Imaginando una Cuba post-embargo: el “mejor acuerdo”

Foto: Alejandro Ernesto / EFE

Creo que es preciso contextualizar el tema de una Cuba post-embargo a la luz de los eventos actuales. ¿Qué podemos esperar tras la victoria de Donald J. Trump en las urnas? ¿Cuáles serán los nuevos escenarios para la Isla en los próximos cuatro años?

Por años, Trump ha mantenido una posición ambigua con respecto a Cuba. En 1999, durante su campaña presidencial por el Reform Party, expresó en un discurso en Miami, ante la Fundación Nacional Cubano-Americana: “El embargo contra Cuba debe mantenerse”. A lo cual agregaría: “es inconcebible para mí, ver la mano suave de la actual Administración [de Clinton]; inconcebible que esto pueda pasar, especialmente con el espíritu que veo aquí en esta sala…”.

Lo que no diría en aquel discurso ante miembros de la Fundación Nacional Cubano Americana, es que un año antes ―tal como indica un reciente reportaje de Newsweek― Trump Hotels & Casino Resorts pagaría alrededor de 68,000 dólares a una empresa de consultoría por un viaje de indagación de negocios, con el cual presuntamente violó las leyes del embargo, según el reporte.

Posteriormente, tras el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos en 2014, indicaría que le parecía bien la iniciativa de Obama, aunque habría presionado para obtener “a better deal” o un “mejor acuerdo.” También comentó durante la visita de Obama a Cuba que estaría dispuesto a inaugurar un hotel en La Habana y a establecer negocios con la Isla en el momento adecuado.

En sus últimos días de campaña contra Hillary Clinton, antes de las elecciones, Trump se reunió nuevamente con un quórum de cubano-americanos ―esta vez mucho más reducido y apagado― en el Trump National Doral. Al terminar, cuando le preguntaron en una entrevista para un canal local si suspendería las relaciones diplomáticas con Cuba, expresó: “Se las pondría difícil, hasta que ese momento llegara, porque se puede lograr un “mejor acuerdo” para el pueblo cubano y para Estados Unidos (…). Me aseguraría que esa negociación se logre, o yo no tendría que ver nada con ellos” [énfasis mío].

¿Quién se impondrá? ¿El Trump político o el negociante?

FRENO O REVERSIÓN A LA NORMALIZACIÓN

Especulemos sobre algunos de los escenarios que puedan avecinarse. En el más desafortunado de los casos, se revierte por orden ejecutiva el proceso de normalización, interrumpiéndose los avances en libertades de viajes, negocios, intercambios culturales, académicos y científicos, así como la colaboración inter-gubernamental. Tal desenlace supondría una reversión de los procesos en marcha en detrimento de los intereses de una compleja red de sectores involucrados. Sería, quizás, el menos probable de los escenarios, dado su alto costo político.

En una versión más moderada y plausible de la “reversión”, es posible que Trump identifique puntos menos controversiales que minimicen los riesgos políticos y legales. Podría restituir, por ejemplo, las regulaciones que impiden la recepción de remesas por parte de cierto sector político-militar en la Isla, levantando quizás también nuevamente barreras para transacciones financieras con grupos específicos. La Ley de Ajuste Cubano es un tema candente y es muy posible que se mantenga, pero no sería descabellado prever que Trump y los integrantes de su gabinete ―si por ninguna otra razón, motivados por su radical sentir anti-inmigrante―, propusieran la reducción o eliminación de algunos de sus beneficios.

En cualquiera de sus versiones, la interrupción o degradación del proceso de normalización es una opción no del todo improbable. No tanto por las promesas de Trump a sus fervientes cubano-americanos, las cuales, después de todo, estuvieron motivadas por intereses muy concretos en cuanto a la obtención de votos, sino porque su escasa experiencia política lo hace más susceptible a ser influido por los integrantes de su gabinete y resto del personal que él mismo ha designado.

Sobresalen todos por sus posturas anticubanas. Michael T. Flynn, nominado para asesor del Consejo de Seguridad Nacional, es un Teniente General retirado, ex-director de la AID (Agencia de Inteligencia de Defensa), quien ha elaborado una nueva versión del “eje del mal” de George W. Bush. Para Flynn, los protagonistas de esta narrativa son los islamistas radicales, acompañados por Corea del Norte, China, Venezuela y Cuba. Mike Pompeo, seleccionado por Trump para director de la CIA, expresó el 17 de diciembre acerca del anuncio de restablecimiento de relaciones con Cuba: “Ya sean los Ayatollahs en Irán, o los Castros en Cuba, el Presidente [Obama] parece buscar una zona de confort con los enemigos, a expensas de nuestros amigos y de nuestros principios.” Para el puesto de Fiscal General, el presidente electo ha recomendado a Jeff Sessions, senador por Alabama, conocido por sus posturas anti-inmigración. Su record de votos con respecto a Cuba es más elocuente que cualquier proclama política: excepto algunos favorables, el resto ha sido perjudicial. En 1997 y en el 2005 votó en contra de enmiendas que abogaban a favor de los viajes humanitarios; en el 2001, lo hizo en contra de una que proponía certificar que Cuba no estaba involucrada en actividades terroristas.

Desalentador es también la nominación, para el equipo de transición, de los cubanoamericanos Mauricio Claver Carone, Yleem Poblete, John Barsa, Mercedes Shlaap y el académico Carlos E. Díaz Rosillo. Coinciden todos, más o menos explícita/radicalmente, en sus posiciones pro-embargo y en un total desconocimiento de la realidad cubana. Es muy probable, por tanto, que el tema Cuba sea usado, una vez más, como palanca de concesión política o simplemente, que sea removido de la posición de alto perfil lograda con la Administración Obama.

CONTINUIDAD DEL PROCESO

Cuando le preguntaron en el show televisivo “Morning Joe”, sobre con quién conversaba consistentemente sobre política externa, Trump expresó: “Conmigo mismo. Yo escucho a mucha gente pero mi mejor consultante soy yo mismo, porque tengo muy buen instinto para estas cosas.”

Si Trump se “escucha a sí mismo” ―a sus instintos pragmáticos de negociante, y no a los “expertos” de su equipo de transición―, pudiera ser que no se opusiera a la continuación del proceso de normalización, claro, buscando un “better deal”, expresión con la cual acaso aluda, indirecta o quizás inconscientemente, a un “mejor negocio” en el sentido de ganancia económica, y no solo política.

En este sentido, el desmantelamiento de sanciones no tendría que ser, en principio, necesariamente antagónico a la narrativa de una Administración liderada por magnates, más que por ideólogos ―con un Rex Tillerson, director general de la Exxon Mobil, recién nominado como Secretario de Estado (aunque es cierto que el consenso republicano congresional pro-embargo limitaría con mucho esta agenda).

Esto, sin dudas, pudiera ser alentador; pero también, paradójicamente preocupante. Las dinámicas de “engagement” fomentadas por la nueva Administración estarían lejos de eso que Zizek sarcásticamente ha denominado “capitalismo cultural” o “capitalismo de Starbucks”, de acuerdo con el cual, si bien se impone la ganancia como objetivo final, existe todavía cierta “culpa”, la cual se trata de paliar apelando al humanismo caritativo de un “capitalismo responsable”. (Starbucks asegura que su “misión” está basada en una plataforma ética que incluye prácticas justas de compra y venta del café (fair trade), apoyo a los campesinos productores, y contribución a la preservación del medioambiente y a las comunidades consumidoras de sus productos).

El capitalismo clientelista y mercantilista de Trump se ubica precisamente en las antípodas de esta versión. Durante la campaña electoral, el magnate se autodefinió como un proteccionista que quiere penalizar la subcontratación en virtud de la cual compañías norteamericanas hacen sus fortunas en el extranjero. Tiene, sin embargo, numerosas inversiones y negocios fuera de Estados Unidos, acompañadas por un amplio historial de maltrato laboral y una total ausencia de interés hacia el empoderamiento regional de esos lugares. Asimismo, a pesar de presentarse como el gran proveedor de empleos a la clase media norteamericana, ha exhibido un total menosprecio por la misma.[1]

El gobierno de Cuba ha expresado reiteradamente su interés en priorizar la inversión a gran escala de capital foráneo. Como plataforma y objetivos de la atracción de inversión extranjera se ha planteado “el acceso a tecnologías de avanzada, la captación de métodos gerenciales, la diversificación y ampliación de los mercados de exportación, la sustitución de importaciones, y el acceso a financiamiento”. En caso de que los nuevos sectores que dominarán el panorama económico y político en Estados Unidos buscaran acercarse a la Isla no lo harían, necesariamente, para complementar y empoderar proyectos nacionales, sino para proponer sus propias agendas de inversión, las cuales incluirían, presuntamente, la ventaja de una mano de obra barata y altamente calificada.

No son las dinámicas del capitalismo “suave” y “humanista” de Starbucks las que se avecinan, sino las de uno brutal, radical y políticamente incorrecto. ¿Qué restricciones serían impuestas a corporaciones norteamericanas que, adscritas a estándares como los practicados por Trump, dada una situación de restablecimiento total de relaciones, buscaran ser parte de un escenario post-embargo? ¿Qué limitaciones enfrentarían con respecto a su radio de acción y prácticas de empleo?

Sería crucial continuar “estrategizando” el empoderamiento e incentivo a los emergentes sectores de la micro, pequeña y mediana empresa no estatal, como forma de fortalecer el capital económico nacional. Son estos sectores los que, a nivel global, representan formas alternativas de subsistencia, autogestión y hasta resistencia, ante la hegemonía de los grandes monopolios. En una Cuba post-embargo, y en la Cuba de ahora, pueden jugar un papel de mayor resistencia ante la imposición de actores de mayor perfil, abarcando zonas concretas de la economía que claman por una urgente revitalización. Y si como ha expresado el presidente Raúl Castro, existen fuerzas externas que buscan subvertir el proceso revolucionario a través del empoderamiento externo de estos sectores, ofrecerles apoyo desde adentro y posibilitar su rango de acciones puede ser también una forma de contrarrestar agendas de cambio de régimen, al asegurarse una mayor estabilidad económica para el país.

Temas como el del medio ambiente son también “alerta roja” para los tiempos que se avecinan. El Partido Republicano en Estados Unidos tiene preparado un paquete de medidas de impacto negativo, entre las cuales se encuentra el corte de fondos para la investigación sobre fuentes energéticas alternativas; el bloqueo a restricciones en cuanto a derramamiento de petróleo y perforación; el bloqueo de restricciones a riego de pesticidas, por mencionar solo algunas. La ignorancia de Trump en estos temas, así como su invertido orden de prioridades, dará probablemente luz verde a muchas de estas propuestas. ¿Qué impacto tendría el triunfo de las mismas en un panorama de mayor intercambio comercial y turístico entre Cuba y Estados Unidos?

Lo novedoso en sí no es la vulnerabilidad en que se encuentre Cuba con respecto a Estados Unidos, la cual, lejos de ser la excepción, ha definido la relación entre ambos países. Lo novedoso es que la “normalización” queda, “por default”, inserta en el contexto geopolítico de dinámicas como las promovidas por Trump: las de un capitalismo radicalmente individualista, competitivo, anti-intelectualista y anti-humanista.

RETOS

A pesar de todo, no es prematuro especular sobre una Cuba post-bloqueo. Hay ya aspectos de las dinámicas socioeconómicas actuales, que pueden potenciarse en una situación de mayor liberalización económica, y que ameritan atención. Sin duda, las reformas, que han posibilitado la emergencia del sector no estatal, han sido no solo positivas, sino necesarias. Pero estas también han venido acompañadas por una progresiva estratificación y división en la sociedad. En el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en 2016, se ratificó que no se permitirá la concentración de propiedad ni de riquezas, lo cual pone en miras un anhelado horizonte de equidad. Los hechos, sin embargo, apuntan a que la brecha entre sectores de gran empoderamiento económico, y otros que subsisten en precariedad es real y puede agravarse. El mayor reto quizá será impulsar una economía competitiva generadora de riquezas, evitando la excesiva concentración de capital.

Por otra parte, existe una notable falta de regulación en muchas áreas. Han aflorado, por ejemplo, elementos de racismo en los procesos de contratación y empleo dentro del sector privado. Algunos clasificados de páginas de Internet explicitan que buscan solamente a personas blancas para ciertos trabajos. No debe haber en una Cuba actual o futura, menos aún, socialista, espacio para tendencias como estas, que atentan contra los propios ideales de la tradición revolucionaria. Deben existir mecanismos de regulación y prevención que pongan freno a su proliferación.

A la vez, se impone seguir promoviendo una cultura de debate público que, desde el respeto, la confianza, la transparencia y la pluralidad de ideas, busque soluciones a problemas acuciantes de la realidad nacional. Estas dinámicas deben ser aceptadas como saludables y aún más, imprescindibles, para el desarrollo pleno del país. No deben ser confrontadas con la penalización de quienes ejercen su derecho a la crítica, sino con soluciones concretas y reales.

Los últimos debates sobre la necesidad de una Ley de Cine y de Prensa son un ejemplo de ello. Se precisa de la implementación de marcos de legalidad que promuevan espacios de legitimidad, adaptados a las demandas de los nuevos tiempos. Esto aseguraría la aceptación de iniciativas de comunicación social que, sin ser necesariamente estatales, pueden contribuir a la canalización de problemas e inquietudes de orden público.

Para todo esto, se impone la aceptación del acceso masivo a Internet como una práctica no solo normal, sino necesaria. No se concibe una Cuba en desarrollo con una ciudadanía “desinformatizada”, alejada de las formas de comunicabilidad e información digital que son ya un lugar común en muchos lugares del mundo, incluso en aquellos con marcados índices de pobreza.

Es cierto que es aún más difícil el tratamiento y avance de estos temas dentro de un panorama de mayor hostigamiento como el que puede aproximarse; mas no por ello, deben seguirse postergando.

Otro de los retos más complejos a enfrentar es el de visibilizar la oposición entre un paradigma de ganancia individual y otro progresista de economía solidaria y cooperativa, enfocado en la comunidad, la autogestión y relaciones de producción no alienantes. ¿Cómo presentar a los jóvenes cubanos la idea de que el bienestar no radica en el consumo conspicuo sino en una estabilidad económica, no acumulativa, de impacto comunitario? Es difícil trasmitir esta narrativa en un panorama de estratificación creciente, y cuando incluso a nivel mundial, las formas de producción y distribución de riquezas parecen centrarse en la priorización del capital y no en la valorización del ser humano.

Más allá de la complejidad de los tiempos en que vivimos; más allá de la hipocresía y volatilidad política del recién electo presidente, nos debemos, como nación, la posibilidad de pensar todos estos temas con la esperanza, la apertura de mente y la creatividad que nos augure el mejor de los desenlaces posibles: el de una Cuba sin bloqueo, plural, renovada y en continuo desarrollo, pero ante todo martiana, donde el culto a la dignidad plena del hombre continúe siendo un tema de prioridad y, en última instancia, nuestro “mejor acuerdo.”

NOTAS:

[1] Según un reporte del  New York Times, desde el 2010 más de 300 residentes estadounidenses han solicitado trabajo en el club Mar-a-Lago en Palm Beach, propiedad de Trump, obteniéndolo solo 17 de ellos, según récords federales. Trump compró visas a cientos de trabajadores rumanos para evitar pagar pensiones y beneficios.

Sobre los autores
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
Cuba Posible 187 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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