factores: de la disposición gubernamental y de la capacidad de la Iglesia cubana para actuar en el proyecto en marcha. ¿Hasta dónde estaría dispuesto el gobierno cubano a promover una mayor participación, no solo de la Iglesia Católica, sino también de las demás religiones y de otras instituciones no religiosas, a favor de los nuevos empeños y en la imprescindible y urgente tarea de recuperar los valores perdidos? ¿Estará la Iglesia Católica cubana preparada para participar en los espacios que puedan abrirse?

Temo, no es mi deseo, que aunque no se trata de la misma Iglesia de la confrontación de los primeros años de la Revolución, haya en la mente y aspiraciones de algunos una Iglesia al estilo de la  época pre-revolucionaria, por cierto, ajena y contradictoria con la proyección del papa Francisco.

De momento puedo decir que la Iglesia Católica contribuye de manera importante en tareas sociales, como por ejemplo: el cuidado de ancianos y minusválidos, el apoyo alimenticio a los menos favorecidos; en proyectos de desarrollo socio-económico. Resulta imposible olvidar la mediación que en el año 2010 resultó en la liberación de más de un centenar de opositores presos. Del mismo modo, debemos recordar que en ocasión de la visita de Benedicto XVI, fue liberado un número considerable de presos que guardaban prisión por delitos comunes. A mi juicio, la mejoría de las relaciones precisa que ambas partes (Gobierno e Iglesia) ganen suficiente confianza.


Sobre los autores
Lenier González Mederos 40 Artículos escritos
(La Habana, 1981). Subdirector de Cuba Posible. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad de La Habana (2005). Estudios de maestría en Gestión Turística en la Universidad de La Habana. Estudios doctorales de Sociología en el Instituto...
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