Gustavo Arcos: “Los cineastas han seguido todos los caminos establecidos institucionalmente”.


1. ¿Cuál ha sido la forma de “hacer cine” en el contexto cubano después de 1959? ¿Qué rol ha tenido en este proceso el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)?

El ICAIC se crea en marzo de 1959 como un modelo estatal de gestión y control cinematográfico. Como se sabe, fue la primera ley cultural firmada tras el cambio revolucionario. Por varios meses coexistió junto a empresas privadas, o compañías norteamericanas establecidas en Cuba desde mucho antes. Pocos saben que entre 1959 y 1960 se rodaron películas, documentales y noticieros en Cuba, ajenos al control del ICAIC. Todavía en el año 65, estudios como la MGM, Warner o Universal, tenían intereses y salas en Cuba. Tras las nacionalizaciones, el ICAIC se erige como el principal centro productor de filmes en el país y todo el entramado logístico y financiero que se mueve alrededor del cine, pasa a su control.

Hay que decir que no fue cosa de “coser y cantar”. Durante su primera década el Instituto se verá atacado desde varios frentes. Se suceden incidentes alrededor de algunos filmes censurados, varios de los fundadores muestran su descontento con el rumbo que llevaba el país y lo terminan abandonando y ni el propio Alfredo Guevara, su director, escaparía de los cuestionamientos a su gestión, realizados desde posiciones extremistas.

De todas formas es indudable que ese modelo de cine nacional con marcada intención popular, adquirió extraordinaria fuerza y prestigio, exhibiendo películas de todas partes del mundo y fomentando una creación artística con grandes libertades y oportunidades expresivas. Los 60 fueron la edad dorada del cine nacional y la obra del ICAIC se insertó por sus méritos, en el llamado Nuevo Cine Latinoamericano.

Debo aclarar, que “hacer cine” en Cuba, no solo fue una potestad del ICAIC. Desde los mismos años 60 hasta los 90 los Estudios Fílmicos de las FAR, la Cinematografía Educativa y la fílmica de la TV, rodaron películas y documentales en 16mm y 35mm. Tenían sus propios realizadores y técnicos, laboratorios y archivos.

Para rodar una película se seguía una lógica industrial que devino sistema. Se ingresaba al ICAIC y se trabajaba ascendiendo en una escala donde los creadores debían ser evaluados por sus obras. No se entraba como director, sonidista o fotógrafo. Había que rodar miles de metros de película y  participar en decenas de filmes y noticieros para ir adquiriendo experiencias. No había escuelas de cine y aunque algunos de nuestros directores o técnicos recibieron cursos de formación en el extranjero, se consideraba que la única manera de aprender el cine, era haciéndolo.

2. ¿Qué elementos del contexto nacional e internacional han cambiado y cuál ha sido su impacto sobre las maneras de “hacer cine” en Cuba?


Pudiera mencionar varios, pero en honor al tiempo y al espacio, diría que la caída del campo socialista y la posterior crisis económica, la entrada en Cuba del video y las nuevas tecnologías y la apertura de las Escuelas de cine en San Antonio de los Baños y el ISA, son tres momentos que marcaron el devenir del cine nacional.

Cuando el video analógico se empieza a introducir profesional y comercialmente en Cuba a mediados de los 80, se produce una fractura importante en el proceso de realización fílmica. Aparecieron nuevas voces y focos de producción, muchos de ellos independientes al ICAIC. Creadores y técnicos que empezaron a grabar y contar otras historias. En 1987 aparecen los talleres de creación auspiciados por la Asociación Hermanos Saíz, donde se hacen notar jóvenes provenientes del cine aficionado o la TV. Justo por esos años se abre la Escuela de San Antonio y poco después la Facultad de Medios del ISA. Se produce entonces un giro notable en la formación del cineasta.

Digamos que se acortó el tiempo de espera. No por gusto aquellos jóvenes suscribieron un manifiesto en 1989 donde clamaban por un lugar en el cine nacional, un sitio, que según ellos, les correspondía. Es decir, se sentían parte de un proceso cultural y social que tenía que tomarlos en cuenta y sobre el cual ellos también tenían cosas que decir.

Tras los incidentes del filme Alicia en el pueblo de maravillas (1991) y la histérica reacción del conservadurismo ideológico, el Consejo de Estado disolvió oficialmente el ICAIC. Los cineastas protestaron y se plantaron. La disposición fue revocada, en un caso probablemente único en la historia de la Revolución. El ICAIC se mantuvo existiendo, pero su otrora autonomía había sido afectada. La profunda crisis de los 90, termina por descolocarlo y restarle protagonismo en el ámbito de la cultura nacional. Veremos cómo se cierran muchos espacios, los artistas se desplazan hacia otras funciones, la industria casi se paraliza, las salas cinematográficas se clausuran y la emigración o la biología hacen lo suyo distanciando, de forma parcial o definitiva, a una gran cantidad de cineastas.  

Los últimos tiempos se caracterizan por una creciente producción independiente, generada por jóvenes que no pertenecen a la industria y que se mueven en un amplio espectro. Hoy pueden rodar un largo de ficción, pero mañana están detrás de un documental, filman aquí, o lejos de la Isla, se insertan en una publicidad o aparecen detrás de un video clip. No conocen de géneros, límites o zonas específicas de la creación. Casi todos deben gestionar ellos mismos el dinero para sus películas e, incluso, ocuparse de exhibirlas internacionalmente. Digamos, para resumir, que tenemos una generación con el don de la ubicuidad, haciendo un cine posnacional.    

3. En el actual contexto, ¿cuál ha sido la metodología de trabajo escogida por los cineastas para dar curso a sus inquietudes y gestionar sus propuestas?


¿Te refieres a las demandas por una Ley de Cine? Si es así, diría que se han seguido todos los caminos establecidos institucionalmente. No se ha violentado “el librito”. Es decir, el gremio se ha reunido decenas de veces, se han escuchado diversas propuestas, se han socializado de alguna forma los debates y propiciado encuentros con funcionarios culturales o miembros del gobierno. Todo parece ir bien, pero no hay respuestas. El problema es que este asunto lleva ya al menos 7 años, desde que en el Congreso de la UNEAC del año 2008 apareció un informe de los cineastas recabando urgente atención para el sector. Ese documento fue aprobado por la dirección de la UNEAC pero… como tantas otras cosas, durmió el sueño eterno. Ya en aquel entonces se pedía una reforma del cine nacional.  

4. ¿Qué elementos serían imprescindibles a tener en cuenta en una Ley de Cine elaborada para Cuba?

Debe aclararse que nunca hemos tenido una Ley de Cine. Existe aquella ley, la 169, que en marzo de 1959 creó una institución, el ICAIC. Pero el tiempo ha cambiado muchísimas cosas desde aquella fecha. Con solo mirar las transformaciones tecnológicas que se han operado en el ámbito mundial y artístico, sería suficiente para reformular una nueva ley. Los cambios de las formas para hacer cine, trastocan también las maneras de circularlo, consumirlo y producirlo. Todo el sistema ha cambiado, pero nosotros seguimos a la antigua.

Entonces, se pide la creación de un Fondo para el desarrollo del cine nacional. El Estado y diversas fórmulas (aportes de capitales privados, fundaciones, ayudas, o un porciento de los propios impuestos) deben conformar una plataforma financiera que se entregue cada año a la producción de películas. Los cineastas aplican con sus proyectos y una comisión integrada por los propios artistas, determina a quienes iría destinado ese fondo. Lo cual no significa que si se deja de recibir la ayuda, no se ruedan las películas. El Fondo es solo una opción entre otros modelos de producción.

Hace más de veinte años los artistas filman de manera independiente. Arman pequeños grupos o productoras, les dan nombres, conforman su identidad, adquieren equipamiento, que además lo alquilan al propio Estado, pero…no pueden inscribirlas en el territorio nacional. Para rodar en Cuba hay que tener una licencia o permiso y este solo lo otorgan unas pocas entidades oficiales, como el ICAIC o el ICRT. Bueno, se está pidiendo legalizar toda esa producción, y disponer de la figura legal del Creador Audiovisual Autónomo, con personalidad jurídica propia. Tal cuestión permitiría a los realizadores y productores recibir fondos del extranjero, velar por sus derechos de autor, operar cuentas bancarias a su nombre y tener legitimidad universal.

Muchos otros aspectos tendrían que tenerse en cuenta. Pienso, por ejemplo,  que hay que definir cuál sería el rol del ICAIC en esa nueva coyuntura. ¿Apoyaría a los cineastas o al Estado? Es decir, en manos de quién estaría la determinación de si se estrena o no la película, el control de las salas de exhibición, y los aspectos de contenido o forma que imposibilitarían el paso de una obra por el territorio nacional. ¿Debe censurarse el cine? O en todo caso, ¿qué temas, géneros o tratamientos serán limitados o prohibidos, si es que puede, a estas alturas, hablarse de tal cosa?

5. ¿Qué experiencia internacional, en materia legal vinculada a la creación cinematográfica, sería significativo tener en cuenta para Cuba?

Se han estudiado casi todas las leyes de cine o comunicación que existen en la región. Hace dos años el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano propició unas sesiones paralelas donde participaron directivos y abogados de América Latina para intercambiar experiencias. Países cercanos a nosotros como Venezuela, Argentina y Brasil, tienen leyes que pueden servirnos de ejemplo. Los dos últimos han logrado, en los últimos 15 años, potenciar de manera extraordinaria sus cinematografías.

Nuestros cineastas se han asesorado. La Ley no es un capricho suyo. No son un grupo de chiquillos reclamando un patio para jugar. Es una lógica que se ha venido aplicando en todo el planeta, para tratar de actualizar y hacer transparentes las formas de creación artística. Es una manera de respetar a los hombres y mujeres que trabajan y hacen arte en Cuba. Los sucesos del 17 de diciembre marcan un antes y después en la historia del país. La normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos traerá cambios profundos. La cultura sufrirá esos impactos y el cine debería llegar a ese momento con una coraza jurídica robusta.  

6. ¿Qué metodología de interacción cineastas-instituciones culturales-Estado sería la más adecuada para generar una Ley de Cine para Cuba?

Ya hablé un poco de esa metodología. Pero esa rutina no ha encontrado el eco necesario. Increíblemente, tanto la UNEAC como algunos funcionarios de la cultura se han opuesto a las discusiones. Dicen que: “no es el tiempo adecuado para ello”. Bueno, desde que triunfó la Revolución esa ha sido la retórica utilizada por el poder para frenar cualquier iniciativa. La estrategia es diluir cualquier demanda, especialmente si nace de la base.  Puedes expresarte pero… “yo sé lo que hay que hacer y tú no”.

Observa cómo los medios masivos se han plegado a esa estrategia de invisibilidad. De eso no puede hablarse públicamente. Incluso, cuando por alguna razón alguien ha comentado del asunto en la TV o la radio, ha sido reprendido. Aquí, los cineastas tomaron por sorpresa a ese poder y llevaron la iniciativa en aquellas primeras reuniones. No le pidieron permiso a nadie y tal vez por eso son castigados. Entonces creo que ya ha transcurrido el tiempo suficiente y hay que pensar en un Plan B.

Mi opinión personal es que los cineastas no han sido lo suficientemente insistentes y agresivos con su justa demanda. El diálogo está muy bien, pero… hay que saber andar. Socializar este fenómeno, sacarlo del gueto o el gremio, hacer partícipe a la sociedad. Me parece que cuando ellos estén conscientes de la fuerza que tienen como artistas y creadores de este país, podrán lograr lo que se propongan. No se trata de pedir limosnas, no es una súplica, menos un favor. Se trata de reclamar un derecho. Es una cuestión de honor.

Sobre los autores
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba