Hostos y Martí. Antillanismo liberador (Conclusiones)

A cargo de Walter Espronceda Govantes

Con Hostos y Martí. Antillanismo liberador, el investigador y profesor José Antonio Bedia Pulido (La Habana, 1963) consigue una sistematización eficaz y amena de las respectivas vocaciones antillanas y latinoamericanas de Eugenio María de Hostos y José Martí. Estas páginas de Bedia Pulido constituyen un valioso aporte de las ciencias sociales en Cuba a la identidad nacional cubana y latinoamericana. En ese sentido, son también una expresión certera de la naturaleza imperialista que destila la perspectiva panamericanista diseñada al abrigo de las élites de poder en los Estados Unidos desde los albores del siglo XIX. El fragmento que a continuación aparece contiene, íntegras, las conclusiones de una investigación publicada en 2013, en forma de libro, por el Centro de Estudios Martianos y Ediciones Boloña.

Hostos y Martí. Antillanismo liberador (Conclusiones)

Por José Antonio Bedia Pulido

Hostos y Martí lucharon a favor de la independencia absoluta de las dos últimas colonias de España en América a lo largo del último tercio del siglo XIX. Expresaron semejantes conciencias antillanas, argumentadas en las especificidades históricas, políticas y sociales del área. Sus juicios favorecieron el desarrollo de una serie de tareas comunes, entre las cuales sobresale la búsqueda de nuestra libertad e integración. Con una visión emancipadora orientada a la libertad plena, la empatía en sus proyectos revolucionarios trasciende por su alcance y espíritu.

Las ideas liberadoras, por ellos desarrolladas, tienen sentido de identidad. Las singularidades sociopolíticas de las islas durante la segunda mitad del siglo XIX, sustentan sus equivalencias. Según la opinión de Roberto González Gómez: “el antillanismo de los grandes próceres del Caribe hispánico (…) Pone de relieve el vínculo entre estos patriotas y pensadores (…) en un magno proyecto político (…) pensado en función de frenar el expansionismo de la gran potencia norteamericana sobre América Latina”. Aquel entorno favoreció un pensamiento integracionista, que en similares circunstancias proyecta equivalentes soluciones. En Hostos y Martí podemos resumirlos en los siguientes aspectos:

-) Sus proyectos revolucionarios no se limitan al escenario insular.

-) Recaban la igualdad sin distinción de raza o grupo social.

-) Exigen la independencia absoluta de las islas, opuestos a las tesis reformistas y anexionistas.

-) La redención humana es una tarea fusionada al patriotismo.

-) Predican a favor de la moral, la ética, la libertad, la dignidad y el progreso social.

-) Se enfrentan al expanionismo norteamericano.

-) La patria es una esencia espiritual a redimir.

-) Son receptores de una herencia revolucionaria de estirpe bolivariana.

-) Consideran que en las Antillas existe una disposición de unidad que buscan definir y cohesionar a la identidad continental

Hostos y Martí, generacionalmente separados, sin establecer relaciones personales y con diferentes experiencias socio-políticas son políticamente afines. A lo largo de sus vidas-obras manifiestan una coherencia de principios que permite enunciar la existencia de no contradicción en sus proyectos revolucionarios, son:

Antianexionistas

Hostos desde 1866 expone su enfoque al respecto; prefiere el arreglo político con España que arriesgar las islas a “los peligros que hace tiempo les están amenazando”. Anticipa Martí, es mayor en edad, pero a su vez es seguidor del derrotero de otros que, defendiendo la identidad insular, se resistieron a la intervención norteamericana en el área.  El mayagüezano reiteró esas ideas a lo largo de su vida, de manera particular cuando los Estados Unidos intentan tomar a Santo Domingo, y finalmente en su lucha luego de consumarse el dominio de Puerto Rico como secuela de la guerra hispano-cubano-norteamericana.

Martí, durante su larga estancia en los Estados Unidos, juzga en repetidas ocasiones los peligros y resultados de la anexión de las islas. Especialmente durante aquel invierno de angustia de la Conferencia Internacional de Washington. Su inconclusa carta a Manuel Mercado sintetiza el enfoque político de toda su obra al respecto; precisa su disposición a “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.”

Opuestos al autonomismo

En este tópico sus rutas difieren, aunque arriban a semejantes resultados. Las primeras manifestaciones políticas de Hostos, a favor de la libertad en las Antillas, son expuestas en La peregrinación de Boyoán, enmarcadas aún en los límites de la autonomía. El boricua, participante de los debates políticos del Ateneo de Madrid, concibe una hermandad metrópoli-colonia. Sin embargo, a raíz de los estallidos de Lares y Yara rompe con los inconsecuentes liberales en el poder y con lo que España representaba porque “no ha cumplido sus fines en América”.

Martí a los dieciséis años opina que asistir a juntas, al debate económico, es solo ejercer la oratoria. Sus primeros años de vida y los conocimientos que adquiere en una colonia que no tolera solución mediante subterfugios económicos y estalla independentista, le llevan a expresar su postura radical: “O Yara o Madrid”. A diferencia de Hostos nunca aboga por reformas; sus textos de principio a fin son plenamente independentistas.

Por la independencia absoluta

Hostos, a partir de su escisión con los liberales españoles, transita al independentismo. Una gradual toma de conciencia exterioriza en sus expresiones políticas entre 1868 y 1871. Se subraya como punto de partida el discurso del 20 de diciembre de 1868. Remata esa postura, para la última fecha antes señalada, cuando es categórico: “el anhelo supremo de mi vida, la independencia absoluta de las Antillas”.

Martí, joven estudiante, aprovecha una libertad de imprenta para manifestarse independentista. Si bien las proposiciones políticas al respecto de uno y otro constan de documentación en el período subsiguiente a los estallidos de Lares y Yara. En el caso del cubano, adolescente, es casi impensable que ocurriera de otro modo. No obstante en la empresa independentista, sus vidas sostienen la búsqueda del esfuerzo común de los antillanos y recaban el apoyo internacional.

Latinoamericanistas

Sus discursos sobre nuestra región utilizan con igual connotación diferentes locuciones: Hispanoamérica, el continente, nuestra América, el hemisferio, América Latina. A redimir esa tierra se consagran. Hostos en Chile, a principios de la década de 1870, consigna: “mi idea dominante (…) la gran patria del porvenir en toda la América Latina”. Durante su periplo por Colombia, Perú, Chile, Argentina y Brasil, entre 1871 y 1874 adquiere el conocimiento de nuestras identidades y sus ideas latinoamericanistas.

Martí, en Guatemala, pocos años más tarde plantea: “mi gran madre América? Para ella trabajo!” El cubano luego de su paso por México, Guatemala y Venezuela, en los años 1873 y 1881, alcanza similar experiencia y conocimiento que el boricua. Uno y otro tomaron por patria, sin lindes fronterizos, esa comunidad histórica, ética y social que en la región manifiesta y reconoce sus identidades. Hurgaron en nuestras afinidades y sobre ellas proyectaron una lucha en las Antillas, que de Latinoamérica esperaba apoyo. De ahí que en sus discursos encontremos una división: nuestra América y la que no es nuestra.

Redimir a Cuba y Puerto Rico

Esa tarea, punto central de sus proyectos libertadores, en muchos aspectos entrelaza sus visiones latinoamericanistas. Para conseguirla necesitan la estrecha unión de todos los antillanos y el respaldo regional. En el caso de Hostos, al menos durante la década de 1870, también aspira al auxilio “de alguna potencia europea.” Martí nunca comparte esa idea, confía solo en “los pueblos de Hispanoamérica (porque) allí están nuestras cajas y nuestra libertad.” Intenta la emancipación de las islas, pero “sin compromisos (…) con pueblo u hombre alguno (para) asegurar la dicha (…) y (…) cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes (…) que su situación (…) le señala”. Espera solo el concurso de los hombres de buena voluntad.

Antillanistas

Sus criterios sobre el particular implican directamente a Cuba, República Dominicana y Puerto Rico; sobre todo a la primera y la última, aún por romper su yugo colonial. Esa concepción les fluye a partir de sus enfoques políticos. Defienden la redención del área y conciben su unidad para la defensa y progreso. El boricua durante toda su vida pretende ese concierto desde la Conferencia Antillana. Martí, sin oponerse a esa idea, tiene una visión distinta; busca con preferencia la “unión sutil y manifiesta en todo.” Sobre las tensiones geopolíticas que vislumbra en el área expresa las razones de su elección. Nunca abogó por la Federación o Confederación de las Antillas, sin embargo, ello no invalida que el cubano la aceptara como parte de un proyecto ulterior a la independencia.

Distinción pueblo-gobierno

La peregrinación de Baynoán declara: “pedid al pueblo (…) que os dé lo que tienen sus hijos”. Hostos, que no percibe cambios en la política antillana por parte del gobierno español, intenta conseguir respaldo popular, inicialmente de los liberales madrileños. Sin embargo, estos en el poder manifiestan una total incongruencia con lo que habían postulado. Los reclamos populares y las formas de hacer política de las administraciones diferían. La bifurcación pueblo-gobierno. Hostos la reitera en sus visiones de los Estados Unidos; nunca contó con el gobierno de la Unión, pero estima que “no debíamos prescindir del apoyo moral del pueblo americano”.

Martí no estuvo al lado de los liberales peninsulares; apreció cómo estos, ya en el poder: “Pidieron ayer, piden hoy, la libertad (…) y hoy mismo aplauden la guerra (…) para sofocar la petición de libertad de los demás.” Sus actividades políticas en el exilio le ubican al lado de los pueblos, en la mayoría de las ocasiones, le enfrentan a los gobiernos. Sobre los Estados Unidos en particular, vierte sus críticas opiniones sobre el gobierno, las cuales son consonantes a las de Hostos. Pero Martí exhibe en sus denuncias una mayor profundidad, dada por su permanencia en aquella nación y el conocimiento que adquiere de la misma. Por todo lo anterior sabe que: “La independencia de Cuba, y la de Puerto Rico (…) sólo estará garantizada (…) cuando el pueblo norteamericano (las) conozca y respete.”

Equilibrio hemisférico

Postularon de forma repetida que la región antillana es el fiel de la balanza política territorial. Hostos en 1870 señala: “las Antillas son políticamente el fiel de la balanza, el verdadero lazo (…) del porvenir”. Martí, años más tarde, reitera similar opinión. Sin embargo, en sus llamados añade un nuevo componente, el deber del área: “avisar, poner en guardia, revelar los secretos del éxito, en apariencia, (…) de ese país (los Estados Unidos)”. Sus pensamientos independentistas y de la misión continental de las islas sugieren la función equilibradora que Hostos y Martí plantean como tarea liberadora.

Legitiman la historia

No establecen diferencias éticas entre los intereses de nuestra emancipación y la gesta continental de la primera mitad del siglo XIX. De ahí sus expresiones segunda independencia, completamiento de la civilización americana, última estrofa del poema de 1810, o designio culminante de Bolívar. Son sus continuadores, no obstante, están conscientes de que sus campañas independentistas y anticoloniales tienen que encarar y resolver un problema mayor: levantar un proyecto de modernidad opuesto a los intereses de las potencias.

Sus extensas luchas a lo largo del último tercio del siglo XIX son razón suficiente para homologar sus obras. No existen relaciones arbitrarias entre las causas que auspician sus ideas y los resultados de ellas; pero sus afinidades también exhiben sus diferenciaciones.

Hostos en sus primeras concepciones políticas fue reformista, opuesto a las ideas de la anexión desde la defensa de la tradición hispanoamericana de cultura e identidad, luego evoluciona al latinoamericanismo como opción más real y viable. Sustenta, hasta el fin de sus días, las ideas de la confederación antillana.  Siempre recalca que la educación es fundamental en la obra política; lo expresa desde los inicios de su bregar revolucionario, al crear La liga de los independientes y al ocaso de su vida cuando constituye la Liga de los patriotas. Durante el período de la Tregua Fecunda forma conciencias, patriotas, los hombres del mañana, desde la educación se proyecta el político.

Martí es independentista de principio a fin. El antianexionismo del cubano entronca con el de Hostos, pero atiende al desborde preimperialista norteamericano. Martí no expresa criterios sobre la unidad formal de las Antillas. Su compromiso es sutil, pero manifiesto en todo, no formula ideales confederativos; así evade cualquier recelo u oposición por parte de las potencias de la época. Toda su labor, recuérdese, en silencio tiene que realizarla. Aprecia la importancia de la educación, pero ya en 1875 señala que ella no garantiza la obra de la transformación política que hay que realizar. Por eso al fundar el Partido Revolucionario Cubano creó un instrumento de acción revolucionaria para tomar el poder político. Con el fin de la Guerra de los Diez Años arriba una época de infructuosas tentativas revolucionarias en ese tiempo y, tratando de ahorrar inútiles esfuerzos, el liderazgo de Martí se concreta; el Partido Revolucionario Cubano no es un resultado casual, sino consecuencia de constantes desvelos.

Más allá de la puntual diferenciación Hostos, que fue el primer boricua a quien Martí refirió, entronca con el cubano en anhelos y esperanzas. Los dos esgrimieron similares argumentos de identidad e independencia a lo largo de sus obras revolucionarias. Concordaron en un ideal de emancipación humana, que sustenta una aproximación actual a la revelación del carácter histórico de nuestra identidad e integración regional.

Bibliografía:

-) Roberto González Gómez: Prólogo a Tan lejos de dios… de Antonio Gastambide, San Juan. Ediciones Callejón, 2005, p. XI.

-) EMH: “España y América”, en EMHOC, t. 9, pp. 175-176.

-) JM: “Carta a Manuel Mercado”, en OC. t. 4. P. 167.

-) EMH: “Discurso y rectificación, en la sesión celebrada por el Ateneo de Madrid en la noche del sábado 20 de diciembre de 1968”, en “Diario”, EMHOC, vol.I. t. I, pp. 101-102.

-) JM: El Diablo Cojuelo, en OCHC, t. I, p. 20.

-) JM: “A Valerio Pujol”, en OCHC, t.5. p. 191.

-) EMH: “Carta a José Manuel Mestre”, en EMHOCHC, vol. 3. t. I,  p. 66.

-) JM: “A Gonzalo de Quesada”, en OC, t. 4. p. 167.

-) JM: “Bases del Partido Revolucionario Cubano”, en OC, t. I. p. 279.

-) JM: “Las Antillas y Baldorioty Castro”, en OC, t. 4, p. 405.

-) EMH: La peregrinación de Bayoán, en EMHOC, vol. 3, t. I,  p. 215.

-) EMH: “A Miguel Aldama”, en Epistolario, EMHOC, vol. 3, t. I, pp. 60-61.

-) JM: “El presidio político en Cuba”, en OCHC, t. I, p. 66.

-) JM: “A los presidentes de los clubs del Partido Revolucionario Cubano, en el cuerpo de consejo de Key West”, en OC, t. I, p. 447.

-) EMH: Diario 29 de marzo de 1870, en Diario. EMHOCHC, vol. I, t. I, pp. 284-285.

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