¿Y la deuda exterior de Estados Unidos qué?

Foto: NYT

Trump dice y reitera con frecuencia (sobre todo en etapas electorales) que la economía de Estados Unidos se encuentra “mejor que nunca”, y se ufana públicamente de ello.  ¿Pero es eso lo que en realidad sucede?

Se comprende la utilización del Producto Interno Bruto (PIB) para mostrar la situación económica anual de un país, si crece o no, a qué ritmos u otros indicadores. Cierto es que valorar el comportamiento de cualquier economía es un esfuerzo intelectual más complejo y, en ocasiones, bastante difícil, porque los análisis y definiciones en esa disciplina, además de tener que realizarse desde valoraciones amplias e integrales, pueden orientarse desde diversos enfoques o ángulos.

En cuanto a Estados Unidos son conocidas las informaciones y estadísticas sobre el crecimiento de su deuda con el exterior (fundamentalmente con China), la que se manifiesta y crece a niveles astronómicos, estimándose en miles de millones de dólares anualmente. Sabemos que continúa acumulándose todos los años.

Tal situación lleva a preguntarnos: ¿qué significa (económica y socialmente) esta desequilibrada situación o relación económico/financiera? A todas luces no resulta normal para un país o economía tal situación, o comportamiento económico/comercial y financiero. Ello nos permite especular sobre la razón (o razones) para que la Administración Trump intente a través de sus actuales políticas y medidas arancelarias o proteccionistas, orientarse a tratar de solucionar los enormes desequilibrios en su balanza comercial, o al menos atenuarla. Claro, sin que importen las consecuencias de la guerra desatada internacionalmente en el comercio, y los resultados que de ella se desprendan para los propios Estados Unidos y el resto del mundo.

Es de suponer que para expresar las ideas del crecimiento de la economía norteamericana, debieran presentarse otros indicadores importantes, lo que posibilitaría mostrar un cuadro más integral. Esto nos permitiría caracterizar a dicha economía de manera más amplia y rigurosa, ofreciendo enfoques más sustanciosos y coherentes.

De ahí la conveniencia a utilizar las más significativas estadísticas que sobre el comportamiento económico/financiero se producen, porque arrojaría una más real u objetiva caracterización de lo que sucede en esta. Se conoce que existe una enorme deuda norteamericana con el exterior; esto no puede subestimarse y, mucho menos, desconocerse.

No debe obviarse que Estados Unidos, cada cierto tiempo, pone de manifiesto sus “ciclos económicos” recesivos o de crisis en la economía; dejando de crecer y desarrollarse sosteniblemente, desajustando a su vez el mismo mercado; momentos en que, por lo general, se ven obligados a acudir a las ideas de John Maynard Keynes, (haciendo abstracción del liberalismo y neoliberalismo), y debe intervenir el Estado con sus recursos materiales, financieros, e influencias, en soluciones requeridas para mitigar o salir de las mismas.

Diversos medios y analistas informan sobre las cifras inconmensurables del endeudamiento diario de Estados Unidos con otros países, mostrando otra realidad bastante diferente a la de una economía vigorosa, eficiente o próspera. Estados Unidos genera menos riquezas que las que utiliza o consume cotidianamente. De tal situación se desprende la gran contradicción de esa nación: el país se encuentra actuando o viviendo, en un nivel muy por arriba de sus condiciones y posibilidades materiales objetivas.

Pero lo más preocupante es que tal situación continúe prolongándose en el tiempo, acumulándose más la deuda y el monto del desequilibrio financiero, pues su magnitud alcanza cifras desconcertantes e inconmensurables.

Los principios del crecimiento (fortaleza, eficiencia y sanidad económica) parten de un equilibrio racional entre lo que se produce económica y financieramente, y lo que se utiliza, gasta, o consume en la cotidianidad. Cuando no se comporta o manifiesta de tal forma, entonces se produce en la economía una situación compleja, que tiende a provocar o agudizar muchas contradicciones económicas y sociales. Aparecen, entonces, los ciclos recesivos y, por lo general, los estancamientos económicos, o etapas de depresión, las situaciones inflacionarias, los incrementos del desempleo, los desequilibrios financieros (internos o externos), la reducción del consumo personal y familiar; y, como consecuencia de ello, las inseguridades y el deterioro del nivel y modo de vida de la ciudadanía.

Por lo que hemos apuntado, resultaría conveniente que al analizar o comentar sobre los comportamiento de las economías nacionales, no solo se hable o informe a la opinión pública sobre los ritmos del crecimiento en ciertos períodos de tiempo, u otras medidas aisladas; porque ello puede trasladar una información incompleta y en ocasiones falsa, o al menos confusa. Menos en el caso de una economía tan amplia y compleja como la de Estados Unidos, porque de esa forma se traslada una imagen que no sería u objetiva sobre lo que verdaderamente viene ocurriendo en ella.

Las economías, como se sabe, son fenómenos sistémicos y cada uno de sus eslabones posee su importancia relativa dentro del conjunto de ella (aunque, por supuesto, hay “eslabones” y “eslabones”, y un orden de prioridades o importancia). Es por ello que ha de procederse con rigor y mayor cuidado, de manera que los gobiernos y autoridades puedan brindar las informaciones más certeras u objetivas, y no hacer política con ellas.

Es ético, necesario y útil, trasladar escrupulosamente a la opinión pública los enfoques económicos, brindando informaciones amplias y diversificadas, especialmente sobre los indicadores fundamentales que inciden en estas y, por tanto, demandan de amplios y coherentes enfoques; aportándoles a la ciudadanía informaciones integrales, con visión de conjunto, pero sobre todo con estadísticas o análisis reales y confiables.

Una nación como Estados Unidos, que hoy se ahoga o asfixia en su deuda externa, no puede contar con una economía racional, sana, o sustentablemente creciente; por lo que el eufemismo en relación a la economía del presidente Trump parece, en los tiempos que corren, algo más “político” que económico, dado que este sector no cuenta con bases firmes y, mucho menos, sostenibles.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 24 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
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