Francisco Rodríguez Cruz: “Es urgente fortalecer y dar prioridad al desarrollo organizativo, tecnológico y material de nuestros medios de prensa”.

En los últimos meses hemos dedicado un espacio considerable al tema del periodismo en Cuba en sus variantes de prensa escrita -tanto “real” como virtual-, así como al rol de la blogosfera en el nuevo contexto comunicacional cubano. Hemos publicado tres bloques de trabajos que brindan, a través de artículos y entrevistas a actores de estos campos, múltiples visiones sobre temas afines: 1) Para un debate necesario sobre la prensa en Cuba; 2) Periodismo y Blogosfera en Cuba: renovando espacios de participación; y 3) Periodismo cubano: edición contra cierre. Puntos conectores entre todas estas visiones –por mencionar solo algunos- son los retos (y enseñanzas) que llegan con el desarrollo de nuevos lenguajes de comunicación virtual, la redefinición inminente de los nuevos límites de la profesión comunicacional dentro del creciente marco de privatización en la Isla y, en consecuencia, la necesidad de repensar y recomponer las estructuras de legalidad que definen estas nuevas dinámicas.

Dando continuidad a la indagación sobre estos temas, compartimos hoy una entrevista a Francisco Rodríguez Cruz como parte del dossier “Periodismo y Blogosfera en Cuba: renovando espacios de participación”.

Rodríguez Cruz, periodista de profesión y redactor-reportero del periódico Trabajadores, ha sido ganador de numerosos galardones periodísticos, entre los cuales se destacan el Premio “Juan Gualberto Gómez” y el Concurso “26 de Julio” (ambos otorgados en el 2010), tanto por su obra en el periódico impreso, como en su versión digital.

Desde la aparición, en diciembre del 2009, de su bitácora personal Paquito el de Cuba, Rodríguez Cruz o “Paquito”, como muchos le conocen, recurrió a la narración desinhibida de su vida acompañada por un sistemático activismo en las redes sociales, páginas web nacionales e internacionales, grupos LGBT, eventos sobre sexualidad, género, periodismo digital, entre otras acciones, para contribuir a crear conciencia y abogar por el respeto al derecho a la libre orientación sexual e identidad de género dentro de la sociedad cubana.

Integra, desde el 2011, el Comité Organizador de la Jornada Cubana contra la Homofobia, como activista LGBT y colaborador del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).  Ha sido también profesor instructor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en la carrera de Comunicación Social para trabajadores y en la licenciatura en Periodismo.

¿Qué te motiva a escribir sobre Cuba? ¿Desde qué espacio lo haces generalmente?

Tengo dos motivos fundamentales para escribir sobre Cuba: mi idea sobre el civismo y la ciudadanía, y la del periodismo como servicio público. Escribo, contesto entrevistas, intervengo en cualquier espacio de participación formal o no, institucional o no, oficial o no, donde tenga la posibilidad y sienta que no va en contra de mis principios revolucionarios. Tengo mi propio blog (www.paquitoeldecuba.com) para comunicar mis mejores sueños y, tal vez, mis más importantes batallas personales; donde sobresale el activismo por los derechos de la comunidad LGBTI, aunque dista mucho de ser este mi único interés de transformación social. Publico, además, en el periódico donde laboro casi desde que comencé a estudiar periodismo, Trabajadores, cuyo perfil siempre sentí cercano y primordial para el país, y que considero mi hogar intelectual. Pero también colaboro con otros medios y publicaciones nacionales, y lo hago también, eventualmente, con algunos internacionales.

¿Qué crees de la emergencia de toda una nueva zona de blogs y espacios periodísticos digitales que, tanto en Cuba como desde afuera, abordan problemas de la realidad nacional desde una perspectiva investigativa y crítica?

Como afirmé en una columna de opinión a propósito del “Día de la Prensa” en Cuba, es evidente que “el modo de comunicar y comunicarnos entre los seres humanos atraviesa en este siglo por un profundo cambio de paradigmas a partir de la emergencia de nuevas tecnologías y modos de interacción social, que impactan de forma directa sobre casi todas las actividades profesionales, y en particular sobre aquellas que, como el periodismo, son a la vez sujeto y objeto de los procesos comunicativos”.

Los blogs, las redes sociales y otras iniciativas de comunicación no son hoy —y no lo serán más— espacios exclusivos de periodistas y para el periodismo. La particularidad de que en Cuba fuéramos los integrantes de esta especialidad, junto a otros sectores profesionales y de la intelectualidad, quienes primero llegáramos a la red de redes, por la voluntad política del gobierno cubano de facilitárnoslo en medio de las restricciones en el acceso, nos ofreció la ventaja relativa de una actividad en el ciberespacio desde Cuba y relativa a ella, mucho más política, intencionada y también polarizada. Ello condicionó una perspectiva crítica, pero no siempre investigativa, ni suficientemente responsable o ética, frente a la falta de un intercambio fluido con esas características en los medios de comunicación tradicionales.

Francisco Rodríguez Cruz, periodista, bloguero y activista LGBT.

Desde la aparición, en diciembre del 2009, de su bitácora personal Paquito el de Cuba, Rodríguez Cruz o “Paquito”, como muchos le conocen, recurrió a la narración desinhibida de su vida acompañada por un sistemático activismo en las redes sociales, páginas web nacionales e internacionales, grupos LGBT, eventos sobre sexualidad, género, periodismo digital, entre otras acciones, para contribuir a crear conciencia y abogar por el respeto al derecho a la libre orientación sexual e identidad de género dentro de la sociedad cubana.

¿Qué crees del modelo de periodismo cubano tradicional? ¿Cuáles han sido sus logros y cuáles sus fallas?

En el mismo texto al que hice referencia antes, afirmé: “El periodismo como profesión mantiene una aureola de reconocimiento público que nos ubica a quienes lo ejercemos en el centro del debate ciudadano sobre las demandas de información insatisfechas, así como potencia aún más la idea —a veces sobredimensionada por las audiencias— de su capacidad transformadora de la realidad cotidiana”.

Para mí, ese es el gran logro del periodismo tradicional cubano. Una parte mayoritaria de la ciudadanía, incluso la que no comulga con los intereses de la Revolución y el socialismo, la utiliza como punto de referencia, busca y demanda en la prensa más institucional del país las respuestas “oficiales” a sus problemas e insatisfacciones.

El hecho de que cientos de jóvenes cada año sueñen con estudiar y ser periodistas, y una parte lo consiga, es para mí casi el resultado de un milagro, del cual, sin dudas, podemos enorgullecernos.

En cuanto a las fallas, sostuve: “La prensa cubana arriba a esta era con deudas pendientes y conflictos no resueltos en el campo de las definiciones teóricas y prácticas acerca de la naturaleza de las relaciones que deben existir entre ella y el resto de los componentes del sistema político e institucional de una sociedad que quiere construir una alternativa socialista como única vía posible de garantizar su soberanía e independencia frente al poder hegemónico del capitalismo mundial”.

“La declaración expresa de ese objetivo atrajo sobre la Revolución cubana, casi desde sus inicios, la abierta hostilidad de las grandes potencias capitalistas, en particular del gobierno de Estados Unidos, cuyas acciones para desestabilizar el país y producir un ‘cambio de régimen’ siempre incluyeron el terreno ideológico en el cual operan los medios de comunicación, y que en la actualidad son incluso más sutiles y complejos, lo cual enrarece y afecta el normal desempeño del periodismo en Cuba”.

Todavía no logramos articular un modelo de comunicación pública que resuelva las contradicciones entre la propiedad social sobre los medios de producción —y de comunicación— y las estructuras partidistas y estatales que formalmente la representan y dirigen los medios en nombre de un pueblo que también necesita ejercer un control sobre estas estructuras de poder a través de la prensa. Las agresiones externas, por supuesto, no contribuyen en nada a ese periodismo posible y deseable.

Por un tiempo ya, y sobre todo en los últimos meses, se han publicado y reproducido ataques (e incluso amenazas) contra blogs, espacios informativos e individuos que no son parte de la plataforma periodística/ bloguera estatal. Algunas de estas entidades han sido acusadas de “ilegítimas” por informar una visión “contrarrevolucionaria”, cuando lo que han hecho es plantearse formas de revitalizar el concepto de revolución; se les ha tildado de mercenarias, cuando lo que han procurado es tener una plataforma básica que les permita existir. ¿Cuál es tu opinión sobre esto? ¿Cuán necesario es repensar el concepto de legitimidad en este contexto?

El asunto quizás es mucho más complejo que una pelea entre dos partes, y una franja intermedia que permanece indecisa o tibia —nunca neutral, porque no creo que eso sea posible. Tampoco pienso que todo el que interviene en estos debates pretenda —de verdad— revitalizar el concepto de Revolución. Ojalá fuera así, pero me parece una aseveración muy optimista. Al respecto, mis consideraciones tienen que ver más con los cambios en el contexto económico y social. En la referida columna, lo enfoqué así:

“En este difícil contexto, tampoco es posible despreciar el impacto que sobre el sistema de comunicación pública inevitablemente ocasionan —si aplicamos las leyes del materialismo dialéctico— las actuales transformaciones económicas y sociales que acontecen en el país como parte del perfeccionamiento del modelo socialista, con más influencia de las relaciones monetarias mercantiles en la vida cotidiana, incremento en los flujos de capital externo e interno, y mayor diversidad en las formas de propiedad y gestión no estatal.

“Ello conlleva al surgimiento de sectores y grupos sociales con diversos intereses y posibilidades económicas que requieren y tienen cómo financiar su participación en el entramado comunicacional del país, a través de iniciativas paralelas a los medios tradicionales —díganse, entre otras, el Paquete Semanal, los blogs, las redes sociales en Internet o las llamadas publicaciones alternativas digitales—, no necesariamente hostiles ni perjudiciales para los fundamentos de la nación cubana.

“En consecuencia, el escenario para el desarrollo de la prensa cubana en los próximos años implica que tendremos que aprender a lidiar en el ámbito de la comunicación pública con nuevos actores, mejores o no tan buenos en sus estándares profesionales y éticos, con intenciones más o menos concordantes con los valores socialistas que queremos hacer predominar, y debemos hacerlo a partir de la calidad, oportunidad y diversidad de nuestras propuestas periodísticas”.

En medio de tal panorama, la legitimidad de una u otra iniciativa de comunicación, en última instancia, la ofrecerá el público. No dependerá de juicios, de fiscales, ni de defensores de ninguna “doctrina de la fe”. La ciudadanía no creerá en uno u otro medio porque alguien lo tilde de “contrarrevolucionario” o de “oficialista”, sino por la calidad de la información y el análisis que allí le brinden. Es un proceso objetivo, que existe y existirá fuera de nuestras buenas o malas conciencias.

Pero en este punto quisiera añadir una convicción muy íntima. Quienes laboran en la mayoría de esos medios emergentes o alternativos son, en muchos casos, profesionales jóvenes que salieron de nuestras facultades de Comunicación; e incluso fueron estudiantes nuestros, hicieron sus prácticas profesionales en los órganos de prensa tradicionales donde trabajamos sus entonces tutores, ahora colegas. Nadie espere, al menos de mí, que les recrimine, aparte, reniegue o condene, por no sentir —como yo y tantas otras personas— el raro e intransferible encanto de un sacrificio que fuimos incapaces de inculcarles.

El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no ha implicado un abandono de proyecciones de asedio a la soberanía cubana, específicamente, de la mentalidad de “cambio de régimen” promovida por Estados Unidos. La Administración Trump no va a marcar un cambio de paradigma en este sentido. ¿Cómo lograr potenciar un periodismo y una blogosfera participativos, críticos y renovados pero, a la vez, responsables, dentro del contexto del ya tradicional acoso que vive Cuba en su relación con Estados Unidos?

Ya hice referencia a lo difícil que es pretender una práctica democrática sana, incluyendo en ella el ejercicio del periodismo, en medio de la hostilidad de una gran superpotencia, y mucho más que eso, de un sistema hegemónico como el capitalismo. Debo admitir que no tengo la respuesta para cuál sería la fórmula ideal para conseguir esa coexistencia natural y creativa entre múltiples medios y plataformas de comunicación, que ejerzan a la vez la crítica y no sean pasto de intenciones neocoloniales y de dominación. Supongo que ese “cómo” tendremos que construirlo entre todas y todos, con pruebas y errores, avances y retrocesos, como en cualquier proceso de transformación social.

Si quisiera enfatizar una última idea que destaqué en mi aludido texto, pues considero que deberíamos equilibrar más la balanza para poner en mejores condiciones a los medios de comunicación tradicionales:

“Ante tal panorama es urgente fortalecer y dar prioridad al desarrollo organizativo, tecnológico y material de nuestros medios de prensa, y atender a las múltiples necesidades pendientes de solución que padecemos quienes en ellos laboramos. Hacen falta, además, definiciones conceptuales y operativas más precisas, formulación de políticas de comunicación integradoras y consensuadas, e incluso decisiones legislativas que articulen un marco regulatorio más claro para el ejercicio del periodismo, sin que ello implique una pérdida de su dinamismo y flexibilidad”.

“El ejercicio de un periodismo crítico y responsable, donde la ciudadanía vea el reflejo de sus avances y problemas mediante una interpretación ética que contribuya a transformar y mejorar la realidad, no a enconarla con divisiones en bandos o rivalidades superfluas, definirá en última instancia qué medios obtendrán un mayor reconocimiento social y cuáles aportarán más a la Revolución en esta nueva encrucijada”.

Sobre los autores
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
Cuba Posible 187 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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