Apuntar al cielo: la indetenible transformación del escenario comunicativo cubano

Foto: Geeksontour.com

En los dos momentos de debate popular que antecedieron a la elaboración de los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” (en 2007, tras el discurso del presidente Raúl Castro en Camagüey, y en 2011, con la publicación del primer borrador de ese programa), el estado de la prensa y la comunicación en el país tuvo importantes menciones en gran parte de las asambleas realizadas por todo el país.

La crítica al secretismo y otros problemas del ejercicio periodístico en Cuba abrió el cauce para escuchar los criterios de la ciudadanía sobre la prensa. Se impulsó un debate que generó expectativas sobre la posibilidad real de asumir un proceso de transformaciones, en tanto todos los actores parecían estar de acuerdo con la necesidad de cambiar.

Cinco años después, y tras casi finalizar otro proceso de análisis sobre la plataforma económica y social que deberá implementar el Partido Comunista de Cuba (PCC) en el futuro próximo, el análisis sobre la necesidad de la transformación de la prensa ha llegado a una nueva dimensión, sin, por lo visto, haber reaccionado a los reclamos de las cubanas y los cubanos sobre sus medios de comunicación.

Ya entre audiencias y profesionales de la prensa no solo se habla del secretismo. Aparecen conceptos como “medios alternativos”, “blogosfera”, “medios privados”, “medios públicos”; aspectos inimaginables pocos años atrás en el contexto cubano, y que parecieran haber sido colocados en pugna por los distintos actores involucrados en su gestión. A pesar de la permanencia del tema, no obstante, se aprecia poco debate real, y sí mucho de incomunicación, ante un asunto que ya no puede ser entendido en los mismos términos. 

Cuba Posible ha invitado a cuatro periodistas de distintas generaciones, lugares y experiencias, para contribuir al debate público sobre un tema que concierne también a una ciudadanía cada vez más activa en su configuración.

Comparten criterios Omar George Carpi, Premio Nacional de Periodismo José Martí y periodista de la televisión local en Cienfuegos (Perlavisión); Jesús Arencibia Lorenzo, profesor universitario, periodista de Juventud Rebelde y colaborador de otros medios de prensa; Mónica Baró, editora/reportera en la publicación digital Periodismo de Barrio; y Maykel González Vivero, freelancer, cuyos textos se publican en varias plataformas digitales.

Podrá encontrarse aquí consenso y disenso en puntos notables. Consenso, por ejemplo, en la necesidad de establecer mecanismos legales para la labor de la prensa, y disenso en cuanto a los caminos y alcance que está tomando el debate actual sobre los modelos de gestión de la propiedad de los medios de prensa en el país. Esa diversidad es un síntoma de la pluralidad existente a escala social, sobre la cual se podrían trazar rutas de diálogo eficientes, que conduzcan a la construcción colectiva del nuevo escenario tan demandado para el ejercicio de la prensa en Cuba.

CP: ¿Qué elementos definen al sistema de comunicación en la Cuba actual?

Jesús Arencibia Lorenzo: “Sistema de comunicación en Cuba” engloba una realidad mayor que la que conozco. Por tanto, me referiré al sub-sistema de prensa y medios periodísticos, que es en el que me he conducido.

Dicho esto, apunto que se trata de una maquinaria bastante ineficiente. Pertenece a y se administra por el Partido-Estado-Gobierno (que no significa en rigor pertenecer y ser administrado participativamente por el pueblo). De ahí que el ente de supremo poder político le asigne al conglomerado, con mayor frecuencia, una misión instrumental propagandística, que dista mucho de la periodística que debería asumir. No es extraño entonces que, por lo general, prime un enfoque en exceso ideologizado de los asuntos, una incorrecta y poco democrática selección y renovación de los directivos mediáticos, y una deficiente política de inversión en recursos tecnológicos.

También nos referimos a un sub-sistema que, intencionadamente, ha carecido de leyes, y se rige por normativas, orientaciones, indicaciones, “señas” de arriba hacia abajo con carácter partidista, y, en los más felices casos, por la cultura profesional de sus hacedores. De estos, mis compañeros de brega diaria, habría que decir que constituyen un grupo de profesionales entre los que prima la honradez y humildad; salvo raras excepciones, son personas decentes y comprometidas con su país que han intentado, a contracorriente, la recuperación de las funciones periodísticas que fueron paulatinamente sustraídas a los medios por el poder dominante.

De ahí que el gremio haya venido reclamando por décadas, en distintas formas y escenarios, ante los decisores políticos, hacer un periodismo crítico y entretenido, no sensacionalista, pero tampoco propagandista. Ese noble afán —que puede rastrearse, por ejemplo, en actas de plenos, congresos, festivales y encuentros periodísticos de diversa índole—, por múltiples circunstancias, muchas veces ha quedado solo en eso, en el afán.

En resumen, hablamos de un aparato de prensa que pide a gritos una trasformación y democratización, con el consiguiente control ciudadano y profesional de su funcionamiento.

Omar George: En mi opinión, el sistema de comunicación en Cuba está aún muy influido por las facultades que se arrogan ciertas administraciones para ejercer un poder ejecutivo prácticamente ilimitado sobre la información de interés público, la cual se dirime en un contexto en el que no pocos organismos administrativos han convertido la información en un feudo particular, y de paso, han “tupido” los vasos comunicantes que deben facilitar los vínculos entre la ciudadanía y sus instituciones.

El efecto más visible de esta distorsión se aprecia en la prensa, como componente de ese sistema de comunicación: la administración todavía concibe a la prensa como un apéndice divulgativo, como un aparato de propaganda que debe reproducir su discurso, lo que se corresponde con ciertas tendencias que defienden una concepción instrumental, vertical, unidireccional y centralizada de la misma.

Baste esgrimir el ejemplo de cómo todavía los contenidos más importantes suelen elaborarse fuera de los medios, con técnicas no periodísticas: es el caso de las notas oficiales. Incluso, hasta el propio PCC, en ocasiones, ha asumido posiciones afines a las de las administraciones, que lo han llevado a intervenir en la gestión de los medios. Este análisis, no obstante, pecaría de incompleto si no tuviera en cuenta un condicionamiento histórico que hace del cubano un fenómeno atípico.

Ninguna sociedad o proceso político ha estado sometido a las circunstancias que la vida nos ha impuesto: políticas de bloqueo económico, acoso propagandístico y amenazas de agresión que, en no pocos casos, han aconsejado discreción en todo lo que pueda ser sensible. Y como en otros ámbitos de nuestra sociedad, la comunicación ha tenido que pagar un alto precio por ello, cada vez que esa elemental precaución se ha magnificado e hiperbolizado.

Mónica Baró: En cualquier sociedad, el sistema de comunicación, en especial el sistema de prensa, debe analizarse a partir de las relaciones de interdependencia que establece con el sistema político.

En el caso de Cuba, esas relaciones son aún más evidentes. Desde la propia Constitución, las libertades de prensa y palabra quedan fuertemente condicionadas, pues el artículo 53 las reconoce en la medida en que sean ejercidas “conforme a los fines de la sociedad socialista”, o sea, que si los fines fueran otros, se negarían. Pero, en principio, que esas libertades sean ejercidas conforme a los fines de la sociedad socialista no debería suponer un problema.

Los fines de toda sociedad socialista podrían sintetizarse en la construcción del socialismo mismo, es decir, en la constante socialización del poder. Y cuando se socializa el poder, en términos comunicativos, se socializan los discursos, las maneras de comprender la realidad, la información pública, los medios para comunicar, la memoria histórica. Una sociedad socialista no debería generar exclusiones. La esencia del socialismo como paradigma es precisamente la emancipación humana con justicia social, la creación de un sistema donde sea posible la convivencia en paz y armonía entre distintos y con la naturaleza.

Maykel González Vivero: El sistema de comunicación cubano está signado por el absorbente papel del Estado y sus estructuras ideológicas. Organizado verticalmente, como tantos aspectos de la vida del país, el sistema mediático cubano se rige desde presupuestos fundamentalmente políticos, a menudo enfrentados con necesidades o aspiraciones de índole pública e incluso comunicológica. Se ha naturalizado el papel del Estado como fuente principal, a veces exclusiva, de información. En este clima, la censura prolifera en todas sus variantes. La gestión de los medios carece a menudo de una “mentalidad mediática”.

CP: Agenda pública, agenda política, agenda mediática. ¿Qué conexiones se establecen hoy entre esas agendas? ¿Alcanza el actual sistema de comunicación a propiciar un acceso y una participación efectivos de ciudadanas y ciudadanos en la discusión sobre “lo público” en Cuba, y con ello, la representación de sus agendas?

Jesús Arencibia: Pienso que las agendas política y mediática del país se encuentran bastante vinculadas, de tal forma que la segunda ha sido, por lo general, en las últimas décadas, una traducción acrítica de la primera al lenguaje de medios. Sin embargo, ambas se han ido distanciando notablemente de la agenda pública, en la que —sobre todo con la irrupción de las tecnologías de información y comunicación, y el acceso creciente de la población a fuentes informativas distintas de las oficiales—, han surgido y se han consolidado voces alternativas que enriquecen el debate sobre lo socialmente relevante.

Como ya se ha evidenciado, el actual sub-sistema periodístico nacional no alcanza, ni por asomo, a propiciar un acceso y una participación efectivos de ciudadanas y ciudadanos en la discusión sobre lo público en Cuba y, con ello, a la representación de sus agendas.

La prensa nacional, como la sociedad, está cambiando, pero lentamente. Y subrayaría el adverbio de modo, porque en verdad es más lento, creo, de lo que necesitaríamos para echar adelante el país. Si vemos las decenas de medios alternativos que han surgido: sitios web, blogs, revistas digitales on y off line, boletines, radios comunitarias, audiovisuales de producción independiente, el bolsón del Paquete y aledaños… en fin, todo lo generado con cierta periodicidad y enfoque periodístico, anclado y financiado desde dentro o fuera de Cuba y dirigido a la sociedad cubana, entonces debemos convenir que el periodismo cubano está cambiando.

Sin embargo, sucede que, como aún el bloque de medios que consume una gran parte de nuestra población siguen siendo los tradicionales-oficiales del país, reproductores simples, casi siempre, de la voz política gubernamental, pudiera alguien pensar que la transformación no está ocurriendo. No obstante, los miles de compatriotas que ya contrastan lo que oyen y ven en la prensa estatal con las otras voces mediáticas sobre su realidad, que les llegan por disímiles vías (Internet, intranet, email, memoria flash, “radio bemba”, Paquete, Mochila…), pudieran desmentir tal observación.

Sería injusto afirmar que en el conglomerado mediático gubernamental no se atisban igualmente ciertos cambios. Lo que ocurre es que estos son ínfimos respecto a lo que se requeriría para cumplir el encargo social del periodismo: formar parte activa y mediadora de la conciencia crítica de una sociedad. Luces aisladas como un reportaje en el periódico Escambray, de Sancti Spíritus; un programa informativo de Alta Tensión en la emisora provincial de Villa Clara; una crónica filosa en el Invasor, de Ciego de Ávila; una serie de trabajos cuestionadores en el Sistema Informativo de la Televisión Cubana son, lamentablemente, solo eso, admirables luces aisladas que se pierden en una noche densa de propaganda.

Omar George: Los medios forman parte del sistema político, lo integran, lo producen y reproducen. Aunque ligados al sistema político por vínculos éticos, jurídicos, culturales e ideológicos, los medios deben aspirar a expresarse a partir de sus propia prácticas, con autonomía profesional, para formar una opinión pública alerta, informada y crítica.

El sistema de medios y de comunicación pública mantiene con el sistema político que los incluye, una relación dinámica y dialéctica, no exenta en algunos casos de conflictos y contradicciones. Se trata de una relación natural. El peligro —sobre el que reiteradamente se ha venido alertando en un contexto de relaciones que en las actuales condiciones de Cuba busca perfeccionarse y dejar atrás prácticas obsoletas—, sobreviene cuando se pretende utilizar excesivamente a los medios como instrumentos directos del sistema político; pues esta realidad limita sus potencialidades como instituciones generadoras de procesos educativos y comunicativos.

Cualquier intento de monopolizar políticamente a los medios, puede conducir a su parálisis y a la interrupción de flujos de información de vital importancia para la sociedad; ello generaría efectos que pueden afectar, incluso, al propio sistema político. El empleo instrumental de la prensa desaprovecha sus amplias potencialidades para crear una atmosfera política y moral que facilite la solución de muchos de los problemas que plantea la agenda pública.

Creo que aún falta una visión estructural y funcional para organizar la comunicación en nuestra sociedad, al menos la que cabría esperar de una sociedad socialista como la nuestra, con una población instruida, educada, que sabe razonar. Bajo estas premisas, creadas precisamente por la Revolución, nadie puede pretender tener éxito sin comunicarse, sin tener una expresión de comunicación hacia la población, hacia la sociedad, hacia el país.

En realidad, se requiere una mayor coherencia entre las distintas formas de comunicación y participación ciudadanas en pos del conocimiento, el debate y la decisión de los asuntos de interés público: necesitamos procesos horizontales de comunicación donde todos participen, porque ello implica el consenso de una sociedad moderna.

Esta aspiración debe apuntar a una prensa que dialogue con el pueblo, no que solamente le trasmita al pueblo; pero también, a la eficacia de un sistema inter-institucional que incluya la participación de organizaciones políticas y sociales para recibir, tramitar y responder cualquier queja o petición individual o colectiva.

Es que el problema de la ampliación multilateral de la información está relacionado con la eficacia de todo nuestro sistema de comunicación y propaganda. El asunto tiene implicaciones políticas diversas, porque una buena información hace que la ciudadanía esté mejor preparada para participar, precisamente porque tiene más información.

Una buena información hace que la ciudadanía pueda ejercer mejor el control sobre la actividad gubernamental, es decir, un reforzamiento de la democracia cotidiana, que no se puede limitar a los procesos eleccionarios ni a las rendiciones de cuenta del delegado a sus electores.

Siempre me he preguntado si es un mérito o una razón para preocuparse, el hecho de que haya personas que, después de agotar en vano las gestiones para resolver un problema, acuden en última instancia a la prensa y esta logra lo que no pudieron sus gestiones personales.

En parte es bueno, porque al menos así, indirectamente, se pone de manifiesto ese papel inherente a los medios como facilitadores del diálogo entre el pueblo y las instituciones. Aunque, por otra parte, me preocupa que algo se resiente en los mecanismos por donde debe fluir una dinámica de comunicación institucional, como parte de la comunicación pública.

Mónica Baró: Lo que suele ocurrir en la cotidianidad nuestra es que esas libertades son ejercidas conforme a lo que la dirección del PCC entiende que son los fines de la sociedad socialista. No son los periodistas, ni las asociaciones de periodistas, ni los sindicatos de periodistas, ni las academias de periodismo, ni los consejos editoriales quienes deciden agendas, perfiles, enfoques, rutinas. Ni siquiera los periodistas de los medios estatales que militan en el Partido cuentan con ese poder de decisión. El poder de los periodistas para decidir acaba donde comienzan los intereses del Gobierno. Las razones de la política estatal siempre prevalecen sobre las razones de la prensa.

Si bien es posible identificar diferencias entre los medios estatales, esas diferencias son muy sutiles, están dadas por los temas abordados, estéticas, estilos o lugares que cubren. Nunca publicarán nada que la suprema dirección del Partido no quiera que se sepa. Si critican, critican a la sociedad (por sus indisciplinas, malos hábitos, delitos, falta de conciencia política) y a directivos o funcionarios de empresas o instituciones locales. No critican la gestión, por ejemplo, de los principales secretarios del Partido, del presidente y los vicepresidentes del país, de los ministros y viceministros, o de los generales.

Ninguna redacción nacional o provincial publicará nunca un trabajo, del género que sea, que difiera de la política del Estado, que, por ejemplo, cuestione alguna decisión del Gobierno o polemice con un criterio del presidente Raúl Castro. Y ninguna redacción internacional publicará nunca un trabajo que difiera de la política exterior de Cuba, como si los periodistas, en lugar de periodismo, tuvieran que hacer diplomacia.

No es raro encontrar fuentes oficiales que perciban la prensa como un eco que debe expandir acríticamente la información, los debates y las opiniones que estiman que la sociedad debe conocer; que perciban a los periodistas como voceros a su servicio, a los que deben dar orientaciones sobre cómo hacer su trabajo, qué decir, qué no y cómo decirlo; que perciban una entrevista como un favor que te hacen y no como un deber que viene con el cargo público o administrativo que ejercen. Y en muchas ocasiones no es porque sean personas ignorantes, ni porque obren de mala fe, ni porque tengan cosas que ocultar.

Si conciben el periodismo de esa manera es porque, en gran medida, el sistema de comunicación del que forma parte el periodismo, sus estructuras legales y organizativas, convierten al periodismo en un instrumento del poder político, en lugar de legitimarlo como un poder independiente. Las mismas personas que se encuentran en cargos públicos y administrativos y cuya gestión debería ser constantemente fiscalizadas por la prensa, son quienes deciden sobre la prensa.

Al final, lo que nos ha pasado es que, intentando evitar el surgimiento de monopolios mediáticos como los que existen en muchos países capitalistas, hemos acabado monopolizando los medios de otra manera: mediante la estatalización.

Maykel González Vivero: La agenda mediática se constituye a partir de la agenda política, sin negociación generalmente. En cuanto a la agenda pública, las prácticas al uso asumen que queda subsumida, insertada, en las opciones de un discurso político muy polarizado. Precisamente la ciudadanía más consciente sí suele observar cómo los medios van por un rumbo distinto a las necesidades de discusión pública.

En los últimos años, la agenda mediática intenta hacer sitio a ciertas voces de la ciudadanía, siempre que no interfieran con las matrices de la agenda política, siempre que evadan contradicciones de carácter estructural. Esta relación entre las distintas agendas ha puesto en crisis la credibilidad de los medios cubanos en su rol de medios públicos.

CP: ¿Qué mecanismos podrían garantizar una participación efectiva de la ciudadanía y de las/os profesionales de la comunicación y la prensa, en la definición, la concepción y el funcionamiento de ese modelo?

Jesús Arencibia: No creo que ningún “mecanismo”, por sí solo, bastaría siquiera para impulsar una participación efectiva de la ciudadanía y de las/os profesionales de la comunicación y la prensa en el funcionamiento del sistema comunicativo cubano.

Se necesitan cambios estructurales y super-estructrurales profundos, que rediseñen el modelo de sociedad-país a la par que se rediseña el modelo de comunicación. Solo en un entorno donde se hayan renovado vías, espacios, formas y garantías de participación ciudadana en los asuntos de interés público —esto es, ni más ni menos, en un entorno—nación que haya reencontrado su camino a la democracia (que siempre es un camino, nunca una conquista)-, podrá el sistema comunicativo regenerarse y comenzar a cumplir su verdadero encargo social.

Por supuesto, esta mega transformación necesita de “motores pequeños” que la echen a andar. Y estos se producen cada vez que en cualquier espacio público —desde la cola de la bodega hasta una reunión de cineastas o un post candente en un blog—, los ciudadanos corremos el límite de lo posible, de lo permitido (por el poder), y avanzamos un paso más hacia la pluralidad y el consenso. Me refiero, como ha dicho un admirable intelectual cubano, a la rebeldía (y la herejía) como un estado de madurez de la cultura.

Omar George: Al más alto nivel político y gubernamental, se debería —y de hecho, me consta que se trabaja en ello— redefinir claramente la actualización que necesita el modelo de comunicación de una sociedad como la nuestra, abocada a cambios trascendentales en todos los órdenes: un modelo de comunicación socialista.

En dicha propuesta no puede faltar una diáfana conceptualización de la misión social de la comunicación, su sistema de relaciones y los marcos de regulación en que legalmente debe sustentarse.

Una actualización que debe nutrirse de las reflexiones derivadas de un amplio intercambio que incluya a las estructuras superiores de dirección de nuestra sociedad, los organismos de la administración central de Estado, los medios y las organizaciones políticas, de masas, profesionales y gremiales… En fin, reflexiones que no deberían quedar en espacios restringidos, que trasciendan a espacios públicos y no sean privativas de expertos y entendidos; todo ello para que las políticas y las leyes resultantes incorporen las aspiraciones de los más variados sectores sociales, y que a la vez, el proceso mismo de reflexión, legislación y aprobación genere una conciencia y una cultura sobre el lugar cada vez más determinante que ocupan las lógicas de la información y la comunicación en la vida social.

Mónica Baró: No hemos, de ninguna manera, socializado las libertades de prensa y palabra, ni hemos promovido esa socialización aprovechando las nuevas tecnologías. La estatalización no es socialismo. Ni es menos nociva que la monopolización capitalista. En esencia, la estatalización sigue siendo una manera de concentrar poder en una minoría: el poder de contar las historias de nuestro país y sus múltiples verdades.

Además, hemos generado otro mal: cedimos el poder sobre la prensa a quienes dirigen y administran el país, es decir, a las mismas personas cuya gestión se supone que la prensa debe fiscalizar. Por un momento, no pensemos en los nombres, en las personas, ni en las lealtades a esas personas, sino en el modelo que estamos reproduciendo, y preguntémonos si el periodismo que queremos para Cuba es un periodismo instrumentado por el poder gubernamental. ¿Cómo pueden ser más confiables los criterios de los periodistas que los de los dirigentes? ¿Por qué?

Maykel González Vivero: Creo que un camino factible sería la discusión, el debate, el repensar los medios; así como la legislación, la regularización del sistema de comunicación. Claro, estos mecanismos solo serán posibles cuando los profesionales de la comunicación se empoderen y asuman un verdadero compromiso con la agenda pública.

Es poco probable que la ciudadanía pueda modelar los medios que desea, si sus propias posibilidades como sociedad civil están limitadas y casi nunca tenga consciencia de sí misma. La participación es la clave, ¿pero cómo construirla? Hay que esbozar y construir, siquiera por grados mínimos, un modelo de medios más flexible, enemigo de la polaridad discursiva, apegado a su contexto social. Es tarea de muchos, incluso de los actores políticos que deben empezar a construir su agenda en función de lo público.

CP: En el actual contexto ocurre un debate sobre los modelos de gestión de la prensa en el país y el potencial rol de un renovado marco legal sobre la comunicación y la prensa en Cuba. ¿Tiene pertinencia ese debate en Cuba hoy? ¿A qué debería conducir esa discusión?

Jesús Arencibia: Ese debate es en extremo pertinente en la Cuba de hoy. Y deberá conducir, no sin dolores y desgarraduras, a un sistema comunicativo que cumpla más cercanamente al ideal, la función para la que existe. En cuanto al marco legal que ha de circunscribir ese naciente sistema de comunicación, ojalá, en lo atinente a la prensa, respalde con férreas letras: 1) La garantía de derecho y respeto a la diversidad de medios (de propiedad diversa, como es lógico) y, por tanto, de variedad de enfoques sobre la realidad cubana; 2) el irrestricto derecho ciudadano a la información de carácter público y al control efectivo sobre los grandes medios estatales, y 3) la condena a cualquier ejercicio periodístico que rebaje, afecte o discrimine (en sus grandes contornos generales) “la dignidad plena del hombre”.

Omar George: Un Estado o gobierno, en representación de toda la sociedad, puede cumplir con eficacia su papel como dueño y administrador de medios, si se apoya en una gestión profesional directa de estos, ejercida con plena capacidad y autonomía.

Pero ello no puede ser una aspiración o un cometido exclusivo de los medios, sus directivos y periodistas, sino un propósito de todo el entramado social. Ello implicaría reflexiones y acciones tanto en la propia prensa como en las fuentes de información, el Partido y todas las instituciones de la sociedad. Y especialmente, en la manera en que los receptores perciban cada vez más a esa prensa como un servicio público comprometido con los fines de nuestra sociedad.

Se impone pues, desarrollar y consolidar los marcos legales referidos a la gestión de comunicación pública y al trabajo de la prensa en particular y no dejar ese espacio solo a la política y a sus orientaciones escritas o no. Puede ser una Ley de Prensa o una entidad estatal que se ocupe de las tareas y dinámicas propias de la comunicación.

Mónica Baró: En todas partes las libertades de prensa y palabra son reguladas. Es cierto que nunca deberán implicar un riesgo para la seguridad social y soberanía de un país, pero hay muchas maneras de regular las informaciones sensibles que pueden colocar en riesgo la seguridad social y la soberanía de un país, sin llegar a estatalizar toda la prensa y colocarla bajo vigilancia permanente de una élite del Partido.

Más que sobre mecanismos y modelos, creo que necesitamos discutir primero sobre lo que entendemos que es el periodismo. Si logramos consensos sobre lo que el periodismo significa, que aquí no innovaremos nada porque es una profesión con principios muy claros desde hace tiempo y en cualquier lugar del mundo, entonces de esos consensos irán saliendo los modelos, las maneras de hacer periodismo, que deberán ser compatibles con sus principios. Las discusiones sobre la Ley de Prensa y los modelos de gestión, que son vitales, no pueden olvidar su centro: el periodismo.

Si logramos esclarecer para qué queremos el periodismo, por qué nos importa el periodismo y lo necesitamos para construir un país socialista, libre o democrático, como prefiramos, entonces los modelos, las leyes, los mecanismos, se irán definiendo.

Maykel González Vivero: Ese debate apura, sobre todo porque la crisis de los medios oficiales se acentúa cada día. Sin marco legal, sin normas claras, la verticalidad del modelo vigente seguirá absorbiendo la vitalidad del periodismo que podríamos tener en Cuba. La gestión de la prensa debe tender a la gestión autónoma de los profesionales y a la prohibición de la censura. Hay criterios encontrados, no obstante. No faltan quienes piensan, a estas alturas, que el marco legal, en lugar de garantizar una gestión más eficiente, vendría a ceñir aún más la camisa de fuerza. La discusión debe conducir, si se produce con horizontalidad y sin prejuicios, a un modelo menos regulador, más creador.

CP: ¿Qué aristas, procedimientos, enfoques y/o voces aportarías a este debate? ¿Qué contenidos, voces, metodologías, debería contener ese debate para conducir un proceso efectivo de transformación del actual sistema de comunicación en Cuba?

Jesús Arencibia: Lo principal, creo, en ese debate y en cuantos se susciten para transformar nuestra amada Cuba y su sistema de comunicación es tener como bandera aquella frase del Benemérito: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Para que la discusión intelectual y las estrategias y acciones que de ella se deriven transcurran en paz y sean fecundas, debe respetarse el derecho al pensar y decir “del otro”. Y aunque, como es lógico, nunca se satisfagan todas las aspiraciones y gustos, siempre quedará el sabio recurso de proceder por consensos mayoritarios, sin discriminar la voz de las minorías.

Omar George: Creo que todas las aristas que proporcionen un acercamiento lo más problematizado posible a la realidad y a los desafíos de la sociedad cubana actual. Y en ese empeño, priorizar los necesarios anclajes históricos que nos permitan conocer de dónde venimos y hacia dónde vamos, sin maniqueísmos ni discriminaciones ni manipulaciones.

Resulta imprescindible incorporar a ese debate a voces de la intelectualidad artística, literaria y académica cuyas visiones sobre cómo edificar una Cuba mejor pueden diferir en cuanto a los caminos para conseguirlo, pero no en lo que respecta a la consecución de una sociedad más justa, solidaria y próspera.

A veces echo de menos en los medios tradicionales —en definitiva a los que accede la mayoría del pueblo, que se supone sea el sujeto principal del proceso histórico y el núcleo fuerte de la opinión pública—, el criterio de reconocidos pensadores con visiones originales, propositivas y a veces transgresoras del punto de vista “oficial” pero no por ello menos comprometidas con la búsqueda de las mejores soluciones para nuestros problemas. Ellos deberían contribuir de manera más expedita a esos espacios de discusión que tanto necesitamos hacia lo interno.

Maykel González Vivero: Ese debate ya se produce. Muchos creen que está pendiente, pero ya se discute en la liza periodística. La aparición de numerosos medios independientes, fuera del control del Estado, pone en crisis las opciones, los alcances, la eficiencia de la prensa tradicional. Se va demostrando que es posible hacer periodismo comunitario en Cuba, por ejemplo. Se prueba que la multiplicidad de perspectivas y voces constituyen una riqueza. La transformación está en marcha, y se vale de diversos recursos comunicológicos, metodológicos, formales y temáticos.

Participantes: 

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Omar George Carpi

Omar George Carpi (Cienfuegos, 1956). Periodista, realizador, conductor, guionista y director de programas de televisión. Telecentro Perlavisión, Cienfuegos. Autor del blog: https://perlerias.wordpress.com

 

 

 

Monica Baró Sánchez

Monica Baró Sánchez

Monica Baró Sánchez (La Habana, 1988). Periodista y educadora popular. Ha trabajado en la redacción internacional de la revista Bohemia y en el Instituto de Filosofía de Cuba. Actualmente, trabaja en la revista digital Periodismo de Barrio.

 

 

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero (Sagua la Grande, 1983). Periodista. Licenciado en Estudios Socioculturales por la Universidad Central de Las Villas. Diplomado en Género y Literatura. Colabora con publicaciones impresas y digitales como Signos, OnCuba, El Toque, El Estornudo y Diario de Cuba.

 

 

 

Jesús Arencibia Lorenzo

Jesús Arencibia Lorenzo

Jesús Arencibia Lorenzo (Pinar del Río, 1982). Licenciado en Periodismo y Master en Ciencias de la Comunicación. Profesor de la Universidad de La Habana. Periodista de Juventud Rebelde y colaborador de otros medios de prensa como Alma Mater, Guerrillero y El Toque.

Sobre los autores
José Jasán Nieves Cárdenas 3 Artículos escritos
José Jasán Nieves (Cienfuegos, 1987). Licenciado en Periodismo por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (2011). Ha trabajado en Radio, Televisión y Prensa escrita de su país. Contribuye regularmente con medios internacionales. Editor ...
Marianela González 0 Artículo escrito
Santa Clara, 1987. Periodista, comunicadora y editora. Ha sido editora de la revista Temas y profesora adjunta de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Acompaña estrategias de comunicación para el desarrollo en el sector sin ...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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