La economía, la política y el futuro de Cuba

La economía, la política y el futuro de Cuba

El pasado mes de febrero el Cuban Research Institute organizo la undécima conferencia sobre estudios cubanos y cubano-americanos. En uno de los paneles[1], Archibald R.M. Ritter, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Carleton, presento algunos de sus análisis acerca de las políticas públicas que podrían ser implementadas en el futuro por el gobierno cubano y los escenarios que se podrían producir en los años venideros. Ritter presentó cuatro posibles escenarios: a) el mantenimiento del actual orden sin ningún cambio significativo en la política económica, b) la cooperativización de la economía, c) la apertura total a la inversión extranjera, y d) la potenciación del sector privado doméstico. Obviamente, una quinta alternativa, explicó el autor, sería una mezcla de los tres últimos escenarios. Mi intención aquí no es documentar lo expuesto en el panel, sino intentar dilucidar algunas de las implicaciones políticas que podrían tener los futuros que creo parecen ser más plausibles. Esto, porque el futuro del modelo económico cubano está estrictamente conectado con los movimientos de poder y sus cuotas de distribución.

Ante todo, descartaré la posibilidad de una cooperativización de la economía, porque parece un escenario poco probable teniendo en cuenta que el gobierno cubano no ha mostrado interés en preponderar esta forma económica por encima de las otras. Si bien es cierto que desde 2012 el gobierno comenzó a emitir licencias a cooperativas en el sector no agrícola, el proceso burocrático es lento, señala Ritter, y solo se habían aprobado, hasta 2015, 498 licencias; de las cuales, solo 329 estaban operando. Además, un modelo predominantemente cooperativista parece traer consigo muchos riesgos y sería casi experimental, puesto que no hay muchos ejemplos de economías nacionales de este tipo.

Un escenario que no sería descabellado prever es el mantenimiento del actual status quo. Incluso sabiendo que hay voluntad por parte del gobierno central de reformar lentamente el modelo económico, no queda nada claro, hasta qué punto esas modificaciones puedan llegar. Hasta ahora, el sector privado doméstico (si es que pudiese ser referido como tal) sigue careciendo de personalidad jurídica y, por tanto, sus capacidades de crecer y fortalecerse son escasas. En estas circunstancias, la conservación del actual orden económico simplemente mantendría, al menos en el corto plazo, la desigual distribución del poder. Esto, porque la restringida capacidad de acceder a recursos (materiales y humanos), dentro y fuera de Cuba limita enormemente la emergencia y fortalecimiento de espacios donde se promueva la participación política; además, si la distribución de dichos recursos proviene de (o pasan por) un solo actor, la diversidad de ideas e iniciativas queda significativamente limitada e incluso coartada. Sin embargo, dicho inmovilismo parece que tampoco podría detener un lento pero continuo movimiento de recursos hacia espacios que, directa o indirectamente, impugnan el actual modelo de distribución del poder. Es importante recordar que la participación política puede ejercerse desde muchas esferas sociales: desde la económica, la cultural, la educativa, etc.

Por otro lado, el otro escenario señalado por Ritter es, precisamente, el de una economía con un sector privado fuerte. Si bien este escenario no garantiza un crecimiento económico acelerado, le daría fortaleza y un crecimiento estable al país, según señaló Ritter. En un escenario como este, los emergentes actores dentro de este sector y los recursos materiales que fluirían dentro de (y hacia) Cuba ampliarían las posibilidades de una apertura política, donde el Partido que gobierna en solitario tendría que, eventualmente, asomar la vista hacia afuera de las instituciones del Estado y abrir las ventanas y luego las puertas de dichos espacios institucionales a las voces y organizaciones que emergen de canales no oficiales (y que no tienen compromisos de lealtad con el Partido que gobierna). Sin embargo, es claro que la única reacción posible del Partido Comunista a un escenario como este no sería abrirse, sino que también pudiera desarticular, mediante el uso de decretos o sin ellos, los canales y la legitimidad de los actores “alternativos”. Sería un golpe de autoridad y de temor. Habría que ver, entonces, si tal estrategia de degüello político sería sostenible en el tiempo.

Otro posible futuro sería el de una apertura significativa a las inversiones extranjeras donde estas pasarían a dominar la economía de forma importante. Este es, probablemente, el escenario más interesante y el que más me preocupa. Por un lado, la economía crecería rápidamente como bien apuntó Ritter en su presentación, pero solo en los primeros años; y, por otro lado, la capacidad de actores domésticos para influir en la esfera política se vería enormemente disminuida en comparación con actores internacionales haciendo fluir capital a través del (y hacia el) Estado (ocupado por el PCC) en concepto de impuestos y, tal vez, por corrupción en un escenario de poca transparencia gubernamental.

La principal diferencia entre una Cuba con un sector privado fortalecido o una con este sector debilitado y con inversión extranjera llenando las arcas del Estado y haciéndose responsable de dar empleo y generar riqueza, es que en el primer caso, diferentes actores domésticos tendrán acceso amplio a los recursos de todo tipo disponibles en la arena internacional, mientras que en el segundo caso solo el Estado (o el PCC que lo ocupa) tendrá acceso a ellos.

Sin lugar a dudas cada escenario traerá consigo diferentes balances de poder. Y, además, es válido señalar que no solo el flujo y la dirección en la que se mueven y distribuyen los recursos humanos y materiales juegan un rol clave en los balances de poder; otros factores sociales y culturales en general juegan también un papel trascendental. Creo que el mayor obstáculo es, sin embargo, el hecho de que solo unos pocos podrán decidir cuál será el futuro de Cuba si no hay, previamente, una redistribución más democrática del poder.

Debemos pensar, más allá del apremio y las necesidades económicas que son evidentes, en la construcción de una plataforma democrática donde la ciudadanía pueda participar en qué futuro construir para la nación y como encajar al Estado, como herramienta de la misma, dentro de ese proyecto de país. Pero hasta hoy, es el PCC quien puede decidir en términos legislativos si una re-distribución del poder se lleva a cabo y cómo. Sin embargo, la responsabilidad de esta tarea es de todos y no solo de un grupo. Un civismo comprometido debería emprender el camino a una Cuba donde todos puedan influir en la toma de decisiones políticas; y con ello, decidir así, cuál será el futuro y modelo económico del país. En mi opinión, debería nutrirse de todos los escenarios descritos por Ritter en su presentación (incluyendo el estímulo a la creación de cooperativas) y los cuales he repasado aquí.

 

Notas

[1] La presentación, “The Non-State Sector in Cuba: Progress, Limitations, and Perspectives” por Archibald Ritter, tuvo lugar en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) el dia 23 de febrero del 2017 en el marco de la “Undécima Conferencia sobre Estudios Cubanos y Cubano-Americanos” celebrada entre los días 23 y 25 de febrero. El título del panel, encabezado por Carmelo Mesa Lago, fue: “The Non-State Sector in Cuba: Progress, Limitations, and Perspectives”.

Sobre los autores
Lennier López 23 Artículos escritos
(Santa Clara, 1991). En el año 2009 ingresé en la Universidad Central de Las Villas cursando la Licenciatura en Comunicación Social. En 2012, después de terminar el tercer año de la carrera, se traslada a vivir a la ciudad de Miami. En 2014 comi...
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