Guiteras “en la oposición y en el poder”: significados para el día de hoy

¿Quién fue Antonio Guiteras? ¿Cómo fue su evolución política? ¿Cuál fue su trayectoria en la oposición política y desde el poder?

El debate ideológico cubano actual se ha reforzado en estos últimos  tiempos. Decenas de artículos y  entrevistas han circulado por nuestros medios de comunicación y las redes sociales. Es asombroso observar cómo cada participante, al hacer sus análisis utiliza los mismos sucesos y perspectivas históricas y, sin embargo, las conclusiones a que se arriban son las más diversas. Algunos de ellos extraen de ese examen solo las lecciones que consideran pueden apoyar a sus opiniones. Obvian aquellos asuntos que potencialmente podrían descalificarlas. Eso puede ser muy peligroso para un país como el nuestro, donde se requiere de una dialéctica complicada, en la cual crítica y consenso mantengan cierto equilibrio.

Siempre he dicho, que la historia en sí misma,  como meta-relato, no es de mi interés. Opino como ciudadana que la historia debe contribuir inexorablemente a la comprensión del presente y la construcción de futuro. Es por eso que me acerco fundamentalmente a temas que nos digan algo en la actualidad, como es este al cual voy a referirme: el pensamiento y el accionar de Antonio Guiteras.

Y como me recomendaría mi maestro Fernando Martínez Heredia, para lograr un buen resultado hay que partir  de hacerse las preguntas correctas:

¿Quién fue Antonio Guiteras? ¿Cómo fue su evolución política? ¿Cuál fue su trayectoria en la oposición y desde el poder? ¿Quiénes fueron sus aliados y enemigos en cada coyuntura?  ¿Qué lugar ocupa su pensamiento en la cartografía de las corrientes de izquierda en Cuba?

 

En la oposición

Desde muy joven, Antonio Guiteras Holmes se enroló en las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado y perteneció al Directorio Estudiantil Universitario que enfrentó los propósitos del presidente de prorrogar sus poderes violentando lo establecido por la Constitución de la República en 1927. Posteriormente se involucró con el Partido Unión Nacionalista que se encontraba conspirando contra el gobierno y se alzó en agosto de 1931 en la finca “La Gallinita” de Santiago de Cuba, donde  cayó prisionero.  A finales de año fue amnistiado y entonces comenzó a crear condiciones para fundar Unión Revolucionaria, con el objetivo de preparar un alzamiento armado en la provincia oriental y  promover una revolución democrática y anti-imperialista. Esta organización quedó estructurada en el segundo semestre de 1932 y su plan de acción consistía en el asalto a varios cuarteles  y poblados, la entrega de armas a la población, la creación de columnas guerrilleras y el inicio de una guerra civil, la cual comprendiera importantes ciudades de aquella región.

Guiteras redactó un borrador de un Manifiesto al Pueblo de Cuba a nombre de Unión Revolucionaria, en el cual dejaba establecido que teniendo en cuenta “las variadas ideologías profesadas por los distintos elementos que a esta lucha deben concurrir” y que  “la destrucción de un régimen lleva implícita la creación de otro”, esa organización se proponía formar un gobierno provisional con duración de dos años, cuyos miembros no podrían ocupar cargos en el que se instauraría posteriormente. El mismo llevaría adelante un grupo importantes de medidas políticas, económicas y sociales en las que incluía el procesamiento judicial de  funcionarios machadistas que hubieran cometido delitos contra el Estado, la moratoria de la deuda externa, la convocación a una Asamblea Constituyente, la reorganización de partidos tradicionales y la formación de nuevas agrupaciones políticas con fuerzas pertenecientes a las tendencias de izquierda, incluidos, los comunistas.

En abril de 1933 Guiteras y sus hombres atacaron el cuartel de San Luis en Santiago de Cuba, pero no lograron salir exitosamente de la acción, uno de sus compañeros murió y deciden alzarse. Estos intentos insurreccionales alertaron a la dirigencia del Partido Comunista de Cuba que pretendía impulsar la Revolución en la Isla, sobre la necesidad de crear fracciones comunistas dentro de las guerrillas y pactar programas de lucha conjuntos. Según informes de mediados de junio redactados por el miembro de su Comité Central Rubén Martínez Villena, quien había regresado al país luego de una estancia de más de dos años y medio en la Unión Soviética, el Partido estaba preocupado por las operaciones de las bandas de alzados, pertrechadas con fusiles, machetes y pólvora y que mantenían en jaque al régimen en los campos, descarrilaban trenes, saboteaban inmuebles, quemaban sembradíos cañeros, ponían explosivos. Entre estas partidas estaban los guiteristas y las fuerzas del dirigente de origen campesino Blas Hernández. El Buró de Caribe de la Internacional Comunista que tenía su sede en Nueva York  orientó al respecto que llamara a  sus militantes a “participar activamente en el movimiento de las guerrillas armadas, impulsarlo y apoyarlo, ampliar su contenido  revolucionario y  elevar su nivel político”, a imprimirle un contenido agrario y antimperialista al movimiento armado contra el gobierno, “susceptible de sufrir desviaciones contrarrevolucionarias bajo la influencia de los líderes de la política burguesa”, era preciso garantizar la hegemonía del proletariado y la dirección revolucionaria del Partido. Desde 1929, esta organización había asumido la línea táctica cominternista de “clase contra clase”, encaminada a desentenderse de cualquier tipo de acuerdo con los nacionalistas y pequeño-burgueses. Solo se podría coordinar un frente único con elementos de base, a los cuales había que convencer de que la revolución en Cuba debía transitar por dos etapas, la primera agraria y anti-imperialista y la segunda socialista.

Las recomendaciones del Buró del Caribe consignaban que la demanda de la toma de la tierra por parte de los campesinos a través de la fuerza de las armas era equivocada y “una grave desviación putchista”, porque “no existía una situación revolucionaria”. Sin embargo, días después, estalló una huelga que se fue extendiendo y  generalizando, a la par que se ampliaba con otras manifestaciones de rebeldía entre diferentes sectores sociales, haciendo caer a la dictadura machadista el 12 de agosto de 1933.

El momento era confuso. ¿Qué hacer en tales condiciones? El Comité Central  del Partido Comunista convocó a su V Pleno para fines de agosto, con la presencia de numerosos delegados de casi todas las provincias y varios invitados extranjeros. Estos últimos traían nuevas directrices. Una de ellas era que debían iniciar la revolución a través de la implantación de soviets en aquellos lugares donde fuera posible, preferiblemente en centrales azucareros que llevaban algunos meses en huelga. Martínez Villena manifestó estar en desacuerdo con la misma, esa proyección podía provocar el abandono de las luchas, perturbar el trabajo dentro de las  fuerzas armadas y la incomprensión de la gente, para quien la palabra soviet tenía significados muy contradictorios. Sin embargo,  la mayoría de los reunidos llegó al acuerdo de tratar de constituir estos organismos de poder local, para lo cual el delegado manzanillero Francisco Calderius (más conocido  posteriormente por su seudónimo Blas Roca) estuvo dispuesto a regresar a su distrito donde se encontraba el central Mabay y  comenzar a ejecutar la orientación.

A menos de una semana, el 4 de septiembre, un movimiento regenteado por sargentos y con respaldo del Directorio Estudiantil Universitario, destituyó al presidente Carlos Manuel Céspedes colocado a la huida del tirano. En su lugar asumió el poder la Pentarquía, una quinteta de personalidades políticas relevantes que trataron de regir de manera colegiada, sin embargo pasados varios días, decide nombrar al frente del país al profesor de fisiología Ramón Grau San Martín y conformar un gobierno provisional, dentro del cual otorgaron la cartera de Gobernación e interinamente de Obras Públicas al gobernador de Santiago en esos momentos, Antonio Guiteras. Más tarde, el joven asumiría la Secretaría de Guerra y Marina también.

 

En el poder

La nueva administración gubernamental escogida estuvo formada por políticos de diversas tendencias, quienes junto al Jefe del Ejército, Fulgencio Batista constituirían un poder muy heterogéneo y complejo. En esa amalgama  se distinguían confusamente  tres tendencias fundamentales: la derecha más  reaccionaria con Batista y los militares al frente; el  centro liderado por  el nacional-reformista-populista Grau; y el ala de la izquierda revolucionaria conducida por Guiteras. Junto a Grau y por su derecha, en el departamento de Hacienda asumió el ex coronel del ejército mambí Manuel Despaigne muy ligado años atrás a la política intervencionista del embajador Enoch Crowder; el periodista camaleónico Manuel Márquez Sterling frente a la cancillería; en Obras Públicas, el mediacionista  Gustavo Moreno; y el coronel Julio Aguado que sirvió algún tiempo en la Secretaría de Guerra y Marina. Los profesores universitarios Manuel Costales Latatu en Instrucción Pública; Carlos E. Finlay en la secretaría de Sanidad; Ramiro Capablanca, secretario de la Presidencia; el exjuez municipal de Santiago de Cuba, Joaquín del Río, secretario de Justicia y Carlos Hevia en la cartera de Agricultura y Comercio se ubicaban en una posición centrista moderada. En octubre, Guiteras logró fortalecer la tendencia de izquierda, al introducir en Comunicaciones  a su colaborador Miguel  Ángel  Fernández de Velasco y en la recién creada secretaría del Trabajo a Ángel Alberto Giraudy.

Las corporaciones económicas utilizaron múltiples pretextos para pedir la conformación de un gabinete de “concentración nacional”, ya que el régimen no respondía a sus exigencias. En Camagüey, Juan Blas Hernández se había vuelto a alzar con unos cien hombres y el gobierno le dio un plazo para conferenciar y llegar a acuerdos. Los trabajadores liderados por el PCC arreciaban sus movilizaciones, sus paros y exigieron una solución expedita de sus demandas. Guiteras, preocupado, les pidió tiempo y que recapacitaran, primero en declaraciones al periódico El País del 16 de septiembre de 1933, que luego el Diario de la Marina reprodujo parcialmente al día siguiente bajo el título “Se culpa a la Confederación Nacional Obrera”:

“Dentro del régimen capitalista –explicó el Secretario de Gobernación–, ningún gobierno ha estado tan dispuesto a defender los intereses del obrero y el campesino como el actual Gobierno Revolucionario. Sin embargo, los obreros, inducidos por las empresas americanas, se prestan inconscientemente al derrocamiento del gobierno. Las empresas extranjeras, enemigas del obrero, reducen sus jornales, despiden a sus empleados y a esta provocación, el obrero, sin darse cuenta de la verdadera realidad, se lanza a la huelga. Es necesario que el obrero se dé cuenta de la verdadera realidad que  vivimos; le sería imposible a las masas apoderarse de los poderes; y en lugar de enfrentarse con este gobierno revolucionario, debían colaborar junto a él, para obtener las reivindicaciones inmediatas y necesarias a la clase obrera y no ser un obstáculo al servicio de las empresas imperialistas. La Confederación Nacional Obrera será responsable ante la Historia del “paso atrás” que darían las masas en sus luchas, si se da al americano el pretexto para decretar la intervención”.

Dos días después al secretariado del PCC llegó con un cablegrama de la Comintern en el cual ratificaba la consigna de los soviets, se ordenaba que  “no se debía conferenciar con los gobernantes” y que se evitara el enfrentamiento directo con los imperialistas yanquis. Entonces se citó a una reunión para discutir esas resoluciones el 18 de septiembre.

En el informe preliminar a la misma, presentado por el organizador José Chelala Aguilera Emiliano, se reportaba un creciente incremento de la actividad huelguística, a veces carente de una orientación precisa sobre  la toma del poder, cuestión aprovechada por otras organizaciones como el ABC Radical para encabezar las acciones.  Por otro lado, Villena intervino para referirse extensamente al mensaje de la IC. Comenzó destacando ampliamente el desarrollo de las huelgas, la mejoría de las condiciones de los obreros, el otorgamiento de empleos para unos mil desocupados al conseguir la CNOC la apertura de las puertas de los ómnibus que incluía el establecimiento de un conductor para cada vehículo, el atraso relativo a las luchas campesinas, los pasos emprendidos para la captación de simpatizantes dentro del ejército. En su criterio, la ocupación de algunos centrales azucareros  no era una medida sobradamente eficaz si no se tenía el poder, por lo cual era  mejor  boicotear las compañías que tomarlas. Consideró asimismo equivocada la propuesta del documento donde se orientaba eludir un enfrentamiento abierto con las empresas monopolistas, si en Cuba “cada huelga era un movimiento contra el imperialismo” y el capital telefónico, textil, portuario, minero, etc. era mayoritariamente norteamericano. Sugirió no cumplimentar esa directiva, cuestionándose cómo podía la Comintern “considerar que puede ser establecido un gobierno obrero y campesino que al mismo tiempo oculte la lucha anti-imperialista”, desconociendo que Cuba era un país colonial y se pregunta a quién atacar ¿a los comerciantes españoles o a los dueños de las industrias básicas? Finalmente  concluyó: “Creo que desde Moscú no se puede preveer todo esto”. Tales argumentos fueron rebatidos enfáticamente por el delegado del Buró del Caribe Alberto Moreau Mariano quien se adhirió  completamente a la línea del cable. “Es preciso no retroceder, sino llevar dialécticamente la revolución agraria y antimperialista”  –fueron sus palabras.

Con fecha 27 de septiembre, el CC recibió  un nuevo documento que  insistía en  colocar a la militancia en el centro de las luchas huelguísticas, de los combates campesinos por la toma de la tierra, de la confraternización con los soldados y marineros, de las inquietudes de la pequeña burguesía; ya que consideraba que la curva ascendente del movimiento revolucionario establecía la pertinencia de la línea orientada por la IC.

Ese mismo día llegaron desde México las cenizas de Julio Antonio Mella, y trasladadas al local de la Liga Antimperialista fueron custodiadas hasta el momento en que serían depositadas en un monumento en el Parque de la Fraternidad. Cientos de simpatizantes de las luchas anti-machadistas se congregaron para rendirle tributo el 29 de septiembre. En un momento del acto, Villena y un grupo de comunistas trataron de conversar con representantes del Directorio Estudiantil en el poder para concertar un frente de lucha. Sin embargo cuando los delegados extranjeros que estaban presentes se dieron cuenta, los llamaron a contar y evitaron el encuentro. Con anterioridad, Guiteras le había enviado un mensaje a Isidro Figueroa (secretario general del PCC) para realizar una reunión en el hotel Saratoga, pero también se lo habían impedido. El desenvolvimiento de los sucesos de ese día, hicieron muy difíciles posteriores acercamientos.

El subsecretario de Gobernación, Enrique Fernández había expedido un permiso para erigir un monumento en el Parque de la Fraternidad, donde serían colocados los restos mortales de Mella. Guiteras lo había amonestado por esa autorización, presintiendo que no podía controlar las acciones del ejército, como justamente sucedió. Un grupo de soldados  interrumpió los trabajos que se estaban realizando en el parque, unas horas antes de que saliera el cortejo fúnebre. Algunos miembros de la dirección del Partido trataron en vano de entrevistarse con Guiteras y el subsecretario les comunicó que él no tenía atribuciones para permitir el acto por lo cual debía quedar suspendido. Aún no habían terminado de congregarse las personas que saldrían al homenaje cuando se oyeron los primeros disparos. La sede de la Liga Antimperialista donde se rendía guardia de honor a Mella fue tomada brutalmente. El fuego contra los participantes en diferentes puntos de la capital produjo un saldo de 25 muertos (entre los cuales estaba el niño de unos catorce años Francisco González Cueto) y alrededor de 120 heridos.

La actuación del gobierno era contradictoria. Mientras, Guiteras se afanaba en la promulgación de leyes de contenido nacionalista y popular como la implantación de la jornada de 8 horas, el jornal mínimo y la disolución de los partidos machadistas, las huestes militares actuaban con arbitraria independencia. Batista aprovechaba el descontrol y las vacilaciones del ejecutivo para reprimir a los trabajadores y sus organizaciones.

Villena y sus compañeros pensaban que aquellas vandálicas faenas tenían por objetivo el reconocimiento de Estados Unidos. Lo que ocurría al interior de la nueva gubernatura era un enigma. Para los comunistas, las medidas tomadas eran actos de pura demagogia. En su elocuente artículo “Bandera Roja y el siete de agosto del Gobierno de Grau San Martín”, Rubén denunciaba:

“La Matanza del día 29 no ha sido cosa accidental. Ha sido un salvaje acto de terror preparado de antemano, premeditado, planeado fríamente. Un acto tan brutal y feroz que fuera capaz de inaugurar, con un aterrorizamiento de las masas, el segundo período del gobierno de Grau San Martín, el período de terror blanco, del asesinato, del saqueo, del incendio”.

(…)

“¡Obreros, campesinos, trabajadores todos, soldados y marinos, pueblo trabajador y oprimido de Cuba: en pie contra las fuerzas de la reacción desatadas por el gobierno de Grau San Martín, contra el terror y la demagogia patriotera”.

“El gobierno de Grau San Martín, como los anteriores, no dará pan, tierra y libertad a las masas oprimidas y explotadas; está dando ya pródigamente atropellos, sable y balas. Sólo el gobierno de las masas podrá resolver el problema de las masas. ¡Todo el poder a los obreros y campesinos apoyados por comités de soldados y marinos!”

El PCC y la CNOC condenaron a Guiteras y Grau, sin embargo no mencionaban a Batista y sus secuaces en ese momento, muestra del desconocimiento existente. Guiteras y Grau tampoco hicieron declaraciones públicas, reprobando lo ocurrido.

Para paliar los resultados, el Secretario de Gobernación mandó a pagar los daños causados a los locales afectados por el tiroteo y tuvo que enfrentarse a las vacilaciones de Grau y sus seguidores, quienes efectivamente trataban de lograr la aceptación del gobierno norteamericano y mantener el programa  dentro de los límites  del régimen capitalista. El presidente esquivó todo el tiempo cualquier medida en contra de Batista y justificó sus brutalidades.

Mientras tanto, dentro de las fuerzas comunistas se producían intensos debates a raíz  de las discrepancias que tenían lugar entre la dirección del Partido y la delegación internacional del Buró del Caribe, que orientaban en Cuba las decisiones a tomar.

Una reunión del Comité Central del 3 de octubre, cuyos propósitos fundamentales eran el análisis del estado de la nación, escuchó en sus comienzos el criterio de Simón (dirigente extranjero) acerca del gobierno, describiéndolo como una administración desesperada, dirigida por elementos de la pequeña burguesía con cierta reputación y sentenció que “la victoria del nacionalismo no se iba a traducir en mejoras entre el gobierno y la oposición”.

Por eso en lo fundamental, la proyección aprobada estuvo dirigida a mantener la campaña huelguística y preparar condiciones  para un paro general, así como al llamamiento a una conferencia nacional de emergencia del Partido en las semanas próximas.  En esa reunión, Villena se refirió extensamente a aquello que denominó el “armamento político del proletariado”: el papel de la prensa, la radio y la propaganda, la lucha por la conservación de los sindicatos y los comités de fábricas, la reorganización de las células partidistas dentro de estos últimos, el mantenimiento de las huelgas parciales y su proceso de politización, el reforzamiento del trabajo de la Defensa Obrera Internacional y la Liga Antimperialista, entre otros aspectos.

El editorial del órgano oficial de los comunistas, Bandera Roja perteneciente al 20 de octubre, une protesta y desconfianza para definir la línea estratégico-táctica del Partido, proyectada en estas circunstancias:

“(..) Ni el Gobierno actual de Grau San Martín, ni un Gobierno de coalición, ni cualquier otro gobierno burgués-latifundista que sustituyera al de Grau, puede resolver las cuestiones más elementales que el país confronta en la actualidad. Ningún gobierno burgués-latifundista puede resolver la crisis económica (…), ni puede satisfacer las demandas más elementales de las masas, y sin resolver estas cuestiones, ningún gobierno puede consolidarse ni consolidar el régimen burgués-latifundista-imperialista en general.”

También nos llama la atención cómo en los  manifiestos comunistas publicados por esos días se establecen comparaciones entre las actuaciones de los gobiernos machadista y grausista, al tiempo que definen las posiciones a asumir. Así dice uno de ellos:

1) Bajo Machado, la tarea principal del Partido consistió en despertar, llamar y organizar a la clase obrera, a la lucha por sus reivindicaciones económicas, tratando de convertirlas en luchas  políticas de protesta contra el terror, contra Machado, etc., mientras que ahora, después de la caída de Machado y en las condiciones de un alza formidable del movimiento revolucionario, la tarea principal del Partido consiste en encaminar las luchas de las masas, hacia la toma del poder, hacia la revolución agraria y anti-imperialista.

2) Bajo Machado fue el terror casi el único método usado contra las huelgas y protestas; mientras que ahora, por la gran ola huelguística y combatividad de las masas, el terror es insuficiente y las clases dominantes tienen que aplicar un método más, que consiste en hacer promesas demagógicas.

3) Bajo Machado, las clases dominantes, aunque lo intentaron, no fueron capaces de desviar el descontento y la lucha del proletariado en una dirección patriotera y chauvinista; mientras que ahora, aureándose en la aureola de “revolución” y echando toda la culpa a la mala situación de las masas sobre Machado, trata  de buscar una “solución cubana” alimentando el chauvinismo entre los obreros cubanos, extranjeros, blancos y negros, chauvinismo y patrioterismo, que tiene el fin de romper las fuerzas unidas del proletariado.

A pesar de toda esta confusión  Guiteras, que mantuvo relaciones de amistad  y simpatía con los marxistas Manuel Cotoño y Felipe Fuentes, hizo gestiones para nombrar al dirigente obrero Filomeno Rodríguez Abascal en la secretaría del Trabajo; e intervino varias veces a favor de los dirigentes y obreros tabaqueros que se mantenían en huelga contra los patronos. Luego que el ejército arremetiera contra el sindicato de Torcedores, apaleara a los obreros y encarcelara a trabajadores y líderes del ramo el día 20 de noviembre, Guiteras los puso en libertad, se excusó por los atropellos y amortizó los perjuicios ocasionados. Durante la etapa comprendida entre el 18 de octubre y el 18 de diciembre, él se encargaría de liberar a decenas de presos acusados de comunistas que se encontraban detenidos en diferentes cárceles por toda la Isla. Y tratando de detener la ola represiva y el poder que iba alcanzando el sargento devenido en coronel, el 3 de noviembre propuso a Grau hacer un juicio sumario a Batista; pero el presidente se negó. Como diría el entonces estudiante revolucionario Raúl Roa: “se perdió la oportunidad de segar la traición”. Guiteras también comprendió la gravedad de la situación y señaló: “Batista, a partir de hoy, es doblemente peligroso, pues ha sido alertado y sabe que rebasó de milagro esta situación”. Los miembros del Directorio Estudiantil Universitario convocaron a una reunión para forzar Grau a tomar medidas drásticas con el jefe castrense, y ante su negativa rotunda y luego de una prolongada discusión, el DEU acordó disolverse, dejando en la conciencia de Grau toda la responsabilidad por esa actuación.

El día 10 de noviembre Roa, que era miembro del Ala Izquierda Estudiantil, una organización fundada en 1931 a partir de un desgajamiento del DEU, describió el panorama de la siguiente manera en su trabajo “Mongonato, ebefocracia y mangoneo”:

“El gobierno apolítico, técnico y universitario, no sabía por dónde comenzar, ni qué hacer, ni a dónde ir. Desconcertado, se dio entonces a culebrear (…) De fisiólogo competente, Grau devino maravilloso equilibrista. Flirteaba graciosamente con las izquierdas y le hacía guiños de inteligencia a la burguesía amedrentada, profería denuestos de Welles y pagaba la deuda extranjera, estaba ansioso de ser reconocido por Washington y permitía mítines anti-imperialistas, lanzaba un virulento manifiesto contra las Corporaciones Económicas y mandaba, bajo cuerda, emisarios a recabar su apoyo (…)”

“Bajo el rótulo altisonante y pomposo de “revolución auténtica”, se inició la desconflautación  más formidable que Cuba recuerda. Gobernar adquirió categoría de suceso deportivo (…) Lo inefable es la atmósfera del mongonato (…) La efebocracia se siente responsable y adulta. No le importa que el pueblo se muera de hambre, ni le preocupa mucho la contingencia de una masacre (…)”

“(…) Los estudiantes, masa informe, cambiante y supeditada, no pueden por sí mismos, independientemente, hacer revoluciones. A lo sumo, asaltar el poder. La revolución es una obra multitudinaria, de profunda raigambre económica, dirigida por un partido representante de intereses reales en la producción, que se constituye en vanguardia dirigente, para la transformación sustantiva de la realidad histórica. En las actuales condiciones objetivas del mundo, sólo puede hacer una verdadera revolución el Partido Comunista, y los estudiantes revolucionarios, apoyarla. En Cuba, esta revolución, por razones  consustanciales a su desarrollo histórico, de su posición semi-colonial en el mapa económico y político  del capitalismo, no puede ser otra que la agraria y anti-imperialista. (…)”.

Roa además acusó al gobierno de anarquía, descentralización, incapacidad, demagogia,  falso izquierdismo, de balear a los oficiales en el Hotel Nacional, de masacrar a los manifestantes del 29 de septiembre, de reprimir al movimiento obrero. Sus palabras nos dicen mucho de las percepciones que tenían personas de otras ramas de la izquierda  no pertenecientes al Partido Comunista.

Aunque en los últimos meses de 1933 y los primeros días de 1934 se pusieron en vigor las propuestas más avanzadas de Guiteras, como las leyes de accidentes del trabajo y contra la usura, disminuciones de las tarifas eléctricas, concesión de matrículas gratis, intervención de la Compañía Cubana de Electricidad (que era norteamericana), los comunistas y otras fuerzas políticas no percibieron el proceso de radicalización que acompañaba esas medidas y reforzaron sus labores movilizativas. Consideraban negativas y rechazaron las leyes que regulaban la intervención del Estado en los conflictos obreros y se opusieron especialmente a la del 50 por ciento, la cual pretendía que al menos la mitad de los trabajadores  de cualquier empresa debían ser nacionales. Esa legislación iba contra los principios del internacionalismo proletario.

El clima de inestabilidad política y social generaba la necesidad del intercambio constante de opiniones dentro del Comité Central del PCC, es por ello que el trimestre final de 1933 estuvo marcado por innumerables concilios. En uno de ellos el miembro del Comité Central Fabio Grobart advirtió de la necesidad de avanzar con cuidado en el enfrentamiento a liberales, abecedarios, apristas y guiteristas. Su mayor preocupación era que el secretario de Gobernación había lanzado la consigna de crear cooperativas diciendo que ese programa había sido copiado de la URSS. “Debemos dirigir nuestro movimiento primero contra los terratenientes nativos –orientaba Fabio. Eso no quiere decir que rechacemos la lucha contra el imperialismo, sino que recomendamos a los campesinos que no tomen sus tierras, porque no tenemos suficiente fuerza para emprender esa batalla, pero si lo hacen nos pondremos a la cabeza del movimiento.”

Ciertamente el 7 de diciembre Guiteras había hecho públicas al periódico Ahora  sus intenciones de repartir  10 mil caballerías  de tierra a los campesinos, pero no en calidad de propietarios, sino como usufructo, “para evitar la formación de la pequeña burguesía rural, los “Kulaks”, tan combatidos por la táctica soviética, que  ensayarían granjas cooperativas, para poner los recursos de la maquinaria agrícola al servicio de las colectividades de campesinos”.

Un documento elaborado por los representantes del Buró del Caribe con fecha de 19 de diciembre, en el que  señalaba varias observaciones críticas a las resoluciones adoptadas por las Conferencias de Emergencia del PCC, efectuadas entre el 6 y el 7 de ese mismo mes, señalaba que se estaba desarrollando entre los dirigentes partidistas una línea errónea que “daba por resultado la persistencia de creer que el gobierno de Grau era revolucionario y anti-imperialista, y conducía a aceptar las treguas” del mismo. Como vemos en el seno de esa organización se debatieron dos posiciones con respecto a qué actitud debían tomar frente al Gobierno que después se llamaría “De los Cien Días”: los que estaban dispuestos a establecer intercambios, especialmente con Guiteras, y los que siguiendo la línea orientada por la Comintern creían negativo cualquier acercamiento.

La presencia de aquel grupo de delegados internacionales provenientes del Buró del Caribe desempeñó un rol muy importante en la construcción de los obstáculos que impidieron una concertación beneficiosa con los elementos de izquierda del gobierno y los comunistas,  al impulsar la consigna “extrapolada” de la toma del poder a través de los soviets y, luego, al concluir que aquella era una administración burgués-terrateniente disfrazada de izquierdismo.

Según testimonios de la luchadora Charo Guillaume, Guiteras trató de contactar con los líderes de la CNOC César Vilar y Joaquín Ordoqui, pero ellos no asistieron a sus gestiones.  Ramón Nicolau, el responsable del departamento militar del PCC, también testificó que Guiteras les ofreció cien plazas laborales dentro de la Policía Nacional y trató de crear una milicia  armada obrera, cuestiones que no se llegaron a concretar en definitiva.

Del 12 al 15 de enero de 1934, plenamente autorizado por el gobierno, se efectuó el IV Congreso Obrero de Unidad Sindical. Sus consignas fundamentales reflejaron la política del Partido Comunista de ese momento: ¡Todo el poder para los soviets de obreros y campesinos, apoyados en comités de soldados y marineros! Cuando se estaban oyendo las últimas discusiones del evento, Batista en contubernio con la embajada americana, hacía renunciar a Grau, encargaba la presidencia al ingeniero Carlos Hevia y dispersaba a sangre y fuego la manifestación de miles de personas que protestaban por lo que estaba ocurriendo. Guiteras no estuvo dispuesto a acatar el golpe y pasa de inmediato a la oposición. Pocas horas después, Hevia era sustituido por el político nacionalista Carlos Mendieta, el escogido para llevar adelante la restauración de la oligarquía en el poder.

 

En la oposición nuevamente

Pocos días después, el 20 de enero de 1934, Guiteras, que sabía quiénes eran los verdaderos promotores del cambio, declaraba su posición ante el nuevo régimen:

“Me responsabilicé con el Ejército en el movimiento del 4 de septiembre por entender que había llegado el momento de imponer un programa mínimo que de un modo lento nos pusiese en condiciones de afrontar en un futuro no lejano la inmensa tarea de la Revolución Social, a pesar de todas las barreras que la burguesía ha levantado para impedir su paso.”

“Entiendo que el Gobierno cumplía, a pesar de todas las dificultades, este programa mínimum, lo defendí. Actualmente estoy en la oposición y lucharé por el restablecimiento de un Gobierno donde los derechos de los obreros y campesinos estén por encima de los deseos de lucro de los Capitalistas Nacionales y Extranjeros.”

El 1 de abril se publicaba en la revista Bohemia, su artículo “Septembrismo”, una declaración de principios que explicaba su visión crítica de los acontecimientos ocurridos a partir de la caída de Machado, el desenvolvimiento de las fuerzas opositoras y  su determinación de radicalizar  el gobierno a partir de posiciones anti-injerencistas primero y anti-imperialistas posteriormente. En ese momento estaba convencido que no había revolución si no se actuaba contra el imperialismo y que el poder no era lo importante, sino las transformaciones revolucionarias a desarrollar una vez alcanzado este, transformaciones que  producían  terror en los elementos reaccionarios. Para él, el Gobierno de los Cien Días no había sido un proceso estéril, mostró  un “mundo de posibilidades para el pueblo de Cuba”, el camino a seguir para una profunda   transformación de la estructura económica, política y social del país.

En cumplimiento de sus compromisos con la nación, Guiteras fundó en mayo de 1934 la organización Joven Cuba, cuyos objetivos centrales eran el derrocamiento de la tiranía instaurada en esos momentos y la creación de un gobierno transformador de la estructura semi-colonial de la Isla; la realización de una revolución de liberación nacional, agraria y democrática, para luego pasar a una etapa socialista. Guiteras era partidario de la tesis insurreccional: lucha armada por fases, con apoyo de un aparato clandestino y una retaguardia activada que empezaría sus acciones después del desembarco  procedente de México.

El programa de lucha elaborado por Guiteras, José Miguel Irisarri, Juan Antiga y Antonio María Penichet salió a la luz pública en forma de folleto y en las páginas  del periódico Ahora del día 24 de octubre de 1934. Por su contenido puede catalogarse como  progresivo y anti-imperialista, cuya estrategia iba enfilada a desarrollar una revolución de liberación nacional, agraria y democrática, como antesala de una etapa superior. Se incorporaron a Joven Cuba, entre otros, José M. Irisarri, Pedro Torrado, Reinaldo Jordán y la organización llegó a tener 15 mil miembros, se extendió por todas las provincias, recaudó fondos, adquirió armas, entrenó hombres y hostigó a la nueva tiranía.

Paradójicamente, el Partido Comunista recibió un mensaje confidencial de la IC con fecha 22 de noviembre de 1934  criticando la postura que había mantenido con respecto a Guiteras. Alertó para que no subvaloraran los esfuerzos armados del líder nacionalista y estuvieran preparados a incorporarse a los mismos si llegaban a ocurrir. Les aconsejó que debían armarse para cualquier eventualidad y lo cual podría conducir a sus militantes a participar en un gobierno popular anti-imperialista dirigido por el partido pequeño-burgués de Guiteras, como un paso transicional hacia los soviets. Fatalmente las nuevas directivas llegaban bastante tarde.

Como ha señalado el dirigente partidista Carlos Rafael Rodríguez, aquel mensaje de Comintern recomendando a sus colegas cubanos que debían distinguir entre el “nacional-reformista” Grau San Martín y el “nacional-revolucionario” Guiteras, era razonable, pero al mismo tiempo una consecuencia del sectarismo originado por la propia política mantenida por Comintern hasta poco tiempo antes y que los había conducido a no apreciar las evidentes diferencias que existían entre ambas figuras públicas.

Los triunfos del fascismo a nivel mundial y especialmente de Adolfo Hitler en Alemania, requirieron un reajuste de la línea política del movimiento comunista internacional. La urgencia de unir a todas las fuerzas democráticas para detener sus avances se materializaron en la convocatoria a crear frentes populares antifascistas en todo el mundo. Sin una explicación autocrítica del cambio, la Comintern orientó la realización de amplias alianzas políticas.

En sus análisis a posteriori,  Rodríguez explica que el núcleo de la estrategia leninista  estaba en comprender que los agrupamientos de clase que se originan dentro de los movimientos nacional liberadores no pueden ser los mismos que en las revoluciones socialistas, por lo que es muy difícil que una revolución de ese  tipo comience siendo socialista. En los países coloniales y neocoloniales, existe un escaso desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, lo que provoca un débil o nulo crecimiento industrial y eso se manifiesta en la debilidad del proletariado, la dependencia económica con  respecto a la agricultura, lo que impone la existencia de una gran población campesina y marginalmente una proliferación de la pequeña burguesía urbana. Esta cuestión llevó a Lenin a afirmar que “entre el proletariado y el socialismo se interpone  una vasta masa que es necesario conquistar en parte, y neutralizar  por otro lado”:

Para muchos, que ignoran su significado concreto, la sola mención de un proceso revolucionario “burgués” les parece, en nuestros días, un contrasentido histórico. Pero sucede que todas las medidas de una revolución anti-imperialista en los países coloniales y atrasados tienen un contenido burgués. En primer término, la nacionalización de las industrias extranjeras, aun cuando queden incluidas en un “sector público”, estatal, no es de por sí ni siquiera anticapitalista. Llega a serlo cuando se utiliza en el camino hacia el socialismo, lo cual ya es otra cosa (…) Lo mismo ocurre con la reforma agraria (…)

Ocurre sin embargo que, por ignorancia  precisamente del marxismo, son muchos los revolucionarios anti-imperialistas y honestamente socialistas de nuestros países atrasados que todavía piensan que si el contenido de la revolución es  burgués, se deduce que en ella la burguesía desempeña el papel fundamental y es su principal beneficiaria. Asocian la “revolución democrático-burguesa” a la ideas de una etapa capitalista del desarrollo (…)

Con la muerte de Lenin,  algunas de estas ideas fueron preteridas y a fines de 1934  e inicios de 1935 volvían a ser retomadas ante la fuerza alcanzada por el fascismo. La aplicación de la línea frente populista en Cuba requirió de tiempo  y convencimiento por parte de una militancia ampliamente permeada por el sectarismo. En esas condiciones estalló la huelga general de marzo de 1935, la cual culminó en un total fracaso y permitió la revancha represiva de las huestes militares.

Guiteras ya se estaba preparando para llevar adelante el programa de la Joven Cuba cuando el Comité de Huelga Universitario hizo un llamamiento de unidad a diferentes sectores sociales a partir de un pliego de demandas políticas y sociales. Convencido de que era necesario prepararse para desatar la insurrección armada si estallaba un paro general, y en eso coincidía con los comunistas,  pidió la postergación del  mismo, sin embargo otras organizaciones como el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico),  el ABC, el Partido Agrario Nacional y algunas agrupaciones sindicales apremiaron al Comité y el día 6 de marzo comenzó  la huelga. Para no boicotear el movimiento desatado, guiteristas y comunistas participaron, a conciencia de que no estaban creadas las condiciones mínimas para una victoria.

Pablo de la Torriente Brau, joven perteneciente al Ala Izquierda Estudiantil y participante en la malograda huelga, creía  que abecedarios, auténticos y guiteristas eran responsables del fracaso. En su Diario escribió por esos días:

Mientras tanto, dicen que Guiteras, que en lo absoluto ha dado muestras de su famosa acometividad, ha asumido tal actitud porque está preparando su revolución… ¿Qué capacidad de organización ha demostrado esta gente?… Ninguna. Ha habido momentos en que si cuarenta o cincuenta automóviles se hubieran lanzado  a la calle a combatir, todo hubiera tomado un cariz  distinto (…) Pero esta gente parece que espera organizar batallones, compañías, regimientos, cuerpos de ingenieros, aviación, etc., etc., para equipararse algún día con el ejército de Batista, (…) Ahora, volverán los atentados terroristas. Y, tal vez, una larga  lucha de preparación, a base de mártires, de hombres asesinados. Y veremos a ver quiénes caen y quiénes pueden sobrevivir a todo esto. (….)

Muchas veces la muerte es más explícita que todas las palabras y las acciones. Puede ser un reflejo de la consecuencia y lealtad al pensamiento revolucionario. Por eso cuando Guiteras y su compañero Carlos Aponte fueron abatidos en desigual combate contra las fuerzas batistianas el 8 de mayo de 1935, muchos de sus detractores desde la izquierda, comenzaron a comprender su grandeza.

En resumen

Dos días antes de su caída, Pablo de la Torriente le escribió a su amigo y también militante de izquierda Ramiro Valdés Daussá:

(…) La huelga no fue un error, sino una necesidad; de lo contrario no hubiera sido posible movilizarla a lo largo de todo un mes que cubrió su ciclo (…) Tú no estuviste en La Habana en aquellos días inolvidables (…) Fueron imponentes. ¡Y nada se hizo! Ni siquiera se replicó al terror. Se dejó asesinar cobardemente a los hombres. Nadie tenía nada preparado. Todos, auténticos, guiteristas, abecedarios, fueron unos canallas o unos imbéciles. Y no admito términos medios. Con el ambiente revolucionario que el más topo hubiera comprendido que avanzaba con el ímpetu del mar, toda esa gente, o dijo  que “era prematuro” o que había que esperar  cuatro días , cinco horas y 23 minutos!…Y, a la hora decisiva, fueron incapaces  de comprender que, prematuro o no, la batalla era a  sangre y fuego, sin piedad ni cuartel y que había que quemar lo que hubiera (…) De toda la gente, la de Guiteras fue la que mejor quedó, porque se sabía su actitud contraria a la huelga; y los que  están bien enterados de su actuación  me han asegurado  que hizo esfuerzos enormes  para obtener lo necesario para alzarse. Todo ello, finalmente, no prueba sino su  imprevisión imponderable; su falta de visión política (…)

Al conocer en su exilio de Nueva York los resultados del combate del Morrillo, Pablo se mostró conmovido profundamente. Pensó que la muerte de Guiteras  ha sido un golpe muy rudo y que las posibilidades de la revolución se alejaban. Él representaba la oportunidad inmediata de la pelea y con Aponte al lado, cualquier temeridad hubiera sido posible. Por eso al cumplirse un año de aquellos acontecimientos publicó en el diario mexicano El Machete su artículo “Hombres de la Revolución” en el cual afirmaba:

“Nada importa que haya habido durante todo este año una pasividad incalificable de parte de algunos. No importa que haya quien se sienta pesimista o cansado. No importa que inclusive, en este primer aniversario de las muertes de dos héroes verdaderos, haya acaso voces de lamentación insincera e hipócritas alabanzas. Nada de eso importa. La revolución es parte de la vida y no puede sustraerse a las realidades de la vida. La revolución no es el sueño de un poeta solitario sino la canción imponente y sombría de la muchedumbre en marcha. Y porque así es la revolución, Antonio Guiteras y Carlos Aponte fueron hombres de ella (…)”

Con sacrificio, valor, desinterés y constancia se habían ganado la ciudadanía de la revolución. Esta seguiría adelante a pesar de todos los obstáculos y los pesimismos, de las maniobras de la politiquería criolla, de las astucias sangrientas del imperialismo, de la decepción de los pobres de espíritu, de la ceguera de los de visión estrecha, de la torpe ambición personal de algunos figurantes. Seguiría adelante, por encima de todo, de eso estaba seguro Pablo.

Doce años más tarde, al recapitular sobre la “Trayectoria y balance del ciclo revolucionario” de los años 30, Raúl Roa recuerda haber escrito “Mongonato, efebocracia y mangoneo” influido por  la concepción extremista que dominaba las ideas de izquierda en esa época. Con espíritu autocrítico valora que, aunque de modo general  sus apreciaciones fueron correctas,  había sido  injusto en cuanto falsifica el carácter del gobierno de Grau San Martín, mide  por un mismo rasero a los intereses y grupos que lo sustentan y a los que se le oponen, no discierne el alcance popular de sus medidas, solo ve la incapacidad, la petulancia, la flaqueza, y la arrebatiña que lo mina, ignora la gallarda y trascendental postura de la delegación cubana en la Conferencia Panamericana de  Montevideo, pasó por alto la ingente labor revolucionaria de Antonio Guiteras y del núcleo decidido que lo seguía y subestima el rol jacobino de las capas avanzadas de la pequeña burguesía en los pueblos política y económicamente enfeudados a la dominación extranjera (…)

A su modo de ver, el Gobierno de los Cien Días no “podía ser por su estructura, composición y objetivos, un gobierno revolucionario. Ni siquiera consigue expresar la relación de poder, la unidad de fines y la coherencia de métodos que dimanan de su propio carácter nacional-reformista”, sin embargo había sido “el único gobierno cubano que intentó remover la estructura colonial de la República”.  Pero vivió acosado y combatido por la embajada norteamericana, los oficiales destituidos, el ABC, los viejos políticos, los ricos comerciantes españoles, las corporaciones económicas, las compañías extranjeras, los monopolios de servicios públicos, el Partido Comunista, la Confederación Nacional Obrera, los estudiantes de izquierda y la casi totalidad de la prensa. Solo los miembros del Directorio Estudiantil Universitario lo defendieron y sus propias obras le dieron prestigio ante el pueblo. También le faltó apoyo activo del ejército, en esos momentos dirigido por Batista. En síntesis, Roa reconoce que la responsabilidad del fracaso del gobierno no le corresponde, exclusivamente, a Grau San Martín, sino también a todos los que lo combatieron torpemente desde la izquierda, dentro de los cuales se incluye.

A la altura de los años 40, el Roa maduro y fogueado en múltiples batallas considera que el ascenso a la presidencia de Grau representó la primera fase de alza del ciclo revolucionario. Como nunca antes habían  existido condiciones objetivas y espíritu público tan propenso a emprender grandes transformaciones sociales, ni un impulso revolucionario tan poderoso, sin embargo las fuerzas históricas que debían estar aptas para interpretar y dirigir ese impulso se mostraron incapaces, invertebradas y confundidas. “(…) No cabe ya duda de que una certera comprensión de la problemática planteada y de las tareas congruentes hubieran permitido transmutar el gobierno nacional reformista de Grau San Martín en un gobierno nacional revolucionario (…)

Hace ya algún tiempo, que la mayoría de los investigadores cubanos hemos desistido de tratar a la izquierda como una corriente en singular. La historia ha demostrado que las izquierdas son plurales y, como en el caso que nos ocupa, muchas veces contradictorias. Lo mismo ocurre con el socialismo como tendencia de pensamiento y acción. En Cuba, según criterio de Fernando Martínez Heredia, con el cual estoy de acuerdo, el socialismo como política revolucionaria tuvo dos líneas de proyección y desempeño: la representada por Mella y Guiteras, en esencia, anti-imperialista, de ideología comunista combinada con la tradición mambisa, inclinada a los métodos insurreccionales y frentistas; y la inscrita dentro de los cánones en el movimiento comunista internacional, a la cual pertenecieron institucionalmente Martínez Villena y Blas Roca. Dándose la  contingencia de que  algunos seguidores de esta última no pertenecieron directamente al Partido Comunista sino a algunas de sus organizaciones colaterales como fueron Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa, quienes sin renunciar a sus convicciones marxista–leninistas entraron en contradicción  con las fallas e insuficiencias de las mismas, se opusieron a las metodologías del stalinismo y las trascendieron hasta donde les fue posible.

Como hemos visto a lo largo de este texto, fueron esas contradicciones entre las diversas tendencias factor fundamental que entorpeció la conformación de un poderoso frente anticapitalista que impulsara la revolución de liberación nacional en los primeros 40 años de la república burguesa neocolonial y el logro de la justicia social. Cada grupo desde un supuesto monopolio de la verdad descalificó y rechazó a los demás, o sencillamente no pudo llegar a establecer la comunicación más efectiva con otras asociaciones análogas. Revolucionarios honestos, decentes, patriotas como Guiteras, Villena, Roa o Pablo de la Torriente, verdaderos precursores del socialismo comunista en Cuba,  se vieron alejados a partir de elementos y procesos ya analizados en los cuales primaron las diferencias metodológicas por encima de los intereses estratégicos esenciales. Miremos nuestras perspectivas de lucha a través del prisma de esta, nuestra historia. Busquemos sus significados para el día de hoy.

VER EN ESTE DOSSIER

Desde la historia hacia el futuro: introducción a un dossier

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El pensamiento político de Juan Marinello

Mella, hereje y ángel rebelde

El socialismo en las visiones contrapuestas de dos minoristas matanceros: Medardo Vitier y Fernando Lles

Carlos Baliño: un precursor del mellismo comunista

 

Sobre los autores
Caridad Massón Sena 1 Artículo escrito
(Caimito, Artemisa, 1958). Licenciada en Educación, especialidad de Historia y Filosofía (1981), Doctora en Ciencias Históricas (2000), Investigadora Titular del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello (desde 2003). Trabaja la línea i...
2 COMENTARIOS
  1. Algunas consideraciones acerca de las incomprensiones entre Guiteras y el primer partido comunista cubano. Rubén Martínez Villena, un intelectual orgánico heredero de lo mejor del marxismo y leninismo creador.

    Dr. en Ciencias Históricas Orlando Cruz Capote, investigador Auxiliar del Instituto de Filosofía, Citma, Cuba.

    I

    Tal como escribe la colega Caridad Massón Sena, “el debate ideológico cubano actual se ha reforzado”, pero esa valoración no basta, es insuficiente.

    A mi entender, el debate se ha agudizado e ideologizado in extremis, y no se encuentra un espacio público cubano y socialista para que se desarrolle, sin etiquetas a priori, con quienes se involucran en el mismo. La crítica siempre podrá ser dura y sin contemplaciones, al unísono, debe ser ética, respetuosa y constructiva que permita el diálogo y la controversia con los que piensan diferente. Incluso contra posibles adversarios y enemigos. Y cada cual conlleva un tratamiento específico, pero sobre la base de la actitud cívica – culta, meditada, argumentativa y profunda. Los extremos de un lado y del otro no conllevan a nada.

    Siempre habrá muchas razones que exponer y pocas palabrerías huecas y mentiras que defender, aunque hoy se realicen desde las eufemísticas posverdades. La historia posee muchos matices, muchas aristas, muchas formas de enfocarse, ello no es novedoso, incluso partiendo de las mismas premisas y los textos que se consulten, cada cual hace su propia interpretación. Ello es parte de la subjetividad de quien la investiga con rigurosidad y aquellos que no lo hacen de esa forma. Es un terreno de la batalla de clases, de ideas y no todas buscan el intercambio provechoso, no se puede ser ingenuos ante esa realidad. Se enfrentan, en ocasiones, el regreso al capitalismo (social-liberal, republicano, socialdemócrata, etc.) frente al fortalecimiento del socialismo nacional, independiente, soberano, antimperialista, democrático, solidario, próspero y sostenible.

    No consiste únicamente en una polémica intelectual –elitista– de historiadores, filósofos, sociólogos, economistas, juristas, entre otras tantas disciplinas que hoy deben complejizarse a través de la interdisciplinaridad o la transdisciplinaridad, sino se trata de una porfía por el poder, la dominación y la hegemonía, en la que participa y debe participar aún más el ciudadano común, con su sentido de vida cotidiano y buen sentido, en definitiva, una discusión cultural que debe propiciar un nuevo nivel de información transparente, formación–educación y comunicación congruente y coherente, que conlleve a rectificar, reinventar y superar viejas y obsoletas concepciones, eslóganes y formas de hacer en el tránsito socialista, que hoy se encuentra envuelto en un renovado modelo económico social, que remueve sus estructuras, métodos y estilos de dirección. Hacia un cambio civilizatorio, emancipador y cultural que nos permita un paso hacia adelante, rumbo al utópico, pero realizable comunismo. Con mayor participación popular democrática directa, con las interpelaciones críticas necesarias y el cese del amoral unanismo, la rutina e inercia que inmoviliza y corroe el socialismo que construimos.

    Todo sucede, como proceso histórico no lineal, en un avasallante y agobiante océano capitalista que nos rodea que nos llega hasta el tuétano, diariamente, por distintas vías.
    Pocos de los que se lanzan en la liza, utilizan los documentos históricos, primarios y secundarios, cuando de abordar la historia pretérita versa, y quienes lo hacen para analizar a través del pasado el presente, pueden caer en la trampa de las analogías, las comparaciones sin medir los espacios y las temporalidades en que transcurren los procesos. La mayoría olvida o confunde los contextos históricos, en una especie de posmodernismo manipulado, entrecruzándose las narrativas e imaginarios, consciente e inconscientemente, y con ellas las conclusiones en las que algunos pretenden poseer la verdad. Y lo que hacemos, humildemente, es aproximarnos a algunas de ellas, pues son variadas.

    Toda historia deviene en un metarrelato, así se quiera realizar una microhistoria, tal como hicieron algunos pensadores como Foucault, porque los sectores (departamentalizaciones) estancos o segmentados no son una buen remedio para un análisis histórico concienzudo. Nadie y nada puede desasirse de los contextos históricos, entornos económicos, sociales, políticos y culturales, tampoco de mentalidades-espiritualidades existentes y subyacentes –el espíritu de la época–, tanto locales, nacionales, regionales como internacionales.

    Si se trata de analizar la historia de las izquierdas en Cuba, incluido a los marxismos y marxistas –en plural–, el leninismo(s), los coterráneos, continuadores y contemporáneos, pues la tarea debe hacerse desde el pensamiento marxista –la ‘única ciencia de lo social-humano en el tiempo’ que aborda la indagación científica desde el ‘punto de vista de la totalidad’–, o si se quiere, del social crítico, del marxismo crítico y no del vulgar que se propagó en una manualística rancia, dogmática y hasta escolástica prosoviética. Y esa historia es la historia de las clases y sus luchas en diferentes niveles, gradaciones y escenarios; una lucha por la unidad desde la diversidad que no cuajó en anteriores, aquellos y otros momentos de la historia nacional. Sólo el primero de enero de 1959, Fidel Castro logró el ‘milagro’ histórico-político de unir diversas posiciones y fuerzas sociales y políticas en el empeño de lograr la articulación necesaria que conllevó a la unidad, que no es un hecho –proceso– monolítico, sino que hay que reconstruirla en el día a día.

    Por lo tanto, el tema escogido por Caridad no deja de ser complejo. No todo diálogo –no me agrada el término deliberar– tiene que llegar a un consenso, ya que muchas veces los equilibrios son efímeros, un momento de la lucha si se quiere, que es permanente. Las diferencias pueden mantenerse.

    Sólo el distanciamiento histórico nos puede salvar de enjuiciar severamente a los actores políticos de una época determinada, y siempre quedaría la duda si el ajuste de cuentas es correcto, pleno, o en algo hemos errado. La historia podrá juzgar, pero los historiadores no pueden convertirse en jueces y los políticos e ideólogos deben actuar (andar) de puntillas para que la historia no quede destrozada, se produzca una revisión peyorativa y se coopere con la desmemoria histórica de una nación y pueblo.

    Ya el título del artículo, transfiere una contradicción seria, que intenta resolver en algunos párrafos. Es la referencia o la reflexión que realiza la autora acerca del comportamiento y actitud de Guiteras en la oposición y en el poder. Término este último que es inexacto. Porque nunca ese primer gobierno antioligárquico en la historia de Cuba, tuvo o estuvo en el poder. Y poder y gobierno son dos cosas distintas.

    Por otra parte, cuáles son las conclusiones que extrae para el momento actual en el sentido de estar en la oposición –de un hombre que siempre tuvo una actitud insurreccionalista, anticapitalista, y de un socialismo –fuera de los cánones establecidos en su instante histórico–, diferente a la línea de lo comunistas, algunos marxistas y otras fuerzas políticas– y la que mantuvo como al frente de Gobernación, Guerra y Marina, que también fue oposicionista radical –de raíces–, tratando de revertir sus tendencias ambivalentes y las de derecha, con medidas y posiciones nada apacibles, que estaban a contracorriente del presidente y jefe del ejército. Se puede decir, que siempre estuvo en la oposición. Los materiales que recomienda Caridad Massón dan bastante luz sobre esa actitud inconforme sobre los acontecimientos y que él trató de imprimirle otro rumbo.

    He publicado un artículo sobre Rubén Martínez Villena lo que me salva de repetir algunas ideas. [Cruz Capote, Orlando (2009): “La angustia de Rubén Martínez Villena. Las relaciones entre el primer Partido Comunista de Cuba y la III Internacional. 1927-1934”, en la Revista Cubana de Filosofía, (formato digital), http://www.filosofia.cu; junio-agosto del 2009. ISSN: 1817-0137].

    La personalidad de Antonio Guiteras es excepcional y fascinante en y para la historia de Cuba. No hay dudas de que es una de las figuras revolucionarias del siglo XX cubano de mayor arraigo popular. Sobre Guiteras, su pensar y accionar, Caridad hace una síntesis impresionante. Sólo agregaría que antes de crear Unión Revolucionaria, tiene que romper lanzas con los caudillos nacionalistas burgueses; que anteriormente de fundar Joven Cuba, crea TNT, y que Aponte es un marxista (comunista ¿?) venezolano que está en Cuba –no puedo aseverar sí estuvo involucrado en las luchas de Nicaragua con Augusto César Sandino o en El Salvador de Farabundo Martí–, y que lo matan junto a Guiteras en El Morrillo, Matanzas.

    Las dificultades del artículo de marras, comienzan con la historia del primer Partido Comunista de Cuba, los órganos de la III Internacional (Internacional Comunista, Comintern o IC- 1919-1943, fundada por Lenin, por cierto) en Nuestra América, principalmente, con el líder de nuestro partido, Rubén Martínez Villena, de los cuales Caridad posee más información que la brindada en este trabajo.

    II

    Rubén, en primer lugar, nunca fue oficialmente el Secretario General de la organización, sin embargo, era su dirigente principal y el asesor jurídico o legal de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC, 1925-1935-1938…). Jamás llegó a ostentar ese cargo, por los prejuicios y recelos que existían hacia los intelectuales. Aquel ‘malestar’ del que se hablaría antes y después, pero que se había enraizado en el movimiento comunista internacional, bajo la égida de Iósif Stalin.

    La cronología de los secretarios generales del PCC fue la siguiente: su primer secretario general fue el canario José Miguel Pérez (prisionero y deportado a España en 1925), le sucedió Francisco Pérez Escudero, quien abandonó el PCC en 1926; después ocuparon ese cargo José Peña Vilaboa, sustituido por problemas de enfermedad por Miguel Valdés García (1926-1927); en abril de 1927 ocupó la responsabilidad Joaquín Valdés Hernández (1927-1930) y Jorge Aldo Vivó (1930-1933). Otros ocuparon esa misma responsabilidad con carácter temporal (ante viajes al exterior, exilios, encarcelamientos), aunque en los historiadores no hay un consenso al respecto.
    Después de la celebración de dos o tres Plenos –el segundo y tercero de ellos extraordinario– del Comité Central del PCC, en septiembre, el 23 de noviembre y el 17 de diciembre de 1933, es separado de las filas del partido, el poeta comunista Rubén Martínez Villena, por oponerse y demorar las orientaciones de la Internacional comunista de consumar los Soviets. Pero, el secretario general oficial era Jorge Valdés Vivó, hecho que se ha omitido en mucha de la bibliografía existente hasta hoy. Entonces, fue elegido Blas Roca Calderío –al hospital en que estaba ingresado Rubén, fueron Blas y Fabio Grobart (fundador del PCC junto a Carlos Baliño y Mella), y el enfermo terminal propuso que fuera Blas el dirigente máximo del PCC– el cual fue ratificado en el II Congreso del PCC, en abril de 1934, continuando al frente del mismo hasta 1961, fecha de la autodisolución del Partido Socialista Popular, denominación que asumieron los comunistas desde 1944.

    Rubén, había sido cooptado para su membresía en 1927 y ya, en 1928, formó parte de su Comité Central. Fue un amigo y camarada de lucha incondicional de Julio Antonio Mella heredero y continuador de sus enseñanzas, junto a Carlos Baliño, y confrontó más que él, las directrices de la ‘Casa Matriz’ –así se le llamaba al Comintern– radicada en Moscú.

    En América Latina-Caribe había dos organizaciones subsidiarias de la misma: el Secretariado Latinoamericano (1925, Buenos Aires, bajo el mandato del argentino Vittorio Codovilla) y el Buró del Caribe (New York, 1930 o 1931, con la dirección de Earl R. Browder, que también fue vicepresidente de la IC y Secretario General del PC de Estados Unidos). El argentino, un dogmático y prosoviético a ultranza y el estadounidense un futuro revisionista, a pesar de que algunos autores han intentado reivindicarlo.

    Villena y el resto de los miembros de la dirección del partido, aun bisoños ideológica – políticamente y sin gran preparación organizativa eficaz, tampoco teórica –su primera prueba de fuego práctico fue la Revolución del 33– tiene que desafiar la línea política e ideológica de la III Internacional, como consecuencia de la celebración de su VI Congreso, celebrado entre el 17 de junio al 1ro de septiembre de 1928, reunión en que el PCC es aceptado-aprobado, oficialmente, como Sección Cubana del mismo.

    Las normativas y directivas que se derivaron a partir de ese momento se convirtieron en verdaderos “ukases” de obligatorio cumplimiento para todas las secciones regionales y nacionales de la IC. La Internacional Comunista se convirtió en el “Partido Comunista Mundial” y se rigió por los principios de un centralismo democrático muy estaliniano –y muy poco leninista–, con respecto a sus secciones nacionales. Desafiarla significó lograr contradecir algunas de sus órdenes a expensas de sanciones y, por otro lado, mantener al partido cubano dentro del movimiento comunista, evitando escisiones, confusiones y posiciones antisoviéticas que indudablemente existió.

    Las corrientes y tendencias en una organización de este tipo en los años 30, eran ‘consecuentes’ con las contradicciones y paradojas que viven en medio de un fuego graneado, con incesantes persecuciones, torturas, asesinatos, desparecidos, y encarcelados, además los expulsados del país, por los gobiernos de turno y de sobre vivir en la clandestinidad; en la lucha contra el imperialismo estadounidense, sus cambios de rostro (Roosevelt y la política del ‘buen vecino’ y el ‘nuevo trato’); el Crac financiero capitalista del 29; la geopolítica mundial mutante ante el arribo del fascismo; las luchas clasistas, populares y antimperialistas, incluso insurreccionalistas, en América Latina: Nicaragua, El Salvador, Brasil, Chile, etc.

    Desde ese año, 1928, se implanta la tesis de “clase contra clase”, el reduccionismo obrerista o proletario, el sectarismo a ultranza, el enjuiciamiento negativo total de la pequeña burguesía, la prohibición de toda política de alianzas con otros partidos y agrupaciones, la imposibilidad de maniobras tácticas y el no establecimiento de compromisos con otras organizaciones políticas, principalmente las de izquierdas, que fueron declaradas como las más peligrosas, que incluían ellas mismas diversas clases, capas, grupos, sectores, estratos y segmentos sociales que podían ser trabajados y concientizados para la futura y presente Revolución.

    Desde entonces, la COMINTERN, sus órganos de dirección y estructuras pasaron bajo un estricto control del Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique), por lo que fue muy difusa y compleja la diferenciación para el movimiento comunista internacional de cuando debía y podía respaldar un acto estatal y político de Moscú y cuando estimar si debía o no adecuar esa política a los intereses nacionales y de una región en específico. Existió, además, una confusión evidente entre la política exterior del Estado soviético y la del movimiento comunista mundial, regional y por países que la propia dirección gubernamental soviética y su partido comunista ayudaron a concebir y propagar.

    Esa politica estratégica y táctica errada, con graves deficiencias en los métodos de lucha, es ratificada en la “Primera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina”, celebrada del 1ro al 12 de junio de 1929, en Buenos Aires, Argentina, tales apreciaciones confusas y eclécticas están explícitamente redactadas en el “Proyecto de Tesis sobre el movimiento revolucionario en América Latina” que se discutió en la misma y que fue redactado, fundamentalmente, por el suizo Embert Droz, aunque de seguro apoyado por el argentino Vittorio Codovilla, entre otros líderes delegados y líderes de la IC y latinoamericanos. La ponencia de José Carlos Mariátegui “Punto de vista antimperialista”, expuesta por un miembro de la delegación peruana, fue un parteaguas y un jarro de agua fría contra las tendencias dogmáticas y sectarias. [Cruz Capote, Orlando (1993): La Primera Conferencia de los Partidos Comunistas Latinoamericanos, en Revista Santiago, Ene-Jun, No. 75, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba].

    Hubo, por lo tanto, una subordinación de los intereses singulares y particulares a los generales, un sacrificio de las partes en el “altar” del todo –a veces a la inversa– lo que se reflejó en la supeditación y subestimación del problema nacional en América Latina y el Caribe, subsumido en la maximización de la lucha de clases, así como en la subvaloración de la lucha por la democracia y antimperialista, de la necesaria distinción entre las diferentes etnias, nacionalidades, acerca de los pueblos originarios o indígenas y de los múltiples problemas raciales, el mestizaje y las diferencias culturales en la región. Todo condujo a realizar análisis reduccionistas –el obrerismo a ultranza fue uno de ellos–, muy mecánicos y no dinámicos acerca de la realidad sociohistórica en que actuaban los destacamentos comunistas. [Cruz Capote, Orlando (2009): “La urgencia de la unidad dentro de la diversidad en Nuestra América”, Revista Cubana de Ciencias Sociales (Nros. 38 / 39), Instituto de Filosofía].

    En el afán de hacer cumplir el centralismo democrático, la KOMINTERN violó los principios de la colaboración y el internacionalismo proletario en el seno del movimiento comunista internacional. Las intromisiones fueron constantes, las sanciones pendieron sobre los líderes y las organizaciones todas, sí eran detectadas desviaciones en la aplicación de las directrices y normativas teóricas, políticas e ideológicas de la Casa Matriz. Esa fue la dura realidad.

    III

    El abanico de fuerzas de izquierda, centroizquierda y de derecha en Cuba fue enorme y apasionante para el estudio del período. En 1924, se había fundado el Partido Aprista Cubano que, en 1925, tienen un repunte ideopolítico dado por la presencia de algunos exiliados peruanos en la Isla.

    En 1927, se crea el Directorio Estudiantil Universitario contra la Prorroga de Poderes que luchó contra la pretensión del dictador Gerardo Machado de mantenerse en el poder por otros cuatro años. No tuvo una existencia duradera y sus objetivos políticos fueron de corto plazo.

    En poco tiempo, Rubén Martínez Villena, Joaquín Ordoqui y Fabio Grobart crean la Liga Juvenil Comunista, en 1928, por mandato del primer congreso del partido, en agosto de 1925.

    En otro sentido, desde 1929, la situación se hizo insostenible para el verdadero partido marxista-leninista cubano, pues había uno apócrifo que había usurpado su lugar. Se habían extraviado y casi perdido los enlaces con el máximo organismo comunista internacional. A pesar de los intentos del PC de Cuba y del mexicano (de este último participaron en las gestiones tres destacados dirigentes: Rafael Carrillo, Hernán Laborde y Valentín Campa) advirtiendo de tal situación anómala, no se cortaban los lazos con la otra organización e incluso se llegaron a ofrecer becas de estudios para la Internacional Sindical Roja (ISR), en 1929, a individuos que no eran miembros del partido fidedigno.

    Según entrevista concedida por el fundador del PCC a este autor, el compañero Fabio Grobart –miembro de su Comité Central desde 1926 hasta su muerte natural en 1994–, la presencia cubana en la primera conferencia de los partidos comunistas de la región, fue una selección que se realizó por los comunistas cubanos en la emigración, en específico, Sandalio Junco y Alejandro Barreiro que se encontraban en México, aunque finalmente de la Isla pudo asistir José Rego, con grandes dificultades financieras y que, a su regreso, fue detenido y deportado a España. Y Villena envía a Fabio a Moscú, en ese año 1929, para que le planteara a los dirigentes de la IC, que se necesitaba de libros de textos marxistas, que se divulgara más internacionalmente las luchas del pueblo cubano y que se urgía de una imprenta para sus publicaciones. Esta fue donada por el PC alemán y arribo a Cuba en 1930. Sin embargo, el viejo comunista no se acordó que, de seguro, otra misión a cumplir era que, el Comintern cortara los lazos con el falso PCC, que tenía a la policía entre sus filas.

    De todas formas, el PCC en la Isla solo se enteró de las discusiones y resoluciones luego que esta fue efectuada y cuando se le enviaron los documentos. A pesar de tales inconvenientes, Embert Droz escribía, en un informe acerca de la celebración del VI Congreso de la IC y de los preparativos de la conferencia en la región que, la discusión con los cubanos había sido muy aguda.

    En 1930, surgió Defensa Obrera Internacional (DOI), filial del Socorro Rojo Internacional. En 1931, se crea la Liga de los Pioneros de Cuba, y el niño que menciona Caridad Massón Sena como asesinado en la enorme refriega y masacre ocasionada por el Ejército y otras fuerzas de derecha, Francisco González Cueto, es pionero y el primer mártir de esa organización.

    El 30 de septiembre de ese mismo año, ante la manifestación y la muerte del estudiante Rafael Trejo -fueron heridos el intelectual Pablo de la Torriente Brau, el obrero Isidro Figueroa y detenido el profesor Juan Marinello-, se funda el Directorio Estudiantil Universitario del 30, más sustancial que el anterior y con un mayor peso en la política nacional. Su radicalismo no consistió en un nacionalismo-patriótico antiimperialista o en un anti-norteamericanismo esencial, sino en su tendencia nacionalista anti-plattista que se puso de manifiesto, específicamente, durante la mediación del embajador norteamericano, verdadero procónsul, Sunmer Welles, desde su llegada en abril-mayo hasta septiembre-octubre de 1933. Luego sufrió de grandes desviaciones y distorsiones. Ese es el que está dirigiendo-apoyando a la Pentarquía y hasta al gobierno de Grau, por un tiempo.

    Entre sus filas, colmadas de combatientes heroicos, se mezclaron algunos elementos y sectores de derecha y otros no revolucionarios que se incluyeron en los cuerpos militares de autodefensa, como el “Ejército Caribe” y “Pro-Ley y Justicia” que, desde posiciones supuestamente de izquierda, en muchas ocasiones tomaron la justicia por su propia mano o equivocaron intencionadamente su accionar. Su participación en la represión, junto a las fuerzas de la policía y del ejército bajo el comando de Fulgencio Batista, en el entierro de las cenizas de Mella, el 29 de septiembre de 1933, fue un ejemplo de esta tendencia pro-derechista en su seno.

    Inmediatamente y como respuesta de la izquierda más consciente del sector universitario se crea, el 3 de febrero de 1931, el Ala Izquierda Estudiantil (AIE). Esto significaba no una simple escisión, sino un deslinde una toma de principios. Ese mismo año surge una organización femenina de cierto alcance nacional que logra, con las luchas por sus demandas que las féminas en la Isla conquisten el derecho ciudadano al voto en los procesos electorales.

    Pero Villena tiene que lidiar con otros problemas internos en el seno del movimiento obrero. Desde 1927 fue creada la Federación Cubana del Trabajo (FCT) y, en 1931, la Unión Federativa Obrera Nacional (UFON). Ambas organizaciones eran reformistas y practicaban el colaboracionismo de clases, fueron pro-patronales, anticomunistas y pro-yanquis. Sus dirigentes fueron Juan Arévalo, Luis Fabregat y Francisco Doménech, entre otros, muy vinculados a la American Federation of Labor (AFL) de los EE.UU. y, en específico, a la Confederación Obrera Pan Americana (COPA).

    En el año 1932, surgió a la vida política una nueva agrupación burguesa, el ABC –sociedad en un principio secreta (1931), de estructura celular y con una táctica terrorista– que hizo público su Manifiesto-Programa en el que se trataba de reconstruir a la “burguesía nacional”, principalmente a la media y la pequeña burguesía, a través de la creación de un “Estado-corporativo fuerte” que protegiera la propiedad rural, industrial y comercial. La atracción social inicial del ABC fue muy poderosa por sus acciones antimachadistas –fueron los que más ataques dinamiteros cometieron y atentados contra los funcionarios del régimen realizaron– y porque entre sus dirigentes militaban algunos intelectuales de envergadura que brindaban una imagen de ser una organización con ideas claras, de principios teóricos y políticos esenciales acerca de lo que se deseaba para Cuba, aunque nunca se trazaron el objetivo de oponerse al injerencismo norteamericano. ‘Ideas nuevas, hombres nuevos’, parafraseándolo, eran sus eslóganes atractivos.

    Poco tiempo después se conocieron de sus tendencias pro-norteamericanas y nacionalistas fascistoides –amantes de las ideas de Benito Mussolini–, acciones que llevaron a cabo entre 1933 y 1934, primero, con el contubernio repugnante del procónsul norteamericano Sunmer Welles al cual se rindieron y, segundo, con la marcha tipo nazi, “camisas verdes”, sobre la capital del país, el 17 de julio de 1934, que fue abortada por la decidida intervención de la clase obrera, las agrupaciones de izquierda y los demócratas sinceros de La Habana. De las filas del ABC se produjo un desprendimiento de izquierda en 1933, el ABC-Radical, que tuvo un accionar revolucionario destacado.

    El 23 de septiembre de 1933, un grupo de desertores y traidores del PCC, entre otros sujetos, liderados por Sandalio Junco –quien al frente del Departamento Negro del PCC, hizo muy poco o nada–, Eusebio Mujal y Marcos García Villareal, entre otros, anunciaron la “Declaración de Principios Sobre la Situación Nacional”, de un denominado Partido Bolchevique-leninista, recién creado y de tendencia trotskista, claro que tropical, muy ecléctico y que a veces, no tenía nada que ver con Leon Trotski y la IV Internacional, fundada en 1938. Algunos miembros de este grupo sedicioso habían dado sus primeros pasos entre 1931 y 1932 con las llamadas ‘Oposiciones Comunistas’ que, en el último año mencionado, habían desplazado a los dirigentes marxistas y comunistas del Ala Izquierda Estudiantil y de Defensa Obrera Internacional, consecuencia de que algunos de ellos estaban detenidos y por el confucionismo desplegado por tales elementos en su actividad ideopolítica.

    No quisiera abusar más de datos históricos. Ya cité algunos trabajos míos y existen otros –Angelina Rojas– que dan sus versiones sobre los acontecimientos y procesos en que participan los comunistas, los marxistas, las izquierdas y los elementos democráticos y progresistas. Todas esas fuerzas diferentes caían en los procesos anticomunistas que se organizaron en la época. Tal era el ambiente hostil contra el marxismo, el socialismo y el comunismo.

    IV

    El método de lucha orientado por la Comintern, era la de preparar la huelga general revolucionaria y de masas, esa que puede esperar a las calendas griegas si se puede apreciar si se convoca o no. Esa es la alternativa para el triunfo.

    La posibilidad insurreccionalista estaba fuera del análisis estratégico y táctico, y, aunque el PCC cubano tenía sus hombres y armamentos –apoyaron las luchas campesinas de Realengo 18–, además, grupos de ellos iban armados a las manifestaciones para ripostar la represión y tenían eficaces casas de seguridad, no estaban listos para irse a las armas en las montañas y llanos, zonas urbanas y rurales. Ramón Nicolau, estudió en la Academia Frunze en la Unión Soviética, junto a otros camaradas, y era el jefe del departamento militar. Por eso, se pudo organizar un valiente contingente de combatientes que fueron a luchar a favor de la República Española (1936-1939), además, de enfermeras y ayuda de otra índole. Y en esa actividad antifranquista no estuvo sólo el partido comunista cubano, si bien organizó el envío del apoyo.

    En un artículo de Villena de 1933 “Las contradicciones internas del imperialismo yanqui en Cuba y el alza del movimiento revolucionario” éste señalaba que, además de las masas proletarias y los campesinos pobres, se iban incorporando a las diversas luchas revolucionarias y antidictatoriales importantes “(…) secciones de la pequeña burguesía urbana (…) y campesinos medios”.

    Esta tesis coincidía con la propuesta de Julio Antonio Mella, antes de ser asesinado en México, de que se debía trabajar con la recién creada Asociación Unión Nacionalista (1927) –luego partido (PUN) de Carlos Mendieta y otros miembros de la oposición burguesa–, no por la dirección y orientación política de tal agrupación, sino por los sectores sociales que este había ganado para la causa antimachadista y nacionalista. Hoy se conoce que Mella, desde la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) que tenía una concepción organizativa y movilizativa más amplia desde el punto de vista social, estaba preparando una expedición armada desde México y que, meses antes, había viajado a los EE.UU., donde había establecido contactos con varios dirigentes del PUN –su emisario Leonardo Fernández Sánchez fue arrestado y expulsado de Cuba a finales de 1928– y que comunicó al PCC en la Isla, en especial a Villena, de que algunos líderes nacionalistas tenían tendencias insurreccionalistas y por lo tanto armas, por lo que la alianza pasajera podía rendir frutos para derrocar a Machado y fortalecer al partido comunista. Entonces podemos comprender que la visión unitaria de Mella y Villena eran mucho más amplias que las emanadas por la III Internacional y sus órganos regionales.

    Sin embargo, poco tiempo después, Villena realizó una rectificación de su valoración acerca de los nacionalistas burgueses, porque estos habían demostrado sus verdaderas intenciones con respecto a la lucha antimachadista –se desenmascararon– y sus posiciones pro-yanquis.

    En una carta enviada a su hermano en 1931, expone que “(…) no gracias a los nacionalistas (…) sino a pesar de los nacionalistas, que se han mostrado siempre muy pacifistas, el movimiento revolucionario sigue creciendo y el motor de este movimiento es la clase obrera y su Partido”. [Martínez Villena, Rubén (1931): Carta a su hermano del 15 de julio de 1931, en Poesía y prosa. Antología (1983): Editorial de Letras Cubanas, La Habana, p .489].

    Además, y esto también es importante, las coordenadas emitidas desde Moscú, Argentina y Nueva York, desde 1930 hasta 1935 –año de la celebración del VII Congreso de la IC, entre el 25 de julio al 21 de agosto, bajo el liderazgo de Jorge Dimitrov–, no correspondían con tales pronunciamientos y acciones. Hubo que variar la táctica para no originar una confrontación abierta con la Comintern.

    En este contexto complicado y complejo debe analizarse a Guiteras y al Partido, dirigido –no hay dudas– por Rubén Martínez Villena, aunque se manifestaran en su seno contradicciones, como sucede en cualquier organización. Por lo que, en los espacios y tiempos reales de la república neocolonial dependiente, subdesarrollada-subdesarrollante, las organizaciones de izquierda y sus líderes, en su acepción generalizadora, siempre se encontraron en la disyuntiva de combatir enemigos principales, fundamentales y secundarios diversos como fueron las elites de poder del imperialismo estadounidense y la gran oligarquía doméstica, muy conservadora, sumisa y atada a este. De enfrentar adversarios variados, de mayor o menor cuantía, en un escenario geopolítico regional y mundial mutante. De luchar con consignas ideológicas y políticas muy “similares” aunque diferentes contra los gobiernos burgueses de turno. De combatir con estrategias, tácticas y métodos de lucha disímiles, algunos errados, contra ese entramado numeroso de organizaciones burguesas, plataformas programáticas que parecían coincidir y que al mismo tiempo se desencontraban, perdiéndose la oportunidad histórica de alcanzar la urgente unidad de las izquierdas, entre otras causas, que conllevaron a los fracasos y errores reconocidos por todos.

    Lamentablemente, hubo carencias y ausencias de diálogo entre las heterogéneas fuerzas revolucionarias y sus líderes. Las estrecheces y los esquematismos sectaristas y dogmáticos terminaron imponiéndose. También los recelos, los prejuicios y los silencios.

    Quizás Guiteras, jefe de una organización más abierta organizativa e ideológicamente, capaz de accionar sin las cortapisas de una organización internacional y regional rígida, se encontró más libre para realizar las propuestas al PCC. Ello es cierto. También lo es, que el PCC le ofreció casas de seguridad cuando se sabía que estaba siendo perseguido con saña para eliminarlo físicamente. Por su parte, la Joven Cuba, es la misma organización que luego de su muerte, devino en una entelequia de grupos, algunos de los cuales continuaron siendo revolucionarios hasta socialistas, y otros devinieron en mafiosos, paramilitares y gánsteres.

    El primer PCC, al contrario, no se movía con esa dialéctica, lo que no resta que hicieron contactos de segundo nivel que fueron interrumpidos por ese Buró del Caribe. El mismo que un tiempo después estaba criticando de forma desvergonzada que se realizara tales alianzas o por lo menos que se sondeara la posibilidad de un Frente Popular amplio –no se denominó Populista como expone Caridad Massón– porque Jorge Dimitrov, bajo la mirada atenta y amenazante de Stalin, pudo darle una profundidad mayor, dado el avance del nazi fascismo. Era la recuperación resignificada del Frente Único leninista. Las actas del partido comunista cubano critican con mucha fuerza ese cambio de rumbo del Buró del caribe y no aceptaron los señalamientos.

    Por otra parte, las confusiones con el “Gobierno de los Cien Dias” –en realidad duró 127 días– no eran del todo infundadas. Ramón Grau San Martín, aunque antimachadista y con arraigo en el estudiantado universitario, era una figura ambigua y dubitativa, aunque hábil en política. Batista fue una especie de Bonapartista autoritario, un Fouché Tropical, asesino que burló a muchos con sus actuaciones teatrales, bien pensadas. Dicen que lloró delante de Grau y Guiteras cuando este último lo amenazó con matarlo; y el presidente, calmó a Guiteras y le llamó la atención fuertemente a Batista. Se conoce que Guiteras preparó automóviles con hombres para ajusticiarlo luego del ataque al acto y manifestación del entierro de las cenizas de Mella.

    Lo cierto es que esas diferencias, hoy muy conocidas, no fueron percibidas por el PCC. Las tres tendencias en el gobierno no eran muy precisas y diáfanas en el momento histórico. Se sabía que Guiteras era el actor y autor de las medidas más revolucionarias, pero también que tenía, quizás, una actitud antipartido, aunque tenía muy buenas relaciones con algunos miembros del mismo.

    No era un antisocialista ni un anticomunista, aunque sus decisiones eran bastantes personales, aunque con una visión indudablemente estratégica. En la vorágine de la lucha de clases y antimperialista, y en el ojo del huracán político, en que se vieron envueltas las fuerzas de izquierdas desde 1930 hasta 1935, no había mucho tiempo para leer programas e intercambiar ideas. Y los ideologemas y las teleologías de la Internacional Comunista fueron acatadas, más por disciplina que por convicción de que fueran las correctas.

    No estoy de acuerdo en dividir las tendencias en el movimiento comunista en Mella y Guiteras, y en Villena y Blas. Esta afirmación no tiene sustento. Habrá que releer a Rubén Villena para conocer su pensamiento real, no aquel que tuvo que asumir, para finalmente ser acusado de oportunista, revisionista y esperar de él una autocrítica que nunca aceptó y menos realizó, como lo proponían los enviados de la IC y del Buró del Caribe.

    Las propias observaciones críticas de Rubén sobre algunos de esos textos marxistas y leninistas, nos permiten, no obstante, admitir muchas de esas lecturas.

    Así, acerca de la obra de Carlos Marx, asevera que la “(…) Crítica de la Economía Política, de Marx, en cuyo prefacio se encuentra, en menos de tres páginas, una exposición condensada de la interpretación materialista de la historia. Sólo son unas ochenta líneas, pero ellas tienen las más importantes palabras que se han escrito en el mundo. Mientras más se lee esa formidable conclusión de Marx, más se abisma uno en la simple y maravillosa verdad que encierra (…) esas palabras son el alfabeto de toda la historia de la humanidad”. [Rosales, Juana (1999): Presentación de Notas al margen al libro La dictadura del proletariado según Marx, Engels, Kautsky, Berstein, Lenin, Trotsky, Axelrod y Bauer de N. Tasin, en revista Marx Ahora, No. 8, La Habana, 1999, pp. 188-191]. Y con un sentido dialéctico, nada escolástico, aseveró sobre las polémicas alrededor de las obras de Marx, que se manifestaban desde la época de este pensador hasta su actualidad, que “(…) El error fundamental de esta discusión está en que Marx no era infalible. Además, el padre del Socialismo era naturalmente un teórico que se hubiera visto obligado a modificar sus ideas (algunas al menos) al ponerlas en práctica. La teoría no puede ser más que el hilo conductor, por ello se requiere siempre cierta flexibilidad”. [Marinello Vidaurreta, Juan (1974): Recuerdos de Rubén, en Revista Santiago, No. 16, diciembre, Santiago de Cuba, p. 74].

    Entre los años 1930 y 1931, Villena continúa su labor de intentar un desarrollo de un marxismo independiente que, sin apartarse de los aportes del leninismo y de la Comintern, estuviera muy arraigado a las mejores tradiciones revolucionarias y de las condiciones histórico-concretas de Cuba. En su estancia en Moscú, en el sanatorio Junín y, de nuevo en la capital soviética, trabajó en varias ponencias que se presentan en la II Conferencia de los Partidos Comunistas de la América Latina y en el V Congreso de la Internacional Sindical Roja, ambos celebrados en el año 1930.

    Por esos motivos, en ese propio año, sin abandonar ni un momento su pensamiento creador y original, Villena le expuso en una carta a Sandalio Junco –este se encontraba en Moscú, trabajando en el Secretariado Latinoamericano–, su desacuerdo con las variaciones que éste le había introducido a sus trabajos, en el que realizaba juicios muy adecuados acerca de la realidad cubana y el posible desenvolvimiento del movimiento revolucionario en la Isla, en específico, el desarrollo dialéctico para arribar a la Revolución Socialista.

    En la primera misiva escribía que “(…) Cómo regla general, solamente se afirma que este tránsito puede desarrollarse a través de “etapas preparatorias” (…) Fuera de la regla general (…) cuando sea necesario todo un período de transformación de la revolución democrático burguesa en revolución socialista, es posible un tipo de revoluciones proletarias con un gran contenido de objetivos democrático burgués, en países de un nivel medio de capitalismo”. [Martínez Villena, Rubén (1933): Manifiesto Abajo la intervención imperialista del sanguinario Welles y las serviles maniobras de sus lacayos nativos, La Habana, agosto, en Miranda Francisco Olivia (2003): Rubén Martínez Villena. Ideario Político, Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), La Habana, pp. 390-401].

    Para añadir de forma genial que “(…) Es decir, en el caso en que ambas etapas de la Revolución se confundan, se mezclen, se planteen conjuntamente, o simultánea y paralelamente, según expresión de mi informe (…) Tal es el caso de Cuba, aunque es una semicolonia, porque nada se opone a que hay semicolonias que sean “países de un nivel medio de desarrollo del capitalismo”. De modo que en realidad no he inventado nada en mi tesis respecto a Cuba, cuyas conclusiones vienen de acuerdo con el Programa de la Internacional Comunista: lo que he hecho es aplicar este a las peculiaridades de Cuba que son – por otra parte, las mismas que de otros países latinoamericanos. Solo que los que hablan del carácter de la revolución en los países coloniales, aplican para todos los casos estrictamente la regla general y creen que fatalmente en todo país colonial o semicolonial es preciso realizar la revolución democrático burguesa y después la revolución proletaria, como una transformación de aquella, gracias a la hegemonía del proletariado. Yo creo que hay países coloniales y semicoloniales en que no ocurrirá así; y que Cuba es uno de esos países.” [Martínez Villena, Rubén (1930): Carta a Sandalio Junco del 11 de noviembre de 1930, en Reig Romero, Carlos E. (2006): Correspondencia de Rubén Martínez Villena (mayo 1912-mayo 1933), Selección y Notas del Autor, Editorial Unicornio, La Habana, pp. 75-83.

    De esta forma dialéctica Villena advirtió que, había que agregar a la primera supuesta etapa de la Revolución la denominación de antiimperialista, lo que eliminaba implícitamente la estrategia etapista, concebida mecánicamente por la Internacional Comunista para Cuba, América Latina y otras regiones. Esta apreciación nos permite corroborar, desde este momento del articulo-ensayo, que Cuba no podía ser independiente sin arribar y construir el socialismo y el socialismo solo era posible construirlo y desarrollarlo en una Cuba independiente y soberana, sin ataduras y dependencias extrañas. Hecho que corroboró el triunfo de la Revolución Cubana, casi 26 años después, el primero de enero de 1959.

    En una segunda carta enviada a Sandalio Junco, escrita el 27 de enero de 1931, Villena explica otras ideas: “(…) Y cuando llegue el momento preciso (el cual depende de la situación objetiva, de la subjetiva, de la interrelación de éstas, de la correlación de las fuerzas, (…), y de otros detalles pues ese es el momento más delicado y difícil) entonces – en ese momento futuro – no ahora, podremos con la victoria, asegurar también el triunfo de “las formas superiores”, podremos “establecer de golpe” la dictadura del proletariado”, agregando que, considerando que se debía preparar a los dirigentes y militantes del partido para esa posibilidad apunta que “(…) en momentos de gran efervescencia revolucionaria dos o tres meses pueden representar, para la experiencia y la educación política de las masas, lo que 2 ó 3 o más años en tiempos de “normalidad” burguesa”. [Martínez Villena, Rubén (1931): Segunda carta a Junco, del 27 de enero de 1931, en Miranda Francisco, Olivia (2003): Rubén Martínez Villena. Ideario político, Ob. Cit., P. 494].

    Excúsenme, y si pueden publiquen mi respuesta. Sepan que no tengo intención de publicar en Cuba Posible. Pero vale la pena la confrontación de ideas, más con Caridad Massón Sena, una vieja colega, estudiosa de este y otros períodos pre-revolucionarios, una mujer con principios y criterios propios. Pero si tengo que escoger, sin divisiones y esquemas, tanto Carlos Baliño, Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena estarían juntos en ese marxismo y leninismo, socialismo y la mirada en el comunismo creador de los años 20 y 30, con sus virtudes y defectos; y Antonio Guiteras Holmes al lado de ellos con su socialismo e insurreccionalismo revolucionario, también con su integralidad y las faltas. Todos son grandes héroes en la historia patria.

    No por gusto en el “Llamamiento del Moncada”, Fidel Castro Ruz, nuestro Comandante en Jefe, ubicó a Guiteras, la Joven Cuba, y hasta el ABC – Radical, entre las fuerzas que ellos heredaban de las tradiciones históricas revolucionarias de la Revolución Cubana.

    5 de octubre de 2017.

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