Gustavo Urrutia y sus “Ideales de una Raza”: un periodismo crítico e incisivo

Oscar García Rivera, Comparsa, c. 1940 Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

Foto: Oscar García Rivera, Comparsa, c. 1940

Vero Beach Museum of Art

“Yo me propongo desde esta sección… [explicar] nuestros puntos de vista… sobre este problema concreto, y otros tantos que a todos, blancos y negros, nos urge resolver conjuntamente, y hacer ver además cómo piensa, cómo siente, cómo sufre y qué anhela la raza de color de Cuba”.

Gustavo Urrutia (1928b)

 

El 18 de abril de 1928 comenzó a publicarse en el Diario de la Marina la sección, en formato de columna semanal, “Ideales de una Raza”. Su responsable fue Gustavo Eleodoro Urrutia y Quirós (1881-1958), cuya profesión era arquitecto (graduado en la Universidad de La Habana, 1917). Su interés en discutir públicamente la temática racial en Cuba y la anuencia de “Pepín” Rivero (director de dicho rotativo capitalino) fueron dos factores operativos claves para Urrutia tornarse periodista hasta el final de sus días.

El debut de Urrutia en el Diario de la Marina está registrado en el artículo “De la propia experiencia”, en el cuál presentó los objetivos de la sección (como expresa el exergo de arriba). Además, afirmó que se dirigía, no sólo a sus amigos comerciantes, sino también a todo el país. No era la primera vez que Urrutia escribía algún texto para ser publicado en un periódico. Unos 12 años atrás, Ramón Vasconcelos le publicó dos textos en su columna “Palpitaciones de la Raza de Color” del rotativo La Prensa. Aquellas crónicas que Tristán escribía para negros sin taparrabos, mestizos no arrepentidos y blancos de sentido común es el antecedente de “Ideales de una Raza”.

Los comienzos para Urrutia en la redacción del Diario de la Marina no fueron fáciles, pues tuvo que demostrarle al Jefe de Redacción, el Dr. Lorenzo Frau Marsal, que podía sostener la sección propuesta por mucho tiempo. Entonces, Urrutia tuvo que escribir unos seis textos en poco tiempo y entregárselos a Frau Marsal como garantía de un trabajo sólido de propaganda sobre un tema de actualidad nacional. Fue así que salió publicada en primera plana (16 de abril) una esquela promocional anunciando una nueva sección en el Diario de la familia Rivero, que por primera vez abría un espacio monográfico para destacar la contribución de los negros a la formación de la nación.

En la fase inicial de su labor periodística, Urrutia estaba trabajando en solitario en aras de motivar el debate y ganar adeptos a su causa. Publicó varios textos interesantes entre mediados de abril y principios de julio de 1928. Justo en el final de ese lapso, Urrutia dio a conocer su primera serie de artículos titulada “La raza cubana”, que puede ser considerada un  momento importante para exponer una síntesis de las bases del orgullo de ser cubano. En una crónica publicada el día anterior, Urrutia (1928d) presentó el orden de los siete textos que publicaría de forma consecutiva entre el 26 de junio y el 2 de julio. De ellos sólo fueron publicados seis y aún no se sabe por qué no fue editado el artículo que falta.

La originalidad de Urrutia como cronista llegó a tal punto que anunció el título de cada texto adjuntándole un estilo musical, que a su ver caracterizaba el mensaje de cada entrega. Destacamos los dos que reproducimos a continuación. El artículo inicial “La raza cubana”, que dio título a la serie, fue clasificado como un potpourrit, o sea, la articulación de varios fragmentos de canciones ejecutados en una interpretación ininterrumpida, que consiste en un momento laudatorio hacia un compositor, un cantor o un género en un show. Y el siguiente texto, “Cuba será blanca…. O no será”, fue encasillado como una marcha triunfal, que en una ópera italiana al estilo de Giuseppe Verdi es un himno de alto vuelo emocional y dramático para resaltar lo glorioso. En el caso específico de “Aida”, la marcha triunfal fue interpretada al final del segundo acto con destaque sonoro para los instrumentos de viento apoyados por los de cuerda (sin olvidar el trabajo coral).

El motor de la serie “La Raza Cubana” es una revisión crítica e incisiva de una presunta conversación de Urrutia (1828a; c) con un señor de piel blanca que identificó como “El Doctor Alfa”. Los principales temas de esa supuesta plática, registrados en los dos textos reproducidos, eran: la armonía entre blancos y negros cubanos; el mestizaje físico y cultural como factor finalizador de los antagonismos inter-raciales; la formación de una raza cubana; el blanqueamiento; la nocividad de la inmigración de antillanos del Caribe; el miedo a que Cuba se convierta en otro Haití y la amenaza de una intervención de Estados Unidos ante una revuelta de negros como en 1912. En los otros cuatro textos, Urrutia dio continuidad y también profundizó dichas y otras cuestiones que reflejaban el nivel de las tensiones raciales en Cuba republicana y que algunas todavía no han sido superadas en la mentalidad de los cubanos en el presente nuevo milenio.

 

Bibliografía

Urrutia, Gustavo E. (1928a) Cuba será blanca… O no será. Diario de la Marina, p. 10.

_________ (1928b). De la propia experiencia. Diario de la Marina, p. 8.

_________ (1928c). La Raza Cubana. Diario de la Marina, p. 8.

_________ (1928d). Ritornello. Diario de la Marina, p. 8.

 

Columna “Ideales de una Raza”

La raza cubana

-“Para mí, amigo Urrutia, el asunto era hasta ahora muy sencillo. Nosotros los cubanos, blancos y negros, vivíamos felices en nuestra tierra, salvando armónicamente nuestras dificultades y las leves controversias naturales en toda sociedad humana”.

-“Juntos y bien unidos libertamos la patria: juntos hemos vivido en nuestra república, haciendo política y disfrutando de los bienes que nos trajo. Nuestros elementos se han ido mezclando espontánea y naturalmente, y de los blancos españoles y criollos, y de los negros africanos o nativos, ha ido surgiendo una raza intermedia que no es blanca ni negra, que llegará a ser la RAZA CUBANA, la raza ideal, uniforme, con cuyo advenimiento desaparecerán todas diferencias, todos los pequeños antagonismos que hoy nos preocupan todavía, pero que antes de un siglo, con el cruce constante de las dos razas, no tendrá razón de ser.”

-“Por eso estamos tan disgustados los blancos y los negros ante la avalancha de inmigrantes antillanos. Con esta irrupción negra hace elevarse del 30 al 70 por ciento la población negra, no hay esperanzas de arreglo: retrasamos en dos siglos la formación de la Raza Cubana, y esto sí que es grave”.

Yo lo escuchaba encantado. Veía confirmada en el fondo amable de su plática la doctrina del sublime Maestro. Lo ideal. La despreocupación de todos los accidentes de raza y color. La más perfecta cristalización de las doctrinas cristianas. Los derechos del Hombre. Los principios igualitarios de la Revolución Cubana. Las prédicas insurrectas de nuestro inmenso Juan Gualberto hechas realidad…

¡Qué feliz me hacía mi dilecto amigo con sus reflexiones! Yo no tenía derecho a pensar que aquello era pura retórica: él es hombre sincero y me decía lo que realmente pensaba y sentía.

Entonces, pues había sonado ya la hora de la comprensión inteligente de nuestras mútuas (sic) necesidades: ¡el momento del abrazo fraternal…! Porque como la raza negra ha progresado enormemente: como su cultura y su moralidad merecen el más alto aprecio de la raza blanca actual, que no es la esclavista de antaño a su vez de los prejuicios de su época, está implícito por lo tanto que si en la formación inicial de la típica “Raza Cubana” la raza negra fué (sic) la madre tierra, fértil y generosa en frutos, y la raza blanca era la agricultora, en los actuales tiempos de rectificaciones y reconocimientos, nos tocará a los negros una buena parte de semillas en la distribución equitativa del acervo cubano.

¡Hosanna!…cantaba yo en mente mientras hablaba mi amigo. Nosotros no aspiramos ni anhelamos ahora dejar de ser negros, porque el color no nos impide ser cubanos, pero esta idea feliz de crear la “Raza Cubana” como tipo especial étnico, con todos sus caracteres intermedios, con todas sus transacciones, nos encanta y nos obliga.

Mas como la alegría dura poco en casa del pobre, ya verán ustedes cómo las ideas desarrolladas por mi amable amigo en lo que seguirá de su monólogo, demolieron poco a poco mi castillo de ilusiones, me despertaron dolorosamente de mi gratísimo sueño dorado.

¡Pero que despertar, Dios mío..!

[Gustavo E. URRUTIA]

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Columna “Ideales de una Raza”

Cuba será blanca… o no será

El doctor Alfa, que así podemos llamar al culto caballero que me hablaba, iba enardeciéndose según entraba más en el escabroso tema, aunque sin perder su exquisita corrección, y me decía.

-Si nosotros cerramos nuestros puertos a toda inmigración negra, resolveríamos fácilmente nuestro problema de colores. Este torrente de inmigrantes negros es funesto para la felicidad y tranquilidad moral de todos los nativos de cualquier color que sean.

-Son extraños y jamás llegarán a sentirse cubanos. Ustedes los negros de Cuba, a quienes debemos en cierto modo una reparación por el yerro histórico de la esclavitud; que nos ayudaron heroicamente a hacer la independencia; que habitan con nosotros esta tierra que también es suya, son nuestros amados hermanos y son a la vez el tipo más pulcro y avanzado del mundo negro. De su patriotismo no podemos dudar, más no sé cómo (sic) ven ustedes este problema. Sus hombres dirigentes debían manifestarse para que supiéramos a qué (sic) atenernos y si podemos contar con ustedes como siempre para salvar a Cuba….porque le advierto querido Urrutia, con toda franqueza, que el dilema es este:

-O Cuba debe ser blanca, y entonces ustedes nos ayudan a extirpar (sic) el cáncer antillano, o ustedes quieren que Cuba sea una república negra, y entonces Cuba se hundirá, es decir, perecerá como nación independiente, porque Estados Unidos no tolerarán otro Haití en su zona de influencia, y se anexarán el territorio. Ustedes los negros cubanos serán los más perjudicados. Nosotros los blancos sufriremos el dolor ingente de perder nuestra patria, pero ustedes además caerían bajo el yugo insoportable para un negro cubano, de la preocupación americana.

Mi querido doctor Alfa: Ud. nos hace justicia al no dudar de nuestro patriotismo. Jamás hemos dado motivos para que se sospeche que aspiramos a convertir a Cuba en un país negro. El gran Maceo tuvo el talento y la abnegación de mantenerse en segundo término para evitar esa sospecha. Juan Gualberto, cuando en su inmenso prestigio llevó a la raza negra a la revolución, fue bien explícito. Por esa parte estamos bien satisfechos de haber cumplido con nuestro deber.

Pero si a pesar de la Historia y de nuestra conducta de siempre precisan más profesiones de fe, repetiremos con mucho gusto que nunca nos hemos detenido a considerar si Cuba debe ser blanca o negra, porque lo importante es que sea cubana.

Por eso siempre hemos hecho obra nacionalista, obra constructiva. Por eso mismo se ha creado esta sección de “Ideales de una Raza”, cuyo único interés estriba en explicar la ideología y sentimientos de la raza negra actual, sucesora de la generación del que siempre citaremos con orgullo, de Juan Gualberto Gómez; con distinta mentalidad seguramente, pero con el mismo corazón de aquella gente, y depositaria celosa de su inmaculado patriotismo.

Aunque lo vengo diciendo desde el principio, conviene repetir muchas veces que estos artículos míos tienen por única finalidad, la muy importante de explicar a la raza blanca nuestro concepto de cada uno de nuestros problemas nacionales, tal y como lo vemos los negros en los tiempos que corren, porque aunque blancos y negros estamos animados del más puro amor a la patria y por ende hemos de coincidir en las soluciones, que deben ser concurrentes, cooperativas, habíamos notado ya desde antes, en la raza blanca, esa falta de información concreta que con tal plausible franqueza denuncia el doctor Alfa.

En cuanto al fantasma de la dominación yanqui y sus abominables prejuicios contra la raza negra…francamente, ya no nos impresiona. La época en que con la publicación semanal de un truculento linchamiento en el Sur, se creía mantenernos a raya, ha pasado a la historia: pruébalo el hecho de que ya no se dan esas noticias en nuestros periódicos, aunque no creo que hayan cesado tales barbaridades por completo.

Conocemos al dedillo la vida, el desarrollo y los progresos del negro americano en Estados Unidos, con su pro y su contra. Probablemente lo conocemos mejor que nuestros paisanos blancos. Ni nos asusta, ni nos atrae. Más bien nos resulta asunto secundario ante el enorme interés de nuestra propia vida nacional.

Somos cubanos, sentimos en cubano y con soluciones cubanas hemos de resolver, cooperando con nuestros paisanos blancos, nuestros problemas nacionales de todo género.

La idea de perder nuestra independencia nos aterra por nuestra propia textura de hombres libres y patriotas, y por los sacrificios que nos ha costado la creación de esta patria para todos. La voz del patriotismo nos convence, nos enardece y nos transforma en héroes. El fantasma yanqui no nos da frío ni calor… en verdad.

¿No será más hermoso, más eufónico, seguir soñando con la Raza Cubana…?

Gustavo E. URRUTIA.

 

Fuente: Diario de la Marina, La Habana, 26; 28 de Junio de 1928, p. 8; 10.

Sobre los autores
Pedro Alexander Cubas Hernández 26 Artículos escritos
(La Habana, 1969). Licenciado en Historia (1996). Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, El Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2002). Diplomado en Cultura Cubana por el Centro Nacional de Superación para la Cultur...
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