La inversión extranjera directa en Cuba: balance del presente y mirada estratégica al futuro

Foto: AFP

La inversión extranjera directa (IED) podría constituir uno de los motores más importantes de crecimiento económico para Cuba en las condiciones de un proceso que conduzca a su mejor inserción económica internacional, puesto que el país carece de la acumulación de capital suficiente para asegurarlo. Entre 2011, fecha en que se aprobaron los primeros Lineamientos de la Política Económica y Social en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) y 2017, último año con información disponible, el crecimiento promedio anual del Producto Interior Bruto (PIB) ha sido de solo 2,2 por ciento1; lo cual es, a todas luces, insuficiente para impulsar el desarrollo económico y la elevación del bienestar de la población.

La escasez de capital en la economía cubana se pone de manifiesto en la baja tasa de inversión bruta fija que muestra el país en los últimos años, muy por debajo de las que, por lo general, resultan necesarias en economías que se encuentran en un proceso de crecimiento económico sostenido. Mientras economías dinámicas como Indonesia, Vietnam, y Malasia tienen tasa de inversión bruta (relación entre la inversión bruta y el PIB) entre 2011 y 20162 de 34,4 por ciento, 27,4 por ciento y 25,1 por ciento respectivamente, en Cuba este indicador, para el mismo período, ha sido de 13,9 por ciento. Incluso, en el caso de las economías latinoamericanas de mayor ritmo de crecimiento, las tasas de inversión resultan superiores a las de Cuba. Este indicador para Panamá fue de 45,6 por ciento, República Dominicana 23,8 por ciento, Perú 24,7 por ciento, y Colombia 25,1 por ciento3.

La insuficiencia de estadísticas económicas en el caso cubano es ya conocida. En los anuarios estadísticos de los últimos años no se dispone de información sobre IED. Sin embargo, de acuerdo con FDI Markets, base de datos de Financial Times, entre 2015 (después de la promulgación de la nueva Ley de Inversión) y 2017, Cuba ha recibido inversiones acumuladas sólo por valor de 2,021 millones de dólares estadounidenses, un 26,9 por ciento de lo que el propio gobierno anunció que necesitaría la economía para relanzar su crecimiento4. Una información reciente de EFE indicaba que la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM), que constituye el proyecto estrella para atraer capital extranjero, había asegurado, al 23 de marzo de 2018, 1,191 millones de dólares en inversiones de 34 clientes de 16 países, entre los que sobresalían España, Brasil y Francia como los principales países inversionistas5. En el período mencionado aparecen reportados 41 proyectos de inversión, de los que 11 están ubicados en la ZEDM.

Sin embargo, incluso en las publicaciones oficiales se considera muy lento e insuficiente aun el proceso de atracción de capital extranjero.  Contradictoriamente, Cuba requiere de capital fresco y de tecnología en casi todas las actividades económicas más importantes.

¿Cuáles son los obstáculos que, en la actualidad frenan el avance de la IED en Cuba? No hay dudas que el embargo estadounidense a Cuba constituye un obstáculo real. Sin embargo, es una cuestión sobre la cual la Isla carece de capacidad de modificación. Mientras el Congreso norteamericano no elimine la Ley Helms-Burton esto no cambiará. No obstante, tras la flexibilización decretada por el expresidente Obama se han producido algunas inversiones norteamericanas que, no obstante, están muy por debajo de su potencialidad. Así, el análisis debe centrarse en los factores internos que están frenando las inversiones productivas que la Isla necesita y cuya modificación depende, esencialmente, de voluntad política.

Un primer grupo de obstáculos se refiere a aspectos institucionales, más específicamente, a las reglas de juego. Los inversionistas extranjeros en Cuba se enfrentan a un fuerte control estatal en la economía y a una excesiva y compleja burocracia en la toma de decisiones. Cada proyecto inversionista debe ser autorizado después de un meticuloso examen por parte de las autoridades correspondientes. Lo más usual es que ese proceso de autorización demore excesivamente, aumentando considerablemente los costos de transacción y el desgaste en términos de gestiones por parte de los inversionistas. Por otra parte, la elevada discrecionalidad del proceso puede significar el rechazo de proyectos que podrían generar empleo pero que no están dentro de las actividades que priorizan las autoridades económicas cubanas. Ese control estatal y burocracia excesiva y el alto nivel de discrecionalidad en las autorizaciones llevan a que, a pesar de que la nueva ley de IED solo prohíbe la presencia del capital extranjero en la defensa, la salud y la educación, existan sectores, como el comercio minorista, por ejemplo, que a pesar de necesitarlo no han recibido recursos de inversión, ni de tecnología.

Por otra parte, el actual sistema de contratación de la fuerza de trabajo cubana es a través de empresas del Estado que cobran en divisas los servicios laborales a tasas relativamente altas, pero pagan salarios que, aunque pueden estar por encima de los niveles promedio en actividades similares, son insuficientes para asegurar las necesidades elementales de los trabajadores. Esta situación lleva a los inversionistas a la necesidad de llegar a acuerdos extra-contractuales con los trabajadores, lo cual afecta la transparencia de las reglas de juego en las que se desenvuelven los negocios.

Otro grupo de obstáculos puede relacionarse con las características y el funcionamiento del mercado doméstico cubano. Es sabido que el acceso al mercado doméstico constituye uno de los principales motivos de IED. El mercado doméstico cubano, a pesar de padecer escasez de oferta, no resulta suficientemente atractivo debido una insuficiencia crónica de demanda efectiva (que no de necesidades), motivada por los bajos ingresos reales de la inmensa mayoría de la población. Por esa razón, es imprescindible realizar profundas reformas en el mecanismo de funcionamiento económico que se traduzcan en mayor crecimiento, mayor productividad y en el incremento del ingreso real de la población cubana y, en consecuencia, en su capacidad de compra y también de ahorro, como fuente de inversión.

La actual dualidad monetaria y cambiaria sigue siendo un obstáculo a la integración del mercado doméstico y al establecimiento de la necesaria vinculación de los precios relativos entre Cuba y el resto del mundo. Así las cosas, las inversiones tendrían sentido desde la lógica del inversionista operando exclusivamente en aquella parte del mercado que funciona exclusivamente en divisas, o al tipo de cambio actual y al que tiene acceso, con capacidad real de compra, una minoría de la población residente.

Otros obstáculos tienen que ver con el deficiente sistema de transportes y de comunicaciones y la atrasada infraestructura vial. Cuba tiene las condiciones geográficas para contar con un adecuado sistema ferroviario (y de hecho fue uno de los primeros países en América en contar con uno) tanto para el transporte de pasajeros como de carga, sin embargo, es actualmente muy deficiente. El transporte en las ciudades continúa siendo, desde hace más de 25 años, uno de los principales problemas de la vida cotidiana de los cubanos y constituye un factor de rezago en la productividad y de incumplimientos en la disciplina laboral.  Por otra parte, Cuba es uno de los países en que las comunicaciones se mantienen atrasadas, costosas y con menor cobertura.

Por otra parte, la no pertenencia de Cuba a organismos multilaterales de crédito, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, o regionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, limita las posibilidades del país de acceder a recursos para el equilibrio de su balanza de pagos y/o para el desarrollo de proyectos de inversión estatal que contribuyan al desarrollo, como es el caso de la infraestructura, los sistemas de transportes y las comunicaciones. El alto “riesgo país”, debido a la incertidumbre y a la difícil situación financiera externa, sin el respaldo de este tipo de organizaciones crediticias, limita el atractivo del país como plaza para invertir.

Finalmente, la insuficiente y tardía información económica elemental puede ser interpretada como una falta de transparencia de las autoridades económicas que informan las estadísticas nacionales y territoriales con excesivo tiempo de retraso, de forma incompleta y sin sistematicidad periódica (mientras que en la mayor parte de países las oficinas de estadística informan las cuentas más importantes de formal mensual y/o trimestral). Para cualquier inversionista es imprescindible conocer los aspectos básicos del entorno macroeconómico en el que se desarrollaría su inversión.

Como puede intuirse, la problemática relacionada con la IED tiene una dimensión mucho mayor que los simples incentivos que puede contener una determinada legislación. Por tanto, para impulsarla, es necesario producir cambios más profundos en el sistema de instituciones que constituyen el marco en el que se desenvuelve el sistema económico, así como una profunda reforma estructural del mecanismo de funcionamiento de la economía y a una mayor transparencia y apertura informativa sobre el estado y el comportamiento de la economía cubana.

En tal sentido, resultaría necesario profundizar en las reformas que permitan la creación de un mercado con las necesarias regulaciones, pero transparente y en el que las reglas de juego resulten claras y estables. Para ello, resultaría conveniente: 1) adoptar una ley de empresa que facilite el emprendimiento de negocios privados tanto domésticos como extranjeros y que permita la libre relación entre empresas sin importar el tipo de propiedad; 2) flexibilizar los mercados domésticos y permitir la operación privada del comercio exterior; 3) solucionar la unificación monetaria y cambiaria; 4) avanzar en la línea de buscar apoyo internacional para el acceso del país en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; y 5) transparencia y apertura informativa respecto al comportamiento de la economía, creando un nuevo mecanismo de información mensual y/o trimestral de los indicadores económicos fundamentales. Con estas medidas, se crearían condiciones más adecuadas para atraer capital extranjero que contribuya al desarrollo del país, proporcionaría tecnología y recursos financieros y elevaría el nivel de empleo.

Notas al pie:

 

  1. Cálculos del autor con base en ONEI (2017) Anuario Estadístico de Cuba e informaciones de la prensa cubana.
  2. Se han realizado cálculos hasta 2016 para poder realizar una comparación con Cuba puesto que, como es sabido, a la fecha, Cuba no ha publicado las estadísticas correspondientes a 2017.
  3. Cálculos del autor con base a ONEI (2017) Anuario Estadístico de Cuba (one.cu) y FMI (2018) World Economic Outllok Database (www.imf.org)
  4. El vicepresidente del Consejo de Ministros a cargo de la economía, Marino Murillo, ha mencionado que las necesidades de IED de Cuba para impulsar su desarrollo estarían en el orden de los 2.000 a 2.500 millones de dólares anuales. http://cartasdesdecuba.com/cuba-necesita-de-2-000-a-2-500-millones-de-dolares-anuales-en-inversiones/
  5. http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article206552079.html
Sobre los autores
Mauricio de Miranda Parrondo 6 Artículos escritos
Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular y Director del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Editor y Co-autor de los libros "Cuba: reestructuración económ...
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